“Género, drogas y prisión” de Corina Giacomello

portada corinaLa escritora relata experiencias de mujeres privadas de su libertad en México – De Variopinto al Día – 6/01/13 – “El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos”, decía el escritor ruso Fiódor Dostroyevski, y en México hace falta hablar del tema: con más de 240,000 personas detenidas en el país, la situación del sistema penitenciario y del respeto a los derechos humanos es, sin duda, una cuestión apremiante. El 5 de diciembre pasado, en el Auditorio Digna Ochoa de la CDHDF (Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal), se llevó a cabo la presentación del libro “Género, drogas y prisión. Experiencias de mujeres privadas de su libertad en México” (Ed. Tirant lo Blanch, 2013, pp. 262), de la investigadora de origen italiano Corina Giacomello. Sólo fue uno de los distintos eventos en que se ha presentado al público este texto y, por cierto, habrá varias ocasiones más para dialogar sobre el tema. En esta ocasión, la mesa de invitados para comentar el ensayo contó con la participación de la investigadora de la UNAM, Dra Alicia E. Pérez Duarte y Noroña, y, por parte de la Comisión, estuvo presente la Dra Rosalinda Salinas Durán.

La autora definió su libro como una obra que, de alguna manera, es “coral” o “colectiva”, ya que se trata de las historias de vida de mujeres en reclusión por delitos contra la salud, quienes se encuentran cumpliendo con su condena en Centro de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla y contribuyeron con sus experiencias a la redacción del texto. Entonces, Giacomello pudo hacer que la voz de todas ellas fuera escuchada. El enfoque de la investigación no sólo se centra en el caso de México, sino que es internacional, latinoamericano, y plantea unas propuestas para la elaboración de políticas públicas que, finalmente, avancen en cuestión de perspectiva de género y respeto de los derechos humanos. Propuestas que van de la revisión normativa a la de valores y creencias relacionadas con la “moralidad” acerca del consumo de drogas y las mujeres en general.  El trabajo de campo realizado en los penales para esta investigación le agrega valor e interés, por representar lugares de difícil acceso, en los que es complicado obtener testimonios valiosos que nos relaten de ese submundo desconocido y frecuentemente mistificado que son las cárceles.

Buena parte de las presas entrevistadas, quienes integran una muestra significativa de la situación general en el país y en el subcontinente latinoamericano, ha padecido, de una u otra manera, formas de exclusión social, de abusos y violencia, además de violación de sus derechos fundamentales por su condición de mujeres en distintas fases, desde el arresto hasta el encarcelamiento y su vida en prisión. La falta de educación, trabajo y de condiciones familiares dignas, además de la abdicación del Estado en sus tareas básicas y de un patrón recurrente de estigmatización de género, el cual asimismo va conformando el espacio físico de los reclusorios de manera discriminatoria, son algunas causas-consecuencias del círculo vicioso del sistema penal y provocan “profunda injusticia, impotencia y rabia”, según se menciona en el libro.

Un énfasis especial se le da al “uso” del cuerpo de la mujer que comete, o es inducida a cometer, delitos contra la salud, se subraya su función de mulas, vendedoras, cargadoras, introductoras de estupefacientes, incluso en las cárceles, y de consumidoras de drogas. La aplicación en México de los protocolos internacionales y de las convenciones de las Naciones Unidas en la materia se ha dado, según explica Giacomello, sin matices ni flexibilidad, ignorando por completo la perspectiva de género, pues se refuerzan, aún más en reclusión, los patrones que dominan la sociedad en su conjunto, a partir de las dinámicas autoritarias y burocráticas internas hasta llegar a las estructuras físicas de las instalaciones penitenciarias, pensadas para los hombres, y a la privación de derechos a través de mobbing y deshumanización.

“Efectivamente México es quien propone en ámbito internacional políticas públicas que, sin embargo, hacia adentro sólo son un pantalla, una imagen falsa: somos productores de amapola pero en el mundo hemos propuesto acabar con su producción y hemos propuesto cuáles son los herbicidas mejores para erradicarla a nivel internacional y, de hecho, los producimos, para evitar que la amapola se diera en los campos de otros cultivos y hasta los mandamos a Suiza. Hay que asumir nuestro propio reto sobre cómo desarrollar hacia adentro las políticas que impulsamos hacia fuera”, dijo la Dra. Alicia Pérez.

Giacomello es autora de libros y ensayos como “Los secretos de Almoloya. El testimonio de una mujer recluida en un penal de máxima seguridad”, (Debate, México, 2009), y “Rompiendo la zona del silencio. Testimonios sobre el penal de máxima seguridad del Atiplano, antes La Palma” (Ed. Dipon-Gato Azul, Bogotá, 2007) y, con Elena Margarita Espinosa Morales, del ensayo “Estudio sobre discriminación a personas reclusas y ex-reclusas con perspectiva de género”. Como egresada de la Maestría y Doctorado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM, ha dado una perspectiva internacional y regional a su trabajo, además de la de género, puesto que, como lo destacó la Dra Alicia Pérez en su ponencia, “drogas y cárcel son los temas, pero eje central es el análisis del binomio entre estos temas y las mujeres que se enredan en ellos, el enfoque de su mirada como investigadora son los lentes del género. Mulas traficantes y traficadas”, objetivizadas con sus cargamentos”.

Por su parte, la Dra Durán de la Comisión destacó el concepto, manejado por Giacomello, de “mala ciencia”, a saber, el hecho de “trascolar el modelo de reclusión masculino al femenino, en una gestión donde ya tener un ginecólogo simplemente es considerada ya una política de género” El libro no ha perdido vigencia con los años, ya que la investigación empezó desde 2007 y culminó en 2012, por lo tanto, dada la escasa respuesta de las autoridades en estos años y los insuficientes cambios efectivos en el sistema, sus planteamientos siguen vigentes. También Giacomello subrayó cómo en los dos últimos gobiernos federales hubo un giro represivo que se reflejó decididamente en la política carcelaria. Su agradecimiento fue para las mujeres que concedieron su tiempo y testimonio, o sea, historias de mujeres víctimas pero también de mujeres que sí toman la decisión autónomamente.

De hecho, la investigadora sostuvo que “las políticas públicas no tienen que cambiar sólo para las que son inocentes, sino que el problema es para todas”. Estas mujeres, que a menudo eran “objetos para los traficantes y lo mismo llegan a ser para los impartidores de justicia” viven los efectos del vacío que deja la ausencia del Estado y la marginalidad a donde llega el crimen organizado. “El marco internacional sobre drogas llega a aterrizar en un cuerpo, que es invisible para todas las autoridades que entran en el proceso desde el arresto hasta el juicio y el encarcelamiento”, explicó Corina Giacomello: una mirada y una voz que van más allá de la zona del silencio. Di Fabrizio Lorusso  Twitter @FabrizioLorusso

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    “El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos”

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