Relato oral como herramienta para la construcción de la historia económica y social – Fabrizio Lorusso – Revista Tiempo y Sociedad, España

tiempo y sociedad revista[Artículo de Fabrizio Lorusso: “Relato oral como herramienta para la construcción de la historia económica y social”, Revista Tiempo y Sociedad, N. 19, mayo-agosto 2015, (España) ISSN 1989-6883 – Revista en ISSUU n. 19 ] Blog, Sitio de la revista https://tiemposociedad.wordpress.com/  Indexada en https://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=18244  – Cataloogo Universidades Españolas link link2

Tiempo y sociedad (Revista de Historia y Humanidades)

Tiempo y sociedad: revista de Historia y humanidades nace con la intención de combinar rigor y amenidad, de manera que en sus páginas se publicarán tanto ensayos producto de la investigación como artículos de divulgación. Además, el hecho de optar por la edición en Internet se vincula a la intención de conseguir que la revista sea accesible a cualquier persona interesada en estos temas, independientemente del lugar en el que se encuentre. En Tiempo y sociedad se recogerán artículos no sólo de Historia, sino que en ella se publicarán también textos de Historia del Arte, Geografía, Economía y cualquier tema que pueda tener un interés desde el punto de vista de las Ciencias Sociales y las Humanidades.

Resumen: El autor debate acerca del valor y función epistemológica del relato oral en pos de su transformación en una fuente histórica aceptada, a la par de las otras herramientas hermenéuticas más “tradicionales” (normalmente fuentes escritas de tipo documental) a disposición de los historiadores. En particular, se destacan los límites y los alcances del relato oral como instrumento para la generación de fuentes útiles para la historia económica y social, en la que ha habido un uso importante y provechoso de la “oralidad” para ampliar, de manera deliberada y militante, especialmente en el contexto latinoamericano, el viejo acervo documental con la integración de las voces calladas por los estudios históricos tradicionales.

 

 

1   El  presente  artículo  se  desarrolló  en  el  ámbito  de  la  investigación  doctoral  en  Estudios Latinoamericanos desarrollada por el autor como parte del marco teórico: la investigación utiliza el relato oral y la historia oral en las secciones de corte histórico-económico y social. El ensayo es, entonces, el resultado del curso-taller de “Historia Oral” impartido por la Dra Esther Iglesias en la Universidad   Nacional   Autónoma   de   México   (Unam-Maestría   y   Doctorado   en   Estudios Latinoamericanos) y es la base para la construcción de los estudios de caso con el uso de fuentes orales.

2 Doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM) – Maestro en Estudios Latinoamericanos

(UNAM) y en Administración de empresas (BOCCONI-ITALIA) – Avenida Universidad 2016 ed. 13-402,    col.     Copilco     Universidad,    Del.    Coyoacan,    04360,     México     DF,     Mèexico     – fabriziolorusso@yahoo.it

Palabras clave: Relato oral, fuentes, historia económica y social, epistemología, América Latina

 

 

Abstract: This article provide an approach to the debate about the value and the epistemological function of oral account in the search forits  transformation into an accepted historical source, such as the other more “traditional” hermeneutical tools (normally written sources of a documental kind) available to the historians. In particular, the creation of useful sources for the economic and social history fields, in which there have been an important and profitable use of “orality” to increase, in a deliberate and militant way, especially from a Latin-American point of view, the old collection of documents with the integration of the silenced voices of the traditional history studies.

Key words: Oral account, sources, economic and social history, epistemology, Latin America

1.                    Las categorías analíticas y la oralidad

 

La discusión sobre la oralidad, entendible como la característica de “lo oral” contrapuesto a otras formas de comunicar, relatar y atestiguar típicas de “lo escrito”, puede concernir su capacidad para crear, integrar, perfeccionar, legitimar y verificar la presencia y el valor de ciertas categorías analíticas, fundadas en una o más perspectivas teóricas definidas.

En sendas ocasiones, las fuentes históricas “tradicionales”, principalmente los documentos recolectados en los archivos, han tendido a privilegiar una interpretación de los acontecimientos que es intrínsecamente sesgada por la tipología, el estado y las condiciones de las formas escritas y de los lenguajes oficiales o formales de los que, a menudo, son portadoras. Éstas son distintas de las formas de la oralidad pero, a pesar de su estatus y consideración elevados o “de prestigio” en los rangos de las fuentes históricas, pueden tener prácticamente los mismos vicios que se la han atribuido a las fuentes generadas a partir de relatos orales y testimonios no escritos. En otras palabras, pueden responder, por ejemplo, a criterios ideológicos en el momento de su formulación y de su interpretación por parte del historiador, así como pueden estar viciadas en origen por unas distorsiones voluntarias, o bien, casuales, por errores humanos, transcripciones equivocadas y, finalmente, por todas aquellas interacciones y situaciones subjetivas que también influyen en la producción de testimonios directos en forma oral. La realización de una entrevista, además, da origen a un material único que tomaría formas y caminos distintos si se llevara a cabo durante una interacción en la que los sujetos, tanto el entrevistador como el informante, o bien los mismos lugares y tiempos de la entrevista, hubiesen cambiado.

Es claro que, en este último caso, intervienen, además, otros factores subjetivos y emocionales, tanto en la producción misma del documento, como en

su posterior interpretación. Por lo tanto, se han hecho avances importantes en la discusión teórica acerca de los criterios y finalidades de los procesos para la selección de los informantes, sobre el estudio profundo de los contextos históricos, acerca de la validación y el cotejo de las fuentes, los cuales son elementos, ahora sí, más necesarios y rigurosos en la historia oral que en la historia hecha con puras fuentes escritas, las que no han tenido que ganarse el estatus de documento legítimo y corroborado con una lucha epistemológica e ideológica de décadas de duración.

Por otro lado, resulta relevante la comprensión de la definición y de la posición de las fuentes históricas generadas a través de los testimonios orales, entendidas como un referente acotado (y posiblemente más científico  y cotejable) de un universo empírico mucho más amplio (que sería todo lo referente a la “oralidad”, además de los muchos otros campos que nos hablan de “lo real”) que podemos recortar con un acercamiento teórico específico, con la elaboración previa de un constructo según ciertos ejes espaciales y temporales y también gracias al estudio de las condiciones ambientales y técnicas que rodean y determinan la investigación.

No  se  trata  aquí  de  incluir  en  la  investigación  lo  que  Hugo  Zemelman (1992:  82-87)  definió  “lo  no  dado  y  lo  dándose”,  es  decir  la  introducción  del campo   de   “lo   potencial”   y   el   análisis   de   la   transformación   continua   y   el movimiento  de  la  realidad  como  objetos  determinados,  sino  que  se  trata  de

considerarlos en la construcción del objeto como elementos dialécticos dinámicos para erigir márgenes funcionales, útiles y flexibles, ya no barreras a la investigación; para retarnos y retar al objeto, y no para tratar ilusoriamente de enmarcar la indefinición o de incluir lo no verificable.

Al caer en la trampa descrita, se perdería todo marco de referencia, toda función hipotética y los análisis empírico y teórico se arriesgarían en un entorno que    es    demasiado    puntual    y,    de    pronto,    ni    siquiera    etnográficamente significativo,   o   bien,   algo   que   es   utópico   por   su   pretensión   abarcadora   y universalista.  Un  anhelo  que  es,  sin  embargo,  poco  proficuo  y,  por  ende,  tan general,  abarcador  y,  quizás,  pretencioso  como  para  caer  en  las  críticas  y  la casuística     del     “falsificacionismo”     o     “falsacionismo”,     también     llamado “refutacionismo” o “principio de falsabilidad”, elaborados por el filósofo austriaco Karl  Popper  (1945)  según  el  cual  serían  científicos  aquellos  enunciados  que pueden ser refutados (Del Coso, 2013). Igualmente, dicha postura iría acercándose a una visión post-estructuralista en la que no tanto la estructura sino, más bien, la carga semántica es la que le da significados al lenguaje: en este sentido, se trata de  incluir  de  alguna  manera  lo  “no  dado”,  constituido  por  los  elementos  del silencio, de la ausencia, de la mentira y de las pausas en un relato concreto, los que  sí  tienen  una  importancia  que  hace  falta  rescatar  en  los  límites  de  las posibilidades hermenéuticas.

2.                 Funciones de la validación de fuentes orales

 

Finalmente, la contribución de las herramientas y las técnicas para la creación – las entrevistas y los relatos se recogen por voluntad del historiador quien “crea”, junto al informante y a través de la interacción con éste, el documento – la sistematización y la validación de documentos orales, con el fin de convertirlos en fuentes dotadas de un alto grado de confianza, podría apreciarse en dos funciones fundamentales: una contribución complementaria con finalidades de ampliación o rectificación, la cual no apunta a una reversión ni al descubrimiento de una categoría nueva o antes inutilizada, aplicable al contexto en que se ubica el objeto de estudio, sino que, más bien, parafrasea, corrobora y complementa los análisis e interpretaciones ya asentados con otras fuentes; o bien, además de lo anterior, habrá una aportación original y novedosa al universo categorial conocido para el tema investigado: en otras palabras, se otorgará la voz a los desposeídos por la historia oficial, se interpretará, pues, su destino, según categorías y pautas científicamente innovadoras y, quizá, de ruptura, las que no habían sido rastreadas a través de las fuentes “ordinarias” o tradicionales.

Este  es  el  caso,  por ejemplo,  del  extenso  y  puntual  trabajo  realizado  por Esther  Iglesias  del  Instituto  de  investigaciones  económicas  en  la  Universidad nacional autónoma de México (Iglesias, 1984: 59-70) con una categoría útil para la historia  económica,  es  decir,  la  que  se  puede  definir  como  “coacción  extra-

económica”, la cual fue reconocida y analizada junto a varias otras, importantes en  el  contexto  rural  del  Sureste  mexicano,  como  son  el  derecho de  pernada,  la leva,  la  gleba  y  el  endeudamiento.  Todo  ello  permitió  abrir  una  nueva  ventana sobre  la  historia,  olvidada  y  menospreciada,  del  mundo  de  los  campesinos  que durante las primeras décadas del siglo XX, pero también después y hasta la fecha, trabajaban y siguen  trabajando el henequén en la península  de Yucatán, en ese México profundo y renegado según lo define Bonfil Batalla (1987). Esa historia ya había sido cristalizada y hecha “verdad” incontestable en los años por parte de la oficialidad historiadora, sin haber tenido en cuenta las preciosas voces silenciadas de los excluidos que allí seguían existiendo sin tiempo ni memoria.

Asimismo, la importancia de rescatar el relato oral y otras fuentes distintas para la historia económica y social, para reescribirla en parte o ponerla en tela de juicio,  viene  siendo  fundamental  para  toda  América  Latina,  un  territorio  de contrastes  e  historias  olvidadas,  en  el  cual  no  sólo  los  códigos  escritos  y  los grandes   acontecimientos   registrados   están   “capacitados”   para   describir   y desentrañar la realidad, sobre todo en lo que se refiere a los sectores marginales de  la  sociedad:  es  ésta  la  visión  de  “historiadores  comprometidos  con  nuestro tiempo  y  espacio”,  tal  como  la  detalla  la  misión  de  la  Red  Latinoamericana  de Historia Oral (Rlho, 2013).

3.                   Alcances y límites del relato oral

 

El relato oral se puede considerar como uno de los insumos fundamentales de los que se sirve la historia oral en su momento heurístico para la construcción de documentos fehacientes que adquieran el rango de fuentes históricas, utilizables igualmente como material válido, a su vez, dentro de otras disciplinas. Si podemos entender la historia oral como una herramienta muy valiosa en la investigación del pasado y de la memoria, el relato oral y, en particular, la recolección de testimonios significativos y representativos, que sigan criterios establecidos en la fase de planeación del trabajo de campo pero también in itinere

conforme vayan cambiando las informaciones halladas – serían el referente concreto, definitivamente la “materia prima”, para el desarrollo posterior de una interpretación y validación adecuadas en el momento hermenéutico.

Tanto en su conjugación empírica en la forma de la “historia de vida”  como en las otras formas que puede adoptar, por ejemplo la del testimonio sobre hechos específicos de la experiencia individual o colectiva, el relato oral tiene la tarea de abastecer al historiador con un material relevante en la medida en que se individúan, se cotejan y se valorizan los testimonios individuales arquetípicos y representativos del tema colectivo estudiado. Para poder cumplir con ello, hay que tener en cuenta que un relato de por sí tiene siempre ciertos niveles de infidelidad a la época de referencia y de confusión entre acontecimientos, mitos y vivencias personales los que dependen en gran medida de la subjetividad y los

factores biológicos (la eficacia y fidelidad de la memoria entre ellos) y personales

– emotivos de los informantes. Entonces, hay un factor de selección natural de la memoria y de la evocación que se mezcla con los elementos subjetivos de la interacción verbal, como son la empatía y la carga relacional ínsitos a una entrevista, que entran en la generación del testimonio y han de ser evaluados al momento de la validación efectiva de las informaciones obtenidas.

Entre los instrumentos útiles para obviar, en parte, estos límites del relato oral, destacan: la realización de un cruce entre ejes temporales sincrónicos y diacrónicos de distintas duraciones (tiempos largos, medianos y breves de la historia) para colocar coherentemente al sujeto informante en su época; la selección misma de los informantes y la comparación de distintos relatos sobre el mismo acontecimiento y, luego, con otras fuentes si las hay; la correcta formulación de las preguntas entre los extremos de un cuestionario fijo y rígido, más válido para encuestas y, posiblemente, como instrumento de acercamiento preliminar y rastreo para un universo empírico amplio, o bien de las entrevistas de tipo abierto y semi – abierto que permiten una matización de los grados de libertad en la exposición del relato; eventualmente, cabe preguntarse también si es que hay una traza o unos elementos de la memoria colectiva (entendida como la percepción o el recuerdo por parte de un individuo de lo que la colectividad en el tiempo ha seleccionado, recordado y relatado acerca de un dado acontecimiento, como si ese recuerdo proviniera de algo externo a la persona,

algo que “los demás”, la gente o el pueblo siempre han dicho sobre eso) de un grupo social determinado, identificables dentro del relato individual; y finalmente, el análisis posterior de las formas de participación y de las dinámicas que, en los diferentes encuentros mantenidos con el informante, hayan regido su evocación y su descripción de los acontecimientos.

Finalmente, de la matización y de la justa mezcla entre instrumentos distintos, puede surgir la combinación ideal que permita un desarrollo coherente y científico de la investigación de campo, de sus articulaciones e interpretaciones consiguientes, lo cual no implica la posibilidad intrínseca de “reproducción del experimento”, es decir, no se plantea aquí la idea de que haya un método, una praxis y un resultado previsibles, mientras que sí se puede hablar de una serie de herramientas y técnicas a disposición que realmente no modifican el principio de la unicidad del documento oral generado y de sus componentes subjetivas necesarias.

4.                   Consideraciones conclusivas

 

El perfeccionamiento de estas técnicas pasa por el reconocimiento de su utilidad y su valor heurístico, lo cual ha sido un logro conseguido en los años de intensos debates entre los “oralistas” y, además, ello ha servido para distinguir el uso del relato oral con fines meramente etnográficos, sociológicos, literarios o periodísticos de sus aplicaciones como una fuente de conocimiento para la

historia  económica  y  social  e,  incluso,  para  esa  “historia  sin  adjetivos”  con funciones desmitificadoras como la definió Vilanova (1998: 161; 1997).

En  este  sentido  y  a  manera  de  conclusión,  hay  que  señalar  dos  polos dialécticos para dar cuenta del largo debate sobre el reconocimiento y la posición de la historia oral: por un lado, una  interpretación de  corte subjetivista (acerca del  papel  del  relato  oral)  puede  transformar  al  sujeto  informante  en  el  mismo objeto de estudio de la investigación, valorando todo tipo de relato en si mismo y restándole  prioridad  a  los  aspectos  de  objetivación  académica  y  producción  de fuentes aceptables a partir del insumo constituido por el testimonio; por el otro lado,  hay  quienes  abogan  por  la  independización  de  la  historia  oral  como disciplina per se que tendría la memoria y la identidad en calidad de objetos de estudio y  que,  sin  embargo,  podría  llegar  a  una  exacerbación  de  sus propósitos políticos,   militantes   y   de   rescate   social   en   detrimento   de   sus   atributos susceptibles  de  objetivación  y  recuperación  hermenéutica  (Sebe  Bom  Meihy, 2003).

Un enfoque mediador, o mejor dicho integrador, entre tales posiciones, las que resultan a veces opuestas metodológicamente y, a veces, coincidentes por sus anhelos cognoscitivos compartidos, aspiraría a refinar cada vez más una herramienta valiosa como es la historia oral, para que incorpore tecnologías y técnicas avanzadas en la conducción de su investigación, ya reconocida por una amplia comunidad académica gracias a sus aportaciones, pero también por sus

límites observables y sus alcances, en constante evolución hacia una expansión de los ámbitos de aplicación bajo el punto de vista práctico y teórico. Finalmente se trataría de una historia oral que, sin descuidar sus orígenes militantes y su pasión por dar la voz a los actores olvidados en la historia, adquiere un papel legitimo en la construcción del conocimiento, en virtud de su estatus científico y de sus criterios de investigación ampliamente debatidos y compartidos.

Referencias bibliográficas

 

BONFIL  BATALLA,  Guillermo,  (1987):  México  profundo:  una  civilización  negada,  Grijalbo,

México.

DEL COSO, Raquel, (2013): Popper, www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/popper.asp, 2013, consultado

el 3 de julio de 2013.

IGLESIAS, Esther (1984): Reflexoes sobre o quefazer da historia oral no mundo rural, en «Dados Revista de Ciencias Sociais», 27, 1.

POPPER,  Karl,  (1945,  1994):  La  sociedad  abierta  y  sus  enemigos,  Ediciones  Paidós  Ibérica, Barcelona.

RLHO (2013), Página Web: www.relaho.org/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=4&Itemid=4

&lang=es>, consultado el 2 de agosto de 2014.

SEBE  BOM  MEIHY,  José  Carlos,  (2003):  La  radicalización  de  la  historia  oral,  en  Palabras  y silencios  (Words  and  Silences).  Historia  oral  y  la experiencia de  la política,  Nueva  Época, «Revista de la Asociación Internacional de Historia Oral», 1.

VILANOVA,  Mercedes,  (1998):  “Palabras  inaugurales  de  la  X  conferencia  internacional  de historia oral, Rio de Janeiro, 14 de junio de 1998”, Historia, Antropología y fuentes orales, (Traumas del siglo XX), n. 20, Breogan, Barcelona,1998.

————-       (nov. 1997): La historia sin adjetivos con fuentes orales y la historia del presente, ponencia presentada en IV Encontro nacional de historia oral, Recife.

ZEMELMAN, Hugo,1992): Los horizontes de la razón, en Historia y necesidad de utopía, vol.II. Anthropos, Colmex, México.

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