#Mafias, #Cárteles y #BandasCriminales: de la #literatura a la realidad – Entrevista @robertosaviano en @JornadaSemanal

savianoComo es bien sabido, una de las vertientes temáticas más importantes en el trabajo como narrador, ensayista y periodista del italiano Roberto Saviano consiste en la exposición y el análisis del panorama mundial de la producción, el comercio y el consumo de estupefacientes. En esta conversación, que se suma a la publicada en este diario el pasado 30 de enero, el autor de CeroCeroCero, Gomorra, Lo contrario de la muerte y La belleza y el infierno habla del vínculo directo, así como las diferencias de grado establecidas entre cárteles de las drogas, bandas criminales –conocidas como BaCrim– y mafias alrededor de todo el mundo. [Fabrizio Lorusso – Artículo publicado en La Jornada Semanal La Jornada Semanal del 15 de mayo de 2016]

En CeroCeroCero afirmas que la cocaína gobierna al mundo, pero ¿y la heroína? ¿Las metanfetaminas? ¿Qué papel o alcance tienen hoy?

–Hablo así de la coca porque es una droga performativa, es la droga de drogas, que no es percibida como tal. Por lo tanto queda como la reina de las drogas por la sensación y los daños que provoca, en el sentido de que, si la sabes manejar, no te lleva inmediatamente a ser su esclavo; es una relación muy compleja. Con la heroína, después de un uso promedio inicial, enseguida te vuelves dependiente, mientras que la coca te permite una gestión mayor, lo cual no significa que no te haga daño. Las metanfetaminas están creciendo mucho, junto a la heroína, pero ésta crece por otro motivo. Nace como nuevo mercado por varias razones. Antes que nada, porque para hacerle competencia a la cocaína se están bajando notablemente sus costos, que ya eran bajos. Además ha cambiado el consumo: hoy en día la heroína se fuma o se inhala. La revolución es ésta: ya no se introduce al cuerpo con una aguja, es como si fuera más “socialmente aceptable”. Los daños son los mismos, pero la imagen es diferente: el pinchazo se asocia con el sida, la hepatitis, la desesperación, el “drogadicto-zombi”.

Según la DEA, los cárteles mexicanos están “creando la demanda” al promover la heroína. ¿Por qué? ¿Qué dinámicas has detectado? ¿La tendencia es la misma también en Europa?

–Los cárteles están promoviendo la heroína porque la producen en Sinaloa, es de excelente calidad, no cuesta nada y entonces consiguen venderla en Estados Unidos a precios muy inferiores a los de la coca. De esta manera logran ampliar el mercado: más consumidores y siempre, inclusive en períodos de crisis. En Europa se registra lo mismo; en Italia, sobre todo en Milán y en Perugia. Esta ciudad es una capital de la heroína en el sur de Europa, y en todo el este europeo la heroína es fuertísima: los cárteles rusos, ucranianos y georgianos se volvieron más fuertes gracias a esto.

Has hablado de la evolución de algunas organizaciones criminales mexicanas en verdaderas mafias. ¿A cuáles grupos te refieres y en qué sentido? ¿Qué alcance tienen, entonces, los términos “cártel” y “Ba-Crim” (banda criminal)?

–El cártel tiene una estructura jerárquica– militar compleja y tiende a construir lo que es el motivo por el cual se le define así, o sea el precio de la substancia. El cártel combate porque su propio precio “se haga cártel”, es decir, lograr que sea el mismo grupo el que determine el precio de la coca o de la droga más en general. La Ba-Crim es una banda criminal que no cuenta con una organización o jerarquía tan compleja como el cártel. Hay un jefe y hay integrantes. No tiene siquiera una complejidad de intervención en el territorio. Las Ba-Crim se forman usualmente por la disolución de organizaciones más grandes y estructuradas, como sucedió por ejemplo tras la desmovilización de las AUC colombianas, y ganan a través del crimen, incluso de pequeños crímenes: roban coches, manejan prostitutas, hacen asaltos, venden alguna droga. La banda criminal es otra cosa con respecto del cártel que, a su vez, es otra cosa con respecto de la mafia. Lo digo a menudo: los narcos actúan por dinero, los mafiosos para construir un sistema de poder del cual el dinero sólo es una de las herramientas. Las mafias, y por ende la estructura mafiosa, son un paso ulterior respecto del cártel y las organizaciones mexicanas hoy son mafia. Entonces, según yo, quienquiera que hoy utilice las palabras narcos o cártel, está usando una acepción menor, una clara acepción menor que no tiene nada que ver con la descripción de los hechos.

¿Qué estructura tienen las mafias mexicanas? ¿Redes, multinacionales integradas, franquicia u otras?

–La estructura de la mafia mexicana es, como decíamos, compleja. Decir mafia es decir reglas morales y culturales que, entonces, derivan de años de usos, caminos, elecciones, comportamientos. ¿Es una multinacional? Sí, porque siguen el camino propio de la multinacional, pues producen en un territorio favorable y venden en un territorio favorable, lo cual se traduce en mano de obra de bajísimo costo y en ventas en las zonas que ofrecen mayores ganancias y en donde el producto es más demandado. En algunas organizaciones mexicanas podemos encontrar también el modelo de la franquicia, o sea de células autónomas que, sin embargo, operan en territorios distintos con base en reglas y comportamientos comunes. Los Zetas, por ejemplo, se organizan de esta manera sobre el territorio mexicano, pero los cárteles frecuentemente cuentan con células en países extranjeros como Estados Unidos o España… Hoy en día en España hay numerosas investigaciones para averiguar si es demostrable su presencia allí. Yo estoy seguro de ello, pero estamos todavía en el inicio. La franquicia lo es también en la violencia: hay grupos que, bajo la égida de una organización o de un cártel, deciden adoptar las prácticas más feroces, bárbaras, como las decapitaciones. De alguna manera es un mecanismo que utiliza también el terrorismo islámico, que tomó muchas de sus prácticas de las organizaciones mafiosas. La decapitación, herramienta del EI/ISIS (Estado Islámico), que ya muchos años antes había sido usada por los cárteles mexicanos (aunque estoy consciente de que la decapitación es una herramienta de guerra nacida con el hombre mismo), y los homicidios rituales siempre han sido perpetrados por las organizaciones criminales.

Un detalle según yo importante acerca de la cuestión de la franquicia es que se trata de una suerte de estructura comparable a la de las organizaciones informales: o sea, es cuando una persona en Milán quema un cajero bancario y yo, que tengo una organización contra los cajeros del otro lado del mundo, siento que aquella acción la puedo reivindicar, puedo atribuírmela, aunque no la haya organizado yo, ni la haya conseguido hacer yo.

En fin, frecuentemente la diferencia entre las organizaciones italianas y las mexicanas es que estas últimas tienen fuerte este aspecto: hay apéndices en el territorio, personajes que se mueven autónomamente y luego, para no ser masacrados y promover su propio ascenso, deciden trabajar por cuenta del Chapo, aun antes de que el Chapo decida que sí o no. Ellos realizan actividades criminales y dan lo que deben, por ejemplo al cártel de Sinaloa, y entonces Sinaloa los incorpora, los toma. Por lo tanto, su comportamiento está ya “dentro del cártel”, pero el cártel aún no los reconoce. Obviamente, si llegaran a moverse contra el cártel estarían muertos.

¿Cómo definirías las dinámicas entre las organizaciones criminales más globalizadas? ¿Ves más cooperación o competencia?

–Las dinámicas entre las organizaciones criminales son de grandísima colaboración y, al mismo tiempo, de grandísima competencia. Hay numerosas investigaciones que demuestran la colaboración entre las organizaciones colombianas y la ‘ndrangheta, no sólo para hacer llegar la coca a Italia, sino también para llevarla a Nueva York y a Canadá, en donde los calabreses son muy fuertes. En años recientes, los mexicanos han tratado de entrar directamente en el mercado europeo de la cocaína, territorio que hace un tiempo era un coto exclusivo de las organizaciones colombianas (mientras que los mexicanos vendían sólo en el norte de América).

Entonces los cárteles mexicanos se están volviendo competidores de los colombianos para la distribución en Europa. Además, los grandes distribuidores confían la distribución al menudeo a varias organizaciones: por ejemplo Nueva York es una ciudad donde gran parte de la estructura distributiva de los pushers está bajo el control de los dominicanos, una organización criminal muy fuerte junto a la jamaiquina.

Ambas son esencialmente ignoradas porque no se masacran en las calles. La cooperación nace por una razón específica: el aprovisionamiento tiene que llegar de Sudamérica, por lo que las relaciones que, por ejemplo, tienen los napolitanos, los calabreses, los albaneses o los serbios con los cárteles sudamericanos no pueden ser sino colaborativas, pues de lo contrario se cierra la relación y ellos están acabados.

En este sentido, las organizaciones italianas son las que tienen una mayor colaboración con las sudamericanas por regla de honor. Un simple ejemplo: cuando una familia calabresa no paga la coca, muchas veces intervienen otras organizaciones calabresas para pagar su deuda y por eso todos están felices de trabajar con la ‘ndrangheta. Pagan esa deuda, luego se van a desquitar a su manera, habrá una mano violentísima que caerá sobre la familia incumplidora, pero éste es un problema de ellos, interno, italiano. El frente fundamental es que los italianos siempre pagan, por lo tanto con los italianos puedes pactar acuerdos entre caballeros, puedes fijar precios óptimos y puedes confiar: este es el mecanismo.

La competencia: también sobre esto hay especificidades. No es que por ejemplo dominicanos, mexicanos e italianos se masacren para controlar Nueva York o Londres. Incluso la modalidad de matarse, la elección de pelear, dependen mucho de los negocios, porque si tú decides matar, como se hizo en Duisburg a causa de la que, sin embargo, era una disputa interna de las organizaciones calabresas, o bien, por decirlo así, si calabreses y rusos decidieran dispararse por las calles de Berlín, al día siguiente todos sus referentes políticos corruptos tendrían que dejarlos, ya no podrían secundarlos. La presión política, social y mediática sería tan grande como para forzar a todos los negocios a detenerse. Esto hace que en las grandes ciudades hoy, a diferencia de ayer, no haya luchas de clanes. Por lo tanto, los mismo grupos mexicanos, italianos, rusos, que se matan en su propia casa, no se matan en Nueva York o Montreal, en donde hacen negocios, a veces juntos incluso

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