Mitos y realidades que se crearon entorno al culto de la Santa Muerte en México. Entrevista con la mismísima muerte – Fabrizio Lorusso – Visioni Latinoamericane, Trieste

copertina visioni latinoamericane rivista.jpg[Artículo de Fabrizio Lorusso, “Mitos y realidades que se crearon entorno al culto de la Santa Muerte en México. Entrevista con la mismísima muerte”, Visioni Latinoamericane, (Univ. de Trieste), N. 5, julio de 2011 – Issn 2035-6633 – link original]

 

Entrevista con la Santa Muerte

Ciudad de México, primavera del 2011. Por primera vez en los medios de comunicación y revistas académicas, tengo el honor de presentarles una entrevista que realicé con la mismísima Santa Muerte, la protagonista absoluta de la vida religiosa mexicana de la última década, la deidad de un culto popular en expansión masiva. De una vez por todas, nos contará acerca de los mitos y realidades que se crearon entorno a su culto en México. Jamás se le había dado la posibilidad de defender públicamente sus opiniones y explicarnos su historia. La cité en una calle de esta gran capital, al anochecer, sobre Ferrocarril de Cintura esquina con Avenida del Trabajo. Estamos en el umbral del barrio bravo de Tepito. La Santísima llega puntual y algo acalorada, nos sentamos sobre una banca de metal, apartados. El día es bochornoso y la grabadora impaciente empieza a registrar la portentosa vida de la Muerte.

– ¿Cuándo nació Usted?

– Bueno, nací con la vida misma. Soy su fin, pues. O su continuación, como lo quieran ver. Los antiguos mexicanos me veían como parte de un ciclo. Según la Biblia, yo nací cuando el pecado original. Adán y Eva comieron su manzana rica y yo empecé a trabajar. Dios me contrató, decidimos crear la mortalidad. Más bien, Él decidió y yo feliz. Al inicio, casi no tenía chamba, ya que hombres y mujeres eran muy longevos, hasta siglos vivían. Por ejemplo, el Noé del diluvio llegó a los 950 años de edad, demasiados. Moisés me lo llevé a los 120. Por suerte, después, la situación cambió, la especie humana se hizo más corrupta, pecaminosa, gozosa y golosa, por lo tanto, me los cargo pa’ arriba después de 70 o 90 años de existencia. A veces menos, depende.

¿Cuándo piensa jubilarse? Quién sabe…Hasta que el Jefe decida o yo me canse, todavía no. Algunos dicen que ya morí y me jubilé una vez, cuando Cristo resucitó y me ganó en ese partido. Por eso, hay pinturas con Jesús en la cruz y en la base una calavera con fémures cruzados, como en las banderas piratas. Sin embargo, nadie más me detuvo en la historia. Mi descanso eterno será, quizás, en el día del juicio universal, cuando ustedes asciendan al paraíso, pero es otro cuento. Veremos.

– ¿Cuándo empezaron a venerarla?

– No me acuerdo, hace un buen. Antes, los mortales adoraban y trataban de comprender lo más inexplicable de mi naturaleza fascinante y sorpresiva. Soy modesta, ¿verdad? En cambio, en el último milenio, más o menos, empezaron a tenerme demasiado miedo y poco respeto en Europa. Sé que fue por culpa de la peste negra.

– No pues, está grueso, ¿y qué pasó?

– Por allí del siglo XIV, me tuve que encargar de 25 millones de galos, anglos, germánicos, gachupines, itálicos, helénicos, cristianos y moros. Me fatigué mucho pero valió la pena, se trataba de mi carrera de segadora. Hasta la fecha, allá se rehúsan a verme y no hablan de mí. En América, los de la Inquisición persiguieron mis imágenes con lujo de violencia, pero igual a ellos me los llevé, lenta pero segura. A pesar de todo, al fin y al cabo, estoy de vuelta, siglo tras siglo.

– ¿Cuál era su relación con los Aztecas?

– Aquí en México y todo Mesoamérica, antes de que llegaran los españoles, mandé a una pareja real que se encargó del inframundo mexica, el Mictlán, ¡vaya que me cumplieron muy bien! Si la memoria no me falla, se llamaban Mictalntecuhtli, el Rey, y Mictecacihuatl, su Señora, la Reina. Buena gente, descarnados, populares y honrados como yo. Después, quedó poco de ellos, estuvieron escondidos dentro de ciertas subculturas, en los usos y costumbres que poco a poco se iban integrando al mestizaje cósmico. Hace poco, se volvieron a descubrir y a estudiar sus historias. Yo sí considero que la idea del ciclo vida-muerte y la concepción circular del tiempo dejaron vestigios de esa época hasta el día de hoy…

– Vaya, sí sabe mucho. Va otra. ¿Es Usted una Santa de verdad?

– Mira. No me piratean pero primero preguntaría, ¿según quién? En este mundo y en el otro que habito, llamado “más allá”, hemos tenido muchas pláticas sobre quiénes son Santos “de verdad”. Para la Iglesia Católica, claro que no lo soy. No fui jamás una persona de carne y huesos. Más bien, como puedes ver, soy de puros huesos, y no me dan chance para la canonización. Además, ni quiero, soy una entidad, objeto de fe popular. Si vienen los periodistas para entrevistarme, por algo será: la sabiduría popular reinventa sus cultos y rituales constantemente. Un Santo no católico tiene la misma dignidad que los otros, yo pienso. Me quiere la gente y con eso. Yo, como el pueblo, normalmente no solapo a pendejos, ni enaltezco a cabrones, y perdóname esta terminología eficaz que me permito lucir el día de hoy.

– ¿Se cree más poderosa que Dios? ¡Qué bueno que preguntes! Oye, no hay que pasarse. Él me creó y me contrató. Lo único es que probablemente haya una sola vida y una sola muerte, yo me encargo de eso, nada más. Según cuentan, la gente dice “primero Dios, luego Ella”. Hablan de mí y hasta me pongo roja, porque me dan tanta dicha y valoración. ¿A poco no queremos todos un granito de reconocimiento, de vez en cuando? Allí está. No sé si me puedan “clasificar” por encima de otros Santos, de una que otra Iglesia. Tampoco sé si Jesús valga más o menos que yo, si la Virgen María y los Angelitos tengan más poder y cosas por el estilo. En general, la gente me coloca arribita, cerca de Diosito y a la par de su Hijo, pero yo no tengo vanidad, por lo que sólo pienso en mi misión y vivo feliz.

– ¿Cómo le llaman en México y América Latina? ¿Cuántos son sus devotos?

– Bueno, es que apodos y nombres hay muchos. Si me quieren mostrar cariño, me llaman Flaquita, Bonita, Niña Blanca, Hermosa y para mostrar respeto me dicen Patrona, Señora, Comadre, Hermana, Jefa. No hay límites a la fantasía. Los duros y puros devotos son al menos 2 millones, quizás 5 o hasta 10 millones en México, Estados Unidos, Centroamérica e incluso en Japón, Dinamarca y Argentina, donde está un primo mío llamado San La Muerte. Aprovecho para desearle puro éxito al gaucho.

– Estimada Santa, ¿cuál sería su compromiso con la democracia?

– Mijo, no me hagas preguntas pendencieras, para no decir otra que empieza con p. ¿Me viste cara de H. Congresista? De todos modos, yo soy profundamente democrática, como debe de ser, porque igual me llevo a un rico que a un pobre, a un joven que a un viejo, a un político y a un maleante. Aunque éstos, a veces, los confundo, pero bueno, no profundizo en el asunto. Acaban todos en lo mismo, ésta es democracia real, nada de populismos y transiciones a medias.

– ¿Por qué anda en la calle con guadaña, balanza, reloj de arena, tecolote y un mundo en la mano?

– A mucha gente le parece extraño, cuando menos, y de repente se ve espantoso y de mal gusto. Explíquenos por favor, Santísima. Primero. El chisme de la gente, ni lo pelo. Segundo, te explico. La guadaña protectora no sólo te salvaguarda de envidias, hechizos y mal de ojo, sino que se encarga de cortar las vidas filosamente. Resplandece a lo lejos y mutila de cerca, obvio. Hasta tú, ten cuidado, he de averiguar cuando es tu turno. Ya conocerás el refrán “cuando te toca, aunque te quites, cuando no te toca, aunque te pongas”. Así razona mi guadaña. La balanza es como lo de la justicia y la democracia, la ley es igual para todos. En su mundo mortal, no siempre es cierto, pero en el mío, me cae que sí. El reloj de arena me gusta, es retro pero rifa. Es la vida que se te va lentamente de las manos, sin embargo, con una girada arriba abajo, empieza otra vez con arena fresca. Todos podemos cambiar si queremos, una moraleja clásica pero actual. ¿Cómo ves? Sigamos. Cuando “el tecolote canta, el indio muere”, dicen, y por eso el búho es un mensajero nocturno muy respetado que a veces pongo a mis pies en calidad de asistente. Lo del globo terráqueo, pos, decía el Rey Nezahualcóyotl que “toda la redondez de la Tierra es un sepulcro; no hay cosa que persista, que con título de piedad no la esconda y la entierre”. De vez en cuando, me siento sobre la Tierra para descansar y me hacen unos retratos lindísimos que ni Miguel Ángel. También me pintan sobre un trono o a caballo, pero de pié es mi figura típica.

– ¿Qué me comenta de su túnica y sus colores?

– Es algo especial. Fíjate. Cada uno de ustedes tiene una piel puesta. Es su capa externa de varios colores. Asimismo, yo porto mi atuendo franciscano y sólo enseño los huesos de mis manos, mis pies y mi rostro de calavera. Al verme, ustedes, medio cegados por su estrés cotidiano, se dan cuenta en seguida de que todos son iguales: debajo de su piel y ropa fina, finalmente, hay huesos blancos como los míos, y no hay disfraz que dure por una vida. A cada color de mi sayal le han puesto un sentido simbólico. Me late eso, la gente es libre de creer y no hay reglas, es como nazca, a cada quien su fe. No me gusta redactar listas de deseos, oraciones y colores, pero sí las hay en revistas, libritos y en las creencias y usos de mis seguidores. No está mal, siempre y cuando no me conviertan en un fenómeno para el circo. Gusto libre con respeto, eso es.

– Las malas lenguas dicen que su culto sólo es para pobres, presos, “nacos” y “prostis”.

– Ay, Fabrizio…hay mucho racismo y prejuicio. Todo se echa en el mismo caldero. Los barrios son reservas secretas de cultura, costumbres y ciencia que, por cierto, no sólo está en los libros. Hay pobreza y desesperación, el Estado ha chafeado, la gente se organiza como y cuando puede. Si no, cada quien jala de su lado y gana el individualismo. En donde falten las oportunidades, el alma y la fe son lo único que queda y mientras más Santos haya, mejor. Por lo mismo, no es cierto que soy celosa como dicen, mis altares no son exclusivos, hay lugar para todos, más para los débiles.

– ¿Y en la cárcel?

– Hoy es todo un tema. Déjame, termino. En la cárcel me tienen mucho cariño, es cierto, no lo niego, ¿y qué? Querrá decir que tenemos que preocuparnos más por lo que pasa allá adentro y que, tarde o temprano, a todos nos puede tocar alguna injusticia. No me quería poner filosófica, pero quiero decir que no discrimino, todos se juntan igualitos ante mí, porque iguales tendrán que morir. Por eso, la verdad, me molestan las etiquetas que unos pegan a otros para ver quién es más fregón. Toditos podemos ser pobres, presos, nacos o, como dijiste, “prostis”, según nos vean los demás. Se les olvida que yo soy quien maneja la balanza y la guadaña.

– Perdón, otras malas lenguas dicen que Usted es la Santa de los narcos y de la mara salvatrucha.

– ¡Híjole! Pero ¿han hecho una estadística de cuántos presuntos narcos se tatúan a una Virgen, a Malverde o a San Juditas, o no más se fijan en mí? Con todo respeto, ¿cuántos mareros también creen en otros Santos? No niego cierta afición, sí soy carismática, pero no hay una ecuación entre mi figura de Muerte Santificada y la delincuencia organizada. Eso es bueno para la prensa amarillista y los documentales televisados, ¿no crees? Al inicio, todos tomaron por bueno el cuento de que yo era satánica, mala, delincuente, una deidad pagana para los sacrificios humanos y bobadas de ese tipo. Era porque no me conocían, pero ahora, ¿quién escribiría cosas así, burdas, en un buen periódico? Nadie.

– ¿Ha probado alguna droga?

– ¿Por qué crees que estoy tan flaquita? No, es broma. Todo probé en la vida, bueno, en la muerte, pero sin excesos. Comprendo y perdono los vicios. Hay que tener mucha voluntad. Claro que me los quiero llevar a todos ustedes, pero a su tiempo, no se adelanten demasiado.

– ¿Tiene novio, galán o amigovio?

– La pregunta del siglo, ¿te quieres lanzar? Mi veneranda edad y experiencia milenaria me enseñaron a ser discreta. He sabido de amigos que sueñan con que andan conmigo y me ven en la noche, pero creo que ya no estoy para eso. Mi labor me llena: realmente, contenta, emancipada y ocupada. Ya nada de gossip y paparazzi, por favor.

– ¿Usted le entra a la santería y al vudú?

– La santería es una tradición cubana que viene de la religión del pueblo africano Yoruba y está también en México, Brasil y Estados Unidos. El vudú, igual, llega de Nigeria a Haití. Son religiones que trajeron los esclavos negros, raptados y comercializados como objetos por las potencias coloniales. En mi culto de México, hay algo de estas usanzas. Por ejemplo, la práctica del pureo, en que se depuran mis imágenes con una nube de humo de un puro, o las ofrendas de licores tropicalones como ron, tequila y mezcal. También traen estatuas de la deidad cubana Yemayá, la orisha del mar y madre de los dioses. Me cae que se difundieron unos rituales que utilizan mi figura descarnada para la magia negra, con sacrificios de animales y ocultismo. Las tiendas esotéricas y la red están llenas de ofertas de toda clase. Todo es posible, aunque siento que me estarían explotando para cosas que ni al caso, tampoco son lo mío, la verdad. Vámonos por un café.

Ya es noche y la Santa Muerte sigue revelándonos sus secretos desde el centro de la Gran Urbe.

– ¿Cuáles son los orígenes del culto que se le rinde hoy, Santísima Muerte?

– ¡Uh, qué difícil! La misma pregunta de siempre, ¿de dónde venimos y a dónde vamos? Pues, niño, te cuento que mi imagen tiene mil años, llega de Europa como una mezcla de las iconografías judío-cristianas con insertos griego-romanos. ¡Qué cosas! Como me ves ahorita, aquí a tu lado, es como me pintaron en el medioevo tardío y en la época barroca en Italia, España, Francia y demás. Me pusieron en esos simpáticos cuadros de las danzas macabras y los triunfos de la cruz. Éstos colgaban en iglesias y osarios y se llevaban en las procesiones del Viernes Santo sobre las carretas de la muerte que yo presidía esqueléticamente.

– ¿Le gusta todo lo barroco, verdad?

– ¿A mí? ¿Por? Me gusta el color, la decoración extrovertida y, no lo digas a nadie, también la Vida, ¡cómo no! No hay bronca con ella. Mi función, desde la Edad Media, cuando la misma Iglesia católica difundía mis cuadros y la iconografía de la Buena y Santa Muerte, fue la de recordar a los hombres que un día se van a morir, el famoso memento mori. Es un hecho que los tiene que fortalecer para vivir bien, no los va a desmoralizar. El espíritu y la estética barroca están presentes en tierra mexicana, pues aquí encontré una noble morada, y en verdad me gustan mucho los colores, la ropa, los rituales, los dones y una sana dosis de exceso sensorial. Mariachis, cantos, bailes. Siento que el día de muertos tradicional, ese “patrimonio de la humanidad” católico-mestizo de México, es otra cosa. Es muy lindo, por cierto, pero mis rosarios callejeros, junto a la libertad de “vivir la muerte”, sin domesticación litúrgica y estatal, pues son lo que me hace tan popular y, a la vez, hostigada y codiciada. No estamos fuera de la ley, sino en una devoción más libre, que ya no está siendo controlada por los de siempre. Da miedo en las altas jerarquías.

– ¿La Enfermedad es amiga suya?

– Sí, pero no super cuata. Nos llevábamos bien hace un tiempo, cuando me ayudaba a toda máquina en mi obra como trinchadora de vidas y chofer de almas. Ahora, como que anda floja, no pega como debe y los doctores la hacen tonta con tachitas y palabras bonitas. Me cae que ya no jala.

Volvamos a la historia, ¿qué pasó cuando llegó a México? Además de las enfermedades, con los españoles llegaron cruces y espadas. Las cofradías de la Buena Muerte garantizaban a los ricos una subida rápida al paraíso. Los pobres iban a parar a las fosas comunes. Mi silueta con guadaña espantaba bastante y sometió almas y cuerpos de los conquistados. Sin embargo, el juego no duró tanto y, en el siglo XVII, los antiguos pobladores de América ya habían empezado a usar mi efigie a su gusto. Reinventaron sus antiguas cosmovisiones para apropiarse de los elementos católicos. Para 1700, la Inquisición ordenó perseguir mi figura fatal y condenó sistemáticamente, hasta el día de hoy, la llamada “idolatría pagana” que los indios practicaban con la que, entonces, ya llamaban “Santa Muerte”. En Chiapas y Guatemala me tenían en alta consideración, al identificarme con la figura de San Pascualito Rey, la cual fue acorralada por más de 300 años, pero hoy tiene su capilla en Tuxtla.

– ¿Cómo se conservó por tanto tiempo?

– No uso maquillaje, ves. Mi culto se mantuvo hasta la fecha, gracias a las tías, las abuelitas y las guardianas de los altares caseros. Hablo más de mujeres que son matronas como yo, me sirvieron mejor. En fin, fue la obra de los devotos en los barrios y en los pueblitos del México profundo. Guardaron con recelo mis estatuas, estampillas y pinturas durante décadas por tradición familiar y barrial. Me protegieron de las persecuciones y no quisieron lucrar o fundar iglesias, les agradezco. Esta es la esencia, un secreto que se guardó de las prohibiciones oficiales y las miradas ajenas malpensadas. Por ejemplo, tenemos las imágenes de San Bernardo en Tepatepec, Hidalgo, la del carro de la muerte en el Museo de Sitio de Yanhuitlán, Oaxaca, y la estatua de La Noria, Zacatecas, que tienen orígenes coloniales y hoy se conocen por todo el país. También en Tepito el culto es muy antiguo y el altar de Alfarería fue el primero en hacerse público y notorio. Empezó la tradición de los rosarios masivos en la calle. Luego, ya sabes que no todos siguen el mismo camino y hubo abusos y falsos liderazgos, jugosos para los medios, pero es otra historia.

– Cuénteme más, por favor. ¿De quiénes estamos hablando?

– Bueno, ya te comenté, soy discreta, pero bueno, me refería a las personas que en los últimos diez años han estado explotando el culto a mi santidad de manera bastante descarada, con poca fe y tantas ganas de juntar a cada vez más fieles y negocios. Eso tiene un límite y desgraciadamente hubo dos casos controvertidos que son muy famosos. El de David Romo, quien creyó dominar el culto como Papa. Siempre aparecía en los medios que necesitan crear a líderes y mitos, hoy es acusado de secuestro y está preso. Su santuario en la calle de Bravo tenía éxito, pero él cambió mi figura de Huesuda con la de un Ángel de la Muerte encarnado que ni al caso. Yo soy Jefa en este culto, perdón, y no hay Iglesias o Biblias, sólo la fe de cada quien, los altares y los lugares de encuentro. Otro caso fue Jonathan Legaria Várgas, el Comandante Pantera, alias Padre Endoque, quien era todavía muy chavo, cuando, en 2008, lo acribillaron en Tultitlán, Estado de México. Allí queda una estatua de 22 metros que me representa, pero nunca he sabido bien qué negocios andaban armando, nada bueno al parecer.

– ¿Usted misma es frecuentadora de algún altar callejero? ¿Dónde hay más, Señora?

– Me deleita que me hables con respeto, güerito esbelto, te voy a dejar en paz unos lustros más. Déjame contar. Después de que, hace casi diez años, Doña Enriqueta Romero sacara su altar familiar y mi gran estatua vestida a la luz pública, en la colonia Morelos, se han multiplicado los altares callejeros por doquier: en negocios, hogares, vecindades, calles, parques, oficinas, taxis y micros. Entonces, en un principio, la gente sacaba imágenes mías, bajo amenaza de represalias de los vecinos y de la autoridad, pero hoy ya es un poco más común y aceptado, especialmente en las colonias populares. Parece que hay mil quinientos altares en el DF, es difícil decirlo. Es más, hay santuarios y me rinden culto con rosarios y ceremonias en todos los estados de la República, de Chetumal a Puebla, de Ciudad Juárez a Veracruz pasando por Zacatecas, Chiapas y Oaxaca, para mencionarte los centros más notorios. No me da pa’ frecuentar todos los altares, me encantaría, pero no dejo a ninguno desamparado. No hay pierde.

– ¿Hay manera de negociar o “arreglarse” con Usted para un tiempo extra?

– No, amigo, ¿qué pasó?, ¿cómo crees? Nada de mordidas, no busco plata. Si me das un aliento de devoción y oraciones, como intercesora con el cielo, puedo hablar bien de ti en la delegación divina, pero nada sale garantizado. Finalmente Él decide, ni tú, ni yo.

– ¿Y qué pasa en Tepito?

– Pues, nada. Se habla mal del barrio, sin conocimiento. Yo navego en Internet (pero no ocupo el Face) y, en BarrioDeTepito.Com, un sabio cronista puso que “los chilangos temen Tepito y no se dan cuenta de que ya México se ha convertido en el Tepito del mundo”, en lo bueno y lo malo. México y Tepito tienen las vocales emparedadas, ¿curioso no? En Tepis, me tienen mucha fe. Junto a la Guadalupe, soy la Señora del barrio, pero como que a mi me quieren más, modestamente. No presumir, no juego con clasificaciones de fe, pero bueno, si aquí andas con mi estatua, con una estampa o un escapulario, la gente respeta, te deja regalitos y te platica, porque yo soy quien más les hace el paro. La Virgencita es buena, es mexicana también, la aman y la besan, pero ella es la mera para milagritos, no sabe de favores medio raros y no fuma.

– ¿De qué me habla?

– Ay. Hacer que regrese tu marido o que tu galana te quiera más, protegerte de un asalto, pagarte deudas perdidas, ganar juicios difíciles, cubrirte si tu chamba es peligrosa o ampararte cuando ayudes a un compa en el “arte de sobrevivir”. No soy más poderosa, quizás. Un poquito más cabrona, eso sí.

– Para todo eso, ¿no está ya San Judas Tadeo?

– Es mi amigo y trabaja casi lo mismo, pero se quedó con la Institución. Lo promueve la Iglesia y sustituyó a San Hipólito quien fue impuesto por los conquistadores como patrono en 1528. El 28 del mes acuden muchísimos allí en Metro Hidalgo, pero sigue siendo un cuate cooptado y menos libre. Es válido pero yo no me dejo.

– Sí, cierto. Me llamó la atención lo que decía de “favores medio raros” ¿O sea?

– O sea, o sea, ¿qué me vas a entender, humano? Periodista, además. Pues, es que aquí donde estamos, se ha vivido la muerte constantemente, la crisis no es de ahorita, lleva 500 años o más. Desde que Tepito, perteneciente a Tlatelolco, fue sometido a Tenochtitlan, primero, y después a los amiguitos del Hernán Cortés, la gente se las arregla pa’ seguir adelante. Honesta y creativamente, sin venderse ni vender su tierra y su dignidad al prójimo de los prójimos, a los compradores de almas y cuerpos. Puede que alguien cometa un crimen por necesidad, no por gusto, y me pida protección. Sólo a veces, se concede, mas siempre los escucho. No hay templo que cierre puertas, la calle está abierta, ya sean polis, rateros, travestis, vendedoras de caricias, desempleados, altos mandos, jefes de jefes, oficinistas, curas, fresas, ricos y clasemedieros.

– Pero, ¿qué más le piden y qué le prometen a cambio?

– En Tepito, el “lugar donde empezó la esclavitud”, la muerte ha estado como en su casa, desde siempre, y cuando Ella, es decir, Yo, me hago presente en la sociedad, también salgo más en los altares y me ofrecen un culto especial. Las peticiones comunes son para conseguir el amor, un buen negocio y la felicidad en el hogar, se reza mucho por los presos y los migrantes, para conseguir trabajo, para evitar asaltos y protegerse de las malas vibras, para romper la incertidumbre y salir de una enfermedad. Torear los riesgos de la vida o, por lo menos, morir bien, eso. Para que les cumpla, hacen promesas y mandas en honor mío, por ejemplo, arman un altar, invitan una comida, hacen regalos y peregrinaciones, se cortan el pelo, se tatúan, me cuidan en la casa o van de rodillas a un santuario. Ahora bien, mi chavo, un paro puede estar bien, un santo favorzote también, pero que ya se me pida el mal y el sufrimiento de otros, ahí ya no le entro. Es responsabilidad de cada quien.

¿Es Usted muy vengativa? Es consabido que si no le cumplen, Ud castiga. Consabido lo dices tú o algún académico. Para nada. Como te acabo de decir, cuando la gente se sugestiona y cree que algo malo va a pasar, se autoaplica la ley de Murphy, y así ocurre. Si piensan que los voy a castigar, verás que algún castigo les sucede. Eso es todo. ¿Todavía hay libre albedrío en este mundo o no? Y también debe de haber libertad religiosa y de pensamiento. Sólo pido respeto, de quien me quiera y de los que no. Uno da lo que puede, jamás pediría lo que no hay.

– Usted se ha vuelto toda una estrella, una fuente de vida y fortuna según sus devotos, quienes la invocan como “querido ser de luz”. ¿No es una contradicción? Ahora bien, sin ofensa, dicen que Usted resume los valores negativos de esta sociedad.

– Sólo vengo a recordarles su destino innegable y certero para que vivan bien. No quiero que deseen la muerte de su vecino o cosas por el estilo. Doy protección a los que nadie cuida y no me dejo influenciar. No todo en mí es oscuridad, al contrario, alumbro los caminos de la vida y la salida final: caminos y metas, un “nos vemos” y un “adiós”. Algo natural no tiene que ser negativo, ni instigar a la violencia, sino a la buena vida con la mejor conclusión. Cada noche ustedes ensayan el sueño mayor, ya están listos. Me despido, mijo, me voy volando. Hasta…luego.

Muchas gracias, nos vemos.

Ojalá no le haya caído muy mal. Mientras se aleja, la Santa me indica un cartel: hoy estás en los brazos de la vida, pero mañana estarás en los míos. Así que vive tu vida. Te espero. Atte. La Muerte. Así de fácil, se me despidió la Patrona. México DF, escribe su inefable Fabrizio Lorusso.

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