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Dall’intento all’accusa

L’ex presidente brasiliano Jair Bolsonaro viene accusato, dal giudice Alexandre de Moraes, di tentato golpe per l’attacco alle istituzioni avvenuto a gennaio dello scorso anno. Quante possibilità ci sono che venga incarcerato lo chiediamo al professore di storia contemporanea all’Universidade Federal de Juiz de Fora, Alessandro Peregalli che ci risponde da Belo Horizonte. Inoltre ci chiediamo perché proprio ora l’attuale presidente Lula ha accusato Israele di genocidio, ricevendo il sostegno da tanti paesi per quelle parole.
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Resistir en Centro Habana: la crisis cubana desde el barrio popular de la capital


Texto y fotos: Gianpaolo Contestaible, vía Pié de Página
LA HABANA, CUBA. – “¿Saben por qué en La Habana ya no hay habaneros?” dice el conductor de un almendrón. En su rostro sudado se abre una sonrisa mientras hace una perfecta pausa teatral y suelta el cierre del chiste: “Están todos en Miami”. Este lugar común que repiten a menudo los cubanos tiene, como toda broma, un fondo de realidad. Diferentes olas migratorias han efectivamente interesado la capital a partir de la revolución del 1959. Primero, se fueron a Estados Unidos la burguesía, los terratenientes, la “contra”, los ingenieros, médicos, químicos y hasta los niños de las familias conservadoras gracias a la Operación Peter Pan orquestada por la CIA y la Iglesia católica. Ya en las sucesivas décadas se permitió la salida, como válvula de escape en los periodos de demasiada tensión social, a miles de personas. En los ‘80 los emigrantes se fueron desacreditados al grito de “escorias”, “lumpen”, “gusanos” y “vende patría”, enfrentando el escrache público y el lanzamiento de huevos. Durante el periodo especial, familias enteras enfrentaron las intemperies marítimas del Estrecho de la Florida en balsas autoconstruidas. Hoy en día, un éxodo masivo de jóvenes está despoblando nuevamente La Habana. Caminar por las villas coloniales del barrio Vedado es un suplicio a causa de la atmósfera hirviente y satura de humedad, y parece un peregrinaje en una ciudad fantasma. En los conciertos, ballets y espectáculos teatrales que enriquecen la vida cultural habanera se nota la ausencia de músicos, bailarines y actrices; lo mismo pasa con la carencia de personal y estudiantes en los salones de la histórica Universidad de La Habana y en los prestigiosos pabellones hospitalarios del instituto Calixto García.
Hay al menos una zona de la capital en donde la ausencia está rematada por la vida comunitaria y callejera, donde los mercados están repletos de señoras y las infancias juegan al béisbol en los callejones y salen descalzos a mojarse durante las tormentas. Es el distrito municipal de Centro Habana, una zona de urbanización popular enclavada entre las atracciones turísticas de La Habana Vieja, los palacios decadentes del Vedado y el largo litoral del malecón que se asoma al océano Atlántico. Los cubanos dicen que está es la verdadera Habana, la profunda, la negra y las más auténtica. Aquí reside gran parte de la población flotante de la ciudad y las familias que han migrado desde las provincias de Oriente. Son quienes se les llama de forma peyorativa los “palestinos”, son las trigueñas y los guajiros del campo, las mulatas y negros de Santiago, Guantánamo, Holguín y Las Tunas. Los “orientales” se desplazan a la capital para estudiar, buscar trabajo y suerte. Son quienes han engendrado la riqueza cultural del País, han encendido la historia política cubana y siguen animando la vida social y comercial de la capital.
En Centro Habana la vida sucede en el espacio público por qué en las vecindades angostas y en los altos solares no llega suficiente luz o hay demasiado calor. Muchas familias viven hacinadas y, como en el resto del País, los apagones son continuos y extenuantes durante el verano interminable. En la televisión se anuncia cada día un nuevo récord de calor, el cambio climático es una realidad en la isla caribeña donde los habitantes no recuerdan haber vivido una temporada tan caliente: “¡eso está en candela!”. Durante el día, hay que escoger si caminar bajo el sol implacable que quema la piel y se refleja en el cemento pálido o arriesgarse a disfrutar las sombras angostas de los pequeños balcones deteriorados. Es la “estática milagrosa” de la arquitectura cubana, el misterio que mantiene en pié los edificios con fallas estructurales que desafían a la ciencia edil. Algunos dicen que es la metáfora de la sociedad cubana que se mantiene en vida a pesar de las crisis cíclicas, los errores, los huracanes, el hostigamiento internacional y un proyecto de País fundando en los sueños más allá de sus potencialidades concretas. Lamentablemente, el derrumbe de edificios no es solo una figura retórica sino una realidad dramática que deja escombros en las calles y tablas de madera sosteniendo los altos pórticos de la suntuosa avenida Infanta. En estas cuadras, entre los mendigos protegidos por San Lázaro, los antros de calle Galiano, las jineteras del barrio chino y los guapos del Malecón, ha ambientado sus novelas Pedro Juán Gutierres, el padre del realismo sucio cubano. En su narrativa cruda se describe la vida de quienes han quedado al margen del proyecto de emancipación socialista, quienes se mueven fuera de las mallas del Estado benefactor sobreviviendo en redes clandestinas de comercios, trabajos informales, sexualidad promiscua, pobreza y adicciones.
Quizás también por estas razones, desde las ventanas de las vecindades no se escucha la melodía pasional del son cubano o las letras románticas de la trova de Silvio Rodriguez, sino el ritmo frenético del repa, el reggaeton acelerado de los repartos populares cubanos. El líder de los reparteros, Chocholate MC, reside en Miami pero en las letras de sus canciones reclama su origen centro-habanera: “Vengo de Los Sitios, pipo, chispa, crack y solares”. En su pecho, Chocolate, trae tatuado el nombre de Elvis Manuel, el jovén cantante de la movida underground habanera que murió ahogado cruzando el estrecho de Florida en una balsa. Más allá de cualquier juicio moral y del estigma de ser un género machista y violento, la música repartera se ha vuelto la banda sonora de las fiestas de las nuevas generaciones que mantienen viva la alegría y la vida de la ciudad. Los textos de los reparteros hablan de una sexualidad explícita y sin filtros, y en su ritmo provocativo las juventudes se desquitan del calor insostenible y las carencias de la vida cotidiana participando en la catarsis colectiva del “perreo” hasta la madrugada.
El centro del centro
Recorriendo la calle San Lázaro hasta llegar al malecón, se ven los muchachos hacer carreras con las patinetas agarrándose a las guaguas mientras en el parque Antonio Maceo se disparan rimas de rap. En el Cayo Hueso, el “downtown” de Centro Habana, “el centro del centro”, se pueden escuchar versos de repentismo que ridiculizan a la clase política y el ritmo incesante de la rumba que acompaña los fines de semanas. Se narra que en los solares y manzanas del Cayo vivieron los más prestigiosos músicos, oradores, cantantes y tamboreros de la Isla que dieron vida al afrocuban jazz, al género filin y construyeron una identidad cultural sin pares. “Hay que tener cuidado con los caracoles africanos, en la televisión dijeron que son peligrosos” dice Jaime caminando por el Cayo, y explica que “son usados para los rituales Yoruba”. Jaime gestiona el departamento de su hija, que ahora vive en España, como casa de renta en Centro Habana. La paradoja de la actualidad cubana es que cada ciudadano tiene derecho a la vivienda pero muchas de ellas se transforman en casas para extranjeros o se venden para pagar el pasaje del viaje migratorio. Muchas familias pasan por el doloroso proceso de subasta donde venden las pertenencias guardadas por generaciones. En el Cayo Hueso la cultura Yoruba domina el paisaje urbano: puedes ver degollar una gallina en la esquina y reconocer a los hombres y mujeres Iyabó, los nuevos adeptos a la santería, caminar vestidos de blanco durante su primer año de purificación. La tradición se mezcla con la modernidad globalizada y el callejón de Hammel es el epicentro de la conmixtión. En la célebre cuadra abundan los colores vivaces de las esculturas de Salvador González Escalona dedicadas a los orishas Shangó y Oshún, junto a los fragmentos del Principito de Antoine de Saint-Exupéry y al busto del héroe nacional José Martí. En el callejón de Hammel se cruzan los proyectos comunitarios con los atractivos turísticos: durante la semana los niños del barrio aprenden a boxear y el fin de semana los santeros explican a los “yumas”, los extranjeros, los principios de la espiritualidad afrocubana.
A pesar de su apariencia ruinosa, que recuerda a los muchos guetos del continente controlados por el crimen organizado, en Centro Habana conviven obreras e intelectuales, artistas y comerciantes compartiendo las mismas condiciones de vida, hoy en día muy precarias, sin toques de queda, guerras entre pandillas ni militarización. El derecho a la vivienda, la educación y la salud son unos logros indiscutibles del proyecto revolucionario que, a pesar de la crisis económica extrema, funcionan todavía como deterrentes frente a las redes criminales y las empresas narcotraficantes que dominan las periferias americanas.
Más allá del bloqueo
Muchos cubanos y cubanas llegan a Centro Habana para someterse a las más complejas operaciones de cirugía y los más avanzados tratamientos médicos en el hospital Hermanos Ameijeiras. El instituto dedicado a los mártires revolucionarios fue inaugurado por Fidel Castro en 1982 como el máximo ejemplo de la excelencia del sistema de salud cubano. En el Ameijeiras, trabajan más de 40 especialidades médicas y se desarrolla tanto la enseñanza de enfermería cómo la investigación científica de alto nivel. Los profesionales del hospital se coordinan con los policlínicos y médicos de familia de Centro Habana para brindar la mejor atención territorial y promover programas de prevención.
Todos los tratamientos y operaciones son estrictamente gratuitos pero la crisis económica extrema y el bloqueo comercial están generando una dramática falta de medicamentos, personal e insumos. “Si una empresa que nos está brindando una máquina para el tratamiento oncológico inicia a ocupar una pieza producida en Estados Unidos” explica un trabajador del hospital “ya deja de vendernos sus productos de repente, de un día para otro”. El notorio bloqueo es una estrategia del gobierno estadounidense para evitar el desarrollo de la economía cubana y poner a la población en un estado de crisis permanente. Según un informe de Oxfam del 2021, el embargo impuesto por Estados Unidos “profundiza la crisis económica, dificulta el acceso a proveedores de insumos, medicamentos, tecnologías, equipos médicos y productos de primera necesidad”. Esta medida, se lee en el informe, ha generado un impacto en la educación, la agricultura, la tecnología y ha afectado la salud física, emocional y psicológica de la población. La guerra comercial no ha parado tampoco durante la emergencia sanitaria de la Covid-19 y se ha sumado a la crisis del sector turístico que garantizaba la entrada de divisa extranjera en la isla.
A las causas exógenas de la crisis económica se les suman las responsabilidades de la clase política cubana que hacen enfurecer a la población. Antes de la contingencia de la pandemia, se empezó a aumentar el sueldo mínimo de los empleados públicos para enfrentar la crisis de abastecimiento e invertir la “pirámide salarial”, o sea para que el salario de ingenieras, maestros y médicas no se quedara por debajo de los ingresos mensuales de los operadores turísticos y quienes comercia con el extranjero. Con la llegada de la Covid-19, la caída del turismo y la producción amparada, se generó una inflación galopante y la diferencia de poder adquisitivo entre las dos monedas nacionales, el peso cubano y el viejo CUC, fue levitando. El gobierno aprovechó la contingencia para cancelar la segunda divisa, el peso cubano convertible. Se introdujo a cambio el MLC, la moneda digital libremente convertible que equivale a un dólar y se usa trámite específicas tarjetas. El resultado ha sido que los precios se han ajustado al cambio informal de dólar que se aplica en la calle y que aumenta cada día sin frenos. En vez de tener una sola moneda, hoy en la Habana circulan 3 diferentes divisas: el peso, el dólar y el euro. Muchos jóvenes han emprendido la peligrosa odisea migratoria por Centroamérica para depositar dinero en las tarjetas de MLC de su familia. En el mientras, la comida racionada que le corresponde a los ciudadanos ha ido disminuyendo y algunos productos, como el café, han desaparecido de la libreta básica por semanas. De contra, el costo de los alimentos en las tiendas particulares y en los mercados se ha hecho inalcanzable. El “trapicheo”, la compra y venta de productos en el mercado informal, es una actividad cotidiana para la sobrevivencia de las familias. En el calor tropical del verano más caliente del que se haya memoria, conseguir huevos, leche en polvo, jabón, condones o detergente se vuelve una empresa agotadora. La supervivencia en la crisis genera una economía clandestina que involucra hasta a las autoridades. Se pueden, por ejemplo, comprar unas cuantas libras de pollo en el patio trasero del presidente del Comité de Defensa de la Revolución local.
Para evitar el desastre social, el gobierno ha impulsado, aunque con reticencias y mucha vigilancia, la creación de las Mipymes, las micros, pequeñas y medianas empresas privadas que tratan de brindar los servicios y productos que el sistema comercial estatal no alcanza a proveer. Una nueva clase social de cuentapropistas está impulsando la economía con proyectos innovativos a pesar de los obstáculos administrativos que surgen en curso de obra. En el mientras, los salarios de profesoras y personal médico, así como las pensiones de los adultos mayores, no alcanzan para conseguir los productos básicos. Moverse con el transporte público se ha vuelto un acto de fe: a los ciudadanos les toca esperar en la calle hasta horas que pasen las pocas guaguas funcionantes saturadas de personas. El precio de la gasolina se ha disparado y los taxis colectivos, siempre más caros, deben esperar días para abastecerse de carburante. Desde Centro Habana se puede ver la cúspide de la nueva torre K, el hotel de lujo de 42 pisos todavía en construcción en el distrito del Vedado. Su altura irrumpe en el skyline habanero y supera en altura al histórico hotel Habana Libre donde se hospedó el ejército rebelde en el ‘59. Su presencia engorrosa es quizás el símbolo más evidente del aumento descontrolado de la desigualdad en el país. El rascacielo, cuya construcción está impulsada por las empresas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, aumenta también la preocupación de los cubanos de que las élites estén especulando con el paisaje y los recursos nacionales. La cesión de tierras en usufructo a los empresarios rusos y la creación de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel alimentan tal desconfianza.
El 11J
El parque Trillo es un lugar emblemático del Cayo Hueso donde se respira la efervescencia y las contradicciones de Centro Habana. Aquí las infancias juegan al fútbol con los padres cuando el sol se esconde detrás de los solares concediendo una tregua de sombra. Decenas de familias se forman para comprar plátanos o vinagre a precios rebajados frente a los camiones de la feria dominguera con el trasfondo de los murales afrocubanos. Las conversaciones de la gente en las colas refleja un malestar y descontento que parece a punto de explotar. La crisis actual es el enésimo ciclo de fracasos económicos y sacrificios que se han vuelto insostenibles. A pocas cuadras del parque, cruzando avenida Infanta, la carretera sube hasta la estatua del líder estudiantil Antonio Mella, quien vigila sobre la elegante escalinata de la Universidad de la Habana. “En Cuba están aplicando la terapia del choque” dice Alejandro, profesor de la facultad de psicología: “cuando nos daremos cuenta de la tragedia de lo que está pasando será demasiado tarde”. Sus palabras recuerdan a la doctrina della shock economy descrita por Naomi Klein. La autora canadiense usa la metáfora del electrochoque, que resetea el cerebro para implantar nuevos esquemas cognitivos, para explicar cómo se impulsan reformas neoliberales aprovechando el pánico y desorientación de la población frente a desastres naturales y crisis económicas extremas. Sin embargo, a pesar de la contingencia sanitaria, la población cubana ha logrado movilizarse para denunciar el deterioro de sus condiciones de vida. El 11 de julio de 2021 es la fecha que queda grabada en la memoria colectiva del País. Miles de personas se manifestaron en gran parte de la isla frente a la desesperación por los continuos recortes de luz, la falta de productos y la incapacidad de la clase política de dar respuestas. Los cubanos no estaban acostumbrados a las protestas masivas ni a la represión de las autoridades. Por lo tanto, los desórdenes provocados por unos cuantos miles de manifestantes y el encarcelamiento y vigilancia de cientos de jóvenes involucrados en las protestas han marcado un trauma social en la ciudadanía. El acontecimiento acabó con muchas de las esperanzas de la juventud que sigue migrando masivamente también a causa de la falta de participación política y la frustración de cualquier perspectiva de cambio. La brecha generacional es siempre más ancha, los jóvenes nacidos a partir de los años ‘90 han vivido en un continuo alternarse de “períodos especiales”: la desaparición del bloque socialista, la caída del precio del petróleo que garantizaba el apoyo del gobierno venezolano, las tensiones con el gobierno de Trump, la pandemia y ahora la crisis financiera. Quizás solo los últimos años del gobierno de Obama, con el deshielo de las relaciones diplomáticas, habían creado las condiciones para imaginar un futuro mejor e incentivar las inversiones en la isla.
“Para mí el horizonte es la barrera que me separa del mundo” dice Eva, una joven artista y modelo trans, mirando las pinceladas rosas del cielo que se mezclan con el azul del mar, “estoy bloqueada aquí desde hace 30 años, nunca pude salir”. Eva espera conseguir el “parole” en Estados Unidos y alcanzar a su madre en Miami, quien la abastece de comida a través de internet. Con el nuevo Código de la familia, promovido por Mariela Castro, hija del expresidente Raúl, se incluyen el matrimonio igualitario y la gestación subrogada, la adopción por parte de parejas homosexuales, se aborda la violencia de género y se rechaza la homotransfobia. A pesar de que las instituciones están tratando de asumir un lenguaje y prácticas incluyentes con las diversidades sexuales, según Eva, la carencia de personal médico y productos farmacológicos en el País no hace posible mantener en modo regular una hormonoterapia y la debida atención médica durante la transición. También por eso, Eva, aunque acaba de mudarse a Centro Habana desde el cerro, sigue viendo su futuro más allá del horizonte: “Sé que voy a extrañar a mi país” comenta melancólica frente al espectáculo de la puesta del sol en el litoral habanero que ningún pintor ha logrado reproducir fielmente. Según ella y muchos jóvenes artistas cubanos, hoy en día en la Isla hay una dictadura que no deja libertad de expresión y todos están esperando que el régimen se caiga.
Con la llamada “Ley mordaza”, en vez de canalizar la potencia creadora de las nuevas generaciones, el gobierno está persiguiendo penalmente las voces disidentes en las redes sociales con el pretexto de la defensa nacional frente a las noticias falsas y actividades contrarrevolucionarias. El espacio digital se ha vuelto un campo de batalla estratégico sobre todo a partir de la difusión masiva de los smartphones y planes de datos en los últimos 5 años. Las nuevas generaciones manejan perfectamente la red y saben cómo evitar tanto el bloqueo de Estados Unidos como la censura del gobierno cubano. Abundan las aplicaciones para compartir archivos entre celulares y los programas VPN que permiten modificar la ubicación virtual. Los canales de Telegram se han vuelto medios de difusión de eventos culturales independientes y reuniones de las “tribus urbanas”. Los contenidos rebosan en tiempo real entre la costa de Florida, los albergues de Tapachula, las plazas de Barcelona y las pantallas de los adolescentes de Centro Habana. Las injusticias que enfrentan los migrantes cubanos como, por ejemplo, la violencia de las autoridades migratorias, la trata del trabajo sexual, la explotación laboral, el endeudamiento y el choque cultural con las sociedades racistas, se mantienen silenciados. Al contrario, las imágenes de la opulencia, el lujo y el consumo desenfrenado construyen unas narrativas de éxito y superación personal.
Apatía y subversión
En las plataformas digitales se alimenta la polarización política y se enfrentan las versiones oficiales de las noticias con la información alternativa y teorías conspirativas. Desde Miami se desprende un bombardeo cotidiano de influencers y youtubers que fomentan la rabia contra el gobierno de Díaz-Canel. También la memoria histórica del país se vuelve objeto de discusiones encendidas entre bandos contrarios. De un lado, los medios oficialistas insisten en presentar la actual clase política como “la continuidad” del proceso revolucionario, por el otro lado, los opositores deslegitiman a la Revolución del ‘59 desterrando antiguos errores e injusticias cometidas en el afán de construir el sueño socialista. Más allá del extremismo alimentado por los algoritmos de las plataformas, en la mayoría de la población se va difundiendo un sentido de desilusión y apatía hacía los símbolos políticos. La fecha del 26 de Julio, a 70 años del asalto al cuartel Moncada, pasa totalmente desapercibida: los habitantes de Centro Habana prefieren acudir al estadio de béisbol donde los Industriales de la capital enfrentan a los rojos de Santiago. En el aniversario del cumpleaños de Fidel Castro, unas veinte personas se reúnen para conmemorar al comandante en jefe a una cuadra de la calle Galiano. Hoy en día, la “lucha” a la que se refieren los cubanos ya no es la batalla contra el imperialismo ni el compromiso internacionalista a favor de las revoluciones del tercer mundo, si no el esfuerzo cotidiano para traer suficientes proteínas en la mesa de casa.

No obstante, hay quien sigue creyendo que un cambio subversivo es posible sin desconocer la historia gloriosa del proceso revolucionario. Sergio es un profesor y un histórico militante del partido comunista, aunque su postura crítica frente a la sordera de los dirigentes lo ha alejado de las jerarquías de la organización. “A los veinte años tuve un cáncer” recuerda Sergio, “recibí todos los tratamientos y nunca me pidieron si tenía un seguro médico y no me cobraron ni un centavo”. Su historia es la de muchos cubanos y cubanas, pero también de miles de extranjeros salvados por las brigadas médicas internacionalistas o de quienes han venido a la isla para curarse, como los niños ucranianos que sobrevivieron al accidente de Chernobyl. Ahora que estos logros se están cuestionando se necesita formar a las nuevas generaciones sin paternalismo, dice Sergio, para que sepan sobrevivir a las condiciones de vida adversas, donde lo que antes era gratuito y universal ya no está alcanzando para toda la población. Por ello, el profesor se dedica a formar las organizaciones estudiantiles. Cuando estallaron los motines del 11 de julio, Sergio pedaleó hasta Centro Habana siguiendo la llamada del gobierno y de las organizaciones de trabajadores oficialistas para detener a los manifestantes. “Me paré en frente de la masa que bajaba por San Lazaro y les grité – ¡viva la revolución!”. Tuvo la suerte que el lanzamiento de objetos no le ocasionó daños y que los sujetos más agresivos fueron detenidos por los mismos opositores. Según Sergio, muchas de las personas fueron fomentadas a manifestarse y crear desórdenes desde el extranjero a través de las redes sociales. Sin embargo, reconoce que fue un error del gobierno el hecho de no escuchar la rabia legítima del pueblo y silenciar a las voces de la juventud. Hay que replantear la formación de los cuadros del partido, afirma Sergio, y dar más espacio a las nuevas generaciones para superar el dogmatismo, la deriva burocrática y el conservadurismo de la vieja clase dirigente.

Quienes se quedan
En un parque público entre San Lázaro y Malecón, una niña toca el violín y una pared amarillenta y destartalada le hace de escenografía. Su público son los vecinos del barrio sentados en las banquetas, un hombre demacrado que busca comida en el contenedor de la basura y las pequeñas olas que se infringen en las rocas del litoral. Su mamá la observa con atención corrigiendo y aplaudiendo cada paso de su ensayo. Los éxitos y fracasos del sueño revolucionario, las paradojas y las inalcanzables contradicciones de la sociedad cubana se reflejan en la vida cotidiana de Centro Habana. En las avenidas Infanta y Carlos III, en los callejones del Cayo Hueso, en el llamado Barrio Chino, en Los Sitios y en el paseo del Malecón los jóvenes comparten contenidos virtuales con todo el mundo, expresan sus identidades líquidas, miran las vitrinas de las Mipymes y ahorran dólares para poder migrar. Hay quienes recuerdan a familias enteras bajando de los solares con las balsas autoconstruidas para meterse al mar y quienes revocan la llegada de Fidel en el parque Trillo para calmar los tumultos de los años ‘90. Mientras tanto, aparece la pobreza extrema en las calles y aumenta la inseguridad en los barrios. La crisis financiera es también una transformación ideológica, las estudiantes abandonan las aulas de escuela para trabajar en los cafés o bares privados. Las propinas de los turistas son más llamativas que la carrera de medicina con los salarios estancados y sin poder adquisitivo. Las tabernas estatales se quedan vacías y las colas fuera de las bodegas se hacen más largas. “¿El último?” se ha vuelto el mantra que se repite llegando a formarse en el cajero, la panadería, la parada del transporte o la oficina pública. Quienes se van del País, se llevan el bagaje cultural de uno de los mejores sistemas educativos del mundo y una cultura extraordinaria fundada en los más grandes filósofos latinoamericanos y en los ideales de humanidad, justicia y solidaridad. No obstante, los new arrivals cubanos en Florida engrandecen el bacín electoral de la extrema derecha de Trump que sugiere más sanciones y las políticas de manos duras con Cuba. Por otro lado, el gobierno revolucionario es siempre más dependiente de las remesas de los que fueron tildados de “traidores” y “gusanos”. Desde el extranjero, hay quienes borran las contradicciones y reducen la crisis cubana al contexto geopolítico para defender una idea romántica de la revolución.


Muchos de los migrantes que han dejado la isla están, en vez, absorbidos en el vortex de la propaganda capitalista que quiere demonizar a Cuba para callar cualquier esperanza de justicia social y defienden la libertad de explotar a los más pobres. La mayoría de quienes han llegado a vivir en Centro Habana no tienen familiares en Estados Unidos que le garanticen el parole, ni apellidos españoles para solicitar la nacionalidad y tampoco suficientes ahorros para pagarse el viaje por Centroamérica. Hay, además, quienes se quedan porqué deciden quedarse: artistas, docentes, artesanos, personal médico, educadores, ingenieras, activistas ambientales y de la diversidad sexual, quienes se inventan cada día nuevos proyectos y formas de sobrevivir. Su amor hacía Cuba supera las facciones y los intereses geopolíticos, y su creatividad permite vislumbrar un futuro digno más allá de la tormenta. A ellos y ellas les toca la difícil tarea de resistir durante la catástrofe e imaginar un nuevo país en medio de las ruinas de sus sueños. La esperanza es que puedan hacerlo sin negociar la soberanía nacional sino rescatando su memoria histórica y el legado de los jóvenes valientes que soñaron una Cuba libre y más justa.
*Los nombres reales de los testimonios en este trabajo han sido cambiados para tutelar la privacidad de las personas.
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Il lato sudamericano delle proteste

Dietro la protesta degli agricoltori europei esistono trattative fra l’UE e il Mercosur. A che punto è l’accordo? Perché si fa tanta fatica a trovarlo e come può influenzare le trattative nel vecchio continente? Lo chiediamo al professore di Economia dell’integrazione Europea Gabriele Orcalli. Concludiamo la puntata con un ricordo degli Inti Illimani che continuano con i tour. Il pretesto è la pubblicazione del libro “Sulle corde del tempo”. Ne parliamo col suo coautore l’antropologo Federico Bonadonna
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A Toni, que nos ensinou a procurar a aurora dentro do crepúsculo

Uma lembrança de Toni Negri
Por Gigi Roggero, em PassaPalavra
Traduzido do original italiano por Alessandro Peregalli

Temo
que as marchasao mausoléu
com o estatuto
de reverências
não inundem
com o doce fel
a simplicidade
de Lenin.
Temo por ele
como menina dos olhos,
para que não
seja
caluniado pela beleza.Vladimir Maiakovsky, Vladimir Ilich Lenin (1924)
Era o início do novo milênio. O milênio que se abriu com a globalização em seus lábios e a crise em seu ventre. O milênio inaugurado, em novembro de 1999, pela manifestação em Seattle: era um novo ciclo de movimento global que veio a perturbar o sono daqueles que pensavam ter vencido definitivamente a luta de classes e fechado as contas com a história, tudo menos do que o millennium bug. Naquela conjuntura, Toni Negri e Michael Hardt formularam a hipótese da formação do império: não mais o imperialismo dos estados-nação, mas uma nova ordem mundial sem centro, na qual se misturam poderes democráticos, monárquicos e aristocráticos. E formularam a hipótese, antes de tudo, da formação do sujeito que resiste e se opõe a essa ordem, a multidão que parece preencher as praças do movimento anti-globalização.
«Então, o que você vai fazer agora, professor Negri, voltará a fazer a revolução?». Quem assim falava com rancor mal disfarçado era um jornalista de esquerda, apresentador de um programa para o qual Toni havia sido convidado, em um momento em que ele estava terminando sua pena de semiliberdade. Do outro lado, se alçou aquela risada, famosa e inesquecível para qualquer pessoa que tenha tido o prazer ou o medo de ouvi-la. «Mas eu já a estou fazendo». Fim da transmissão.
Pois bem, este é Toni. A encarnação, uma das mais extraordinárias da era pós-Segunda Guerra Mundial, do desejo de revolução. Vamos dizer mais, e depois vamos deixar claro: Toni era uma figura obcecada. Falamos de obsessão não em termos de julgamento de valor ou de diagnóstico patológico, como a indústria dos cuidados quer que seja. Falamos dela em termos sintomáticos: obsessão como um sintoma do desejo. O olhar conservador de Soljenítsin havia captado isso em uma obra pouco conhecida e, talvez por isso mesmo, de grande importância: Lênin em Zurique imagina um líder bolchevique que não pensa em mais nada, pronto para fazer qualquer coisa para voltar a Petrogrado. Porque é lá que um revolucionário deve estar, porque lá existe uma tendência possível, minoritária, cujo desenvolvimento depende de forças subjetivas. Virtù e fortuna, dizia Maquiavel. E muita sorte, acrescentou Mario Dalmaviva. Pois bem, a verdade é esta: um revolucionário é uma figura obcecada, e ele é obcecado porque é movido pela potência do desejo. Em suma, não existe revolucionário sem desejo de revolução. Essa é a primeira lição que aprendemos com Lênin, com Toni e com todos aqueles que não apenas não aceitam o atual estado de coisas, mas que se propõem a mandar ele cabeça abaixo.

A revolução, explicou nosso maestro, não como um evento salvífico, catártico ou palingenético. A revolução como uma forma de vida. Essas não são apenas frases bonitas, é a dura e difícil realidade. Uma forma de vida contraditória e problemática, sempre inquieta e nunca calma. Anna nos contou sobre isso em sua bela autobiografia familiar que têm um título igualmente maravilhoso: Con un piede impigliato nella Storia [Com um pé enredado na história]. Parafraseando novamente uma frase bem conhecida, aquele que espera por um revolucionário puro e sem contradições nunca o encontrará, e estará condenado a não entender o que significa revolução como forma de vida.
Além disso, há um aspecto de sua biografia que é muito pouco lembrado: com pouco mais de trinta anos de idade, Toni era o mais jovem professor titular italiano, lecionando a disciplina de Doutrina do Estado na prestigiosa Universidade de Pádua. Ele poderia ter tido uma vida serena e satisfatória como um grande intelectual, estimado e reconhecido por todos. Ou quiçá poderia ter sido um intelectual comprometido, mantendo suas opiniões separadas de suas ações. Ou ainda, poderia ter sido um intelectual orgânico, obediente às exigências inquestionáveis de um partido-fetiche. E, por que não, ele poderia ter sido um intelectual ativista, uma forma homeopática da militância sem riscos que se difundiu nas décadas seguintes, escolhida por professores que se posicionam em relação a todas as injustiças do mundo, desde que estejam longe de sua própria zona de conforto acadêmico. Mas não, essa não era sua forma de vida. Ele apostou no desejo. Ele apostou tudo o que tinha e o que poderia ter. E no mundo feudal da universidade, habitado por barões trombonescos e servos pusilânimes, foi isso que nunca lhe perdoaram. E assim eles decretaram, para o meio século seguinte, o banimento da inteligência da academia. Essa sentença foi a continuação do inquérito 7 de abril [de 1979, a operação judicial que acusou o movimento da Autonomia de colusão na luta armada] por outros meios, e às vezes pelos mesmos meios.
Não vamos relatar aqui o que Toni fez, seria uma tarefa presunçosa e, além disso, sem sentido. O que poderíamos dizer em poucas linhas, de fato, aqueles que lerem este texto já sabem. Tampouco queremos desenhar um ícone sem manchas e sem claro-escuro, deixamos de bom grado essa gratificação para os inúmeros bajuladores profissionais, que ontem como hoje certamente não faltam. Seu problema, do nosso ponto de vista, não é que ele tenha visto o que não estava lá, como tantas vezes lhe foi imputado por tolos — ou filisteus, como se dizia antigamente. O problema é que ele frequentemente via o que não podia estar lá. Ou, para colocar em termos familiares àqueles que vêm da tradição do operaísmo, ele confundiu a composição técnica com a composição imediatamente política, ou o desenvolvimento do capital com o desenvolvimento do sujeito antagônico. Ou, ainda, pensou que o brilho da inteligência individual poderia, em certos momentos, dispensar o cansaço dos processos coletivos. Tudo isso faz parte de uma discussão aberta: não sobre o que foi, mas sobre o que pode ser.
O ponto a ser enfatizado aqui, no entanto, é outro: o que impulsionou Toni, em suas limitações e não apenas em seus acertos, foi sempre, precisamente, o desejo de revolução, a necessidade de sempre tentar avançar. Não tanto no entusiasmo dos períodos de alta dos movimentos. Forçar, antes de tudo, nas fases de refluxo, de derrota, de fragmentação. Esse foi o caso nas décadas de 1980 e 1990, em meio à contrarrevolução capitalista. Será necessário debater em outro lugar a substância desses impulsos. Aqui, digamos apenas que, na escuridão, eles tiveram a força de apontar para a luz, de lutar contra a resignação e as desistências depressivas, de tentar dar a reviravolta à perspectiva. Fazendo isso, sempre, com um pensamento divisivo. Sim, divisivo, vamos usar especificamente a expressão que desperta tanto horror entre os sinistros democráticos de hoje [em italiano, sinistri, ou seja ao mesmo tempo “sinistros” e “de esquerda”]. Porque o pensamento político é sempre divisivo, ou seja, ele divide um lado do outro, o amigo do inimigo. Quando todo mundo fala bem de alguém, isso significa que esse alguém não tem a capacidade de expressar um pensamento político, ou um pensamento sequer. Porque esse «todo mundo» é uma abstração do universalismo moderno, isto é, capitalista. E se hoje Toni ainda consegue dividir, isso significa que ele fez tudo o que um revolucionário deve fazer.
Aqueles que o conheceram, bem como o leram e estudaram, sabem que ele era alheio a qualquer nostalgia, uma paixão triste pela qual sentia uma natural repulsa, mesmo à custa de flertar com o progresso capitalista. Foi exatamente essa atitude, impulsionada por uma curiosidade insaciável, que o tornou particularmente atento aos jovens. Ele os encarava como iguais, não por uma humildade mal compreendida (que palavra feia), mas porque sabia que a relação entre «mestre» e «aluno» é sempre maiêutica, na qual os papéis de quem ensina e de quem aprende são constantemente trocados, nutrindo-se mutuamente. Nessa relação, ele nunca deu nada por garantido: como as grandes figuras de nossa tradição operaísta (Mario [Tronti], Romano [Alquati] e todos os outros), ele continuamente te forçava a pensar de forma autônoma, a sair do roteiro, ao custo de arrancar o chão debaixo de teus pés a cada passo. Assim, naquele elogio nietzschiano da ausência de memória, não havia uma remoção do passado, mas uma contínua reabertura revolucionária da história.
Em resumo, caro Toni. Nesta época de mediocridade cinzenta, em que os que dominam são os maestri cattivi [maus professores], como precisamos de uma nova geração de cattivi maestri. Aqueles que nos ensinam a sempre procurar a aurora dentro do crepúsculo.
As obras que ilustram o artigo são fotografias de Robert Rauschenberg (1925-2008).
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El Xingón, la Xingona, Mr. G: el delirio de San Valentín


El Xingón y la Xingona no siempre han de quererse, pero al cabo encajan bien, como chocolate amargo con deslactosada.
A la mera hora llegan al restaurán para electrizar la tertulia de intercampaña y catear gelatinas españolas. La comunidad expatriada les espera suspirante, pero de inmediato el público se hunde en la espiral de un choque anafiláctico colectivo. La contingencia no frena la emisión del show.
Madrid es el refugio del forajido X, mártir redivivo de la democracia y la libertad, y es el escaparate de la X, apoteosis de lo equis en general. Vaya que se entienden. En el amoroso escenario de un sangriento San Valentín se cementan las queridas amistades.
El padre de la narcoguerra predica soluciones desde el púlpito de las desgracias que auspició. Se pinta la cara de rosa para hablar de las próximas marchas en las calles mexicanas a las que nunca irá.
La visitante lo acoge. Luce su alianza. Amarra su destino al corazón de las tinieblas. Después de un rocambolesco mini tour por los States, buscando la anuencia de agencias y momias injerencistas, ha cruzado el charco para tratar de encontrar a varios personajes del lado oscuro.
Aunque la mayoría la hayan bypaseado brutalmente, la protagonista fallida de Los hijos de Sánchez 20.24 consigue la bendición ibérica, urbi et orbi, del Xingón azul y anuncia el advenimiento de la Santa Seguridad, igual de chingona.
Frente al ímpetu de un voluble huracán tabasqueño y la avanzada guinda de la doctora S., desde la Castilla profunda vuelve a la vida una dupla zombi, librando la batalla de los no-muertos que, para resucitar, deben nutrirse de cerebros anestesiados, posar ante las cámaras y amorbar al Twitter, alias Equis, con incansables disparos de fake news.
Después de la degustación de sesos y gelatinas, ya en camino a la evacuación, decretan un empático pit stop. El doble acceso al sanitario les hace de escenario. Sacan selfies de oro, de paseo al aseo.
Clic. “Postea tú, mi Xingona”, suplica él. Reclic. “¡Ay no! Cuelga tú primero, campeador”, remata ella antes del momento fecal.
Bum. Sale a la red la imagen viralizada de los dos, que te sonríen y te ven la cara. Abres la foto. El contagio visual te vampiriza día y noche. Tu pasajero oculto se revuelca en su tumba.
Punch. Miras la pantalla y es el retrato de Dorian Gray 2.0. Un JPEG con mutación paranormal. Lees los comentarios de los fans que, hablando del Xingón, todavía claman nostálgicamente: “Mi presidente”. Y para la Xingona hay pandillas de followers que vaticinan: “La próxima presidenta”. Su sentencia suena como mal de ojo. El mood se hace gótico.
Ring. Y es así como reaparece entre tus recuerdos sepultados el flash mental de la larga noche calderonista, los spots terroríficos en la radio y la vieja TV, el capitalismo gore genéticamente modificado. La memoria te trajina a la serie de “El Equipo” (por García Luna Productions), a la simulación cínica, al salvajismo minero y a los montajes de Loret como cifra de una época, un loop distópico que marea. El escalofrío recorre tu espinazo, te congelas como en Zoom, como en el peor nivel de Doom en los noventa. Es parálisis antes del epílogo.
Lado B. Por allá muy lejos, del otro lado, en su hora libre de Internet, se conecta el padrino Mr. G a mirar la foto de su compadre y su comadre X. Al otrora zar de la (in)seguridad de México, hoy preso en Nueva York, se le sale una carcajada maléfica que hackea el silencio de la mazmorra. De repente aplana un alacrán mezcalero con la base de su mouse inalámbrico. El veneno salpica el screen shot en pantalla y mancha la camisa de su viejo presidente.
Break point. Fuera de su celda se yergue la silueta de un típico guarura yanqui de 220 libras. Es un agente de la DEA que cumple una única orden, bizarra pero contundente. Al parecer, el mandato imperativo bajó de Madrid, pasó por Arlington, Virginia, donde está el cuartel general de la Drug Enforcement Administration, y aterrizó en el penitenciario federal de Brooklyn. El guardia debe vigilar al expolicía 24/7. Lo instaron a que no hablara más, con nadie más. Su caso ya no va a escalar, sus antiguos jefes negociaron la impunidad. Transexenal, ida y vuelta, desde los ochenta a los dos miles.
Mejor y la DEA se dedique al flamante dossier del #narcopresidente, electoralmente más prometedor desde donde se le vea, en las dos orillas del Río Bravo. Carne en descomposición, cultivada en laboratorio y vendida como fresca para el hit carroñero.
Al agente le brinca el ojo por esa risa noir del reo, no comprende las razones de su insólito espasmo de alegría.
Piensa que quizás sea la ansiedad, o la cosquilla de ciertos memes virulentos. O no, será la visión de los letreros chistositos que campean sobre las puertas de los baños en la foto madrileña de X. O algo más.
El energúmeno voltea, gruñe y lo escrudiña, pero calla. Ni se atreve a preguntar. Mr. G estira el cuello y los metacarpos con modales taurinos.
Crac. Un trueno siniestro de huesos torcidos rompe de nuevo la monotonía del corredor eterno en el brazo de la muerte.
Black out. La cárcel neoyorquina es un cementerio de oscuridad cruenta. El vigilante de la DEA yace tieso en el piso helado, ya cumple su orden desde el más allá. No se atrevió a preguntar, pero antes del último aliento alcanzó a escuchar un susurro diabólico en español: “Cuando el tecolote canta, el gringo se muere”. Sobre todo, en San Valentín.
Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo.Mx
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Salvatierra, el lugar de la memoria y del silencio


El pasado martes 6 de febrero en el Aula Magna de la Universidad Iberoamericana León se estrenó el corto documental “El Lugar de la Memoria. Retorno a Salvatierra”, producto del esfuerzo del colectivo de búsqueda de personas guanajuatense Ángeles de Pie por Ti y de la propia Ibero León, con el acompañamiento de la organización Serapaz A.C. y el Sitio de Memoria Circular de Morelia.
El tráiler del filme contiene una cita del filósofo alemán Walter Benjamín: “La memoria abre expedientes que el derecho y la historia dan por cancelados”.
Efectivamente, esta obra atiza emociones e interpretaciones a partir de un trabajo de memoria que se ha ido colectivizando y socializando, abriendo nuevos expedientes que no se cancelan. El derecho y la historia oficiales en Guanajuato han pretendido en varias ocasiones silenciar o banalizar el alcance y consecuencias de la violencia en el estado, así como la crisis de las desapariciones y de las fosas ilegales que, en muchos casos, fueron encontradas por las y los familiares de las personas desaparecidas en predios y casas que funcionaron impunemente durante años como campos de exterminio.
Es el caso del terreno en Rancho Nuevo-Barrio de San Juan, en las orillas del Río Lerma, ubicado frente al ecoparque El Sabinal de Salvatierra. Allí, en 2020, fueron encontrados los restos de 80 personas sepultadas clandestinamente en 65 excavaciones, mientras que la fiscalía estatal sostenía que no había fosas o inhumaciones de este tipo en la entidad y, a la par, crecía en más de seis veces la cifra de personas desaparecidas: eran 621 al 30 de abril de 2018 y hoy son 4,021, según datos de la propia fiscalía y de la Comisión Nacional de Búsqueda.
Retomo partes del comunicado que, en el mismo día de la proyección, Ángeles de Pie por Ti circuló entre medios de comunicación y autoridades, ya que recoge el sentido de su propia historia como agrupación y merece la más amplia difusión.
Anticipo que, desde abril de 2023, cuando asumió el cargo, el titular de la Secretaría de Gobierno de Guanajuato, Jesús Oviedo ha dado largas a las solicitudes del colectivo para poder avanzar en la construcción de un sitio de memoria, un jardín de la paz para la no repetición, en el lugar en donde fueron privadas de la vida y ocultadas tantas personas. El dominio del silencio institucional ha sido casi absoluto, y solo ha sido interrumpido a través de efímeros destellos de comunicaciones inconcluyentes. Ya hay un proyecto, una maqueta, un canal de comunicación con autoridades federales, pero las declaraciones y los actos del presidente municipal y del gobierno estatal no han hecho otra cosa que prolongar la espera de las familias. Algo incomprensible, dada la colaboración y el diálogo ofrecidos por todos los interlocutores de la sociedad civil a lo largo de estos años.
El documental trata de abonar a la sensibilización de la sociedad y de las instituciones para con Salvatierra, para que ya no vuelva a estar en la cartografía de la violencia guanajuatense y, citando el propio comunicado, “nos muestra un camino de unión desde el dolor, de memoria para un presente digno, de reconstrucción desde las cenizas y la tierra”.
El mensaje del colectivo, “Contra la violencia y el olvido, un sitio de memoria y dignidad para Salvatierra y Guanajuato”, así lo explica:
“El colectivo Ángeles de Pie por Ti une a decenas de familias de Salvatierra y de la región. Desde 2020 las familias han solicitado a las autoridades de todos los niveles ejercer su derecho a la memoria, pidiendo reconvertir el predio en el que se localizaron a sus familiares en un sitio de memoria que contenga un jardín y un memorial que dignifiqie a las víctimas y recuerde a la sociedad que muchas familias buscan a las personas desaparecidas y poderlas regresar a sus núcleos familiares. El hallazgo de Salvatierra fue un parteaguas en la historia de Guanajuato. Mostró que había impunidad, desapariciones y fosas clandestinas que no habían sido reconocidas oficialmente en la entidad. Lamentablemente, las masacres, desapariciones y homicidios no han parado en la ciudad desde entonces y las buscadoras organizadas han mantenido una lucha contra el olvido poniendo en riesgo su integridad física. Sociedad y autoridades deberían compartir con solidaridad esta lucha cotidiana”.
Sin embargo, a menudo prevalecen la indiferencia del entorno social, anestesiado por discursos que normalizan o justifican la violencia, junto con las visiones legalistas y reduccionistas del derecho. La concepción del principio pro persona, “para que sí se hagan las cosas” y se amplíen los derechos concretos y vividos de la gente, es subsumido en un derecho conservador, el del “para que no”, el que obstaculiza los proyectos reparadores y limita de facto los derechos humanos. Prevalece la historia oficial de ocultamientos y negaciones, en lugar de la historia ejemplar, la que se narra para aprehender el presente y moldear un futuro común distinto. Concluye el comunicado con un sesgo de esperanza dialogante:
“Las instituciones tienen la oportunidad de mostrarse a la altura y plantear una ruta clara, pues son interpeladas para atender sin simulaciones las demandas legítimas del colectivo: un lugar para la memoria, la justicia, la dignificación de las víctimas, la no repetición y la continuación de la búsqueda de quienes nos siguen faltando. Ejercer la memoria es un derecho. La construcción de sitios de memoria es también un camino de construcción de paz”.
Qué así sea. Guanajuato y Salvatierra también quedan en silencio, ante la oquedad de las fosas, en espera de su respuesta.
Por Fabrizio Lorusso desde Sin Embargo MX

Fabrizio Lorusso
Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana León sobre temas de violencia, desaparición de personas y memoria en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Maestro y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Colaborador de medios italianos y mexicanos. Integra la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, proyecto para el fortalecimiento colectivo de las víctimas.
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Valinferno

In Cile ci sono stati degli incendi a Valparaiso che hanno lasciato più di 130 morti nonché molti sospetti sulla loro possibile causa dolosa. Intanto il paese viene sorpreso dalla morte del suo ex presidente Sebastián Piñera in un incidente di elicottero. Un buon motivo per ricordare la sua figura di repressore della piazza del 2019. Di tutto questo se ne occupa da Valparaiso la documentarista Alessandra Cristina. Poi prendiamo l’areo e scendiamo a El Salvador per parlare della consolidazione del potere di Nair Bukele dopo le elezioni, senza che queste vengano accompagnate da cifre ufficiali, indebolendo in questo modo la democrazia nel paese mesoamericano. Al microfono il giornalista esperto Fabio Bozzato. (foto El comercio di Perù)
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Una legge senza legge

Il governo di Javier Milei pretende di portare avanti una legge assai contestata. Di cosa si tratta lo racconta per noi, da Buenos Aires, Paolo Galassi giornalista e ricercatore universitario. Poi dedichiamo una pagina al tango e alla prossima esibizione a Padova del cantante Carlos Abiague. Concludiamo la puntata parlando dei diritti umani in Ecuador dopo l’alzata di scudi del governo Daniel Noboa. Al microfono Tamara Moncada, membro della Mesa Nacional de Víctimas.
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Desapariciones y acción colectiva en Brasil y México


Comparto aquí algunas reflexiones a partir de una estancia académica y de un viaje que pude realizar en noviembre y diciembre pasados en los estados de Piauí, de Ceará y de San Pablo, Brasil. En el país sudamericano la desaparición de personas es una problemática mucho menos visible que en México, tanto en la academia como en el medio político y en la sociedad en general. Considero que lo anterior se debe principalmente a la distinta trayectoria de los colectivos de víctimas y de los movimientos sociales. Más específicamente, a cómo estos grupos se han articulado a nivel nacional, construyendo narrativas y marcos de sentido sobre las violencias, los agravios y las desapariciones que, en ambos países, ya son fenómenos estructurales. La acción colectiva de las familias y de la sociedad, así como el posicionamiento político y mediático de un problema tan complejo, han creado distintos marcos de sentido.
En México muchas mujeres buscadoras han pasado de concebirse como “víctimas” a ser defensoras de derechos humanos y luchadoras sociales. Cada vez más personas solidarias, periodistas, universidades y organizaciones se fueron especializando para producir conocimientos y acompañamientos centrados en las necesidades de los colectivos. La respuesta social ha sido lenta e incompleta, pero fue creciendo paulatinamente gracias a la multiplicación y la unión de los esfuerzos. Las oleadas de protesta y los gritos de indignación en el contexto neoliberal, a partir por lo menos de la insurrección neozapatista de 1994 en adelante, fueron tejiendo redes y sumando experiencias.
En 2011 el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad empoderó a las víctimas, dio un rostro humano a las anónimas cifras de la tragedia nacional, y visibilizó una profunda crisis de derechos humanos. En 2014 Ayotzinapa marcó un parteaguas en la historia reciente y el movimiento de los y las buscadoras destapó la crisis forense y la gravedad de las desapariciones en todo el país: Los Otros Desaparecidos de Iguala, el colectivo Solecito en Veracruz y las Rastreadoras de El Fuerte en Sinaloa organizaron brigadas masivas día tras día, encontrando a más personas, cuerpos, sitios de exterminio y dramáticas verdades que las autoridades. Con todo, al día de hoy falta mucho para romper la indiferencia social y los prejuicios, así como las indolencias o las complicidades institucionales para con las desapariciones. Nos siguen faltando más de 114mil personas y, lamentablemente, la impunidad persistente anuncia la repetición de un círculo vicioso.
En Brasil, la movilización en torno a la desaparición ha sucedido en algunos casos y contextos, sin embargo, en general el tema está casi ausente del espacio público. No hay como tal un movimiento nacional de colectivos o brigadas de búsqueda que marquen la agenda política en los estados o fuercen a las autoridades a la rendición de cuentas en esta materia. Las respuestas contra los agravios sistémicos se reúnen alrededor de otros discursos y denuncias: se construyó una fuerte proyección en la arena pública de las luchas antirracistas y de defensa socioambiental, feministas, de la diversidad sexual y de género, además de las históricas de los sin tierra y sin techo.
En Brasil, el Comité Internacional de la Cruz Roja y algunas organizaciones de familiares, especialmente en San Pablo, entidad que concentra más de un cuarto de los casos recientes de desapariciones, se mantienen activas para la denuncia, el acompañamiento y la memoria, pero sus alcances son locales y enfocados.
No se ha registrado en tiempos recientes una oleada de movilizaciones de parte de las víctimas ni un movimiento nacional por las y los desaparecidos, como sucedió en el México de las presidencias de Calderón y Peña Nieto, en el contexto de la escalada de la violencia y de la mal llamada “guerra a las drogas” (o “al narco”).
Colombia anticipó de alguna manera el caso mexicano, ya que desde finales del siglo experimentó una grave crisis de los derechos humanos, junto con la superposición de la represión estatal, la insurgencia armada, el narcotráfico y la paramilitarización del conflicto. En cambio, en Brasil, el problema no acaba de enmarcarse en términos políticos, a excepción de los casos de la época de la dictadura (1964-1985) que, sin embargo, son considerados tendencialmente más como un problema histórico que como un puente entre pasado y presente o como un gozne que dé sentido a las ausencias forzadas de hoy a partir del esclarecimiento de las vejaciones del ayer.
¿Cuáles son los datos? En Brasil, como en México, hay una serie de problemas con los registros oficiales, pero me atrevo al ejercicio comparativo con lo que mejor se aproxime a esta realidad.
Durante 2022 en Brasil hubo 74,061 registros por la desaparición de personas, un promedio de 203 cada día. Cerca del 54% de estas fueron localizadas. En México en 2022, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, hubo 23,131 desapariciones, y casi el 61% fueron localizadas. Brasil tuvo 200,577 reportes oficiales (que llaman “boletines”) de personas desaparecidas entre 2019 y 2021, y de estas fueron localizadas 112,246, es decir, el 56%. Entonces, siguen siendo decenas de miles las personas con paradero desconocido y que no son buscadas por las autoridades, pues en muchos casos no hay una prescripción legal tajante para su búsqueda y localización.
El país sudamericano tiene unos 214 millones de habitantes, mientras que México tiene 126 millones, así que, tanto en términos absolutos como en porcentaje sobre su población, en Brasil hay muchas más personas que desaparecen y una tasa de localización bastante inferior. Esto según el Fórum Brasileiro de Segurança Pública, ONG especializada en temas de seguridad. Además, según datos oficiales difundidos por la organización Desaparecidos do Brasil, cerca de 50mil niños, niñas y adolescentes desaparecen cada año en el país.
De hecho, los primeros movimientos ante esta situación, desde la década de 1990, giraron en torno a la desaparición de niños y niñas: en 1992, surgió el Movimiento Nacional en Defensa de los Niños Desaparecidos (Cridespar) en Paraná. Hasta 2005, una ley federal ordenó a las autoridades policiales registrarles y buscarles inmediatamente, sin esperar 24 o 48 horas para iniciar la búsqueda. No obstante, hay poca discusión en la legislación sobre otros tipos de desaparición, incluida la desaparición forzada, pues el concepto de desaparecido no existió en la legislación brasileña sino hasta 2019, cuando fue aprobada la Ley de Política Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, en la que, como está previsto en México, una persona desaparecida es “todo ser humano cuyo paradero se desconoce, independientemente de la causa de su desaparición, hasta que se haya confirmado su recuperación e identificación por medios físicos o científicos”.
En Brasil, la desaparición como tal no es considerada un delito penal, no genera necesariamente una investigación ni una atención prioritaria de la policía, la cual tiende a estigmatizar a las víctimas y desatenderlas, además de que no hay un protocolo de investigación, salvo para los casos de niños y niñas desaparecidas. En cambio, en México la inclusión de la presunción legal del delito de desaparición forzada o por particulares ha sido un logro del movimiento de familiares, incorporado en la correspondiente Ley General (artículo 89).
Las causas de las desapariciones o de las localizaciones rara vez son consignadas y mapeadas en los registros oficiales, tanto en México como en Brasil. Allá hubo 203 desapariciones por día en 2022, por diversas cuestiones: ruptura de lazos con familiares y amigos por voluntad propia, víctimas de accidentes o desastres naturales, problemas de salud mental, víctimas de secuestros por particulares, crimen organizado o de agentes del Estado. Es común, como en México, que la policía o el ministerio público aduzcan homicidio, encarcelamiento, o narcotráfico para explicar la desaparición de hombres y, para las mujeres, el involucramiento en la prostitución o una “fuga” con la pareja. Es decir, “en algo andaban” o “se fue con el novio”, frases que no son pistas de nada, ni abonan a la verdad y a la justicia, al contrario, normalizan la violencia y estigmatizan a las familias de las y los desaparecidos.
En la realidad brasileña, “no tener un procedimiento inicial recomendado para las investigaciones de personas desaparecidas es un problema que se alimenta de la falta de parametrización en cuanto al tipo de desaparición. El hecho de no conocer el tipo de desaparición dificulta establecer un perfil de las víctimas. En el trienio 2019-2021, de los más de 300.000 registros analizados, el 62,8% de los desaparecidos son hombres, el 29,3% son jóvenes de entre 12 y 17 años y el 54,3% son negros. La tasa media de adolescentes desaparecidos, 84,4%, es casi tres veces superior a la media nacional, 29,5%”, escribe Talita Nascimento, de la organización Fórum Brasileño de Seguridad Pública. Esto impide la elaboración de políticas públicas focalizadas y favorece la reducción del fenómeno o la búsqueda a una serie “procesos administrativos”.
México cuenta con un andamiaje legal e institucional más articulado y desarrollado, pese a sus carencias en la práctica, al crecimiento constante de las desapariciones y a la persistencia de graves violaciones a derechos humanos. La respuesta social que ha impulsado marcos legales, memoria y resistencias civiles se ha basado en una lucha histórica de más de medio siglo, en la politización proactiva del tema y en la acción colectiva contra la violencia para visibilizar y denunciar la crisis, el papel del Estado y de las redes criminales en las desapariciones.
Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo
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Nos falta Lorenza (y cuatro mil más) en Guanajuato


La noche del lunes 15 de enero, Lorenza Cano Flores, de 55 años, fue sacada a la fuerza de su domicilio en la colonia El Cerrito de Salamanca, Guanajuato, y desaparecida por un grupo armado. La banda también asesinó a su esposo, Miguel, y a su hijo, Miguel Ángel, quienes trabajaban en Estados Unidos y estaban en México de visita. Vecinos y vecinas escucharon los balazos, llamaron los servicios funerarios, pero la búsqueda de Lorenza tardó en activarse y las primeras alertas publicadas en redes sociales fueron de los colectivos de familiares y de organizaciones civiles.
Lore, como le dicen con cariño sus familiares y compañeras del colectivo, busca a su hermano, José Francisco, desaparecido el 17 de agosto de 2018, y desde sus inicios forma parte del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, el cual nació en noviembre del 2020 y hoy reúne a más de doscientas familias, víctimas de la violencia imperante en el estado.
Ya desde la semana pasada, Laura, la hija de Lore, se encuentra evidentemente en situación de riesgo y ha solicitado protección, sin embargo, no la ha recibido. Tampoco otras integrantes o la vocera del colectivo.
Lorenza no podía salir a campo por un problema en su pierna, pero siempre ha apoyado a sus compañeras con comida, iniciativas de recaudación de fondos y en las reuniones de trabajo con autoridades. Tiene una tienda de abarrotes y, según la representante del colectivo, Alma Lilia Martínez, quien busca a su hijo Daryl, desaparecido el 1 de mayo de 2018, los comercios y la población de la zona han estado bajo el yugo de la extorsión y la presencia de grupos armados. Por otro lado, las y los familiares de personas desaparecidas, independientes o pertenecientes a colectivos y brigadas, deben sortear sus actividades cotidianas y las búsquedas en entornos sumamente peligrosos, permanentemente bajo acecho, y, particularmente en el caso de las mujeres, se vuelven blancos con mayor exposición, inclusive cuando mantienen un perfil discreto y tratan de prevenirse.
Esta situación – claro está para quienes vivimos en Guanajuato – no es nada nueva, al contrario, los barrios y las rancherías de León, de los pueblos del Rincón, del corredor industrial, de las regiones centro y sur son escenario endémico de desaparición y desplazamiento de población, ocupación y disputa armada entre grupos ilegales y paralegales, “cárteles” paramilitarizados, policías preventivas y “tropas regulares” de Sedena y Guardia Nacional.
El narcotráfico, el narcomenudeo y el robo de combustible, con sus altibajos, han representado los negocios más importantes de redes macrocriminales regionales que, bajo tolerancia, autorización o franca colaboración de las autoridades, han podido ampliar sus giros para incluir el secuestro y la extorsión, la trata de personas y el reclutamiento forzado, el procesamiento de drogas sintéticas y los esquemas de préstamo “gota a gota”, entre otros.
La gobernanza criminal en varios municipios es un hecho innegable a estas alturas: sólo por mencionar un par de ejemplos, las policías locales de Romita en 2023 y de Juventino Rosas en 2021 fueron disueltas por infiltración del crimen organizado, las secretarías de seguridad pública y los ministerios públicos estaban coludidos. En aquellas ciudades, entonces, todos los casos de desaparición deberían considerarse de cajón como desapariciones forzadas, sistemáticas y generalizadas. Por otra parte, Guanajuato encabeza la lista de los estados más letales para las y los policías, ya que el año pasado fueron asesinados 60, sobre un total nacional de 412.
Para las desapariciones forzadas se han activado en la entidad varios procedimientos de Acción Urgente ante el Comité de Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas, el cual esta semana ha otorgado esta medida para el caso de Lorenza, solicitando al Estado mexicano que, en un plazo de dos semanas, informe sobre los avances de la investigación, establezca urgentemente una estrategia integral, un plan y cronograma de búsqueda, identifique a los perpetradores y garantice la participación de la familia.
Un análisis inmediato del contexto guanajuatense, que considere tan sólo los últimos dos meses y fuentes de prensa, arrojaría un diagnóstico implacable de desamparo general, en donde la alta percepción de inseguridad sí se corresponde con la realidad. Al contexto descompuesto se le opone un movimiento social de colectivas, en gran parte formadas por mujeres, que trabajan la búsqueda literalmente desde las raíces, la tierra y las calles.
Ir más allá de “los puntos” y de los eventos singulares implica reconocer que el asesinato de cinco estudiantes de medicina en Villagrán el 3 de diciembre, la masacre de once personas en Salvatierra el 17 de diciembre, el ataque en una barbería de Salamanca que dejó cuatro víctimas aquel mismo día o los bloqueos y quemas de autos en Celaya del 7 de enero, son partes de una misma trama. Este continuum de violencias es cotidiano y lamentablemente se ha normalizado. Tantas atrocidades se han vuelto eventos seriales, pero las notas periodísticas respectivas sólo de vez en cuando alcanzan difusión nacional e internacional.
En Guanajuato, la desaparición de personas, las masacres y los hallazgos de más de 400 fosas clandestinas y sitios de exterminio en la gran mayoría de los 46 municipios configuran la “nueva normalidad” de la persistente epidemia de violencia en la entidad.
El lunes siguiente a la desaparición de Lorenza, el 22 de enero, la Fiscalía General del Estado anunció la detención de dos presuntos responsables, José Adrián y José Iván “N”, aunque todavía se desconoce el paradero de la buscadora. A reservas de que se revelen más detalles, la explicación de la Fiscalía con base en los primeros elementos de la investigación parece débil, al sostener que los imputados llegaron al domicilio de las víctimas buscando a un hombre y, como no lo encontraron, decidieron matar a los dos que se estaban allí y llevarse a Lorenza Cano, presumiblemente rumbo al municipio de Villagrán.
Independientemente de la investigación ministerial, las familias y los colectivos en Guanajuato están pidiendo tres cosas: dar con el paradero de Lorenza lo más pronto posible, que no haya carpetazo y que las personas buscadoras no sigan viviendo amenazadas y puedan desarrollar su labor humanitaria en paz.
Esta petición de protección y seguridad debe traducirse en prevención, en mayor coordinación entre niveles de Gobierno, apoyo psicológico, económico y tecnológico, atención integral y un sistema de refugios seguros para las personas buscadoras. Su llamado se repite y se repite desde hace cuatro años en la voz de agrupaciones estatales y regionales como, por ejemplo, la Unión Regional de Búsqueda del Bajío. Igualmente, se pide el reconocimiento pleno de su papel como defensoras de derechos humanos.
Sin embargo, las plegarías y las protestas no han generado respuestas institucionales eficaces, pues, en cambio, en muchas ocasiones se les ha negado protección, resguardo, derechos y una pronta intervención. El propio Gobierno municipal de Salamanca, presidido por César Prieto, así como muchos otros en la entidad, ha recibido múltiples señalamientos por escatimar esfuerzos y retrasar apoyos a las búsquedas, a la atención a víctimas y a la protección en campo, así como por el carente funcionamiento de las células o grupos municipales de búsqueda. Si bien en varios casos fueron activados los mecanismos federales y los de la Fiscalía estatal, incluyendo la reubicación temporal de las familias, no ha sido posible detener ataques, amenazas y, más en general, la violencia criminal.
La Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato ha documentado el desplazamiento forzado de al menos 14 familias en el estado y, aunque se han dado a conocer públicamente cinco casos de asesinatos contra personas buscadoras guanajuatenses desde 2020, igualmente reportados por la Plataforma, ha habido por lo menos otros cuatro: un buscador de Pénjamo en 2022, dos mujeres buscadoras de Salamanca en 2018 y 2022, y otra más del municipios Jaral del Progreso en 2023.
Según la elaboración combinada de datos de la Fiscalía, obtenidos por Transparencia, y del Registro Nacional, al 31 de diciembre de 2023, había un total de cuatro mil 021 personas desaparecidas en Guanajuato. En 2018 eran 621. Ahora, Lore sigue desaparecida y el clamor de la sociedad exige su restitución con vida.
Por Fabrizio Lorusso desde SinEmbargo

Fabrizio Lorusso
Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana León sobre temas de violencia, desaparición de personas y memoria en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Maestro y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Colaborador de medios italianos y mexicanos. Integra la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, proyecto para el fortalecimiento colectivo de las víctimas.