EspañolFoto Gallerie

El hambre de Haití. Terremoto, olvido y paradojas de la solidaridad /1

 14/06/2020  Etiquetas: , ,

Fase di ricostruzione e partita-intervallo a Porto Principe, Haiti, 2011 (Romina Vinci)

Di Jiri Sykora (testo), Romina Vinci (foto), Fabrizio Lorusso (foto)

Galleria fotografica di Fabrizio Lorusso e Romina Vinci con una serie di scatti realizzata tra il 2010, poco dopo il terribile terremoto del 12 gennaio che fece oltre 250mila vittime, e il 2011, in piena crisi per l’epidemia di colera provocata dai caschi blu dell’Onu.

Dopo la galleria la recensione, scritta in spagnolo per la rivista Entretextos (n. 33) dal Dott. Jiri Sykora, accademico della Universidad Iberoamericana León, al libro El hambre de Haití. Terremoto, olvido y paradojas de la solidaridad (lo trovi qui) di Lorusso e Vinci, uscito in italiano nel 2015 per End, tradotto allo spagnolo da Clara Ferri e pubblicato dalla Universidad Iberoamericana León (2019). Potete leggere la recensione su ISSUU o qui.

Porto Principe, Haiti, 2010 (Fabrizio Lorusso)
Quartiere Delmas a Porto Principe, Haiti, 2010 (Fabrizio Lorusso)

Haiti macerie in Delmas
Le macerie di Haiti, Porto Principe, 2010 (Fabrizio Lorusso)

Campo tendopoli Haiti 2011
A un anno e mezzo dal terremoto, migliaia di persone vivono nelle tendopoli, Haiti, 2011 (Romina Vinci)

Ricerche tra le macerie, Porto Principe, Haiti, 2010 (Fabrizio Lorusso)

Haiti rovine
Banca nazionale in rovina, Porto Principe, Haiti, 2010 (Fabrizio Lorusso)

Haiti
Haiti, 2010 (Fabrizio Lorusso)

Hace 10 años, el 12 de enero de 2010, en Haití se produjo un terremoto tan devastador que, hasta ahora, no ha logrado reponerse del todo. El epicentro se localizó a tan sólo 15 km de Puerto Príncipe, capital de este país antillano, cuyas calles y edificios quedaron demolidos; el saldo fue de 300 000 muertos, 350 000 heridos y un millón y medio de personas sin casa. Horas después del sismo, organizaciones humanitarias y medios de comunicación establecieron campamentos en los alrededores de la pista de aterrizaje del Aeropuerto International Toussaint-Louverture, que ya estaba repleto de aviones de carga con ayuda humanitaria y de cientos de soldados, llegados de todo el mundo, que se sumaban a las fuerzas de paz de las Naciones  Unidas…

Portada del libro el hambre de Haití
Portada de El hambre de Haití , 2020 (Ibero León)

Ante estas circunstancias dos jóvenes periodistas independientes, Fabrizio Lorusso y Romina Vinci, ambos de origen italiano, decidieron emprender, en diferentes momentos, el viaje a Haití para documentar las condiciones en las que se encontraba. Él llegó a la capital un mes después del terremoto; ella, en octubre de 2011, justo en el momento álgido de la emergencia del cólera. Ambos colaboraban en la revista en línea CarmillaOnLine, pero las experiencias vividas de ese desastre natural y el oficio de escribir se convirtieron en diarios, fotos e informes de ese hecho.

De la voluntad de no olvidar las consecuencias de esta tragedia, nace el libro titulado El hambre de Haití.Terremoto, olvido y paradojas de la solidaridad que explica por qué una catástrofe natural se puede convertir en una tragedia social, cuando gobiernos extranjeros, en nombre de la cooperación internacional, deciden sobre los recursos financieros aportados para la reedificación del país en ruinas.

A una década del terremoto que estremeció esta isla, han sido vanos los esfuerzos para la reconstrucción que, aún hoy en día, adolece; se han registrado escasos resultados concretos para la población, ya que la ayuda alimentaria ha canibalizado la producción local y a menudo terminan por crear dependencia y degenerar en el paternalismo.

Por eso los escombros de Haití siguen ahí, intactos y dolorosos, y para recordárnoslos los autores de este diario-reportaje

Insisten en actuar para comprender cómo ayudar a Haití a reconstruirse, escuchando a su gente, tomando en consideración sus derechos y su capacidad de salir de la pobreza y la inestabilidad. Desearían poder reírse de las paradojas, ridiculeces y mentiras de la cooperación internacional de no ser porque fomentan una industria del hambre sobre la cual es imposible esbozar una sonrisa. No hay nada divertido en descubrir que las insultantes desigualdades sociales de Haití son hijas de la construcción continua de subdesarrollo cimentado por actos repetidos y constantes de explotación aniquiladora. ¡Vaya que la cultura occidental puede ser más que cruel con quien intenta salirse de sus garras!

El hambre de Haití (Lorusso & Vinci, 2019, pp. 11-12)

El hambre de Haití. Terremoto, olvido y paradojas de la solidaridad, pues, describe la situación en la que se encontraba la población y lo insuficiente que fue la ayuda humanitaria. Los autores relatan que, para evitar la irrupción de haitianos desesperados por falta de lo esencial para vivir, cientos de cascos azules de las Naciones Unidas tuvieron que apostarse en las inmediaciones del aeropuerto para impedir que la gente ingresara a la terminal para apoderarse de los víveres que ya se almacenaban por toneladas. Sin embargo, en el apartado “Los de la ONU no son ‘los buenos’”, el autor señala que los cascos azules estuvieron en el centro de las acusaciones de la gente y de los medios cuando algunos investigadores confirmaron que el contingente nepalés había llevado a la isla el cólera, que ha provocado hasta el día de hoy 520 000 contagios en todo el país y la menos 7 000 muerto, por lo que la legitimidad de las fuerzas armadas internacionales ha sido puesta en duda.

Otra sección interesante es “La militarización de Haití y las ayudas internacionales” porque ahí se describe que, dos días después del terremoto, llegaron miles de marinos estadounidenses armados para ayudar en la “misión humanitaria” y la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) fue la encargada de realizar funciones de policía y de defensa para “estabilizar” al país. La Minustah “ha sido acusad[a] de numerosos homicidios y violaciones de derechos humanos que fueron en su mayoría admitidos por el comandante” (p. 80). Por esta razón, sectores importantes de la sociedad civil de Haití rechazaron categóricamente la presencia de tropas extranjeras, definiéndolas como el brazo armado de la democracia o considerándolas simplemente cuerpos ajenos y, además, anticonstitucionales.

En “Estrellas fugaces y política internacional” se trata un tema relevante: la ayuda de varios hombres y mujeres de la política y del espectáculo norteamericano, así como la recolección de fondos que numerosas iglesias, cristianas y católicas, llevaron a cabo. Aquí, el autor afirma que son apreciables estos esfuerzos, pero cuestiona sus intenciones porque muchas veces obtienen ventajas económicas, o mediáticas, y son portadores de ideologías que las potencias extranjeras involucradas utilizan para exportar “productos, influencias culturales, políticas y religiosas, visiones del mundo, conocimientos, empresas, dependencias de diversos tipos y, en síntesis, soft power a los países ‘beneficiarios’” (p. 82).

Así arrancó una hipócrita y desenfrenada carrera por la solidaridad: ¿quién ofrece más? La ONU, gobiernos, empresarios, ciudadanos, sitios web, asociaciones y las más de diez mil ONG presentes en territorio haitiano volcaron un cúmulo de promesas y de buenas intenciones evaluables en  11 mil millones de dólares, de los cuales sólo 5 % había sido entregado y presupuestado, es decir, destinado a obras de reconstrucción. Lo curioso, apunta el autor en “La quimera de la reconstrucción”, es que la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití fue encabezada por el expresidente estadounidense Bill Clinton y por el primer ministro haitiano. Es fácil imaginar quién realmente tomaba las decisiones sobre el destino de las donaciones. Ante este hecho, el autor afirma que “Poco importa si los fondos no han sido totalmente entregados y, sobre todo, si a los haitianos solo les entregaron las migajas. Las promesas no se traducen siempre en realidad” (p. 90).

El lector, pues, descubrirá en este libro que la reconstrucción del país no estaba en manos del gobierno del entonces presidente René Préval, sino en manos de un consorcio integrado por bancos y gobiernos de las viejas y nuevas potencias coloniales (Francia, Canadá y Estados Unidos) que decidirían cómo y qué reconstruir: hoteles de lujo, instalaciones de ensamblaje y fábricas de ropa. La edificación de estos inmuebles, sin duda, beneficiaría a las compañías extranjeras, más que a la población. Por lo tanto, los mecanismos de cooperación y una parte de las donaciones fungen como engranajes y lubricantes para la apertura de nuevos mercados, atractivos, para las transnacionales estadounidenses, japonesas, latinoamericanas y europeas.

Para los autores de El hambre de Haití. Terremoto, olvido y paradojas de la solidaridad era necesario evitar que una tragedia como esta fuera olvidada o vista como una simple anécdota sobre un acontecimiento natural; por esta razón, en el libro se presentan los informes y reportajes que Fabrizio y Romina escribieron al andar por las calles de Haití, con ayuda de la Aumhod (Asociación de Unidades Motivadas por una Haití de los Derechos) y de la Asociación de Abogados por los Derechos Humanos cuyo presidente, Evel Fanfan, los alojó en su casa, ubicada en el barrio Delmas. Este trabajo, además, motivó a otros periodistas italianos (entre ellos Silvestro Montanaro, de la TV pública italiana Rai Tre, e Italo Cassa, de la Escuela de Paz de Roma) a seguir sus pasos. La red que se construyó a partir de estos hechos permitió que floreciera este proyecto editorial, que Evel Fanfan haya estado dos veces en Italia y que el abogado y escritor Massimo Vaggi, junto con el sindicato italiano Fiom y con la asociación Nuevos horizontes para la adopción viva (NOVA, por sus siglas en italiano), hayan colaborado.

Mercato a Porto Principe
Porto Principe, Haiti, 2011 (Romina Vinci)

Pubblicato da:  In Categoria: Español, Foto Gallerie

Comment here