¿Qué pasará en Italia tras las dimisiones del Primer Ministro, Enrico Letta?

Renzi e Letta in foto

[Fabrizio Lorusso – Variopinto al día] En Italia la eutanasia no es legal, pero en la arena política todo se vale. Matteo Renzi, alcalde de Florencia y nuevo secretario del partido de mayoría relativa en el parlamento, el PD (Partido Democrático), ha decidido, con el apoyo de más del 80% de la dirección del partido, desconectar el respirador del gobierno de Enrico Letta, quien apenas tenía unos 10 meses como primer Ministro. “Era más fácil esperar un lento desgaste, pero nosotros queremos asumir nuestras responsabilidades, la política tiene el deber de arriesgarse”, ha dicho Renzi para justificar la imposición de un cambio.

El Jefe de Gobierno, quien en enero estuvo tres días en México por una gira oficial en la que encontró a Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera, entre otros políticos mexicanos, anunció sus dimisiones después de que su propio partido, el PD, votara la moción de Renzi. Ahora, él es el principal candidato para “el paso del testigo” en la jefatura del ejecutivo nacional. Matteo Renzi, de 39 años, se ha presentado como una novedad en el escenario político italiano y en diciembre ganó las primarias del PD. También se ha autodefinido el “desguazador” o “demoledor” de la antigua clase dirigente del partido y, en general, del viejo sistema político.

Los democráticos de centroizquierda no cuentan con la mayoría de los parlamentarios ni en la Cámara (293 sobre 630), ni en el Senado (108 sobre 315). Por eso, después de las elecciones generales del febrero del 2013, al no existir una mayoría estable en ambas ramas del Parlamento, ya fuera de izquierda o de derecha, el Presidente de la República, Giorgio Napolitano, dio el encargo de formar el gobierno a Enrico Letta, un candidato de “compromiso” que obtuvo el voto de confianza y una mayoría de consensos parlamentarios gracias al PD, al centro de Scelta Civica (Elección Cívica, partido democristiano al que pertenece el ex primer Ministro tecnócrata Mario Monti) y al PDL (Partido de las libertades) de Silvio Berlusconi.

Sin embargo, esa mayoría no duró mucho, pues Berlusconi, condenado por fraude fiscal en el mes de agosto pasado y expulsado del Senado, retiró su apoyo al gobierno. Entonces, desde noviembre de 2013, Letta tuvo que sobrevivir políticamente y como Jefe de Gobierno gracias al PD, a Scelta Civica y a NCD (Nuevo Centro Derecha), un partido nacido de la escisión del PDL, llevada a cabo por el ex delfín del Cavaliere, Angelino Alfano.

Al mismo tiempo, Berlusconi, colocado más a la derecha respecto del NCD, volvió a los orígenes y rebautizó su criatura política con el nombre de Forza Italia, justamente como se llamaba su partido en 1994 cuando ganó sus primeras elecciones.

El líder del Nuevo Centro Derecha y actual Secretario de Gobernación, Alfano, comentó que su partido está “disponible” a seguir apoyando un gobierno junto a los Democráticos, sin embargo, “no a un gobierno de centroizquierda”. En este sentido, es difícil entender cómo se impulsarán los cambios que hacen falta para el país, pues la mayoría que, posiblemente desde la próxima semana, dará el voto de confianza a un gobierno del líder democrático Renzi será la misma que ahora está apoyando a Letta, salvo algunos pequeños cambios, quizás, de grupos menores. Renzi ha pedido que empiece una “nueva fase”, dados los escasos resultados económicos del país y el inmovilismo en materia de reformas políticas, y lo mismo habían pedido con creces algunos probables “artífices externos” de este cambio abrupto como Confindustria (confederación de industriales) y Berlusconi, quien tiene más afinidades con el joven líder de los democráticos.

Es una apuesta muy difícil, porque el secretario del PD arriesga en una jugada única su capital político, conquistado en los últimos años con una presencia mediática excepcional, eslogan y mercadotecnia eficaces, retóricas generacionales y de renovación o desguace de una clase política “vieja”.

Renzi pretende llevar a cabo un cambio de la guarda según el cual el líder del partido principal, aunque no es de mayoría, toma el mando del gobierno por el tiempo que falta al término del periodo legislativo, o sea, hasta 2018. No se trata, mantiene el secretario del PD, de un proceso contra el actual gobierno y Letta, sino de “un cambio de paso” para modificar dirección y velocidad de las reformas políticas y de las medidas económicas que Italia necesita para salir de una recesión que, en el resto de la Eurozona, parece alejarse con ritmos más acelerados.

A este punto, circula la hipótesis de que el presidente de la República Giorgio Napolitano, elegido por el parlamento en 2013 para cumplir un segundo mandato como Jefe de Estado frente a la ausencia de alternativas viables y tras el escaso empuje innovador de la clase política, podría dimitir y dar paso a su sucesor. El Parlamento que lo votó el año pasado no ha cambiado su composición, sin embargo, el momento político es más propicio para un cambio.

En efecto, “Rey Giorgio”, como ha sido llamado el presidente por su fuerte presencia institucional, dado el descredito de los partidos, y, asimismo, por sus excesos en el uso de prerrogativas y atribuciones, ya ha sido cuestionado por diferentes fuerzas políticas y sociales, pues sus proyectos de gobiernos de coaliciones amplias (Monti en 2011 y Letta en 2013), apoyados por partidos de todo el espectro parlamentarios no resultaron muy exitosos, pese a la supuesta “estabilidad” y credibilidad internacional que pretendían engendrar.

Lo más probable, mientras tanto, es que entre mañana y pasado mañana, Napolitano dé a Matteo Renzi el encargo de formar un nuevo gobierno y que empiecen las consultas de las fuerzas políticas con él para acordar un plan de gobierno y una lista de secretarios que obtenga el voto de confianza de la mayoría de los parlamentarios en las Cámaras. Es casi seguro que nazca un nuevo ejecutivo sostenido por los mismos partidos que sostenían a Letta (PD, NCD, Scelta Civica) y con un programa renovado que incluya medidas económicas más atrevidas y aquellas reformas institucionales que, en estos meses, no se han concretado como la del Senado y la nueva Ley Electoral. El reto, aunque parezca banal decirlo, será cumplirlo.

 LamericaLatina.Net / Twitter @FabrizioLorusso

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