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  • Due donne per una poltrona

    Due donne per una poltrona

    Il Messico ha concluso col periodo di pre campagna elettorale e si prepara ad entrare nel pieno della discussione sul suo futuro presidente che con ogni probabilità sarà una donna. Ci colleghiamo con León per capire cosa è in gioco e come potrebbe essere il rapporto con gli Stati Uniti per il dossier migrazione. Ci aiuta in questo il professore Fabrizio Lorusso, ideatore del blog lamericalatina.net. Dedichiamo un blocco anche al primo sciopero generale contro il governo argentino di Javier Milei e le sue ripercussioni all’estero, come per esempio Roma dove il 24 gennaio si è svolto un presidio al quale ha partecipato anche la CGIL. A raccontarne le motivazioni Nicoletta Grieco, dell’area Politiche Europee ed Internazionali del principale sindacato italiano. (foto di Getty Images)

  • Un Guatemala diverso

    Un Guatemala diverso

    Dopo una transizione assai travagliata con intenti di colpi di Stato, finalmente Bernardo Arévalo è riuscito ad insediarsi alla presidenza del Guatemala segnando un punto di svolta rispetto al conservatorismo e la corruzione dei governi fino adesso visti. A raccontarcelo il giornalista esperto del Centroamerica Gianni Beretta.

    Poi affrontiamo ancora la questione dei processi contro i crimini della dittatura Argentina, in particolare il caso del sacerdote cattolico Franco Reberberi, per il quale il ministro della giustizia italiano, Carlo Nordio ha da poco negato l’estradizione all’Argentina, dove lo si accusa fra le altre cose di omicidio. Ne parliamo con l’avvocato rappresentante dell’ambasciata argentina a Roma Arturo Salerni. (foto di Luis Acosta/AFP via Getty Images)

  • AMLO y Ayotzinapa

    AMLO y Ayotzinapa

    La relación de López Obrador con los padres y madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos forzadamente en Iguala en la noche del 26-27 de septiembre de 2014, fue deteriorándose por la actuación y las palabras del presidente y la cerrazón de la casta militar. En las últimas semanas hubo momentos muy tristes y polémicos que quienes nos sentimos comprometidos y comprometidas con los derechos humanos y con la necesidad de transformación social, económica, cultural, estructural y radical del país no hubiéramos querido vivir. Particularmente con un gobierno de izquierda.

    • Acusaciones infundadas desde la mañanera en contra de las organizaciones acompañantes de las víctimas, como el Centro Pro DH y Tlachinollan.
    • Intentos de dinamitar el diálogo y de división de la unidad del movimiento mediante la convocación de una reunión, el 11 de enero, con la presencia, no pactada previamente con todos y todas, de algunas familias que habían sido alejadas del grupo mayoritario de los papás por apoyar la excarcelación del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa.
    • La “invitación”, sin consulta o acuerdo previo, a que los padres y madres ingresen directamente a los cuarteles y a los archivos para buscar los 800 folios del Centro Regional de Fusión de Inteligencia que faltan y que el ejército no ha entregado, negando que existan o que los tengan. Sin embargo, su existencia y la instrucción presidencial de presentarlos fue reconocida por Alejandro Encinas, ex subsecretario de derechos humanos, antes de renunciar a su cargo en octubre pasado. Él mismo mostró 18 de aquellos folios que había obtenido.

    Es positivo que se abran los archivos, aunque sólo por tres meses, pero las condiciones para el ingreso, uso y registro de estos deben compatibilizarse con las exigencias de las víctimas y de la sociedad en su conjunto, sin ningún impedimento interno o externo. Esto por el momento no está garantizado, deben construirse las condiciones, o bien, responder directamente a la petición de los papás que era mucho más simple: qué se cumpla la instrucción presidencial al ejército de entregar todos los folios. Cabe recordar que la negación de la información sobre una desaparición es parte del mismo delito de desaparición forzada, justo como es definido en la legislación nacional e internacional.

    • Las descalificaciones y “falta de confianza” al GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos y Expertas Independientes), por haber sido instalado desde la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) de la OEA (Organización de los Estados Americanos), y especialmente en contra de Ángela Buitrago, por la opinión que ésta emitió en el verano de 2022, durante una reunión con el presidente, sobre la oportunidad de esperar un poco más y contar con mejores elementos probatorios, antes de detener al ex procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, lo que finalmente sucedió en agosto de 2022. Esto fue cuando el fiscal especializado, Omar Gómez Trejo, estaba en el exterior y fue prácticamente expropiado del caso. Su equipo de trabajo fue expulsado paulatinamente de la Fiscalía en los meses siguientes. El rol del fiscal en el asunto resulta bastante inquietante a todas luces.

    Paréntesis sobre el tema internacional. Desde luego, la OEA ha tenido desde su creación en 1948 un rol ambiguo, en muchas ocasiones criticable y desdeñable, en los asuntos latinoamericanos, fungiendo como brazo operativo del lawfare y de los intereses estadounidenses, así que pareciera tener razón AMLO cuando la ataca. Por ejemplo, la OEA abusó de sus facultades al facilitar el golpe contra Evo Morales en Bolivia en 2019, abonó a la desestabilización en Venezuela, apoyando las sanciones contra el régimen y reconociendo al farsante Juan Guaidó como “presidente encargado” de aquel país. Sin embargo, por otro lado, tuvo un rol positivo en la defensa del progresista Bernardo Arévalo como presidente legítimo en Guatemala en este 2024. Sólo son ejemplos recientes que menciono para dar cuenta de las áreas grises y las ambigüedades de este tipo de instituciones internacionales en las cuales México, de todos modos, participa plenamente.

    Dentro del sistema interamericano, la Corte y la Comisión interamericana probablemente sean las instancias más autónomas, pues de hecho Estados Unidos no reconoce su competencia, y afirmativas en cuanto a la defensa de derechos y de cambios estructurales en los Estados que sí aceptan su jurisdicción. Finalmente, el GIEI fue un mecanismo extraordinario, coadyuvante experto de la Procuraduría y de la Fiscalía, que ha trabajado desde la perspectiva de las familias y con respeto de la soberanía nacional, siendo su vínculo con “el sistema interamericano” relativamente blando, mientras que sus integrantes, vituperados y calumniados durante años por los grandes medios corporativos, han reafirmado su compromiso y seriedad para con el caso Ayotzinapa, en pro de las víctimas y del país.   

    • También el desconocimiento o desinterés, insólitos para un líder social y político como López Obrador, acerca del hecho de que, al lado de la rabia y la lucha de las mamás y papás de Ayotzinapa, siguen caminando miles y miles de personas, colectivos y organizaciones en México y en el mundo entero. La consigna “Vivos se los llevaron, Vivos los queremos” continua y continuará vigente hasta dar con su paradero y conocer la verdad. Existen narrativas y memorias colectivas, conformadas en los años por el cumulo de acciones, publicaciones, participaciones e iniciativas por Ayotzinapa, que chocan con las versiones de procuradurías y gabinetes. No son factores menores para un movimiento-gobierno como la 4T que plantea “hacer historia” y que, aun con tropiezos y reveses, ha emprendido un camino de cambios a favor de las mayorías que se pretenden profundizar, de ganar las elecciones en junio.
    • La insistencia apriorística en la defensa de los militares que dizque ya “entregaron todos los documentos” en su poder, mismos que, más bien, ya podrían haber sido destruidos en todo este largo tiempo que ha pasado. En el discurso oficial prevalece la tendencia a la negación del papel histórico de las fuerzas armadas en el ejercicio de la violencia estatal y la cogestión del submundo criminal. La hipótesis de las “manzanas podridas” en casos como Ayotzinapa falla, en el sentido de que se trata, lamentablemente, de fenómenos arraigados, más profundos, consustanciales, institucionales y hasta geopolíticos que no pueden tratarse con perspectivas reduccionistas. A menudo, pues, las “manzanas podridas” no lo son, no son “desviaciones” de la norma. Más bien, son muchas y “normales”, y actúan dentro de un sistema, intereses y culturas construidas durante décadas.
      Circunscribir las responsabilidades tajantemente y sin investigaciones cabales impide ver redes y contextos. Seguramente no toda una institución y sus integrantes, ni todo “el Estado” como tal, están “podridos” y culpables de crímenes, sin embargo, esto no puede implicar eximirlos, garantizar impunidad y cerrar la discusión sobre sus papeles históricos e institucionales, particularmente en ciertas regiones y dentro del continuum temporal contrainsurgencia – guerra a las drogas. Los militares ya son un contrapoder que escapa a la constitucionalidad y a la supuesta jerarquía del mando presidencial. 

    Pese a que en la presente administración la Fiscalía General de la República, hasta que estuvo Omar Gómez Trejo al frente de la Unidad Especial de investigación del caso, y las dependencias gubernamentales habían avanzado significativamente y, formalmente, se habían comprometido para con su esclarecimiento, estamos todavía bien lejos de la justicia. La verdad se desdibuja cada día más, y persisten la protección y la opacidad de las fuerzas armadas, (in)subordinadas. Las heridas de los 43 y de las más de cien mil personas desaparecidas, si bien son de larga data, quedan abiertas en este sexenio y se heredan al siguiente, independientemente de quien será la ganadora. La crisis se vuelve más grave conforme se procrastinan respuestas dignas para las víctimas.

    Esto lo atestiguan los testimonios y las críticas de quienes conforman las dos comisiones que, atinadamente en su momento, fueron creadas por decreto presidencial: el 4 de diciembre de 2018, se formó la COVAJ o Comisión para la Verdad y la Justicia para el Caso Ayotzinapa, y el 6 de octubre de 2021, la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990. Se trata de dos experimentos que no fueron dotados de todos los instrumentos de los mecanismos extraordinarios eficaces y que, poco a poco, van perdiendo empuje, en lugar de inaugurar un verdadero proceso de justicia transicional. Pronto se cumplirán 10 años del crimen de Estado de la “noche de Iguala”. Tres días después habrá relevo en Palacio Nacional. Todavía hay posibilidades y esperanzas, refrendadas públicamente con paciencia, tenacidad y humildad por los papás y mamás de Ayotzinapa y las organizaciones que les acompañan, de que se reanude el diálogo directo con el presidente, de que se vuelvan a pedir los folios y respuestas claras a los militares, y que se reactiven la investigación en la Fiscalía y las búsquedas de los muchachos por parte de las autoridades. Quizás, desafiando la realidad y pecando de una sana ingenuidad, podamos imaginar que, antes de aquellas fechas de septiembre, haya espacio, aliento y voluntad para salir del túnel y caminar hacia la justicia.

    Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo.Mx

  • ¡Pensiones dignas ya!

    ¡Pensiones dignas ya!

    El domingo pasado, en ocasión del 117 aniversario de la huelga de trabajadores de Río Blanco, Veracruz, el presidente López Obrador anunció que antes del final del sexenio va a enviar al Congreso dos iniciativas de reforma constitucional y legal para establecer que los ajustes al salario mínimo “nunca más” estén por debajo de la inflación y para implementar una revisión del sistema de pensiones de las y los trabajadores. Propone “revisar la contrarreforma” de las pensiones de 1997 del gobierno de Ernesto Zedillo, cuando se estableció el modelo de Afores y cuentas individuales en pleno auge neoliberal.

    El sistema de pensiones privatizado que se engendró, y que aún está vigente para quienes comenzamos a laborar después del 1 de julio de 1997, derogó el régimen de la Ley de 1973 y fue un castigo durísimo para el mundo del trabajo, anuló la expectativa de una vejez digna y tranquila para gran parte de la población, sometió a la mano ruda del mercado el futuro de la gente y precarizó derechos económicos y sociales fundamentales.

    Con la Ley anterior de 1973, quienes cotizaban 500 semanas en el IMSS obtendrían una pensión calculada con base en el salario recibido en los últimos cinco años. Quizás aquel régimen fuera demasiado dispendioso para unas arcas públicas en crisis y una población que envejecería paulatinamente en el siglo XXI, sin embargo, en lugar de aplicar medidas correctivas y graduales dentro de un sistema mixto, justo, equilibrado y con rectoría estatal, el gabinete tecnocrático de Zedillo actuó ideológicamente en contra de la mayoría, privatizando y reduciendo las pensiones, a la vez que destinaba recursos ingentes al Fobaproa. El rescate de la banca privada con fondos públicos generó una deuda que afectaría las finanzas del país por setenta años (sí, hasta 2070 más o menos).

    Quienes cotizamos bajo la Ley de 1997 tenemos dos modalidades de pensión, una es de la “renta vitalicia”, que no es vitalicia y sólo se recibe durante quince años después de la fecha de jubilación. La otra es el “retiro programado”, o sea el dinero que se ahorra e invierte en la Afore a lo largo de la vida es devuelto en una única solución al retirarse. Ambas dependen del monto acumulado en la Afore, la compañía privada gestora de los fondos.

    La Ley zedillista augura al trabajador y a la trabajadora que no sobreviva más de quince años después de jubilarse, de lo contrario tendrá que volver a trabajar, ser mantenida por sus parientes, o a ver cómo le hace y si logra “programarse” (ya sea para morir a tiempo, o bien, para ahorrar de su propio ahorro-pensión durante la vejez).

    Por otro lado, el sistema de aportaciones voluntarias para incrementar este monto no ha despegado, definitivamente no son inversiones atractivas frente a las alternativas disponibles. En suma, la tasa de reemplazo, o sea el porcentaje del último salario que se recibe al jubilarse es irrisorio o insuficiente. Además, poco más de una tercera parte de la población tiene cobertura, así que el gran desafío de cualquier reforma, de entrada, será la inclusión de toda la población.

    En México prima un modelo de injusticia intergeneracional que se suma a las enormes brechas de desigualdad entre regímenes corporativos y gremiales de prestaciones para el retiro. Lo mismo vale entre categorías de trabajadores con pensiones de oro y platino y los demás abajo. El presidente lo ha señalado en distintas ocasiones, definiendo como “inhumano” el hecho de que después de tantos años de trabajo se reciba menos de la mitad del salario, y eso cuando va bien y se alcanza a cotizar lo suficiente.

    Sin embargo, las loables reformas del 2020, que introdujeron la pensión universal para adultos mayores y modificaciones a favor de las personas trabajadoras en el régimen de las Afores, son pasos tímidos para un gobierno que se quiere reformista. El anuncio del domingo no especifica si la iniciativa afectará solo a quienes cotizan en el ISSSTE o a todos los sectores, como sería deseable.

    En caso de que las normas a reformar tengan rango constitucional y requieran mayoría calificada en el Congreso, la situación se complicaría, teniendo en cuenta que continuará la estrategia de “huelga constitucional” que mantienen los partidos de oposición. Esta estrategia ha persistido incluso cuando se bloquean cambios que beneficiarían a gran parte de la ciudadanía, como en este caso. El oficialismo necesita votos que en este momento no tiene: 12 en el Senado y 60 en la Cámara. Si no se aprueban las reformas a nivel constitucional, queda siempre abierta la vía legislativa ordinaria para seguir incrementando los beneficios de las y los trabajadores en seguridad social y jubilaciones, en espera de que, después de las elecciones, se retome el tema de forma estructural e integral con un Congreso renovado. Finalmente, si en junio ganara el llamado Plan C de Morena y sus aliados para contar con mayoría calificada en la Cámaras, entonces el camino reformista emprendido tendría más rapidez y efectividad en este tema y en otros, como la necesaria reducción de la semana laboral de 48 a 40 horas. Esta medida está estacionada en el Congreso, ojalá se destrabe en el último periodo de sesiones de la legislatura.

    En México el gasto en pensiones equivale al 3.1% del PIB, mucho menor al del promedio de países de la OCDE que es de 9.2%, y esto se debe a la todavía favorable pirámide demográfica, pero también a la elevada tasa de informalidad laboral, pues sólo el 35% de la población activa está cotizando en el IMSS u otro esquema.

    Con aumentos de la edad de jubilación escalonados y proporcionales a la expectativa de vida, al tipo de profesión, al género y otros determinantes, con la progresiva inclusión del sector informal, de los trabajadores atípicos, precarios o eventuales, y con la previsión de un esquema mixto para la jubilación, eminentemente público, pero con aportación privada complementaria, es posible tener pensiones dignas ya.

    Estas permitirían construir horizontes de futuro y dar certidumbre y estabilidad a los proyectos de vida, liberando energías, tiempos, creatividades y posibilidades para las personas. Hay que desterrar la idea de que vivimos en una sociedad del riesgo, puramente meritocrática, y que quienes tienen éxito es porque son los “mejores”, los merecedores. La cooperación y la solidaridad social son las bases del bienestar de una colectividad.

    Una pensión estatal universal y digna, basada en los ingresos y las contribuciones de las y los trabajadores, y una pensión de adultos mayores, pensada como ingreso básico, solidario, creciente y universal, cada vez más enfocado a quienes no pudieron completar sus años de trabajo formal, conforman el piso mínimo del bienestar y de la convivencia civil. Y para ser sistémicos y sólidos, deben acompañarse de otros pilares del bienestar, que igualmente son conquistas civilizatorias históricas, como la salud y la educación universales, de calidad y gratuitas, los subsidios por desempleo, discapacidad e infortunio, las políticas afirmativas y de los cuidados, entre otras.

    El Proyecto de Nación 2024-2030 prevé sustituir las pensiones individualizadas por “un sistema público que garantice un retiro digno a los trabajadores y las trabajadoras”. A estas alturas cabe preguntarse: ¿y quién paga las pensiones y todo lo demás?

    La respuesta no es la deuda sino la reforma fiscal, un tabú impronunciable en México, sobre todo durante las campañas electorales. Sin embargo, ésta debería ser la prioridad en 2024 para profundizar los logros del sexenio y garantizar su sostenibilidad: la solidaridad social, intergeneracional e interclasista tiene su piedra angular en impuestos patrimoniales crecientes a las grandes riquezas y propiedades, sobre todo a las que son improductivas, así como al consumo de bienes y servicios de lujo, a las herencias y ganancias financieras.

    Entonces, por un lado, hay una generación que se jubila con una ley muy favorable, la de 1973, y otras que están en el otro extremo. Esta desigualdad puede ser subsanada paulatinamente, acudiendo no sólo a los ahorros de los rabajadores, ya sean individuales o colectivos, sino sobre todo a la fiscalidad general. Sí hay margen. La recaudación tributaria mexicana como porcentaje del PIB es muy baja, ronda el 16%: Brasil recauda el 34%, Argentina el 30%, Chile el 22% y el promedio latinoamericano es del 21.7%.

    Hace falta una fiscalidad progresiva en su conjunto, a partir del ISR, en donde paguen proporcionalmente más quienes más ganan (y más tienen). Para ello debe continuar el proceso para el fortalecimiento de capacidades de cobro y sancionatorias del SAT y el combate a la evasión. Urge elevar la base tributaria, incorporando comercios y contribuyentes a la formalidad, pero todavía más importante es incrementar las tasas impositivas en los deciles de altos ingresos, así como el número de rangos de ingreso para aplicarlas de forma escalonada.

    Finalmente, tiene que limitarse decididamente la consolidación del pago de impuestos de los grandes corporativos y cualquier otra posibilidad de elusión fiscal, tratando de estimular, en cambio, a las pequeñas y medianas empresas y a la clase media, cada vez más reducidas y penalizadas. ¿Es todo esto viable política y socialmente? Considero que sí en la etapa actual. No se trata de nada realmente nuevo o subversivo en el mundo, al contrario. Y es necesario para una transformación duradera que construya un nuevo pacto social en México.

    Post Scriptum. Ya hay rumores, fake news y mensajes en medios y redes de que ahora el gobierno “va por nuestras Afores”, casi como si fuera a expropiarse. No tardará en salir algún movimiento de “las Afores no se tocan” que tache de “populistas” estas propuestas de reforma estructural. La verdad, no se ven indicios ni posibilidad de que se usen las Afores para fines incautos o para sanar presuntas deudas gubernamentales u otros proyectos, como sostienen estos mensajes. Ni se ven fines ocultos en los anuncios presidenciales o en los planes programáticos de Morena, así que se trata de noticias esparcidas para confundir y bloquear cambios potencialmente beneficiosos para las mayorías.

    Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo.Mx

  • Diritti garantiti?

    Diritti garantiti?

    Dopo la reazione del governo di Noboa alla violenza del narcoterrorismo, rimane il dubbio se questo comporta o meno un rottura con la linea di rispetto dei diritti umani. Per analizzare questo e altri aspetti di questi giorni di violenza inaudita, ci colleghiamo con Quito per parlare col professore dell’università Salesiana Davide Matrone. Poi sentiamo l’opinione di Pablo Escobar, un musicista italiano da tempo residente in Italia. 

  • La pace in sospeso

    La pace in sospeso

    Partiamo ricordando la rivoluzione zapatista che compie 30 anni ascoltando un discorso del subcomandante Moisés. Dall’altra parte, spesso quando si parla del processo di pace in Colombia si pensa ai negoziati in corso ad alti livelli, ma quale è la situazione di violenza nella campagna del Paese? Lo chiediamo a chi abita a San José di Apartadó, come Silvia Di Murari, cooperante dell’operazione Colomba presente da sempre in Colombia e non solo. 

  • Académicos y académicas por Palestina

    Académicos y académicas por Palestina

    Ante la estrategia genocida del Estado de Israel en contra de la población palestina en Gaza, que ha dejado un saldo de más de 21 mil 500 personas asesinadas (más de 8 mil son niños y niñas) y 60,000 heridas desde el 7 de octubre pasado, Estados Unidos envía municiones para apuntalarla, el ejército israelí asegura sin rémoras que sus ataques todavía durarán meses, la Onu pide ayuda humanitaria para los refugiados y la Unión Europea sigue con su postura hipócrita sobre el derecho a la legítima defensa de Israel, pero “protegiendo a la población civil”.

    En este contexto sombrío, es de celebrar que Sudáfrica haya solicitado al Tribunal Internacional de Justicia una orden urgente que declare que Israel ha incumplido sus obligaciones bajo la Convención sobre Genocidio o que estén escalando las movilizaciones estudiantiles en las universidades estadounidenses. Desde América Latina las posturas más duras y coherentes provinieron de Bolivia y Honduras, que rompieron relaciones diplomáticas con Israel, de Colombia y de Chile, que protestaron oficialmente y llamaron a consulta a los embajadores israelíes. Los demás países manifestaron posturas cercanas a Estados Unidos y sus aliados o tomaron más o menos distancia, sin grandes rupturas o consecuencias, dependiendo de su orientación política.

    Desde el mundo académico y el quehacer universitario es fundamental plantear interpretaciones, pero también acciones. Es necesario producir conocimiento pertinente sobre los dilemas y las violencias del presente. Mas también expresar solidaridad a los pueblos oprimidos y mantener alta la atención sobre uno de los capítulos más dolorosos de la guerra civil global que vivimos y que, sin embargo, tendemos a ignorar y olvidar. Asimismo, es importante que las autoridades en distintos ámbitos y niveles, así como los y las intelectuales, se posicionen y sigan alimentando el debate y la denuncia.

    Para ello un colectivo interuniversitario de académicos y académicas de México y América Latina está compartiendo para su firma y difusión dos cartas. Una es la “Carta de académicxs por Palestina a los gobiernos progresistas”, solicitando una postura más firme y concertada a nivel regional. Entre las y los destinarios están: Luis Alberto Arce (Presidente de Estado Plurinacional de Bolivia), Luiz Inácio Lula da Silva (Presidente de la República Federativa de Brasil), Gustavo Francisco Petro Urrego (Presidente de la República de Colombia), Miguel Diaz Canel Bermúdez (Presidente de la República de Cuba), Gabriel Boric Font (Presidente de la República de Chile), Andrés Manuel López Obrador /Presidente de los Estados Unidos Mexicanos), Xiomara Castro Sarmiento (Presidenta de la República de Honduras), Nicolás Maduro Moros (Presidente de la República Bolivariana de Venezuela).

    En la carta, que se puede firmar en este enlace, se explica que “las y los académicos de todo América Latina abajo firmantes, especialistas de todo el abanico de las ciencias, las humanidades y las artes, hemos seguido con atención las posturas que cada una de sus presidencias, en nombre de sus pueblos, ha tomado en torno al ataque que en tan solo unas semanas ha cobrado la vida de decenas de miles de personas en territorio palestino, mayoritariamente niñxs y mujeres, y ha provocado una verdadera crisis humanitaria”.

    Entonces, se extiende un llamado a una iniciativa conjunta al respecto ante la ONU, con base en cinco ejes:

    ¿Debería ser un derecho humano el biohacking extremo?

    1) La condena explícita al genocidio del pueblo palestino,

    2) El llamado al cese al fuego inmediato,

    3) La garantía irrestricta de ingreso de asistencia humanitaria a los territorios bajo ataque,

    4) La revisión de las relaciones comerciales y la revocación de cualquier acuerdo de cooperación militar de nuestros países con el Estado de Israel,

    5) El impulso de una ruta de solución para el pueblo palestino, que termine con la ocupación y el sistema de apartheid y avance hacia la construcción estatal que Palestina demanda.

    Finalmente, “en esta hora oscura para la humanidad, pensamos que la unidad latinoamericana permitiría sortear de mejor manera a las fuerzas que se oponen a condenar el genocidio y a buscar salidas políticas. Después de miles de muertxs, heridxs y desplazadxs del pueblo palestino, el compromiso humanitario, pero también con la verdad y la justicia, llama a nuestros pueblos a responder en apoyo de lxs más vulneradxs, en defensa de los derechos humanos y exigiendo el fin de la masacre. Les hacemos este llamado urgente, como representantes de nuestros pueblos, a redoblar los esfuerzos para terminar con la tragedia histórica que hoy conmociona al mundo”.

    Asimismo, el colectivo de académicxs propone la difusión y firma de una “Carta a las Autoridades Universitarias” y a las comunidades universitarias en general, que pueden leer y suscribir aquí (link). La iniciativa complementa la anterior y será útil para nutrir la discusión en cada institución de educación superior, dentro y fuera de las aulas, y, sobre todo, para refrendar el papel de las universidades como actores en el espacio y en la agenda pública, frente a las injusticias y las desigualdades. La misiva será enviada posteriormente a las y los rectores de las universidades.

    En esta se reconoce que “lxs abajo firmantes, miembros de la comunidad académica, nos encontramos horrorizadxs e indignadxs por la continua y sistemática opresión del pueblo palestino llevada a cabo por el colonialismo de asentamiento sionista de los distintos gobiernos de Israel y que, después del ataque del 7 de octubre de 2023 perpetrado por Hamás, ha cobrado la dimensión de un genocidio”.

    También se condena firmemente dicho ataque de Hamás, aunque se destaca que los hechos no se inscriben en el vacío, sino que son “resultado de décadas de atropellos, violaciones graves a derechos humanos y al derecho internacional por parte de Israel como fuerza ocupante, por las que nunca ha sido llamado a rendir cuentas para reparar al pueblo palestino. La población de Gaza lleva décadas confinada en la cárcel a cielo abierto más grande del planeta; la Franja ha sido convertida en un cementerio al aire libre y el control de Israel sobre Cisjordania es cada vez mayor debido a la constante expansión colonialista”.

    Se pide a las instituciones educativas no ser indiferentes ante la guerra y el epistemicidio contra el pueblo palestino, su cultura, su identidad: “Nuestras instituciones no pueden ser indiferentes ante el plan no sólo genocida sino también de epistemicidio desplegado por Israel: la aniquilación de todo resguardo, físico y vivo, de la memoria histórica del pueblo palestino y que lo dota de una vida identitaria y cultural propia. Esto se lleva a cabo mediante la destrucción de cultivos tradicionales, parques, librerías, teatros, espacios culturales tan importantes como el centro cultural Rashad Shawa, galerías de arte como Eltiqa, acervos bibliográficos como la biblioteca municipal de Gaza o el Archivo Central, sitios arqueológicos de la Edad de Hierro, cementerios romanos, iglesias bizantinas del siglo V y mezquitas del siglo VII, entre otros. Según la estimación de la ONU, 70% de los edificios escolares están dañados y el resto se ha convertido en refugios. La Universidad Al-Azhar y la Universidad Islámica fueron arrasadas. Esta destrucción representa un daño irreparable no sólo para el acervo cultural del pueblo palestino, sino para el del mundo entero”.

    En conclusión, la carta pretende mantener alta la atención, solicitar posturas y funciona como un machote para su envío a las instituciones de las y los académicos que deseen expresar solidaridad y apoyo: “Es hoy cuando las acciones de nuestras instituciones deben ser consecuentes: defender la vida, oponerse al genocidio, la deshumanización, repudiar el estado de apartheid en que sobreviven lxs palestinxs, denunciar la limpieza étnica que el ejército y el gobierno de Israel están llevando a cabo”.

    De Fabrizio Lorusso, desde SinEmbargo.Mx

  • La musica durante le feste

    La musica durante le feste

    Dopo aver dato qualche aggiornamento sulle manifestazioni contro il governo argentino di Milei, facciamo un’immersione nel rapporto esistente fra le feste di fine anno in America Latina e la sua musica popolare. Ci guida in questo percorso José Angel Ramírez Ragoitia, direttore messicano dell’Orchestra Giovanile del Veneto. Ascoltiamo i brani da lui interpretati e, in qualche caso, anche composti.

  • ¡Viva la libertad, carajo! Milei y el necroliberalismo

    ¡Viva la libertad, carajo! Milei y el necroliberalismo

    “El sistema capitalista se basa en la distribución desigual de oportunidades de vivir y de morir. […] Esta lógica del sacrificio siempre ha estado presente en el corazón del neoliberalismo, que deberíamos llamar necroliberalismo. Este sistema siempre ha operado con la idea de que alguien vale más que otros. Quien no tiene valor puede ser descartado. […] La cuestión es qué hacer con aquellos que decidimos que no tienen valor. Esta pregunta, está claro, siempre afecta las mismas razas, las mismas clases sociales y los mismos géneros”. 

    Achille Mbembe, diario Folha de São Paulo, 30/03/2020.

    Eternal vigilance is the price of Liberty

    [Atribuida a Thomas Jefferson]

    Después de escribir sobre la “marca Bukele” en El Salvador, Javier Milei protagoniza esta entrega, segundo capítulo del necroliberalismo en América Latina. ¡Viva la libertad, carajo! Así impreca la motosierra, simbolizando recortes y exterminio purificador para, después de la sangre, oler la libertad. 

    Un verbo (viva), un sustantivo (libertad), un improperio (carajo). Frase clamorosa que incorpora un significante vacío, la libertad, y funge como una simple caja de resonancia, una pomada milagrosa para todos los problemas de Argentina. Ha sido el alarido de batalla-campaña de Milei, Presidente del país austral desde el 10 de diciembre. 

    Adaptando al caso una frase de la escritora Francesca Gargallo, cabe decir que Milei no es un loco, sino un hijo sano del necroliberalismo, del capitalismo y, claro está, del patriarcado. Se trata de un economista libertario que se autodefine como anarcocapitalista, flirtea con la extrema derecha global y aboga por le eliminación del Estado. No obstante, ya desde la Presidencia, se perfila como empleado de la bancada parlamentaria de la coalición derechista “Juntos x el Cambio”. Funge de avatar del macrismo, es decir, del régimen neoliberal del empresario Mauricio Macri, Presidente entre 2015 y 2019, quien ahora sigue gobernando gracias al frontman Milei. Éste llegó, supuestamente, para combatir “la casta” de la política y la corrupción, pero se alió inmediatamente con el ala más podrida de ella.

    Milei es economista, formado en la escuela neoclásica y monetarista, cuyo principal referente fue Milton Friedman, quien consideraba los impuestos un robo del Estado a la ciudadanía. También se hizo adepto de la escuela austriaca de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, creadores del neoliberalismo a finales de la década de 1930. Finalmente, es admirador del estadounidense Murray Rothbard, paleolibertario impulsor del populismo de derecha y de alianzas con sectores conservadores para “conquistar las clases populares” y mantenerlas en dónde están (abajo).

    En efecto, “si al comienzo de sus apariciones públicas Milei sólo hablaba de economía, de a poco comenzó a incluir una serie de tópicos de las nuevas derechas: el nuevo anticomunismo, la obsesión con el Foro de San Pablo (una red de partidos de izquierda latinoamericanos sin gran incidencia real), el rechazo a la «corrección política», la denuncia de la «casta» política, la reivindicación de la «libertad» y, en líneas generales, la adhesión al nuevo antiprogresismo corporizado en las derechas radicales. Desde esa plataforma, a la que sumó su estilo irreverente, puso en marcha un verdadero fenómeno político”, argumenta la socióloga Maristella Svampa

    El desencanto con toda la clase política y la crisis recurrente en Argentina, unido a los antecedentes recientes de Trump y Bolsonaro en EUA y Brasil, abrieron paso a la versión necroliberal del macrismo en la Casa Rosada. Emerge, entonces, furibundamente un mix experimentado de negacionismo sobre los desaparecidos y la última dictadura argentina, un discurso anticientífico y escéptico sobre el calentamiento global, antidemocrático y antiderechos, condimentados con xenofobia, racismo, declaraciones de amor a Trump y al partido español Vox. 

    Los casos de Bukele y Milei muestran que el neoliberalismo autoritario en la era de la posverdad necesita de sujetos políticos 3.0, que se saquen selfies con sus fans mientras propinan políticas de muerte, recortes y segregaciones funcionales al gran capital y al paradigma securitario en las periferias del Sur global. No es casual que Patricia Bullrich, otrora rival de Milei durante la campaña electoral y, ahora, flamante Ministra de Seguridad, se haya reunido prontamente con Gustavo Villatoro, Ministro de Justicia y Seguridad Pública de El Salvador, para “discutir estrategias efectivas en la lucha contra el narcotráfico y las mafias” y compartir “experiencias valiosas que sirven para fortalecer las acciones en materia de seguridad ciudadana (sic)”, el modo “represión liberticida” del país centroamericano a posible modelo para Argentina. 

    Por lo pronto, el 12 de diciembre el Ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una devaluación del peso del 50por ciento, un drástico recorte de ministerios y gastos gubernamentales, y algunas medidas paliativas de refuerzo de las tarjetas alimentarias y la asignación universal por hijo. El 21 de diciembre Milei firmó un paquetazo (DNU, Decreto Nacional de Urgencia), aplaudido por el FMI, con más de 300 artículos de medidas desreguladoras y privatizadoras, incluyendo la estatización de las deudas privadas de empresas importadoras. Contrario a las promesas de campaña y a la retórica antiestatista del Presidente, el paquete prevé aumentos de impuestos sobre las compras en el exterior, mayores gravámenes a las importaciones e impuestos sobre las rentas de personas físicas de los deciles más bajos. Por otro lado, precariza brutalmente los derechos laborales. Ya se anunciaron, además, medidas aún más amplias y sustanciales de reforma del Estado y del fisco para enero.

    Previendo una oleada de protestas, la Ministra de Seguridad, Bullrich, firmó un inquietante protocolo antipiquetes que criminaliza la protesta social, invita a todo ciudadano a denunciar anónimamente a quienes obstruyan vías y preconiza un estado de excepción de facto. Pese a ello, movimientos sociales e inconformes marcharon a Plaza de Mayo “Contra el plan motosierra” y “Contra el protocolo antipiquetes”.

    Las manifestaciones y los cacerolazos contra el DNU continuaron el día siguiente, mientras que las centrales obreras y sindicales consideraban declarar un paro general. Los decretazos son reediciones de un recetario neoliberal bastante conocido. Su sustrato ideológico, que bien dominan Milei, Macri, sus huestes y abogados, orientó la redacción fast track: la legalidad de estas medidas, que no parecen ni urgentes ni necesarias, podría ser cuestionada por el Congreso, pero dependerá de las negociaciones dentro del oficialismo y de la movilización social. Cabe recordar que el partido de Milei, La Libertad Avanza, no cuenta con mayoría en las Cámaras, así que depende de sus aliados, principalmente Propuesta Republicana de Mauricio Macri y Patricia Bullrich. 

    Ante su propuesta de shock, Milei y los medios alineados han repetido la palabra mágica: resiliencia. Han invitado a la gente a tener resiliencia, que es un concepto del ideario neoliberal, colado en la jerga de todo el espectro político, de derecha a izquierda, e, inclusive, de los movimientos sociales. Sin embargo, es un término originario de la biología que metaforiza el imperativo de vivir al borde, como individuos adaptables, flexibles y en riesgo permanente, sobreviviendo y sorteando, o sea: “aguantando vara”.  

    El programa español La Base, en Canal Red, del 21/12 relata la visita de Milei a los damnificados por un fuerte temporal que ha causado la muerte de 13 personas en Bahía Blanca: el mandatario adopta el “look Zelenzky”, a saber, un uniforme militar de combate, atuendo muy poco humanitario. Luego, durante las protestas, Milei difunde fotos en que personalmente, desde un centro de mando policial, revisa los videos de las marchas. Ambos actos tienen objetivos comunicativos y propagandísticos, al estilo Bukele, para mostrar músculo y control, y sostener la construcción de enemigos públicos: el mensaje se vacía, pues no es la solidaridad con las víctimas de la intemperie, no es la preocupación por las consecuencias humanas del paquetazo, sino que se torna pura imagen, férrea, del mando militar o policiaco, y se cristaliza en los performances presidenciales.

    El profesor, escritor y activista Raymundo Viejo Viña caracteriza el necroliberalismo como una nueva variante del neoliberalismo que, frente a crisis globales de gran envergadura, combina inoculaciones crecientes de autoritarismo y tolerancia al ecocidio, finalizadas a preservar su lógica de acumulación. “A grandes trazos, el necroliberalismo se configura mediante el primado autoritario y ecocida del mercado sobre la democracia, sostenido bajo una amenaza de extinción permanente”, escribe.

    Considero el orden necroliberal como un ejemplo, ahora sí, de resiliencia del modelo de acumulación neoliberal en la era de la inteligencia tecnificada. Una especie de dispositivo abismal, parafraseando a Rossana Reguillo. Un proceso degenerativo: después de sus momentos disruptivos y dopamínicos, tiende a volverse crónico, profundo y destructivo, más parecido en el mediano plazo a una inflamación silenciosa y mortífera que a una infección aguda y manifiesta. Es un concepto emergente que se funda en el neoliberalismo autoritario que predispone democracias iliberales y delegativas, o sus radicalizaciones como el anarcocapitalismo y las variantes del minarquismo (estado mínimo), para instrumentar políticas de muerte o segregación en países o regiones del Sur global. Estas se concretan y se narran a sí mismas dentro de visiones del mundo individualistas y sinapsis comunicativas en redes sociales digitales, dentro de un paradigma mercadotécnico 3.0. 

    La latinoamericanista Arantxa Tirado, en su libro El lawfare. Golpes de Estado en nombre de la Ley, destaca cómo la asociación entre libertad y capitalismo, que es imaginaria pero presentada como verdadera, acaba justificando el menosprecio de los derechos, de la seguridad humana y de los modelos de economía promotores de lo común, o por lo menos de políticas redistributivas, frente al privatismo, al neoliberalismo y al engaño de la meritocracia. 

    Así que #VivaLaLibertadCarajo y la motosierra destilan ideología, violencia, exclusión y capitalismo puro (más gore, a la Sayak Valencia, que “libre” o “libertario”). 

    Tirado también cita al jurista brasileño Rubens Casara, cuyo concepto de estado posdemocrático ayuda a pensar en la emergencia del necroliberalismo, particularmente en los casos de Bukele y Milei: “Un Estado para cumplir con el ultraliberalismo económico debe tener la característica de un Estado penal, un Estado cada vez más fuerte y dirigido a la consecución de los fines deseados por los que detentan el poder económico”, siendo estos fines la exclusión de gran parte de la sociedad y la reproducción de la violencia, tanto directa cuanto estructural o “normal”.

    De Fabrizio LorussoSinEmbargo.Mx

  • Nayib Bukele: un campeón del necroliberalismo

    Nayib Bukele: un campeón del necroliberalismo

    El Presidente salvadoreño Nayib Bukele dispara decretos seriales para mantener el estado de excepción y desaparecer personas. Justo antes de cada nueva orden ejecutiva que desde febrero de 2022 extiende el régimen de excepción, ocurren sospechosos repuntes en los homicidios que la justifican, denuncia el colectivo de búsqueda de personas “Desaparecidos SOS El Salvador”. Asimismo, el grupo destaca que las desapariciones han crecido en los últimos años: hubo 6,447 reportes entre 2019 y 2022 y, detrás de los números, podrían ocultarse voluntades políticas y dinámicas policiacas dirigidas a bajar la cifra de los asesinatos, lo cual ha sido el principal motor propagandístico del Presidente.

    A raíz de que, en los primeros dos años de su administración, fracasó el intento de forjar un pacto con las bandas criminales, se decidió pasar al manodurismo punitivista y securitarista. Nada totalmente nuevo para el país centroamericano, pero el control gubernamental casi total sobre los demás poderes, sobre todo el judicial, junto con el régimen de excepción ampliado y los cambios legales, la contundente política 3.0 del mandatario y el estilo de comunicación emocional de la “marca Bukele”, hasta convertirla en mercadoría de exportación, ya son un giro inédito.

    El gobierno encarcela masivamente y “tira la llave” de las celdas, abarrotadas de presos. Sitia barrios y comunidades, suprime la división de poderes e instrumenta una política de muerte y expulsión social, guiada por la cultura de la sospecha y la “intencionalidad criminosa”, que determinan la policía, los jueces y las fuerzas armadas con base en el color de piel, la pertenencia a un barrio o los tatuajes. Se instalan por ley la discrecionalidad acusatoria de autoridades y de avecindados en las comunidades para subvertir la presunción de inocencia. Con bombo y platillo en febrero se inauguró el Centro de Confinamiento del Terrorismo, la cárcel más grande de América, con capacidad para 40,000 internos: su nombre establece una engañosa asociación del crimen común u organizado con el terrorismo, que es otra cosa, pero mediáticamente impacta y convence. Con base en esta experiencia, afianzando su avatar de “justiciero”, Bukele ha anunciado la creación próxima de un Centro de Confinamiento de la Corrupción, sin dar muchos detalles al respecto.

    Gana terreno el juvenicidio, o el encerramiento correccional preventivo del juvenis sacer (el joven sacrificable, como lo conceptualiza el sociólogo José Manuel Valenzuela) como herramientas de control y “pacificación”. Las cifras gubernamentales de homicidios ya no consideran a los pandilleros muertos. La organización Acción Ciudadana ha documentado que la Fiscalía General de la República  salvadoreña ha ido perdiendo capacidad para obtener condenas, pese a la vigencia de la excepción, y que la impunidad directa ha crecido.

    Las violaciones graves, sistemáticas y generalizadas a los derechos humanos contra ciertos sectores racializados o estigmatizados en El Salvador durante este periodo probablemente ya tengan las características de crímenes de lesa humanidad.

    La asociación Cristosal en El Salvador documentó 160 muertes al interior de las cárceles, que no duda en clasificar como crímenes de Estado, tan solo en el primer año del régimen de excepción: éste se configura como un dispositivo necropolítico para decidir quién debe morir y quien puede vivir. Además, ha perdido su excepcionalidad y se ha normalizado tras la aprobación de unos treinta decretos de reformas penales: las personas son perseguidas por quienes son y no por los actos que cometen, imponiéndose así el derecho penal del enemigo, como lo ha definido el jurista alemán el Günther Jakob.

    Es decir, “con base en calificaciones vagas de agrupaciones ilícitas y terroristas, se tiende a perfilar dentro de este grupo a cualquier persona a criterio de la autoridad, en desmedro de la responsabilidad objetiva”, refiere la asociación en su informe “La excepción se volvió la norma”.

    En entrevista para el medio salvadoreño El Faro, Zaira Navas, jefa de Derecho y Seguridad de la Ong, detalla que, de 55,000 personas capturadas en el primer año de excepción (hoy son más de 78,000, ver gráfica) sólo 90 fueron acusadas de homicidio. El resto son supuestamente colaboradores o pandilleros de base, así que no se estarían desmantelando realmente las estructuras delincuenciales y sus dirigencias, lo cual podría ser parte de otro tipo de “tregua”, o pacto de no beligerancia, entre el Estado y las pandillas, sigilado por el encarcelamiento masivos de jóvenes “desechables”, en pos de la gobernanza necroliberal.

    Aun así, el apoyo popular interno a las medidas represivas es indudable. Se dice que ya no hay de otra, que el castigo funciona, que los pandilleros no merecen vivir o tener derechos, que los derechos humanos son para defender a criminales y que el país estaría caminando hacia una pacificación verdadera, entre otros “argumentos”. El Presidente invita a los inversionistas nacionales y extranjeros a apostarle al país porque las pandillas dizque estarían neutralizadas y el estado de derecho, para las empresas claro, sería más sólido que nunca.

    Sin embargo, una pacificación estable, a largo plazo, no puede alcanzarse y nunca se ha alcanzado, por definición, bajo un régimen de excepción, inherentemente violento. Ni mediante la supresión de los derechos, el vaciamiento de la democracia, el justicialismo barato y la revancha social. Las medidas ponen en riesgo a cualquiera solo por su apariencia, creencias o filiación, independientemente de que haya cometido delitos.

    En la Italia los años 20 y 30 del siglo XX, con el pretexto de eliminar la mafia siciliana, Benito Mussolini y el fascismo aplicaron políticas de mano dura, militarización y tortura en Sicilia, violando derechos humanos de forma planeada y reforzando los engranajes autoritarios de la dictadura, pero las mafias siguieron allí, sucesivamente hubo brotes extremos de violencia y, asimismo, volvieron a pactar un modus vivendi con la política. “La historia muestra que este tipo de justificaciones en lugar de solucionar los problemas criminales los agrava, al generar violaciones contra personas inocentes. El argumento de que son costos necesarios es incongruente y desproporcional al considerar que hay de por medio valores como la vida o la libertad”, explica Cristosal.

    Necroliberalismo es un régimen de excepción normalizado, formado por reglas, técnicas y dispositivos que ejecutan necropolíticas, o sea cursos de acción y decisiones sobre quienes deben morir o vivir, o ser expulsados, en el contexto de democracias restringidas o vaciadas, y de políticas e ideologías neoliberales o libertarias de corte autoritario y tecnocrático.

    Disfrazado de “lucha por la libertad”, como en la Argentina de Milei, el necroliberalismo tiene alto riesgo de contagio en otros países latinoamericanos, pues las pulsiones hacia la vigilancia y el castigo, sazonadas de admiración por la figura del justiciero, prometen efectividad ante las violencias y los atropellos que golpean muy duramente a las capas más vulnerables.

    Los Estados son corresponsables de estas violencias, tanto directamente como por omisión y complicidad, pero el discurso de guerra identifica siempre un solo enemigo en algún sujeto “otro”, desviado o diferente, caricaturizado, cualquiera que sea su definición o naturaleza concreta.

    Lo pensaría mil veces antes de justificar tales experimentos, aunque de momento se vendan bien, pues explotan la legítima desesperación de la gente y proyectan un imaginario de éxito y eficacia inmediatista, típico de la era tiktokera.

    En estas condiciones, no hay nada que celebrar en los resultados que, en el corto plazo, la necropolítica bukeliana está dando, como la caída de los homicidios dolosos y de otros delitos, el crecimiento del turismo o la percepción de mayor seguridad en la población. Sería inquietante plantear soluciones semejantes para México, pero no tardarán las ultraderechas en reciclar la “marca Bukele”, que es un paquete atractivo para ciertos sectores, con fines electoreros.

    Finalmente, más que la “pacificación” y la eliminación de negocios criminales, “un poder sin precedentes en manos de unas fuerzas de seguridad con un pasado cuestionable —facciones de la policía salvadoreña han sido vinculadas a escuadrones de la muerte y casos de corrupción— podría crear las condiciones para que los funcionarios se dediquen al crimen o incluso usurpen los negocios criminales dejados por las pandillas”, según un informe de Insight Crime.

    Mientras tanto, el mandatario salvadoreño el 1 de diciembre se ha apartado de sus funciones en busca de su reelección en los comicios del 2024, aunque ésta sea inconstitucional: si la jugada le resultará favorable, el estado de excepción habrá servido también para estos fines políticos, además de allanar el camino al disciplinamiento social, funcional a la inversión extranjera, a un tipo de estado de derecho selectivo, y a la expulsión de “los desechables”.

    Por Fabrizio Lorusso desde Sin Embargo