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Comunidad caribeña rechaza a República Dominicana por conflicto con Haití

PROTESTA FRENTE AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DE REPÚBLICA DOMINICANA

[De Revista Variopinto] La Comunidad del Caribe (o Caricom), mecanismo de integración regional de la Cuenca del Caribe, suspendió la petición de adhesión de la República Dominicana al grupo de países caribeños a causa de las medidas racistas y discriminatorias que este país ha estado implementando contra los vecinos haitianos y demás comunidades extranjeras. Muchos acuerdos de integración regional en el mundo, por ejemplo la Unión Europea o el Mercosur, incluyen cláusulas que impiden la incorporación de países, o bien los expulsan temporal o permanentemente, si estos pierden la calidad de democráticos o si sus leyes y prácticas son violatorias de los derechos humanos.

El 23 de septiembre pasado la Corte Constitucional Dominicana dictó una sentencia que ordena retirar la nacionalidad dominicana a todos los ciudadanos, nacidos después de 1929, que desciendan de personas nacidas en el extranjero. De esta forma, estos ciudadanos podrían llegar a ser expulsados y a quedarse sin nacionalidad, con base en el hecho de que sus padres o abuelos se consideran, ahora, como si hubieran estado simplemente “de paso” en la isla en la época en que empezaron a radicar allí. Esta decisión afecta potencialmente a más de 210,000 descendientes de haitianos en la República Dominicana. La suspensión de la entrada del país a Caricom fue votada por 15 países vecinos este martes 26 en un encuentro mantenido en Trinidad y Tobago.

Según la Comunidad del Caribe la sentencia de la Corte dominicana es “discriminatoria”, pues “excluye en forma retroactiva a miles de ciudadanos dominicanos, mayoritariamente de ascendencia haitiana”. El mandatario dominicano, Danilo Medina, dijo que no habría deportaciones a consecuencia del fallo. Sin embargo, su homólogo de Haití, Michel Martelly, denunció la deportación, ya consumada, de 300 personas de origen haitiano que básicamente son extranjeros en Haití, no cuentan con una familia y ni hablan el idioma. Las riñas diplomáticas y políticas entre los dos países que comparten la isla de La Española son endémicas, pero recientemente han llegado a extremarse por motivo de la sentencia.

El día 19 de noviembre sus delegaciones, con el apoyo del gobierno venezolano, sostuvieron reuniones en caracas, comprometiéndose a mantener abierto el diálogo. Sin embargo, la negociación se estancó después de unas declaraciones de Martelly, quien acusó a Medina de no tomar ningún tipo de acción contra las deportaciones y provocó la cancelación de la cita siguiente, prevista para el día 30, por parte de la delegación dominicana. La República Dominicana estima en 500mil las personas nacidas en Haití que radican en su territorio.

Kamla Persad- Bissessar, presidenta de Caricom y primera ministra de trinidad y Tobago, se declaró intencionada a involucrar en el asunto también a otros órganos supranacionales como la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para respaldar las sanciones de Caricom. De hecho, el ex Secretario de la AEC, Normal Girvan, afirmó que “la Caricom tiene la oportunidad de evitar una catástrofe humanitaria”. Asimismo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) irá a la República Dominicana en diciembre para tratar la misma problemática, ya que la sentencia menosprecia las recomendaciones emitida en el pasado por la misma CIDH acerca de las leyes migratorias dominicanas.

La decisión discriminatoria de la Corte dominicana representa una etapa más de una larga historia de tensiones fronterizas, económicas, culturales y raciales dentro de La Española, entre la francófona Haití y la “hispana” República Dominicana. Por lo tanto, no parece tan fácil que se legue a una conclusión satisfactoria del conflicto en tiempos breves, aun con la presión internacional. El 6 de noviembre cientos de personas realizaron actos públicos y marchas en la capital Santo Domingo para sostener el fallo de la Corte y lanzaron la idea de construir un muro en la frontera, según el ejemplo de la valla erigida por Estados Unidos a lo largo del Río Bravo.

Las “reivindicaciones” de la gente en las plazas de Santo Domingo son las mismas que se escuchan en otras latitudes en contra de los extranjeros y migrantes, en contra de los “otros”, quienes son acusados, desde siempre, de acapararse trabajos y oportunidades, de apropiarse de recursos públicos que, supuestamente, estarían quitando a los residentes nacionales. Así, Emilio Santana, integrante de la Guardia Nocturna de San Juan en la República Dominicana, llamó al presidente a intervenir para “evitar que, de manera silenciosa y masiva, los haitianos se apoderen del territorio” dominicano y también arremetió en contra de “esas ONGs que negocian con la pobreza de los haitianos y que son unos destruye patria”. El nacionalismo revive e identifica el peligro en el “enemigo” foráneo, con el diferente y el negro.

Finalmente, la Caricom exhortó a la comunidad internacional para que apoye la aprobación, en la República Dominicana, de “medidas urgentes para asegurar que la decisión de la Corte no se aplique”. Hasta que no se tomen medidas “creíbles inmediatas”, dentro de un plan general para solucionar la problemática de las nacionalidades en la República Dominicana, no habrá marcha atrás en la decisión de la Comunidad caribeña. Fabrizio Lorusso   Twitter @fabriziolorusso

L’Onu e ancora il colera ad Haiti

Nel mese di giugno la Croce Rossa ha denunciato una nuova impennata dei ricoveri per il colera ad Haiti. A Porto Principe i casi registrati solo negli ultimi 40 giorni sono oltre 18mila. E pensare che a Città del Messico ci avevano allarmati e spaventati per qualche centinaio di ricoveri in più dovuti a un tipo resistente di influenza, la cosiddetta “suina”. Ad Haiti dall’ottobre scorso l’epidemia di colera ha provocato 5500 morti e oltre 350mila contagi.

 Eppure l’isola non aveva avuto casi di colera per più di un secolo. Il terremoto del 12 gennaio 2010 aveva fatto 250mila morti e oltre un milione di sfollati ma non aveva generato emergenze epidemiologiche estreme nei primi mesi. Invece poi, scampato il pericolo della stagione degli uragani con “solamente” qualche decina di vittime passate inosservate nei media internazionali, è arrivato il colera.Ci si è chiesti subito da dove fosse arrivato ma le ipotesi erano troppe e basate solamente su speculazioni.
Però a poco a poco i media, la popolazione e alcune prime indagini scientifiche hanno iniziato a indicare il contingente nepalese dei caschi blu dell’Onu – la missione ad Haiti si chiama Minustah (vedi articolo a questo LINK) – come il possibile responsabile dato che in Nepal il colera è endemico e il ceppo identificato ad Haiti pareva provenire proprio dal sud dell’Asia. L’Onu si affrettò a smentire ma le ricerche scientifiche sulla misteriosa epidemia continuarono e la gente sempre più in preda alla disperazione protestò in varie città del paese contro i caschi blu.
Qualche giorno fa il CDC (Centers for Disease Control and Prevention o Centro per il controllo e la prevenzione delle malattie del governo americano, con sede ad Atlanta) ha pubblicato uno studio sulla rivista accademica Emerging Infectious Diseases che conferma la responsabilità dei caschi blu nell’introduzione e diffusione della malattia.Si tratta del primo studio realizzato da un’agenzia non situata ad Haiti che stabilisce un legame diretto tra il contingente militare nepalese d’istanza a Mirebalaise, la cittadina in cui è scoppiata l’epidemia. Infatti i rifiuti organici dei militari hanno probabilmente contaminato le acque del fiume Meille, affluente del più grande fiume Artibonite, con il batterio del colera.

Le acque di questi fiumi sono utilizzate quotidianamente dalla popolazione della regione per bere e lavarsi. La contaminazione è stata praticamente simultanea in sette comunità lungo il fiume Artibonite e da lì la propagazione della malattia è cresciuta esponenzialmente fino a raggiungere la capitale Porto Principe e i suoi 1300 campi di sfollati in meno d’un mese.

Foto da: iniziativa Haiti Emergency / Aumohd

La militarizzazione di Onu e Stati Uniti ad Haiti

Canada.jpgA Porto Principe, la capitale di Haiti devastata dal terremoto del 12 gennaio 2010 che ha fatto 250mila vittime, gli Stati Uniti mantengono la loro quarta ambasciata più grande del mondo. Due giorni dopo il terremoto migliaia di marines partirono armati fino ai denti per una “missione umanitaria” nella capitale haitiana, si stabilirono dapprima nell’aeroporto Toussaint-Louverture e poi in numerosi campi di sfollati sparsi per la città. Il principale era (ed è) quello di Delmas-Petion Ville, un’enorme tendopoli da 60mila persone che ospita sessantamila persone stipate in un ex campo da golf, costruito dai marines per lo svago delle classi agiate di Port-au-Prince durante la prima occupazione americana di Haiti nel ventennio 1915-1934. Fatto sta che alla fine di gennaio c’erano già oltre 20mila soldati americani operativi nei punti strategici della città per tenere sotto controllo la situazione, la distribuzione di aiuti languiva e il campo Delmas era passato sotto l’egida dell’esercito Usa e dell’Ong Catolic Relief Service patrocinata dall’attore Sean Penn. Dal canto suo la famigerata Minustah, cioè la missione dei caschi blu dell’Onu per la “stabilizzazione di Haiti”, è la terza per importanza nel mondo tra tutte le missioni delle Nazioni Unite e sull’isola s’incarica del controllo militare e svolge funzioni di polizia da ormai 7 anni.

Esattamente da quando l’ex presidente Jean-Bertrande Aristide, rientrato 4 mesi fa ad Haiti dopo un esilio nella Repubblica Sudafricana, venne costretto il 28 febbraio 2004 a lasciare il paese e la presidenza in seguito all’esplosione di “ribellioni popolari”, sobillate da oppositori politici e settori legati a potenze straniere (in primis, Usa e Francia), e un vero e proprio colpo di Stato ai suoi danni (linea della storia e rassegna qui).
Ma la storia della militarizzazione Onu e Usa di Haiti non comincia di certo nel 2004 dato che la politica coloniale statunitense nei Caraibi ha radici secolari ormai. Dall’ottobre scorso Haiti, il paese più povero dell’emisfero occidentale, è stata colpita anche da un’epidemia di colera tuttora in corso che ha fatto 5.300 morti e circa 350mila contagi. Oltre alle sciagure e alle catastrofi naturali ci si mettono anche la potente ambasciata statunitense e gli interessi economici delle onnipresenti compagnie petrolifere Exxon e Chevron a rendere impossibile la vita agli haitiani.
Lo tornano a dimostrare i reportage, basati su oltre 19mila cabli rivelati da WikiLeaks, dei due giornalisti del settimanale Haiti Liberté, Kim Ives e Dan Coughlin. Hanno infatti analizzato i “PetroCaribe Files”, cioè i cavi relativi alle pressioni statunitensi contro l’accordo petrolifero ed energetico promosso dal Venezuela ad Haiti che, come la stessa ambasciata Usa ha ammesso, risulta essere profondamente benefico per il popolo dell’isola. Ha dichiarato Ives che “è davvero stupefacente vedere un ambasciatore [degli Stati Uniti] che manipola un presidente e tutti i suoi funzionari dicendo loro cosa fare, che loro non capiscono questo e quello, cercando di dire loro quali sono gli interessi di Haiti. E’ l’apice dell’arroganza”. Potete approfondire il tema qui-Link a intervista e reportage, spero proprio di parlarne presto. Ma partiamo dal passato e restiamo alla militarizzazione e alle “forze di pace”.

La Minustah ad Haiti. Il 15 ottobre scorso, in virtù del capitolo VII della Carta delle Nazioni Unite, i quindici membri del Consiglio di Sicurezza, un organo che prende le sue decisioni più rilevanti con la maggioranza qualificata di 9 voti su 15 a patto che vi sia comunque il voto unanime dei cinque membri permanenti, cioè Cina, Usa, Russia, Francia e Regno Unito, ha deciso di rinnovare per un anno il mandato della Missione ONU ad Haiti. La composizione attuale di questa missione è di 8940 soldati e 4391 poliziotti sotto la responsabilità rispettivamente del generale brasiliano Luiz Guilherme Paul Cruz e del generale argentino Geraldo Chaumont. UN.jpg
Il contingente brasiliano è il più imponente dato che il paese sudamericano fornisce un totale di 2600 uomini alla missione che costano alle casse statali oltre settanta milioni di dollari all’anno. D’altro canto, secondo il sito web ufficiale dell’ONU, il budget totale a carico delle Nazioni Unite per le operazioni della MINUSTAH, nel periodo che va dal primo luglio 2010 al 30 giugno 2011, è di 380 milioni di dollari, circa il 5,2% delle spese totali per le operazioni di peacekeeping nel mondo. Alcune fonti giornalistiche riportano la cifra di 600 milioni dollari annui, probabilmente basandosi su possibili rettifiche più recenti rispetto al bilancio approvato il giugno scorso e sul fatto che i fondi stanziati sono cresciuti a causa dell’invio di un crescente numero di soldati per le complicazioni post-terremoto, per il monitoraggio delle prossime elezioni e per la lotta alle bande del crimine organizzato ricostituitesi dopo i mesi più pesanti della crisi umanitaria (LINK).

Le origini. La partecipazione delle Nazioni Unite ad Haiti cominciò nel febbraio 1993 con un’operazione congiunta dell’OAS (Organizzazione Stati Americani) e dell’ONU che venne poi riconfermata dal Consiglio di Sicurezza nel mese di settembre sotto la sigla UNMIH (Missione delle Nazioni Unite ad Haiti). Questa non si dispiegò pienamente e non funzionò fino al 1995 per la mancanza di cooperazione delle autorità militari haitiane che, in quella fase, stavano spalleggiando il golpe attuato il 29 settembre 1991 dal generale Raoul Cèdras ai danni del presidente Jean-Bertrande Aristide, vincitore alle elezioni del dicembre 1990. Nel luglio 1994 il Consiglio di Sicurezza autorizzò l’invio di una forza multinazionale di ventimila soldati per permettere il ritorno di Aristide e mantenere un clima di stabilità e relativa legalità. Tra il 1994 e il 2001 si sono susseguite diverse iniziative militari delle Nazioni Unite oltre alla UNMIH: la UNSMIH (Missione d’Appoggio delle Nazioni unite ad Haiti), la UNTMIH (Missione di Transizione della Nazioni Unite ad Haiti) e la MIPONUH (Missione di Polizia delle Nazioni Unite ad Haiti).

Infine nel febbraio 2004 viene autorizzata la MIF (Forza Multinazionale Provvisoria) poi sostituita, dal primo giugno di quell’anno, dalla MINUSTAH che secondo la risoluzione 1542 ha, tra le altre, le funzioni di mantenere l’ordine costituzionale e la sicurezza dei cittadini, supportare i processi democratici e le organizzazioni per la difesa dei diritti dell’uomo, favorire i processi di disarmo della popolazione e la riforma della polizia haitiana. Coi successivi rinnovi del mandato la missione è venuta ad acquisire ulteriori funzioni legate alla cambiante congiuntura socio-politica del paese e, in particolare dopo il sisma in cui anche 159 caschi blu hanno perso la vita, le sono stati affidati compiti di protezione della popolazione, di aiuto alla ricostruzione e di supporto al governo haitiano per lo svolgimento delle elezioni del 28 novembre 2010 e la riforma della giustizia.

Presenza controversa. All’atto pratico, però, come succede ogni qual volta si verifica una contrapposizione tra i cittadini comuni e gli organi detentori dell’uso legittimo della forza, siano essi la polizia, l’esercito o le forze straniere, le violazioni dei diritti umani da parte delle diverse autorità operative sono state, purtroppo, un tema ricorrente nel giudicare l’operato de governi e presidenti votati dal popolo ad Haiti ma pure quello dei militari dell’ONU che, in pratica, sono venuti ad assumere funzioni di polizia e difesa militare in compartecipazione (a volte in contrapposizione) con i corrispondenti apparati nazionali. Perciò non mancano settori importanti della società civile di Haiti che rifiutano categoricamente la presenza di truppe straniere, definendole come il “braccio armato della democrazia” o semplicemente come corpi estranei per giunta anticostituzionali. E hanno le loro buone ragioni.

Rappresenterebbero, inoltre, un sintomo della mancanza di piani concreti e ambizioni chiare per il paese e quindi i movimenti sociali di base manifestano puntualmente il loro dissenso dopo ogni rinnovo annuale concesso alla missione. Esiste anche un “Comitato Anti-Occupazione” formato da decine di gruppi, partiti e sindacati che ha documentato in una mostra fotografica, esposta nell’ottobre 2010 presso la Scuola Universitaria di Etnologia, gli abusi e i crimini per cui s’attribuiscono responsabilità gravi alla MINUSTAH. Lo stesso ex-presidente Prèval, rilevato dal cantante Michel Martelly il 14 aprile 2011, cosciente del grave deficit di sovranità e di legittimità del suo governo, aveva promesso che prima della fine del suo mandato avrebbe firmato l’atto di conclusione della missione ONU ma l’emergenza costante di un’isola e di un popolo privi del controllo delle proprie risorse, di una rotta chiara e di una leadership credibile l’hanno fatto ritornare su sui passi.
avion.jpgIl contesto storico all’arrivo della MINUSTAH. Il duo formato dal presidente ad interim Boniface Alexandre e dal suo primo ministro Gerard Latortue restò per due anni al potere ad Haiti, dopo che il presidente Jean-Bertrande Aristide, alla metà del suo secondo mandato, fu deportato nella Repubblica Sudafricana il 29 febbraio 2004. Una versione politicamente corretta dei fatti di quelle caotiche settimane, tra gennaio e febbraio 2004, in voga nell’establishment haitiano e promossa dalle fonti ufficiali statunitensi, ritiene che Aristide si sia dimesso spontaneamente in seguito a una crisi istituzionale e che quindi si sia dichiarato impotente di fronte a una lunga serie di ribellioni sfuggitegli di mano nel nord del paese e a Porto Principe. In realtà le operazioni di finanziamento e fornitura di armi in favore dei ribelli e una buona parte della propaganda antigovernativa vennero pianificate e dirette dalla CIA (Central Intelligence Agency) e da altre agenzie straniere.

Dunque il golpe fu preceduto da mesi di destabilizzazione e crisi provocate da queste bande di paramilitari “ribelli” e da vari elementi dell’opposizione extraparlamentare legati alla stessa CIA, all’IRI (International Republican Institute) e a settori conservatori europei, vicini alla Francia del presidente Jaques Chirac e Nicolas Sarkozy (in quell’epoca ministro degli interni): il principale era il gruppo 184 o G184, un’ambigua organizzazione per la “difesa dei diritti umani” che ha funzionato, in realtà, come un’agenzia d’azione politica anche con i finanziamenti approvati in passato dalla Commissione Europea. L’IRI, dal canto suo, è un’emanazione del governo statunitense che venne creata da Ronald Reagan negli anni ottanta con l’obiettivo di esportare la democrazia nel resto del mondo ed è ancora oggi finanziata con denaro pubblico dei tax payers USA.

E’ un’istituzione politica che ha realizzato sistematicamente un’opera dubbia e controversa riguardo all’ordine democratico ad Haiti, specialmente durante la gestione di Stanley Lucas, rappresentante dell’agenzia sull’isola. La controparte dell’IRI, legata al partito democratico statunitense, è l’NDI (National Democratic Institute) che, almeno nel caso di Haiti, è ritenuto un interlocutore più imparziale dal momento che ha lavorato con diverse parti politiche, incluso il partito Lavalas di Aristide. Entrambe sono finanziate all’interno del programma conosciuto come National Endowment for Democracy o NED.

Dopo i marines, la MINUSTAH. Dopo alcuni mesi d’occupazione militare da parte della Forza Provvisoria delle Nazioni Unite, composta da mille marines statunitensi e dalle truppe francesi, canadesi e cilene, nel giugno 2004 sono entrati in funzione i primi settemila caschi blu della MINUSTAH. Sebbene questa sia sotto il comando militare del Brasile, deve ottenere i finanziamenti e i mandati per operare dal Consiglio di Sicurezza dell’ONU ed è gestita da un consiglio direttivo di cui fanno parte, per il coordinamento strategico e organizzativo, il guatemalteco Edmond Mulet, lo statunitense Kevin Kennedy e il canadese Nigel Fisher (Canada) e, per gli aspetti militari e di polizia, il Gen. Luiz Guilherme Paul Cruz (Brasile) e il Gen. Geraldo Chaumont (Argentina). Dunque sin dall’inizio l’affidamento al Brasile del comando delle operazioni delle Nazioni Unite ad Haiti sembrava rispondere più a delle esigenze d’immagine, per mostrare un relativo equilibrio tra i paesi coinvolti, e di presenza dell’emergente potenza sudamericana che a un effettiva messa in discussione della tradizionale presenza yankee nella regione.

War by proxy e stragi di Gran Ravine. In questo contesto cominciò ad attuarsi una guerra d’approssimazione (o “war by proxy”, cioè colpire zone e persone vicine agli obiettivi reali per disarticolare il tessuto sociale e fisico circostante) e avvenne l’esecuzione di una serie di stragi, conosciute come i massacri di Gran Ravine contro innocenti simpatizzanti di Aristide e semplici cittadini, da parte della polizia haitiana comandata da Carlo Lochard e dai gruppi paramilitari noti come Lame Timanchet (“l’armata del piccolo machete”).

Questi gruppi potevano agire relativamente indisturbati grazie alla connivenza delle autorità al potere dopo il golpe del 2004 e, secondo alcuni media, anche grazie all’indifferenza e alle scarse capacità operative iniziali della MINUSTAH. Il 20 agosto 2005 ben cinquanta persone sospettate di essere attivisti del partito Fanmi Lavalas furono massacrate nello stadio Martissant di Porto Principe durante uno spettacolo cui presenziavano circa cinquemila spettatori. Molte vittime sono state freddate solo perché cercavano di mettersi in salvo e non per aver difeso con le armi una determinata fede politica o essersi ribellate alla polizia: si trattava chiaramente di un avvertimento generico ma tragicamente efficace rivolto dalle autorità alla popolazione del quartiere. Il giorno seguente cinque persone della zona di Gran Ravine vennero bruciate nelle loro case (LINK reportage).
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In seguito alle segnalazioni e ai contatti diretti presi coi vertici della MINUSTAH da parte di organizzazioni autonome fortemente presenti sul territorio come l’haitiana Aumohd (Associazione di Unità Motivate da un’Haiti dei Diritti) e la sua partner statunitense Hurah-Inc (Accompagnamento per i Diritti dell’Uomo ad Haiti), un distaccamento di caschi blu cominciò a presidiare il quartiere e le case di alcuni militanti reputati ad alto rischio di aggressione mentre gli avvocati di Aumohd organizzavano incontri nel quartiere tra gruppi armati di fazioni rivali per proporre un dialogo pacifico e una riconciliazione (http://aumohddwamoun.blogspot.com/ e http://hurah.org/). Tutto ciò evitò nuove stragi per qualche mese, ma il 7 luglio 2006 i membri di Lame Timanchet ruppero la tregua con la terza grande mattanza che lasciò un saldo di ventisei vittime, trecento abitazioni bruciate e duemila sfollati. L’Aumohd è stata l’unica associazione che ha difeso le vittime di queste stragi ed è riuscita a far incarcerare quindici poliziotti colpevoli di quei fatti.

MINUSTAH a Citè Soleil ed eserciti stranieri ad Haiti. I caschi blu hanno avuto sin dall’inizio un ruolo contraddittorio e sono stati accusati di numerosi omicidi e violazioni dei diritti umani che furono, in buona parte, ammessi dal comandante brasiliano dimissionario, il generale Augusto Heleno Ribeiro Pereira, nel 2005 quando dichiarò che la MINUSTAH riceveva pressioni da paesi come la Francia, gli USA e il Canada per fare maggior uso della violenza contro alcune presunte gang di criminali che, secondo le loro informazioni e gli appelli del governo, dominavano completamente le periferie della capitale come il famoso slum di Citè Soleil.

Di fatto, alla fine del 2006, il presidente Renè Preval concesse espressamente ai militari delle Nazioni Unite di svolgere compiti repressivi e d’intelligence nei quartieri poveri, specialmente a Citè Soleil, uno dei bastioni politici di Aristide, contro delle presunte bande di delinquenti non meglio identificate. Il risultato fu che si diede il via libera a una delle peggiori repressioni indiscriminate vissute dal paese negli ultimi anni e si commisero molti errori e confusioni tra criminali comuni, militanti politici e normali cittadini nella compilazione delle liste che servivano da guida per le operazioni. gringos.jpg
Una parte di queste “bande” o presunte mafie veniva in realtà identificata con dei gruppi di cittadini auto organizzati legati all’ex presidente esiliato e, sebbene fosse certa anche la presenza di gruppi di criminali “veri” in quei quartieri, i metodi repressivi utilizzati dalla MINUSTAH, consistenti in bombardamenti con cannoni e sfondamenti con carri armati come in vere e proprie operazioni di guerra, fecero numerose vittime innocenti, sconvolsero brutalmente tutta la popolazione, annichilendone ogni capacità d’organizzazione civile, e contribuirono ad alimentare il falso mito di una città e di un popolo violenti e selvaggi che hanno bisogno degli eserciti stranieri per sopravvivere.
Questo mito è stato rielaborato e di nuovo diffuso dopo il terremoto dai media e dai vertici militari stranieri, soprattutto americani, per giustificare l’invio massiccio di uomini armati e mezzi pesanti quando in realtà Porto Principe non è più pericolosa di altre megalopoli latino americane e, invece, ha saputo vivere e gestire in modo relativamente pacifico e ordinato l’immenso dramma che l’ha colpita.
Alla luce di tutto ciò gli haitiani si sono chiesti legittimamente per mesi e mesi come mai gli aiuti umanitari venissero accompagnati da un gran numero di marines e dall’esercito USA (ventiduemila soldati inviati in gennaio, poi ridotti a tredicimila unità nell’aprile 2010), dalla gendarmeria francese e addirittura dai carabinieri e dai soldati italiani quando già esiste una forza internazionale come la MINUSTAH. Di nuovo i caschi blu sono stati al centro delle accuse della gente e dei media quando alcuni ricercatori hanno confermato il sospetto che fosse stato il contingente nepalese a reintrodurre sull’isola il colera che ad oggi ha provocato quasi 6000 vittime e centinaia di migliaia di contagi in tutto il paese dopo l’epidemia scoppiata nell’ottobre del 2010.
Nel momento in cui si devono prendere decisioni economiche e politiche veramente rilevanti per il destino del paese e si devono affrontare scelte strategiche sull’uso delle risorse fornite da governi terzi coinvolti nello scacchiere haitiano, oltre che da agenzie internazionali influenzate da questi, entrano in gioco altre logiche di potere e di controllo che esulano dalla presenza, dal comando e dalle funzioni assegnate agli organi multilaterali come l’ONU e il suo “braccio militare”, la MINUSTAH, per allargare, invece, la sfera decisionale agli interlocutori più influenti e con maggiori elementi di hard power (potere duro di tipo militare ed economico) presenti sul campo.

Nota. Una versione più vecchia e rivista di questo articolo è stata pubblicata sul numero speciale dedicato ad Haiti della rivista Il Tolomeo di Ca’ Foscari, Università di Venezia (link)

Link Articolo Originale Carmilla

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Haiti ha un nuovo presidente

Secondo i risultati preliminari del Consiglio Elettorale di Haiti il popolare cantante Michel Martelly, cinquantenne amico del rapper haitiano-americano ed ex Fugees Wyclef Jean, è il nuovo presidente del paese caraibico con il 67% delle preferenze (circa 717mila voti). Il candidato del partito Risposta Contadina, conosciuto anche col nome d’arte di Sweet Micky, ha sconfitto al ballottaggio la costituzionalista ed ex first lady Mirlande Manigat (settantenne, del partito Unione dei Democratici Nazionali Progressisti) che ha ottenuto il 31% dei voti mentre l’affluenza alle urne è stata inferiore al 30%. Infatti su circa 4 milioni di aventi diritto, ha votato poco più di un milione di persone. Qualche centinaio di sostenitori di Martelly s’è riversato per le strade della capitale Porto Principe per manifestare soddisfazione e festeggiare la vittoria di un personaggio che ha saputo promuoversi come “la novità”, “il presidente del popolo”. In realtà era il più comodo e gestibile per Washington che controlla il gioco delle donazioni e dei fondi per la paventata e immobile “ricostruzione”. Il 28 novembre scorso s’era svolto il primo turno elettorale in mezzo a proteste e denunce di brogli. L’Organizzazione degli Stati Americani (OAS), praticamente controllata dagli Stati Uniti, aveva raccomandato l’esclusione del candidato arrivato secondo dietro alla Manigat, Jude Celestin, in favore di Martelly. La decisione del Comitato Elettorale haitiano non tardò ad arrivare e Micky tornò in lizza in seguito alla “rinuncia” di Celestin, un candidato sostenuto dal governo uscente del presidente Renè Preval. Evel Fanfan, esponente della società civile e presidente dell’associazione di avvocati per i diritti umani Aumohd a Porto Principe, ha espresso inquietudine e preoccupazione. “Dico solo che la società haitiana si trova sull’orlo del precipizio, sulla punta d’immoralità più pericolosa della sua storia – ha dichiarato commentando i risultati – e i bambini di Haiti chiederanno ai loro padri e madri dove si trovavano durante queste elezioni. Perché un uomo come Sweet Micky accede al potere come primo cittadino?”. Non si riferisce solo alla popolarità mediatica, alla scarsità di proposte concrete e al populismo che accompagnano il nuovo presidente ma anche alla sua presa carismatica sulle masse, sopratutto tra i giovani, che lo vedono come un idolo lontano dalla politica e dall’establishment tradizionale. Nulla di più falso.

Dopo l’esclusione della pop star Wyclef Jean dalla corsa alle presidenziali, decretata l’agosto scorso per la mancanza del requisito della residenza ad Haiti negli ultimi 5 anni, è subentrato il suo amico Michel, sostenuto dai gruppi conservatori legati agli interessi americani e canadesi che da sempre hanno trattato le isole dei Caraibi alla stregua di possedimenti d’oltremare. Dopo il terremoto del 12 gennaio 2010 che ha fatto oltre 250mila vittime, un’epidemia di colera che s’è portata via più di 5000 persone e le grandi promesse disattese della comunità internazionale, per Haiti la vittoria di Martelly, che sarà dichiarato ufficialmente presidente il prossimo 16 aprile con la pubblicazione dei risultati definitivi, suscita più dubbi che speranze. Il partito di maggioranza Unité dell’attuale presidente Preval manterrà probabilmente la sua influenza in parlamento e quindi la prospettiva della coabitazione è concreta e rischia di generare instabilità. Lo Stato e i suoi palazzi vanno ancora ricostruiti e il pericolo di rifarli uguali a prima (o peggio) è oggi molto più forte.

Haiti, colera ed elezioni: l’epidemia importata dai caschi blu Onu. 4 morti in manifestazioni

Il bilancio dei morti durante le manifestazioni di protesta post elettorale ad Haiti sale a 4 vittime in due giorni (3 nel sud a Cayes e 1 Cap Haitien nel nord) fatte dalla Minustah, la missione dei caschi blu Onu ad Haiti che ha funzioni militari e di polizia.  Il presidente Preval ha richiamato alla calma e ha giudicato il processo elettorale sostanzialmente corretto e legittimo mentre le proteste continuano in varie città dell’isola per denunciare i brogli.

Sul fronte dell’epidemia di colera, le vittime sono quasi 2200 (in meno di due mesi), i casi registrati sono 92mila e i ricoveri sono stati 44mila. Come riportato alcuni giorni fa da numerosi mezzi stampa e televisivi di Haiti e internazionali (AFP), Renaux Piarroux, epidemiologo francese, ha concluso le sue indagini per conto del governo francese dichiarando che è altissima la probabilità che l’epidemia di colera sia stata importata e diffusa dai caschi blu nepalesi mentre Vincenzo Pugliese, il portavoce della missione Onu ad Haiti, continua a sottolineare la mancanza di prove certe.

In particolare Piarroux ha evidenziato come non vi siano altre possibilità in un contesto in cui l’epidemia non era presente sull’isola prima dell’ottobre scorso e in cui la diffusione è partita da un centro ben definito, dalla zona dell’accampamento nepalese nei pressi del fiume Artibonite, a 200km dalla capitale Porto Principe.  Il ministero degli esteri francese ha trasmesso i risultati della ricerca alle Nazioni Unite che hanno aperto un’inchiesta. La candidata alla presidenza Mirlande Manigat, vincitrice del primo turno elettorale che andrà al ballottaggio con Jude Celestine il 16 gennaio, ha ribadito che un punto del suo programma è il ritiro progressivo della Minustah da Haiti: populismo o verità? Staremo a vedere.

Segnalo l’iniziativa umanitaria www.haitiemergency.org date un occhiata e se potete aderite e aiutate! Merci…

Haiti, elezioni: al ballottaggio Mirlande Manigate e Jude Celestine. Due morti per le proteste

La costituzionalista ed ex first lady Mirlande Manigat del partito “Rassemblement des démocrates nationaux progressistes” o RDNP ha ottenuto il 31,37% dei voti contro il 22,48% di Jude Celestine di INITE (Unità), candidato “di governo” vicino all’attuale presidente Preval, e in terza posizione, con solo 6.845 voti di differenza e il 21,84% del totale, c’è il “candidato del popolo”, il cantante Michel Martelly di Repons peyizan (Risposta del popolo). Il 16 gennaio andranno quindi al ballottaggio Manigat e Celestine e il 7 febbraio il vincitore assumerà l’incarico di presidente di Haiti.  Esistono comunque buone possibilità che, nel caso dovesse vincere Manigat, ci sia la cosidetta “coabitazione” tra un presidente sostenuto da un partito diverso da quello che ha più parlamentari. Infatti pare che INITE riesca ad ottenere la maggioranza dei seggi di camera e senato. La partecipazione al voto è stata stimata intorno al 42%.

Nelle prime ore del mattino di oggi, 8 dicembre, il quartier generale del partito al potere, INITE, è stato attaccato ed incendiato da alcune migliaia di manifestanti, simpatizzanti di Martelly, che hanno denunciato una frode elettorale. In un primo momento, l’ipotesi di una frode su grande scala in favore di Celestine era stata avallata anche dalla maggior parte dei candidati alle elezioni (12 su 18) ma poi scartata poche ore dopo. Ciononostante, i dati ufficiali forniti dal CEP, Consiglio elettorale provvisorio, l’istituzione haitiana preposta all’organizzazione e al conteggio dei voti, discrepano da quelli del CNO, Consiglio nazionale d’osservazione (organo formato da oltre 5.500 osservatori indipendenti) che invece darebbe il secondo posto a Martelly. L’impugnazione del voto può essere formalmente presentata al consiglio elettorale prima del 10 dicembre e il risultato definitivo sarà formulato eventualmente prima del 20 dicembre. Le manifestazioni di oggi hanno già provocato due morti a Cayes. American Airlines ha sospeso i voli da e per Haiti mentre l’ambasciatore americano ha esortato a rifare un attento conteggio dei voti.

I risultati completi del CEP: http://www.haitilibre.com/article-1859

Profilo dei due candidati: Manigat e Celestine

Foto: http://www.cyberpresse.ca/http://www.sapu.net/haiti-elections-2010

Reportage. Haití: elecciones y la ONU, antes y después del cólera (2/2)

Fabrizio Lorusso para http://desinformemonos.org/

Para Ayudar: http://www.haitiemergency.org/

 

Ayuda selectiva, tiendas de campaña y geopolítica

En los últimos meses, se han multiplicado las manifestaciones populares de los desplazados que protestan por la insuficiencia de ayuda humanitaria y la falta casi absoluta de oportunidades dignas de trabajo debido al estancamiento de la actividad económica, sobre todo en la ciudad, y a la poca eficiencia en la utilización de 10, 194 millones de dólares asignados por la comunidad internacional,  que no han sido completamente pagados, ni empleados (se estima en un 10% el uso concreto de esos recursos y, en muchos casos, sin efectos concretos sobre las prioridades de la población).

Se anuncia una verdadera guerra entre los países donadores, Estados Unidos, Canadá y Francia (potencia históricamente involucrada con la región del Caribe y particularmente en su ex colonia Haití), y diversas empresas multinacionales para acaparar los millonarios contratos públicos para la reconstrucción del país  y para utilizar, cuando llegue el momento, la enorme cantidad de mano de obra barata que podrá ser reclutada de una larga fila de desempleados y desesperados provenientes de los campos provisionales.

La culpa parece ser del organismo que gestiona la mayor parte de los fondos donados por la comunidad internacional, la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH), presidida por el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y por el primer ministro haitiano, Jean-Max Bellerive, quienes han sido acusados por el retraso y el incumplimiento de las promesas hechas la primavera pasada.  La CIRH fue creada por un decreto presidencial el pasado mes de abril con la misión de organizar rápidamente la planificación,  coordinación y aplicación de un proyecto de desarrollo financiero de instituciones nacionales y extranjeras, privadas y no gubernamentales, después del terremoto del 12 de enero de 2010. La composición de su consejo administrativo es mixta, en el sentido de que está conformado por consejeros haitianos (14 con derecho a voto) y extranjeros (13, incluido el ex presidente Clinton) (http://www.cirh.ht/).

Los donantes individuales que más han contribuido con capital que no ha sido totalmente desembolsado son  Venezuela, Estados Unidos, España, Canadá, Francia y Brasil, lo cual reflejan los intereses políticos que están en juego en la región del Caribe y ,en general, en América Latina. Si por un lado no sorprende la presencia de las actuales e históricas potencias coloniales y económicas del área como los Estados Unidos, Canadá, España y Francia, por el otro parecen ir también avanzando las potencias emergentes como Venezuela y Brasil, que está a cargo de la misión de la ONU, la MINUSTAH.

Recordemos que Venezuela participa hace una década en un gran número de proyectos de cooperación y, junto a Cuba, fue el país más generoso en cuanto al envío de medicinas y elementos de la protección civil un día después del terremoto, pero es también el primer acreedor (el segundo es Taiwán) de Haití, ya que proporciona gas y petróleo en el marco del acuerdo Petrocaribe (la deuda de Haití con Petrocaribe fue condonada, pero permanece la deuda con Venezuela).

En varias ocasiones, la sociedad civil, a través de la prensa, las manifestaciones pacíficas y  las peticiones a los parlamentarios en cargo ha denunciado la falta de respeto al derecho constitucional a la vivienda y la falta de transparencia de la Comisión para la Reconstrucción, cuyas reuniones y procesos de toma de decisiones son estructuralmente inaccesibles a la mayoría, incluidos los medios de comunicación.

A los supuestos beneficiarios de los fondos asignados por la CIRH para una buena parte de los 49 proyectos aprobados hasta ahora, se les dice que existen retrasos y errores graves en la erogación de los financiamientos que bloquean su realización. (http://www.haitianalysis.com/2010/10/18/donor-money-still-bypassing-haiti-s-homeless-and-jobless).

Otro punto crítico en los reportes de la comunidad internacional, el Estado haitiano y la sociedad civil está representado sin duda por estructuras paralelas creadas a través de los años por las cerca de diez mil organizaciones gubernamentales y no gubernamentales presentes en el territorio nacional.  Éstas han ido formando una especie de “República de las ONG”, visto que, por un lado, han suplido providencialmente la falta de una serie de aparatos gubernamentales, operados por casi dos décadas según los principios más ortodoxos del estado mínimo y del Consenso de Washington en prácticamente todos las áreas del bienestar social, sobre todo educación, seguridad y salud. Pero, por otro lado, han generado una espiral de inercia, paternalismo e irresponsabilidad que a la larga ha resultado deletérea para la sociedad y para los gobernantes haitianos, ahora habituados a depender del exterior para resolver cualquier problema.

En este sentido, la pérdida de soberanía política, militar y económica, así como la escasa presencia institucional en el territorio, son factores innegables para explicar la relación externa e incluso la compleja evolución histórica de un país al cual,  también con base en estos elementos, se le puede aplicar la categoría politológica de “estado fallido”. Pero el examen de conciencia de las causas y motivos del fracaso debería partir de cuestionamientos “externos” y análisis de la elite nacional de Haití, con la que la mayor parte del pueblo haitiano tiene muy poco que compartir.

Sin embargo, las voces más vehementes de la propuesta se levantan, paradójicamente, de la ciudadela de tiendas de campaña más grande, más organizada y más visitada por los medios de comunicación, la cual se encuentra actualmente bajo la “protección”  y patrocinio del actor Sean Penn, del ejército americano y de la ONG estadounidense Catholic Relief Service. A pesar de estos factores de “relativo alivio”, las condiciones de vida en el campo, el ex Club Petion Ville, son pésimas sobre todo desde el punto de vista de la higiene y de la seguridad para la mujeres y niños, criminalidad, disposición de agua potable, tiendas de campaña, estructura médica y escolar, sistema de alcantarillado y de drenaje de aguas de lluvia, salubridad para la conservación y preparación de alimentos y bebidas.

El tifo, el cólera, la diarrea, la salmonella y todas las patologías ligadas al consumo de alimentos contaminados constituyen peligros latentes, prontos a surgir en ambientes de este tipo.  Las enfermedades y las epidemias están siempre a la orden del día en Haití, pero la atención que se les presta aumenta y disminuye cíclicamente. Este campamento es un enclave en el antiguo barrio exclusivo Petion-Ville reducido a escombros tras el terremoto, que alberga a 60 mil personas hacinadas en un ex campo de golf construido por infantes de la marina durante la primera ocupación estadounidense de 1915 a 1934.

La Minustah en Haití

El 15 de octubre pasado, en virtud del capitulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, los 15 miembros del Consejo de Seguridad, han decidido renovar por un año el mandato de la Misión ONU en Haití. El Consejo es un órgano que toma las decisiones más relevantes con la mayoría calificada por nueve de los 15 miembros, y a condición de que haya un común acuerdo de voto unánime entre los cinco miembros permanentes, es decir, China, Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido. La Misión actualmente se compone de 8 mil 940 soldados, y 4 mil 391 policías bajo el mando del General brasileño Luiz Guilherme Paul Cruz y del General argentino Geraldo Chaumont. El contingente brasileño es el más importante debido a que Brasil provee un total de 2 mil 600 hombres a la misión, los que cuestan al erario público más de 70 millones de dólares al año. Por otro lado, según el sitio oficial de la ONU, el presupuesto total de las Naciones Unidas para las operaciones de la MINUSTAH, en el periodo que va del primero de julio de 2010 al 30 de junio del 2011, es de 380 millones de dólares, lo que equivale al 5,2% de los gastos totales por las operaciones de peacekeeping. Algunas fuentes periodísticas reportan la cifra de 600 millones de dólares anuales, probablemente con base en una posible corrección más reciente aportada al presupuesto, originariamente aprobado en el junio pasado. El hecho es que los fondos han crecido a causa del envío de un creciente número de soldados por las complicaciones post-terremoto, para el monitoreo de las elecciones y por la lucha contra las bandas del crimen organizado que se van reconstituyendo después de los meses más complicados de la crisis humanitaria.

El origen

La participación de las Naciones Unidas en Haití comenzó en febrero de 1993 con una operación conjunta junto a la OEA (Organización de Estados Americanos), la cual fue, luego, reconfirmada por el Consejo de Seguridad en el mes de septiembre bajo el acrónimo de UNMIH (Misión de las Naciones Unidas en Haití). Ésta no se desarrolló plenamente sino hasta finales de 1995 por la ausencia de cooperación de las autoridades militares haitianas que, en aquella fase, estaban respaldando el golpe realizado el 29 de septiembre de 1991 por el general Raoul Cèdras contra el presidente Jean-Bertrand Aristide, el vencedor en las elecciones de diciembre de 1990.

En julio de 1994, el Consejo de Seguridad autorizó el envío de una fuerza multinacional de 20 mil soldados para permitir el retorno de Aristide y mantener un clima de estabilidad y relativa legalidad. Entre 1994 y 2001, se instrumentaron diversas iniciativas militares por parte de Naciones Unidas además de UNMIH: la UNSMIH (Misión de apoyo de las Naciones Unidas en Haití), la UNTMIH (Misión de Transición de Naciones Unidas en Haití), y la MIPONUH (Misión de policías de Naciones Unidas en Haití). A fines de febrero de 2004 arriba la MIF (Fuerza Multinacional Provisoria) que después fue sustituida, desde el primero de junio de aquel año, por la MINUSTAH.

Según la resolución 1542, ésta tiene, entre otras, las funciones de mantener el orden constitucional y la seguridad de la ciudadanía, apoyar los procesos democráticos y las organizaciones de defensa de los derechos humanos, favorecer los procesos de desarme de la población y la reforma de la policía haitiana. Con las sucesivas renovaciones de su mandato, la Misión vino a encargarse de más funciones legales, por la cambiante coyuntura socio-política del país, y en particular, después del sismo en el cual 159 cascos azules han perdido la vida, les han dado tareas de protección a la ciudadanía, de ayuda a la reconstrucción y de apoyo al gobierno haitiano para el desarrollo de las elecciones del 28 de noviembre.

Presencia controvertida

En la práctica, como sucede cada vez que hay una contraposición entre los ciudadanos comunes y los órganos (y más, si no son reconocidos del todo como legítimos) que detentan el uso de la fuerza, ya sean la policía, el ejército, o la fuerzas extranjeras, las violaciones por parte de las diversas autoridades que operan en el territorio, sin gran coordinación, están patentes y presentes. Por desgracia, es un tema recurrente a la hora de juzgar, ya sea al gobierno, al presidente o a los militares nacionales y los de la ONU que, en síntesis, han llegado a asumir funciones de policía y defensa militar en coparticipación, (algunas veces en contraposición), con los correspondientes aparatos nacionales. Así que no faltan sectores importantes de la sociedad civil de Haití que reniegan categóricamente la presencia de tropas extranjeras definida como “el brazo armado de la democracia”. Representan además un síntoma de la falta de ideas concretas y ambiciones claras para el país y es por eso que los movimientos sociales de base manifiestan su disidencia después de cada renovación a las Misiones. Existe también un “Comité Anti-Ocupación”, formado por decenas de grupos, partidos o sindicatos que han documentado en una muestra fotográfica, expuesta el pasado octubre en la capitalina Escuela Universitaria de Etnología, los abusos y los crímenes que se atribuyen a la MINUSTAH. El presidente Prèval, conciente de la falta de soberanía y legitimidad de su gobierno, había prometido que, antes del fin de su mandato, firmaría el acta de conclusión de las Misiones de la ONU, sin embargo, la emergencia constante de una tierra y de un pueblo privados del control de sus recursos y de una ruta para encontrar un liderazgo creíble le han hecho dar algunos pasos atrás…

El contexto histórico cuando llegó la MINUSTAH

El dúo formado por el presidente interino Boniface Alexandre y por su primer ministro Gerard Latortue se mantuvo por dos años en el poder, después de que el presidente Jean-Bertrand Aristide, a la mitad de su segundo mandato, fue deportado a Sudáfrica el 29 de febrero de 2004. Una versión propagada por el gobierno haitiano, y por fuentes oficiales estadounidenses, acerca de esa caótica semana de golpes y exilios, sostiene que Aristide había renunciado después de una crisis institucional, además de haberse declarado impotente de frente a una serie de rebeliones en el norte del país y en Puerto Príncipe. En realidad, la operación se llevó a cabo por agentes de la CIA y fue propiciada por los meses de desestabilización y crisis causada por las bandas de paramilitares y varios elementos de la oposición extraparlamentaria vinculados a la misma CIA, como el IRI (International Republican Institute) y los sectores conservadores de Europa, cercanos al presidente Jacques Chirac de Francia y Nicolas Sarkozy (en ese momento ministro del Interior). El principal grupo fue el 184 o G184, organización ambigua para la defensa “de los derechos humanos” que ha trabajado, en cambio, como un organismo de acción política y desestabilización gracias a los fondos aprobados en el pasado por la Comisión Europea. El IRI es una extensión del gobierno de EE.UU. y fue creado por Ronald Reagan en los años ochenta con el objetivo de exportar la democracia al resto del mundo, y sigue siendo financiado con fondos públicos de Estados Unidos. Es una agencia que siempre ha hecho un trabajo cuestionable y polémico en contra del frágil orden democrático de Haití, especialmente durante el periodo de mando de Stanley Lucas, su representante en la isla en ese entonces. La contraparte del IRI, vinculada al Partido Demócrata de Estados Unidos, es el NDI (National Democratic Institute): al menos en el caso de Haití, fue considerado un interlocutor más imparcial, ya que ha trabajado con diversos partidos políticos, incluido el Fanmi Lavalas de Aristide. Ambos programas están financiados por el programa conocido como el National Endowment for Democracy o NED.

Después de los Marinos, la MINUSTAH

Después de varios meses de ocupación militar por la Fuerza Interina de Naciones Unidas, compuesta de miles de infantes de marina estadounidenses y de tropas francesas, canadienses y chilenas, en junio de 2004 se pusieron en marcha los primeros siete mil cascos azules de la ONU dentro de la misión MINUSTAH. Aunque ésta se encuentra bajo el mando militar de Brasil, debe obtener la financiación y los mandatos para la operación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y es manejada por un Consejo de Administración que incluye, para la coordinación estratégica y la organización, el guatemalteco Edmond Mulet, el estadounidense Kevin Kennedy y el canadiense Nigel Fisher y, para los aspectos militares y la policía, el general Luiz Guilherme Paul Cruz (Brasil) y el general Gerardo Chaumont (Argentina). Así que, desde un principio, la aprobación del comando de Brasil en las operaciones de las Naciones Unidas en Haití parecía responder más a las necesidades de imagen y presencia de la potencia emergente de América del Sur y a cierto reconocimiento de su papel internacional en ascenso que a un cuestionamiento efectivo a la tradicional hegemonía de Estados Unidos en la región.

War by proxy y matanzas de Grand Ravine

En este contexto, a partir del golpe contra Aristide, se comenzó a implementar una guerra de proximidad (o “war by proxy”), que consiste en golpear y reprimir a las zonas y personas cercanas a los objetivos reales para desarticular su entorno social y físico. Se ejecutaron una serie de asesinatos, conocidos como Gran masacre en contra de inocentes partidarios de Aristide y ciudadanos comunes por la policía haitiana que estaba bajo el mando de Carlo Lochard e influida por los grupos paramilitares conocidos como Lame Timanchet (“ejército del pequeño machete”). Estos grupos podían actuar sin obstáculos gracias a las autoridades en el poder después del golpe de 2004 y, según muchos observadores, incluso gracias a la indiferencia y la apatía inicial de la MINUSTAH. El 20 de agosto 2005 cincuenta personas sospechadas de pertenecer a los militantes del partido Fanmi Lavalas fueron masacrados en el estadio Martissant de Port-au-Prince durante un espectáculo al que asistían cerca de 50 mil espectadores. Muchas víctimas fueron asesinadas sólo porque trataban de escapar sin que se conociera su afiliación política: era una advertencia terrible y generalizada dirigida a todos. Al día siguiente, también cinco pobladores del barrio capitalino de Grand Ravine fueron quemadas en sus hogares (http://www.haitianalysis.com/human-rights/the-proxy-war-in-martissant-and-gran-ravine).

En las semanas siguientes, a raíz de los informes y contactos directos con los dirigentes de la MINUSTAH, establecidos por parte de las organizaciones que, contrariamente a lo que ocurre con la mayoría de las instituciones oficiales del estado haitiano, tienen altos niveles de autonomía en el área, tales como el AUMOHD Haití (Asociación de Unidades Motivadas por una Haití de los Derechos) y Hurah-Inc (Acompañamiento para los Derechos Humanos en Haití), un destacamento de cascos azules comenzó a patrullar el barrio y las casas de militantes. Se defendieron, en especial, los considerados como “de alto riesgo de agresión”. Mientras tanto, los abogados de AUMOHD organizaban reuniones en el distrito entre las facciones rivales de los grupos armados para proponer un diálogo pacífico y una reconciliación (http://aumohddwamoun.blogspot.com/ y http://hurah.org/). Todo esto evitó, por unos meses, nuevas matanzas, pero el 7 de julio de 2006, los miembros del grupo paramilitar Lame Timanchet rompieron la tregua con una tercera masacre que dejó un saldo de 26 víctimas, 300 casas incendiadas y 2 mil personas desplazadas. AUMOHD fue la única asociación que defendió a las víctimas de estas matanzas y ha logrado encarcelar a quince policías culpables de esos hechos.

La MINUSTAH en Cité Soleil y las tropas extranjeras en Haití

Los cascos azules han tenido un papel contradictorio desde el principio y han sido acusados de numerosos asesinatos y violaciones de los derechos humanos que fueron, en gran medida, admitidos por el ex comandante brasileño en cargo en Haití, el general Augusto Heleno Ribeiro Pereira, en 2005, cuando declaró que la MINUSTAH recibió la presión de países como Francia, Estados Unidos y Canadá para hacer un mayor uso de la violencia contra algunos supuestos grupos de delincuentes que, según sus informaciones, dominaban completamente los suburbios de la capital como, por ejemplo, el más pobre de todos, Cité Soleil.

Efectivamente, a finales de 2006, el presidente René Preval concedió expresamente a los militares de las Naciones Unidas la libertad de llevar a cabo tareas policiales y de inteligencia en los barrios pobres, sobre todo en Cité Soleil, uno de los bastiones políticos de Aristide, en contra de bandas y grupos no del todo identificados. En estos operativos, se cometieron muchos errores y confusiones entre los delincuentes comunes, los activistas políticos y los simples habitantes de los barrios, debido a la aproximativa y rápida elaboración de “listas negras” que se utilizaron como guía para las operaciones. Unos elementos de estas “bandas” o presuntas mafias, fueron identificados, de hecho, como parte de los grupos de ciudadanos auto-organizados vinculados al ex presidente en el exilio, Aristide. Aunque fue clara también la presencia de ciertos grupos de delincuentes “reales” en los distritos, los métodos represivos utilizados por la MINUSTAH, cuyos soldados avanzaban con armas pesadas, cañonazos y tanques como en verdaderas operaciones de guerra, cobraron la vida de decenas de inocentes, conmocionaron a toda la población aniquilando cualquier capacidad futura de organización civil. Además, siguieron alimentando el mito de una ciudad y de un pueblo violento, incivil y salvaje que necesitan a los ejércitos extranjeros para sobrevivir.

El mito de la violencia y conclusiones

Este mito ha sido reelaborado después del terremoto por los medios de comunicación y los líderes militares extranjeros, especialmente estadounidenses, para justificar el envío de cantidades masivas de vehículos pesados y hombres armados, mientras que, en realidad, Puerto Príncipe no es más peligrosa que otras grandes ciudades de América Latina; al contrario, la gente ha sabido vivir y operar en un modo relativamente pacífico y ordenado, a pesar de la inmensa tragedia que le ha caído encima. Y es que muchas veces la violencia política y social arranca por la acción de grupos fomentados desde el exterior, o bien, por intereses particulares de grupos de poder que, en el país más pobre del hemisferio occidental, compran con poco el consenso y la voluntad de los millones de “nadie” que, en Haití, sobreviven en su trágico día a día. A la luz de todo eso, los haitianos se han preguntado durante meses y meses por qué la ayuda humanitaria fue acompañada por un gran número de efectivos de los marinos y del ejército de Estados Unidos (veintidós mil soldados enviados en enero, cifra que se redujo a 13 mil unidades en abril de 2010), por la policía francesa, e incluso por los carabineros y militares italianos y de muchas naciones más. Todo eso cuando ya existe una fuerza internacional de policía que se llama MINUSTAH.

Es notable como, en el momento en que se deben tomar las decisiones económicas y políticas verdaderamente relevantes para el destino del país y se deben enfrentar las cuestiones estratégicas sobre el uso de los recursos proporcionados por actores y gobiernos externos, involucrados en el tablero haitiano desde hace décadas o siglos, además que por los organismos internacionales que ellos mismos controlan, entran en juego otras lógicas de poder. Éstas van más allá de la presencia, del control y de las funciones asignadas oficialmente a los organismos multilaterales como la ONU y su “brazo armado”, la MINUSTAH, y en los hechos se circunscribe la esfera de decisiones sólo a los interlocutores más influyentes por su hard power (poder duro de tipo militar y económico) desplegado sobre el territorio.

Por último destacamos una iniciativa muy importante y efectiva para poder apoyar al pueblo haitiano a través de la asociación italiana Scuola di Pace (http://www.lascuoladipace.org/)  y la haitiana Aumohd; sin pasar por las grandes “multinacionales de la solidaridad”, se puede contribuir de manera más directa y concreta: http://www.haitiemergency.org/ o para infos el blog del autor http://lamericalatina.net