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  • Los recursos de la derecha

    Los recursos de la derecha

    En las conclusiones del libro Historia mínima de las derechas en América Latina, publicado por el Colegio de México en 2023, el autor, Ernesto Bohoslavsky, retoma un sugerente esquema de Barry Cannon, especialista en política y derechas latinoamericanas.

    Éste identifica cinco “grupos de recursos” que las élites han movilizado a su favor en la historia de nuestro subcontinente para construir y mantener la dominación, con más o menos consenso, según el momento: las Fuerzas Armadas, el poder económico, los partidos políticos, la cultura y la comunicación, y finalmente, los socios en el exterior.

    A lo largo del tiempo, sin embargo, la miscelánea concreta de recursos que utilizan los grupos de poder ha sido variable, ya que no siempre les fue posible manejar todas las palancas a la vez y, aun en presencia de más afinidades ideológicas que diferencias en su seno, rara vez se han constituido como un bloque unitario y coherente.

    Esto dependería de varios factores, como, entre otros, el equilibrio de fuerzas con otros actores sociales y políticos, el ya mencionado grado de unidad en su interior, su nivel de legitimidad o descrédito, el tipo y profundidad de control del Estado, el tablero internacional, la disputa de la hegemonía por parte de otros poderes fácticos o institucionales, así como de sectores, discursos y proyectos distintos.

    Entiendo el recurso de las Fuerzas Armadas de manera amplia, como uso de la coerción legal y paralegal, ya sea mediante el Ejército o la Marina, la policía y las fiscalías, los sistemas de vigilancia y las guardias al servicio de intereses particulares.

    El poder económico significa, entre otras cosas, ingresos, pero sobre todo capitales, infraestructuras, finanzas, industria, concesiones, tierras, empresas, símbolos y redes de negocios o inversiones.

    El ámbito político no lo limitaría tan sólo a la creación de partidos representativos de los intereses elitistas, es decir, de una “minoría selecta o rectora”, sino que se expresa también en fundaciones, clubes y organizaciones de la sociedad civil, junto con el lawfare y la influencia sobre el Poder Judicial u otras esferas del Estado.

    El recurso de “socios, alianzas y redes en el exterior” debe de incluir, en mi opinión, agencias, actores políticos, lobistas, instituciones de todo tipo, partidos, financistas, iglesias, medios de comunicación, agentes del campo cultural, think tanks y hasta bandas mercenarias foráneas, entre otros.

    Sin pretensiones de exhaustividad, en la esfera cultural y de los medios de comunicación se pueden considerar también la religión, la industria cinematográfica y editorial, las redes sociales digitales y la educación privada, más allá del control relativo o absoluto que las élites pudieran tener sobre el sistema educativo de un país como tal.

    En el citado libro de la colección “Historias Mínimas” del Colmex, estas categorías, que resumí en la infografía de esta columna, sirvieron al autor para cerrar la obra con un balance de las vicisitudes históricas latinoamericanas y con un ejercicio que resumo en un par de preguntas sobre el ayer y el hoy.

    ¿Cuáles de los cinco grupos de recursos a disposición de las élites fueron los más usados en un momento dado de la historia?

    ¿De cuáles de estos recursos pueden echar mano, hoy, las élites del bloque neoliberal y las derechas radicales en México para cumplir sus fines?

    Los regímenes oligárquicos de finales del siglo XIX, como el Porfiriato o el Estado Velho de Brasil, tenían a su alcance palancas y medios distintos, respecto de la clase tecnocrática y neoliberal surgida en los ochenta en México y Latinoamérica, al calor del Consenso de Washington, o de los regímenes cívico-militares del Cono Sur una década antes, durante la Guerra Fría. El acceso y la disponibilidad para algunas herramientas declinan, para otras crecen y difieren entre subgrupos oligárquicos.

    Sin embargo, a través de mezclas diferentes y cambiantes de recursos e instrumentos, en la mayoría de los países y de las épocas, los grupos de élite del espectro político de derecha han dominado la economía, la política y las narrativas, por encima y en perjuicio de otros sectores de la sociedad.

    En este sentido, vemos cómo el PRIAN, la candidata Gálvez, los dinosaurios partidistas, Claudio X González, sus “organizaciones civiles”, la “marea rosa” y el empresariado afín, se han movido para aprovechar, sobre todo, cuatro palancas o grupos de recursos: el del dinero y el poderío económico; el Poder Judicial y el lawfare; sus socios y aliados en el exterior, especialmente en Estados Unidos y España; algunos sectores de la Iglesia, el mundillo de la cultura made in Nexos, Letras Libres, cada vez más descalificado, y los medios tradicionales de comunicación con sus costillas digitales y fake media tipo Latin.Us.

    Me parece que este último elemento es el más poderoso, todavía, en manos de la élite conservadora decadente, aunque le siguen de cerca el “Estado profundo” y la guerra judicial, por ejemplo, gracias al control de la Suprema Corte, como factores de resistencia al cambio y defensores de aquellos grupos antes hegemónicos. Pero a diferencia de antes, todos estos esfuerzos ya han perdido el monopolio discursivo y no logran conformar “hegemonía”, sino que son cada vez más cuestionados, ya no dominan ni suscitan aprobación.

    La pregunta sobre el hoy y los recursos de la élite sirve de brújula, útil para interpretar el ajedrez de la política, sobre todo en periodos de campaña, cuando las piezas se mueven y se caen más frenéticamente. Ayudan a comprender mejor y contrastar acciones, comportamientos, estrategias, verborreas, mentiras y guerras sucias en el contexto actual. Y especialmente en el campo de las derechas mexicanas que fueron “clase dirigente”, aunque fuera con creces contestada, y que se presentan divididas en varios partidos y corrientes, del neoliberalismo progresista al conservador y a la derecha radical, pero unidas por adversarios comunes como el obradorismo, Morena y la 4T.

    Por Fabrizio Lorusso desde Sin Embargo MX

    Fabrizio Lorusso

    Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana León sobre temas de violencia, desaparición de personas y memoria en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Maestro y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Colaborador de medios italianos y mexicanos. Integra la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, proyecto para el fortalecimiento colectivo de las víctimas.

  • COMUNICADO: Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato se suma a la Jornada Nacional de Búsqueda (18 04 24)

    COMUNICADO: Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato se suma a la Jornada Nacional de Búsqueda (18 04 24)

    El 21 de marzo, colectivos de familias de personas desaparecidas de todo el país han propuesto la Jornada Nacional de Búsqueda Humanitaria a realizarse del 18 al 20 de abril del presente año, y la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato1 y colectivos de diversos municipios se suman a esta iniciativa. Esta Jornada es una acción de búsqueda conjunta y simultánea a lo largo y ancho del país, realizada de diversas formas: en vida, en campo, volanteo, foros y/o acciones en espacios públicos para visibilizar sus exigencias. “Es un proceso de unificación nacional”, han dicho las familias convocantes. La Jornada culminará con una Mega Marcha en CDMX el 10 de mayo, día de las madres [Baja aquí el comunicado con imágenes en formato Pdf].

    En el caso de Guanajuato, además de la búsqueda realizada los días mencionados por los Colectivos de familias de personas desaparecidas, la Plataforma hace público este BOLETÍN con información actualizada sobre las desapariciones en la entidad.

    ______________________________

    Sobre el número de personas desaparecidas2

    Al corte del 15 de marzo de 2024, oficialmente existe registro de la desaparición de 4,185 personas en Guanajuato: se desconoce su paradero y, por ley, presumimos que han sido víctimas de algún delito y deben ser buscadas por las autoridades. La problemática ha estado aumentando constantemente en la entidad.

    Particularmente, entre el 30 de abril de 2018 (último corte del antiguo y hoy extinto Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas) y el 15 de marzo del año en curso, en un periodo de poco menos de 6 años, las personas desaparecidas han crecido de casi 7 veces, de 621 casos a casi 4,200. De estos, 3,572 son hombres y 611 mujeres (2 de “sexo indeterminado”); 3,933 son mayores de edad y 241 menores (11 de “edad indeterminada”). 

    Los municipios con más personas desaparecidas (superiores a 200) son: 

    Celaya (505), Irapuato (472), León (459), Villagrán (265), Pénjamo (222) y Salamanca (210) 

    Como proporción de la población, las ciudades con mayores tasas de personas desaparecidas por cada 100,000 habitantes son: 

    Villagrán (con 401.3), Cuerámaro (217.1), Juventino Rosas (215), Uriangato (159.4), Apaseo el Alto (153) y Pénjamo (140)

    Villagrán y Pénjamo aparecen en la lista de las primeras seis ciudades tanto en números absolutos como en porcentaje de su población. 

    Sobre las fosas clandestinas y los cuerpos sin identificar.

    En el estado de Guanajuato, con base en análisis cruzados de fuentes oficiales (Comisión Estatal de Búsqueda, Fiscalía General del Estado, mediante solicitudes de transparencia e informes públicos), datos de la prensa (para los años 2009-2020) e información de colectivos de búsqueda (Brigada Independiente de Búsqueda de Hasta Encontrarte; y Una Luz en Mi Camino), entre 2009 y marzo de 2024, tenemos registro del hallazgo de más de 550 fosas clandestinas, con una cifra aproximada superior a 1,000 cuerpos.

    Aunque los datos definitivos, por municipio y por tipo de fuente, serán divulgados en las próximas semanas en un informe especial, sabemos que cerca del 80% de estos entierros ilegales y de las personas encontradas se refieren al lapso temporal de los últimos 4 años (2020-2024). A nivel geográfico se concentran en el área del corredor industrial, la región Laja-Bajío y zonas fronterizas con Michoacán y Jalisco.

    Los datos sobre desapariciones no tienen en cuenta la cifra negra, es decir, el registro de aquellas personas desaparecidas cuyas familias no han interpuesto reporte o denuncia y que, según el testimonio y la documentación de los 24 colectivos de familiares en Guanajuato, podría sumar centenares de víctimas más a los números oficiales. Lo anterior evidencia cómo la práctica del subregistro de casos y la ausencia de registros públicos confiables, comparables y accesibles, que cumplan con el mandato de las leyes vigentes, son situaciones preocupantes y persistentes, tanto a nivel estatal como federal.

    Cabe señalar que hasta septiembre de 2023, vía la Plataforma Nacional de Transparencia, la Fiscalía estatal señalaba la presencia de 950 cuerpos (847 sin identificar, 103 identificados no reclamados) en resguardo en el Parque Funerario (o “Panteón Forense”) de la capital estatal, Al 15 de enero de 2024, había 935 cuerpos en resguardo en el Parque Funerario de la Fiscalía, de los que 849 sin identificar y 86 identificados no reclamados. Entonces, estas cifras no han cambiado sustancialmente en el último semestre. 

    Sin embargo, preocupa el hecho de que sí ha cambiado la cifra de cuerpos inhumados en fosas comunes de los panteones municipales del estado: la fiscalía en 2023 tenía registro de 825 cuerpos sin identificar, inhumados en fosas comunes de panteones de todo Guanajuato. Estos son cuerpos inhumados y registrados por la fiscalía entre 2012 y 2020 que se encontraban, hasta 2023, en panteones municipales. 

    Al 8 de febrero de 2024, en cambio, estos eran sólo 376, o sea, se declaran 449 cuerpos menos que los 825 del año pasado. Por otro lado, no se declara que hayan sido movidos estos cuerpos de los municipios al panteón forense de la capital. Además, los propios municipios dan cifras distintas de las que entrega la fiscalía sobre el número de cadáveres que resguardan en sus panteones. Así que inferimos que los registros están mal integrados, desactualizados y son parciales, impactando negativamente en el tema de la búsqueda, la identificación forense y los casos de larga data.       

    Al respecto, detectamos una cadena interinstitucional e intergubernamental de responsabilidades incumplidas y autoridades omisas que, en su conjunto, tienden a invisibilizar el fenómeno de las desapariciones, a impedir un análisis de contexto adecuado y a realizar búsquedas e investigaciones sin la debida diligencia y prontitud.

    Sobre el incumplimiento de mecanismos internacionales.

    Denunciamos la falta de avance en los 15 casos de Acciones Urgentes ante el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU que desde 2021 la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato ha promovido y acompañado; éstas agrupan la búsqueda de una veintena de personas desaparecidas. De éstas, ha sido localizada sin vida el 30%, mientras el resto se mantienen activas, sin que exista un avance en el cumplimiento de los planes integrales de búsqueda solicitados por la ONU.

    Figura única. Acciones Urgentes acompañadas por la Plataforma

    La Plataforma desea recordar, que el 28 de febrero participó en la histórica Audiencia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Washington. D.C. sobre el asesinato a personas buscadoras en México, denunciando la situación de riesgo que se enfrenta en el país, mostrando casos que representan situaciones generales en Sinaloa, Puebla, Zacatecas y Guanajuato.

    Para finalizar RECONOCEMOS QUE han sido 24 colectivos de búsqueda y decenas de personas buscadoras independientes quienes han denunciado y empujado a las instituciones, frente al incremento de las violencias y las desapariciones en Guanajuato, y lo han hecho bajo su propio riesgo, sufriendo amenazas, desplazamientos forzados, acoso y ataques mortales. En dicha Audiencia ante la CIDH se denunció el asesinato de al menos 20 personas buscadoras en el país, dónde lamentablemente Guanajuato ocupa el lugar de la entidad más mortífera para las buscadoras en el país, con al menos 5 asesinatos registrados (y se estima que existen al menos otros 4 que no se han hecho públicos) y el caso de la buscadora Lorenza Cano, que cumplió tres meses desaparecida sin que exista un avance en la investigación.

    A T E N T A M E N T E

    PLATAFORMA POR LA PAZ Y LA JUSTICIA EN GUANAJUATO

    1. Documento elaborado por Raymundo Sandoval y Fabrizio Lorusso. ↩︎
    2. Nota metodológica. Cabe aclarar que el dato sobre personas desaparecidas que damos y que actualizamos periódicamente a través de las cuentas X / Twitter @DesapGto y @plataformagto proviene de fuentes oficiales: la Unidad de Transparencia de la Fiscalía General del Estado da la cifra de 4,107 personas desaparecidas y su registro abarca del 1 de enero de 2012 al 15 de marzo de 2024, lo que se complementa con el único dato disponible para periodos anteriores al 2012 que da la Comisión Nacional de Búsqueda y equivale a otras 168 personas, por lo que el total es 4,185 personas. ↩︎
  • Disputa per le memoria nell’Argentina di Milei: intervista con Fabrizio Lorusso

    Disputa per le memoria nell’Argentina di Milei: intervista con Fabrizio Lorusso
    Il ricercatore della Universidad Iberoamericana León, Messico, Fabrizio Lorusso, analizza l’Argentina dopo l’elezione del presidente ultra-liberista Javier Milei, in particolare sul revisionismo storico a proposito di dittatura e desaparecidos. Link añña puntata del programma di Radio Onda d’Urto “Se non li conoscete” del 4 aprile 2024: QUI e Link mp3
  • México-Ecuador: apuntes

    México-Ecuador: apuntes

    La crisis diplomática entre México-Ecuador, estallada la noche del viernes pasado, tras el ataque de fuerzas policiacas y militares a la Embajada mexicana en Quito y el secuestro del refugiado y asilado político Jorge Glas, expresidente ecuatoriano, nos arroja algunas enseñanzas dignas de anotarse.

    La mayoría de las veces los conflictos diplomáticos y las tensiones internacionales no son entre pueblos sino entre gobiernos, sin embargo, tienden a desatar reacciones que, en el mejor de los casos, desembocan en algunas manifestaciones de solidaridad a los respectivos gobiernos, pero en el peor de los casos se canalizan hacia un chovinismo y nacionalismo excesivos e insanos. En México, los llamados del Presidente y de la Secretaria de Gobernación a la calma y al respeto de las y los ecuatorianos en el país ha sido un acierto. El llamado debe de incluir a todas las personas migrantes y en tránsito por el país, evidentemente, por ser las más vulnerables y, desde luego, ajenas a este tipo de diferendos. Y lo mismo debería aplicarse para mexicanos y mexicanas en Ecuador.

    En los primeros días de esta crisis, en un intento para reducir su impacto, los medios corporativos principales del país andino dieron más relevancia a los justificantes internos, esgrimidos por el Presidente Daniel Noboa y su Secretaría de Relaciones Exteriores, y las presuntas responsabilidades mexicanas en el asunto. Menos espacio tuvieron las graves repercusiones y condenas internacionales, las consecuencias inmediatas y de mediano plazo para el país, y sobre todo el hecho de que se creó un precedente muy peligroso a nivel latinoamericano y mundial que rompe las reglas básicas de convivencia entre Estados y en las relaciones internacionales.

    Fue un acto entre lo ingenuo y lo estúpido, pero sí planeado, útil para fines de compactación de la opinión pública interna, con vistas al referéndum del 21 de abril en Ecuador: la consulta pide al pueblo se exprese sobre un paquete de preguntas que cristalizan lo ensayado en los últimos meses, desde que se decretó el estado de excepción y el conflicto armado no internacional, y apuntan a militarizar la seguridad pública y establecer políticas justicialistas y de mano dura. El ataque a la Embajada me parece una acción comparable, en otro contexto y con las debidas proporciones, a la decisión de la junta militar argentina de invadir las islas Malvinas y declarar guerra al Reino Unido en 1982.

    Problemas internos de seguridad y económicos, un aumento de las violaciones a los derechos humanos en aras de “conseguir la pacificación”, la lucha contra “enemigos internos” funcionales a mantener enfoques securitaristas y control social, la conformación del discurso y la represión entorno a la lucha contra el narco o la subversión, pero también contra la corrupción, y la voluntad de cementar el consenso interno provocando una crisis con otro país, son elementos presentes en ambos casos.

    Jorge Glas es considerado un perseguido político por México según una posición y argumentos legítimos y, en esta línea, por cada vez más integrantes de la comunidad internacional. Recordemos que el expresidente Rafael Correa, involucrado en el mismo caso judicial que Glas, tiene asilo político en Bélgica.Ya en 2021 y 2022 el Relator Especial de la ONU sobre la Independencia de Magistrados y Abogados, Diego García-Sayán, había expresado claramente preocupaciones por el trato y la seguridad de Glas en prisión, pidiendo medidas de resguardo al Gobierno ecuatoriano y señalando irregularidades en el juicio del “caso Sobornos”.

    Los argumentos de la Cancillería y la Presidencia ecuatoriana para justificar la invasión de la Embajada mexicana son débiles y muy probablemente van a ser rechazados ante la Corte Internacional de Justicia, a la que México ya ha presentado el caso y que, a la postre, debería sancionar al país sudamericano con multas y con restricciones a la participación en organismos multilaterales. La sanción o el reconocimiento del atropello al Derecho Internacional deberán ser contundentes para paliar, por lo menos, los daños que el ataque ha causado al sistema de relaciones diplomáticas mundial.

    “La justicia no se negocia”, ha repetido el empresario bananero, mandatario de Ecuador, para justificar la ruptura del Derecho Internacional, y, parafraseando, esto significa que el conflicto interno y el estado de excepción pueden justificar, entonces, cualquier cosa, reforzando así la idea de que el preso Jorge Glas, quien ya cumplió condena, está realmente expuesto y en riesgo.

    Tardó bastante Estados Unidos en expresar su condena al ataque contra la Embajada mexicana, debido al juego de intereses geopolíticos en la región y a su interés en mantener a raya el correísmo y a Revolución Ciudadana (partido del expresidente Rafael Correa). El país norteamericano ve con buenos ojos la posibilidad de que se profundice el enfoque militarista y securitarista en el Ecuador, lo que siempre representa un gran negocio para la venta de armas, las agencias injerencistas de aquel país y los sectores económicos del “capitalismo antidrogas”. Asimismo, en el espacio de influencia del Comando Sur estadounidense, la tendencia es apoyar gobiernos, como el de Noboa, que se muestren, como en Argentina con Milei y, antes, con Macri, “necesitados” de capitales y maleables, abiertos a la inversión de compañías norteamericanas, a la explotación y despojo de recursos naturales y humanos o, inclusive, a la instalación de bases y colaboraciones militares.

    Por Fabrizio Lorusso desde Sin Embargo

    Fabrizio Lorusso

    Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana León sobre temas de violencia, desaparición de personas y memoria en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Maestro y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Colaborador de medios italianos y mexicanos. Integra la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, proyecto para el fortalecimiento colectivo de las víctimas.

  • Il passo rischioso

    Il passo rischioso

    il governo ecuadoriano di Daniel Noboa ha deciso di far entrare la polizia nell’ambasciata messicana di Quito per catturare l’ex vicepresidente Jorge Glas, mettendo a rischio le relazioni bilaterali. Ci colleghiamo prima con l’Ecuador, da dove ci risponde Daqui Lema dell’Università di Otavalo, e poi con il Distretto Federale del Messico, dove si trova la traduttrice Clara Ferri. Immagine: Bing AI

  • L’ora della presidente

    L’ora della presidente

    a presidente del Perù, Dina Boluarte, sarebbe coinvolta in un caso di corruzione che riguarda orologi Rolex e gioielli per un valore superiore ai 500 milla dollari. Ci colleghiamo con Lima per parlare con Fabio Resmini, professore di Scienze Politiche alla Pontificia Universidad Católica del Perú. Poi ricordiamo la figura appena scomparsa di Martín Almada, il quale nel 1992 scoprì in Paraguay i cosiddetti “Archivos del terror”, documenti che raccontavano per la prima volta il piano Cóndor. Lo spiega per noi da Montevideo l’avvocatessa e attivista Gabriela Pereyra.

  • Violencia política y campañas: el asesinato de Gisela Gaytán en Celaya

    Violencia política y campañas: el asesinato de Gisela Gaytán en Celaya


    En la mañana del 2 de abril intervine en Esteri, el programa dedicado al análisis de noticias internacionales de Radio Popolare, histórica emisora radiofónica de Milán, mi ciudad natal. La inquietud desde el otro lado del charco, respecto de México, era conocer los motivos y las dinámicas de la violencia, sobre todo en este periodo electoral y en el estado de Guanajuato, en Celaya, tras el asesinato de Gisela Gaytán, aspirante a la alcaldía por Morena.

    Violencias en Guanajuato

    Esto ocurrió justo el día de arranque de las campañas electorales locales, en el contexto de violencia que azota la entidad, con más de 3,100 homicidios en 2023 y, desde 2018, en el primer lugar por este tipo de delito a nivel nacional. Celaya ha sido, junto con Irapuato, Salamanca y León, un epicentro de la inseguridad dentro del corredor industrial en sus múltiples facetas: desigualdades, conflictos laborales y dinámicas de expulsión; polos de crecimiento económico que conviven con territorios y poblaciones segregadas; grupos armados criminales y alta presencia de fuerzas militares; masacres endémicas, desapariciones y fosas clandestinas; disputas de negocios, nodos logísticos y de distribución, guaridas y casas de seguridad o entrenamiento, laboratorios, áreas territoriales y recursos varios por parte de “cárteles” como Jalisco Nueva Generación y Santa Rosa de Lima y sus aliados dentro de los poderes político y económico. ¿Qué es o quiénes son el “crimen organizado” en Guanajuato? El contexto local puede describirse como un entramado macrocriminal complejo y articulado de cogobierno y contubernio. Tocar estos intereses o simplemente declarar intenciones de mover equilibrios establecidos puede costar la vida.

    Según la investigación de Data Cívica y del Programa para el Estudio de la Violencia (PEV) del CIDE en el micrositio Votar Entre Balas, en lo que va del sexenio hubo 1,755 ataques, asesinatos, atentados y amenazas contra funcionarios del ámbito político y gubernamental o instalaciones de partidos o gobiernos, y Guanajuato lleva la delantera en este tipo de violencia, pues fueron 129 los asesinatos: Celaya, Tarimoro e Irapuato han sido los municipios con más casos, así que lamentablemente la tendencia de los poderes fácticos criminales armados a establecer control violento sobre los municipios guanajuatenses no es nueva, al contrario.

    Y Celaya

    En varias administraciones locales priman esquemas de paralegalidad y gobernanza político-criminal, en donde las zonas “grises” de interacción y colaboración entre el crimen y las instituciones configuran espacios de impunidad para los perpetradores y de indefensión de las víctimas y la sociedad en general.

    Esto se refleja, a mi juicio, en el gran y acelerado crecimiento de delitos y violaciones graves a los derechos humanos en Guanajuato, como son las desapariciones, que pasaron de 621 en 2018 a 4,119 en enero de 2024, y las más de 400 fosas clandestinas halladas en los últimos 4 años, algunas de las cuales son masivas y han sido excavadas impunemente en contextos que podemos definir como “sitios de exterminio”. Celaya, con tan solo el 6.1% de la población guanajuatense, tiene el dato de 502 personas desaparecidas, lo que representa el 12.2% del total en el estado.

    Gisela fue asesinada con disparos de arma de fuego detonados desde una moto cerca del mercado de San Miguel Octopan, un pueblo conocido porque el 2 de mayo de 2023 allí fue víctima de homicidio la buscadora Teresa Magueyal, del colectivo Una Promesa Por Cumplir, quien buscaba José Luis Apaseo Magueyal, su hijo desaparecido en Celaya el 6 de abril del 2020. Ella es una de las 9 personas buscadoras que fueron asesinadas desde 2018 en Guanajuato, mientras que sigue desconocido el paradero de Lorenza Cano, del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, privada de su libertad por un comando armado en Salamanca el pasado 15 de enero.

    Votos, drogas y violencia

    Sandra Ley y Guillermo Trejo, en su libro Votos, drogas y violencia. La lógica política de las guerras criminales en México (Debate, 2022) elaboran un enfoque original, aplicando la ciencia política al crimen organizado y a la violencia a gran escala, que es muy pertinente para tratar de comprender las posibles causas y los contextos de los 86 asesinatos políticosque registra la página Votar Entre Balas en lo que va del año. Veamos sus principales y valiosos aportes.

    La “zona gris de la criminalidad” se define como un “espacio ecológico” de intersección del Estado y del crimen. La conjunción de “especialistas estatales en violencia” y criminales genera el fenómeno del crimen organizado. Esto es más común en regímenes autoritarios o en transiciones deficitarias a la democracia, en donde las élites gobernantes no abrieron procesos serios de justicia transicional, no quisieron o no pudieron reformar las fuerzas de seguridad, el sistema judicial heredado de la época anterior o las fiscalías. Así, se dejaron semillas para el mantenimiento de “la zona gris” y de violencias criminales a gran escala, relacionadas con la competencia electoral, el pluripartidismo y la descentralización del poder político. Los especialistas estatales tienden a entremezclarse o ser reclutados en las filas de grupos armados paramilitares y criminales como los Zetas o el Cártel Jalisco Nueva Generación, entre otros.

    Los cárteles mexicanos escalaron el conflicto en ciertas regiones, cuando el país, entre finales de los 80 y los años 90, transitó del autoritarismo monopartidista al pluralismo electoral y de gobierno, ya sea por la vía democrática, como en Baja California en 1989, o de forma pactada, como en Guanajuato en 1991. La policía y las autoridades judiciales estatales tuvieron un papel central en el desarrollo de redes informales de protección de grupos criminales organizados durante la era priista, por lo que el comienzo de la alternancia partidista y los movimientos en puestos clave en ciertos estados fue un posible factor explicativo del estallido de la violencia y disputas criminales en aquel entonces.

    ¿Cómo? Digamos que la alternancia y la remoción de personal judicial, policiaco y de las fiscalías, junto con los cambios abruptos en la economía local y global tras la firma del TLCAN, en estados en que ganó la oposición política del PAN o del PRD, fueron factores que trastocaron temporalmente las redes de protección criminales preexistentes. Ante esta incertidumbre los grupos delincuenciales formaron milicias privadas de defensa y, luego, de ataque a territorios colindantes o, inclusive, lejanos, en contra de sus adversarios, sobre todo en municipios en donde estos también iban perdiendo temporalmente la protección estatal. Este proceso causó también una escalada armamentista y de ejércitos privados, en el contexto del creciente contrabando de armas y drogas y del aumento exponencial de los flujos lícitos e ilícitos a través de las fronteras norte y sur. Asimismo, fue modificándose paulatinamente la relación de fuerza dentro de las áreas grises de cooperación o connivencia político-criminal-empresarial.

    El giro dramático del 2006

    Desde 2006, se da un giro y la violencia relacionada con los llamados “cárteles”, la cual crece tras la intervención federal y la militarización de la “guerra a las drogas” de Felipe Calderón. La evidencia documentada por Trejo y Ley es contundente: en el contexto de polarización política postelectoral del 2006, en que el proceso resultó viciado y Calderón ganó con un margen muy pequeño y dudoso, el gobierno politizó la aplicación de la ley, el poder judicial, la ayuda a los estados, la seguridad pública y la intervención militar, lo que ha estimulado aún más la violencia letal en México, pero especialmente en los estados gobernados por la oposición política de izquierda. Veamos algunas de sus conclusiones:

    • la violencia ligada al narcotráfico y los grupos criminales fue más intensa en municipios de estados gobernados por la izquierda en el periodo 2006-2012;
    • lo anterior no se debió a “incompetencia”, sino al conflicto intergubernamental (entre niveles de gobierno con partidos distintos en el poder), reforzado por Calderón en contra de la entonces izquierda partidista que no había reconocido su victoria;
    • hay ejemplos de estados fronterizos con dinámicas parecidas, pero con tasas de violencia homicida muy distintas: Michoacán y Guanajuato, Michoacán y Jalisco, Michoacán y Guerrero (o Zacatecas, de izquierda, vs Chihuahua o Baja California, de derecha)

    La intervención federal se desagrega en el ámbito militar, judicial, comunicativo y de política social, por lo que hubo distintas trayectorias de ésta, ya sea siguiendo patrones de cooperación, cuando los gobiernos locales eran del PRI o del PAN, o de conflicto partidista entre niveles de gobierno, cuando se trataba de la oposición: entonces, los grupos delincuenciales aprovecharon estos conflictos para invadir territorios desprotegidos, escalar la violencia y atacar a políticos locales, con el fin de articular “regímenes de gobernanza criminal” desde lo local y, luego, en territorios colindantes. Atacaron más a políticos y candidatos en donde era alto el conflicto partidista intergubernamental y en donde estos eran considerados más vulnerables, desprotegidos, sobre todo durante los ciclos electorales o en la fase de instalación de los gabinetes. Lo descrito fue amplificado por una serie de acciones deliberadas desde la presidencia de la República.

    Los grupos criminales atacaron cada vez más a políticos y candidatos para infiltrarse en las campañas y los gobiernos locales, transformándose en gobernantes locales de facto: lo anterior permite una mejor comprensión de los motores de la violencia criminal en México (y América Latina), enfocándose en los detonantes políticos y electorales del crimen organizado y la violencia criminal a gran escala, de la cual son muestras los asesinatos de funcionarios y candidatos que se intensifican en época de campañas.

    Regreso al 2024

    La evidencia analizada por Trejo y Ley se refiere a los sexenios anteriores y a un régimen político, económico e ideológico distinto del que, aun con altibajos, se está construyendo en el México de la 4T. En este sentido, una línea abierta para la investigación es justamente dar continuidad y examinar el sexenio qua va acabando. Considero que la relación entre violencia política, electoral y criminal, por un lado, y los conflictos entre niveles y partidos de gobierno, por otro, pudo haber cambiado, al menos en parte, porque las políticas y enfoques de seguridad, los programas sociales, las instituciones dominantes y la gubernamentalidad neoliberal de las presidencias de Calderón y Peña Nieto también han tenido transformaciones. Aun así, ciertas dinámicas se han vuelto inerciales, casi estructurales, con tendencias de largo plazo que todavía no se revierten porque no han culminado procesos de reforma de la procuración e impartición de justicia a todos los niveles o de esclarecimiento histórico de crímenes del pasado más o menos reciente, así como reformas policiacas de gran calado y asentamiento de una democracia plena, más allá de las alternancias. 

    Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo.Mx

  • Celaya (Opinión en el diario La Jornada)

    Celaya (Opinión en el diario La Jornada)

    El 1º de abril arrancaron las campañas electorales a escala local, a un mes de iniciadas las federales. Fue ésta la fecha que eligieron los perpetradores del atentado homicida contra Gisela Gaytán, aspirante a alcaldesa por Morena.

    El año pasado Guanajuato registró 3 mil 104 homicidios dolosos y, desde 2018, es primer lugar por ese delito en el país. Además, Celaya ha estado entre las ciudades más violentas de México dentro de una región como el corredor industrial que, a su vez, es altamente conflictiva y mortífera.

    Es una zona económicamente boyante y atractiva para la inversión extranjera, pero también con fuertes contrastes sociales, espaciales, económicos y laborales. Es escenario de disputas entre grupos armados locales y foráneos, como el cártel Santa Rosa de Lima y Jalisco Nueva Generación, que actúan como bandas paramilitares, en lucha por el control territorial y la cogestión empresarial-delincuencial de recursos, rutas y negocios, como la extracción de hidrocarburos, el cobro de piso, el narcomenudeo, la producción de metanfetaminas y la trata de personas. Desde León rumbo a Querétaro, el corredor incorpora y atraviesa Silao, el Puerto Interior, Irapuato, Salamanca, Celaya, Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, que son también las ciudades con mayores tasas de homicidios.

    La zona vive tiempos incesantemente violentos, crisis de inseguridad recurrentes, masacres, bloqueos de carreteras e incendios dolosos de negocios, junto con hallazgos de centenares de fosas clandestinas y sitios de exterminio. Es un panorama típico de conflictos armados no convencionales, denunciado por más de 20 colectivos de buscadoras y la prensa, entre balazos, desplazamientos forzados y amenazas.

    “De 2018 a lo que va de 2024 se han registrado en México mil 755 ataques, asesinatos, atentados y amenazas contra personas que se desempeñan en el ámbito político, gubernamental o contra instalaciones de gobierno o partidos”, reportan el equipo de investigación de Data Cívica y del Programa para el Estudio de la Violencia (PEV) del CIDE en el micrositio Votar entre Balas, proyecto de documentación en tiempo real sobre la violencia políticoelectoral en el país.

    En ese periodo Guanajuato contabiliza 129 asesinatos de esta naturaleza, siendo Celaya, Tarimoro e Irapuato los municipios con más incidencia, por lo que el fenómeno no es nada nuevo, aunque tiende e intensificarse antes de las elecciones, debido al posicionamiento e influencia de poderes fácticos criminales en su relación con el poder político y los intereses económicos locales.

    La premisa del proyecto es que “en México, la violencia electoral se ha convertido en herramienta del crimen organizado para influir en la vida pública de estados y municipios”. Desde la academia se han formulado recientemente explicaciones y conceptos articulados, que superan ciertas nociones abarcadoras y poco útiles, como “narcoestado” o “Estado fallido”, y encuadran esta situación como producto de formas de gobernanza criminal o de gobernanza armada, como captura del Estado por redes macrocriminales, como vacíos de Estado, o bien, como sistemas de paralegalidad, franquicias delictivas y “áreas grises”, entre otros.

    “El año con más ataques registrados fue 2023, con 574 eventos violentos, seguido de 2022 con 486 […]. Guerrero lidera la lista de estados con más ataques; 11.5 por ciento ocurrieron ahí. En la lista siguen Guanajuato, Veracruz y Oaxaca. Estos cuatro estados representan 38.4 por ciento de los eventos violentos registrados. Tijuana lidera la lista de municipios con más ataques, seguido de Celaya, Chilpancingo y Taxco”, detalla el micrositio.

    Guanajuato es el primer estado por número de policías asesinados; 60 el año pasado. La cifra de desapariciones se ha multiplicado casi siete veces en seis años: de 621 personas en 2018 a 4 mil 119 en enero de 2024, según el cruce de datos oficiales que realizamos desde la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato y la Ibero León. Sólo en Celaya son 502 las personas que nos faltan, 12.2 por ciento del total de todo Guanajuato.

    Gisela fue asesinada en el primer día de actividades proselitistas, después de una visita y volanteo en el mercado de San Miguel Octopan. Esta comunidad irrumpió en las crónicas internacionales el 2 de mayo de 2023, cuando allí fue asesinada cerca de su casa Teresa Magueyal, integrante del colectivo Una Promesa por Cumplir, quien buscaba a su hijo, José Luis Apaseo Magueyal, desaparecido en Celaya en 2020.

    Gracias a trabajos como el de Sandra Ley y Guillermo Trejo (Votos, drogas y violencia: La lógica política de las guerras criminales en México, Debate, 2022), sabemos que históricamente hubo correlaciones relevantes entre los asesinatos, los periodos electorales y ciertas variables de la política local, sobre todo municipal, que es el nivel que concentra el mayor número de ataques contra funcionarios y candidatos. Estas variables se relacionan con el control de grupos criminales sobre actores e instituciones estratégicos, clave para la gobernanza criminal, como la Secretaría de Seguridad y la policía municipal, la policía de tránsito y la dirección de obras públicas, los ministerios públicos y agentes ministeriales.

    Cuando se alteran equilibrios o surgen perspectivas de cambio en algunos de estos factores, por ejemplo, si un partido opositor gana la presidencia municipal, o bien, si hay diferencias de partidos en el poder entre niveles y conflictos intergubernamentales, entonces, se detonan mayores intervenciones violentas para mantener, modificar o cambiar un cogobierno criminal.

    Por Fabrizio Lorusso desde La Jornada

  • Le incertezze di una elezione

    Le incertezze di una elezione

    Le elezioni in Venezuela del prossimo 28 luglio rischiano di non essere libere. Il campanello d’allarme viene sia dall’interno che dall’esterno del Paese, come dal Brasile e dalla Colombia. Quest’ultimo paese è entrato in un nuovo conflitto con l’Argentina, il cui presidente ha chiamato il collega colombiano “terrorista ed assassino”. Ne parliamo con Edgar Serrano, manager didattico dell’Università di Padova di origine venezuelana e con Giacomo Finzi, docente all’Universidad Nacional de Colombia e ricercatore all’Università Cattolica di Louvain. (foto: Archivo Flick)

  • El manotazo de Milei a la memoria de Argentina

    El manotazo de Milei a la memoria de Argentina

    El 24 de marzo en Argentina decenas de miles personas marcharon por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, fecha instituida oficialmente en 2002 con el fin de reflexionar crítica y colectivamente sobre la historia reciente y conmemorar a las víctimas de la dictadura militar que gobernó el país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

    Entonces, el pasado domingo, la presidencia argentina difundió un video “tipo documental” titulado: “Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Completa”. En él, un escritor, un exmilitante y una víctima indirecta tejen con sus relatos una versión “otra” de la memoria, su “memoria completa”, con pretensión de revisión histórica sobre la violencia de la dictadura.

    La pésima pieza audiovisual acaba secundando posturas de negacionismo y relativización de la misma violencia de Estado, o al menos, de su alcance y motivos, y apoya la visión inveterada de sectores castrenses, de partes del macrismo y del mismo presidente Milei. Justifica el golpe de Estado de 1976. Lo fabrica, cínicamente, como un acto que, en su momento, habría sido necesario. Ignora las verdades históricas y hasta judiciales elaboradas en 40 años. Trata de reducir, otra vez, las cifras sobre desapariciones de la dictadura.  

    La estimación de 30mil víctimas de este delito, que es una estimación justamente por la naturaleza de la desaparición, como crimen que implica la negación del paradero y de la información sobre por parte de las autoridades, así como la negación del plan terrorista estatal, son cuestionadas nuevamente desde el gobierno, aunque se basan en análisis puntuales, evidencias, testimonios e informes acumulados y comprobados en décadas.

    Es frustrante, es como si nada hubiera sido escrito en todo este tiempo para explicar cómo la violencia brutal del Estado argentino durante la dictadura no es equiparable a la que utilizaron algunos grupos militantes opositores en ciertas fases de su lucha. Todo ello no aparece, se unifica y desdibuja, para formar una narración tipo tabula rasa (o de borrón y cuenta nueva). Memoria no completa, sino borrada. Veamos.

    Las manifestaciones masivas y el video se dan en el contexto de una grave crisis económica, a poco más de 100 días de la instalación del gobierno ultraderechista de Javier Milei. Éste, más allá de su declarado neoliberalismo ultralibertario que, en otro espacio, he considerado como  expresión del “necroliberalismo”, se alimenta ideológicamente de corrientes negacionistas acerca de los crímenes de la junta militar y de las personas desaparecidas, dentro de una épica revisionista y manipuladora de la historia argentina en general, la cual sostiene una batalla “cultural” por la llamada “memoria completa” en oposición a la que denominan “mentira oficial” sobre los crímenes de la junta militar.

    Este intento de “giro discursivo” no es nuevo, se da en continuidad con la herencia de la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019) y su acento en la revisión del discurso y la política de los derechos humanos, funcional al distanciamiento político y simbólico de sus antecesores, los gobiernos peronistas de izquierda Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015).

    El kirchnerismo en sus inicios tuvo respaldo del movimiento por los derechos humanos. En el mandato de Néstor fue elevada a rango constitucional la Convención de la ONU sobre imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad, pero sobre todo fueron anuladas las Leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, que habían sido promulgadas en la década de 1980 por el entonces presidente Raúl Alfonsín y garantizaban impunidad a perpetradores de los crímenes de la dictadura. Poco a poco fueron cayendo judicialmente los indultos otorgados a militares por el expresidente Carlos Menem en 1989 y 1990.

    Desde la reapertura de los juicios, hubo 317 sentencias que condenaron a 1,184 personas en Argentina por estos crímenes y otros 62 juicios siguen en proceso. Claro, la “verdad procesal” o “judicial” y el apoyo gubernamental al esclarecimiento emanan también del poder y de “coyunturas políticas”, y no son los únicos motores explicativos dentro de la construcción de la Historia. Sin embargo, esto tampoco puede significar fundar dudosas operaciones de memoria pública, desde el gobierno, para minimizar la estrategia represiva de conjunto del Estado y relativizar su impacto y crueldad en aquella época, como pretende el ejercicio de “memoria completa” de Milei.

    Para el documental se recolectaron tres entrevistas. La de Luis Labraña, quien militó en los Montoneros, pretende equivocadamente encarnar la visión unificada del “movimiento”, sostiene haber inventado la cifra de 30,000 desaparecidos y propone “indemnizar a las víctimas de la subversión”. La del escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, quien presidió la Secretaría de Inteligencia del Estado en los noventa, y, finalmente, la de María Fernanda Viola, hija del capitán Humberto Viola y hermana de María Cristina Viola: su papá y hermana fueron asesinados en un ataque del grupo armado Ejército Revolucionario del Pueblo en 1974, antes de la dictadura, y cuatro personas pagaron con condenas superiores a los diez años por este delito. No lo menciono para restarle voz o importancia, o negar su calidad de víctima indirecta de la violencia, pero sí para ubicar en contexto la elección de los testimonios y la univocidad de su posición.

    Cabe recordar que, en la derecha argentina, hoy en el gobierno, y en la de otros países ha existido una tradición “revisionista” del Holocausto que, en la época de la última dictadura, influyó en los grupos afines a las fuerzas armadas y en los mismos militares que justificaban el terrorismo de Estado y tachaban de mentira la existencia de los centros clandestinos de detención y las prácticas de la tortura, de las desapariciones y de los vuelos de la muerte (por cierto, sobre esta terrible práctica criminal en México, aconsejo la visión y la difusión de la reconstrucción audiovisual que acaba de publicar el Centro Miguel Agustín Pro DH, en este enlace).

    “La negación del Holocausto puede haber funcionado como uno de los fundamentos conceptuales y discursivos para el desarrollo de una visión ‘revisionista’ de los planes represivos implementados por la última dictadura militar”, según explica en un artículo el historiador de la Universidad de Buenos Aires, Tomás Matias Grinchpun, experto de las derechas contemporáneas.

    El académico también destaca dos narrativas principales que, desde finales de la década de 1970, se disputan los marcos de sentido de la historia y del presente. Por un lado, hay “una orgullosa reivindicación de las acciones desplegadas por los militares en una ‘guerra justa’ en defensa de ‘valores cristianos y occidentales’ contra un enemigo (la ‘subversión’) definido por su fanatismo, maldad y habilidad para camuflarse entre la población ‘normal’. Por el otro, la crítica de un programa implementado desde el Estado, pero apoyado por elites económicas y potencias extranjeras como los Estados Unidos, con el fin de erradicar todo disenso. Su objetivo principal no habrían sido las organizaciones armadas sino estudiantes, militantes, sacerdotes ‘tercermundistas’ y sindicalistas combativos, conceptuados como obstáculos en la conversión del país a un modelo neoliberal”.

    Corolario de la primera narrativa fue la “teoría de los demonios”, que podríamos entender como un conjunto de aseveraciones y representaciones parciales o falaces para explicar la violencia extrema en la dictadura argentina y justificar la represión. En un análisis que resulta muy útil también para el caso del terrorismo de Estado en México en la época de la contrainsurgencia durante la Guerra Fría (1960-1990), Marina Franco, historiadora de la Universidad Nacional de San Martín, las detalla de esta manera:

    “(1) la existencia dos violencias enfrentadas: las guerrillas de izquierda y las Fuerzas Armadas actuando en nombre del Estado; (2) la relación de acción/reacción entre las guerrillas y la represión estatal, es decir, la responsabilidad causal de la izquierda en el inicio de la violencia; (3) la equiparación entre ambas violencias a partir de relaciones que van desde la equiparación de responsabilidades históricas hasta la equiparación por simetría de fuerzas y/o de métodos; (4) la situación de exterioridad de la sociedad en ese conflicto, que es presentada como ajena, inocente o víctima de esa violencia.

    El producto que difundió la Casa Rosada sobre su “memoria completa” es un video oficial, o sea, representa la cristalización de la memoria que el gobierno de Milei quiere imprimir para integrarla a su reescritura de la historia, propagada por el Estado.

    El documento reflota la teoría de los dos demonios y se basa en apenas tres entrevistas, justamente un ejercicio de memoria muy sesgado e incompleto sobre la dictadura que, paradójicamente, se presenta como “completo”. Sin embargo, de la propia dictadura militar y de todo lo que aconteció entre 1976 y 1983 prácticamente no se habla. Ni de los centros de detención y exterminio, de los crímenes de lesa humanidad o de la Operación Cóndor. Ni se detalla el contexto de militarización, apoyo a grupos paramilitares de derecha, estado de sitio y represión contra la disidencia social y las guerrillas durante el último gobierno de Juan Domingo Perón (1973-74) y el de su consorte, María Estela Martínez de Perón (1974-76), que antecedieron y prepararon el golpe militar y la construcción simbólica del “enemigo interno”, “la subversión” y la “guerra justa” para su posterior “aniquilación”.

    Retóricas y praxis que, por cierto, fueron actualizadas por los regímenes necroliberales de Felipe Calderón en México y Álvaro Uribe en Colombia en el ámbito de sus mal llamadas “guerras al narco”, por mencionar dos capítulos “destacados” de una triste y reciente historia en América Latina. De la misma manera el gobierno de Milei y sus halcones securitarios, in primis la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, están rearmando la narrativa tóxica de “guerra a las drogas”, al narco o a las bandas criminales, para supuestamente atender la problemática de la violencia en Rosario y varias regiones del país, experimentando lo que podría convertirse a la postre en la única solución ante una sociedad descontenta, empobrecida y contestaria: la represión policiaca y militar, con mano dura, al estilo del presidente salvadoreño Nayib Bukele.

    La versión de los crímenes de la dictadura, que constituyen actos de genocidio, y su interpretación, en la construcción del video de la Casa Rosada, son simplonas, planas y parciales, y de bote pronto suscitan sentimientos de rabia y preocupación, pena y frustración. El olvido caracteriza esta “memoria completa”, impuesta y reinventada. Olvido del discurso previo, del punto ya alcanzado, de las condenas ya conminadas contra la impunidad que fue pactada entre civiles y militares durante la transición a la democracia en los ochenta. Olvido de que los militares y sus cómplices no cometieron “excesos” sino crímenes de lesa humanidad.

    Al respecto, el docente y escritor Martín Kohan, entrevistado en Radio AM750, vio en los testimonios una operación que “subsume y diluye matices que hacen a un conocimiento histórico que permite la compresión y, eventualmente, la crítica a lo que pasó […] Lo que difundió el Gobierno nacional el domingo es un caso de una víctima y un caso de un arrepentido que pretende monopolizar, porque participó de agrupación revolucionaria, los sentidos de lo que pasó en todas las agrupaciones e incluso en la suya propia”.

    Tras las marchas del 24, además, hubo un hostigamiento en redes sociales contra la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. El gobierno ha lanzado un mensaje peligroso, con maña e intencionalidad, el que envalentonará más y más ataques de este tipo, así como ilaciones acerca del supuesto negocio de los derechos humanos de las victimas de la dictadura, como en varios momentos del video mencionan los testigos, con el efecto de menospreciar la lucha histórica por la verdad y la justicia y justificar nuevos actos agresivos en su contra.

    Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo y PopLab