El beso anti-homofobia de los congresistas italianos

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Una foto tomada hace unos días, durante una sesión ordinaria del Parlamento italiano, está dando la vuelta al mundo. En la imagen, decenas de congresistas se besan en la boca y se abrazan, sin importar su sexo, pues el acto fue llevado a cabo para protestar por la “excesiva tibieza” de una ley que la Cámara de Diputados acababa de aprobar contra la homofobia.

Se trata de los diputados del Movimiento 5 Estrellas, fundado por el cómico Beppe Grillo, quien sorpresivamente ganó casi el 25% de los escaños parlamentarios en las elecciones del mes de febrero con un programa de lucha contra la clase política tradicional y los privilegios.

Los grillini, como se llaman sus seguidores dentro y fuera del parlamento, están en la oposición frente al gobierno de coalición que integran el centro-derecha de Berlusconi y el centro-izquierda del Partido Democrático (PD) presidido por el primer ministro Enrico Letta.

La norma se puede considerar un logro, ya que introduce el delito de “discriminación e instigación al odio y a la violencia homofóbica”, pero los opositores rechazan algunas enmiendas que limitan su alcance. En efecto, la ley prevé que no será discriminación “la libre expresión de convicciones u opiniones relacionadas con el pluralismo de las ideas”. Esto podría permitir a individuos y hasta a grupos, como por ejemplo los partidos neonazis y xenófobos, la expresión sin restricciones de opiniones homofóbicas o discriminatorias. Así, la ley podría perder sentido y no aplicarse casi nunca.

En comparación con los otros países europeos, Italia se ha quedado atrás por lo que se refiere a un sinnúmero de temas sociales, desde los derechos de las minorías a los llamados “pactos o sociedades de convivencia”, del matrimonio entre personas del mismo sexo al respeto hacia las comunidades LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros), de los temas éticos como la eutanasia y la fecundación asistida a la regulación de las drogas y de los flujos migratorios.

El enfoque de la criminalización o la indiferencia, en el sentido de la falta de intervención estatal, ha creado huecos y trabas en la legislación, en la misma sociedad y en la vida de los ciudadanos.

En los setenta, Italia había tomado la delantera en asuntos de fuerte impacto social como el divorcio y el aborto, los cuales fueron permitidos y trajeron ventajas indudables para los ciudadanos. De hecho, en casi 40 años de aplicación de la ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo, esta práctica ha bajado paulatinamente, se salvó la vida de decenas de miles de mujeres y el aborto ha salido totalmente del estado de clandestinidad y peligrosidad en que se realizaba antes.

Pese a ser dos temas muy sensibles para los católicos y el Vaticano, siempre presente en la política nacional a través de sus lobbies y de un partido como la Democracia Cristiana, en el poder durante casi 50 años y hoy disuelto, los movimientos sociales lograron muchos avances gracias al instrumento del referéndum popular, o bien, con presiones y protestas contundentes.

Hoy en día, una evidente embestida conservadora en el país ha bloqueado por más de dos décadas cualquier proceso de apertura hacia los cambios ocurridos de facto en la sociedad.

A nivel de política nacional, el hecho de hablar acerca de la regulación o liberalización de cualquier tipo de droga es un tabú, tal como lo es plantear el matrimonio gay o, al menos, el reconocimiento legal de las parejas no casadas que comparten hogar y vida. Italia ya es un unicum en Europa.

Los gobiernos recientes, de izquierda o de derecha, no han tenido la voluntad política de retar sus propias resistencias, de reafirmar la laicidad del Estado y de acercarse a los demás países de la Unión Europea que dan seguridad a sus ciudadanos, al establecer un marco regulatorio en estas materias tan delicadas y vigentes.

Aunque un beso colectivo pareció despertar a los medios y a algunas conciencias, falta bastante para cambiar las mentalidades y la cultura.

Justo esta semana, para rematar, el dueño de Barilla y Mulino Bianco, marca de pastas y productos alimentarios internacional, el señor Guido Barilla, en un programa de radio italiano, “La Zanzara”, pronunciaba unas frases homofóbicos y tradicionalistas, además de avergonzosas: “No pondría en uno de nuestros spots una familia gay porque estamos con la familia tradicional. Si los gays no están de acuerdo, pueden comer la pasta de otra marca. Todos están libres de hacer lo que quieran sin dar molestia a los demás”.

De VarioPintoAlDia                                                                                                                                                                                                     Fabrizio Lorusso – Twitter @FabrizioLorusso

2 risposte a “El beso anti-homofobia de los congresistas italianos

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