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  • Estados Unidos, Biden, Trump y el mundo: apuntes geopolíticos

    Estados Unidos, Biden, Trump y el mundo: apuntes geopolíticos
    Ilustración de Pinche Einnar, cortesía PopLab.Mx (2020)

    Por Fabrizio Lorusso

    De PopLab y Desinformémonos

    Con vista a las elecciones estadounidenses del 4 de noviembre que, como sabemos, en realidad ya se están realizando desde hace unas semanas por medio del voto por correo, reúno aquí unos apuntes geopolíticos que nos pueden mostrar el panorama desde una perspectiva de más larga duración histórica y de ampliación del zoom geográfico y político hacia factores estructurales o sistémicos. Empecemos por unas consideraciones más generales.

    Según muchos analistas políticos, el resultado del voto no cambiaría la trayectoria estratégica de Estados Unidos, pero sí las retóricas y las tácticas, así como algunas posiciones, relevantes para el mundo, sobre el cambio climático, la no proliferación nuclear, el apoyo a la OMS y, en general, la mayor participación en el “concierto internacional de las naciones” y en el multilateralismo, por ejemplo. Cierto reformismo liberal aplicado a las relaciones internacionales y un renovado esfuerzo, típico de las administraciones demócratas, por involucrar más a sus aliados no implicaría, sin embargo, un viraje estratégico, ya que éste es determinado más por condiciones estructurales e históricas, como la posición hegemónica global estadounidense, cada vez más cuestionada y costosa, y el control imperial-militar de áreas estratégicas.

    Al respecto, queda viva la sensación de “fatiga imperial” en Estados Unidos, así como la sensación de decadencia (un tema de todos modos recurrente en la historia americana), ya que su proyección cuesta, es antieconómica y causa malestar, pero la potencia no podría simplemente “retirarse del mundo”, como prometía o promete Trump, aunque el electorado sueñe con lo contrario y siga coqueteando con el aislacionismo.

    En este sentido seguiría prevaleciendo el interés del llamado deep state o Estado profundo, o sea los aparatos militares y económico-burocráticos, por seguir manteniendo el despliegue de poder, duro y blando, de Estados Unidos en el mundo, a lo mejor tratando, como intentó hacer Trump, de cobrarle la cuenta a sus socios y “acreedores” geopolíticos, sobre todo en el Viejo Continente.

    Ambos gobiernos, el de Trump o el de Biden, seguirán queriendo limitar o agredir a China y aprovechar de sus debilidades estructurales, así como a Rusia en menor medida. Confirmarán el dominio, ya no tan hegemónico, “legítimado” y consensado como en el siglo XX, sobre Europa, la parte todavía más importante y clave de Eurasia, y eso pasa por el acotamiento de Alemania.

    También seguirán impidiendo el desarrollo de un solo hegemón en Oriente Medio, favoreciendo el usual equilibrio beligerante entre Irán, Arabia Saudita, Israel y Turquía, pero sin recaer en guerras masivas o en gran escala (regionales).

    La relación con China no tenderá a cambiar radicalmente con Biden o con Trump: la potencia asiática queda como “el principal enemigo” pero bajo retóricas diferentes. EUA va a seguir golpeando su desarrollo tecnológico y exportaciones, también tratando de condicionar a los socios europeos y asiáticos, de mantenerla cerrada en sus mares cercanos y de obstaculizar el megaproyecto de la Vía de la Seda para controlar rutas y nodos de Eurasia.

    Biden podrá simular aperturas y recurrir a cierto tono “políticamente correcto», pero manteniendo una guerra comercial que daría aliento en parte a la recuperación económica interna. Pero otro paso sería probablemente la condena firme del Partico Comunista Chino por la represión en Hong Kong, la violación de los derechos humanos, las políticas de dumping o el espionaje tecnológico (la “mala voluntad de China ante EUA”). Así justificaría políticas más agresivas o beligerantes, aplicadas de manera paulatina y “respetando el derecho internacional”. Por su lado, Trump probablemente seguiría viendo y presentando a China como “el mal absoluto”, invitando al mundo a su aislamiento por razones morales, con detrás embarazosos discursos y pretextos “raciales” o suprematistas. También esgrimiria motivos económicos internos, con base en el enorme déficit estadounidense que, sin embargo, es estructural y se explica por el “costo acumulado del imperio» y el mantenimiento global de una potencia en decadencia relativa.

    La Vía de la Seda implica países come Alemania e Italia. En este plan chino infraestructural y comercial, hay 3 vías por tierra entre China y Europa y una marítima que pasa por el Mediterráneo, pasando por los puertos de Venecia y Génova. Italia se la está jugando para acercarse al plan chino, pero sin responder tajantemente a Trump, inquieto sobre la penetración china en su esfera europea. La elección de Biden, sin embargo, no cambiaría las cosas. Al contrario, podría empeorar los planes de colaboración italo-chinos y obligar al bel paese a una toma de distancia o una aclaración de su posición al respecto. Un discurso análogo valdría para los otros países de la “cortina” oriental y especialmente para Alemania, que también coquetea con Rusia por la integración energética.

    La disputa con el Vaticano y Papa Bergoglio se ha agudizado con Trump quien, desde luego considerando su electorado y el “poder evangélico”, ha tenido más desencuentros directos, respondiendo a su base electoral y a la mayoría estadounidense, que no es de fe católica. Además, discreparon tajantemente en temas ambientales y Francisco ha estado criticando el modelo socioeconómico neoliberal que, pese a ciertas retóricas de nostalgia de grandeur americana, no ha sido tocado por Trump y, al contrario, ha reforzado sus inequidades al disminuir los impuestos sobre los súper-ricos y tratar de cancelar del todo el Obama care.

    De alguna manera, Biden es más cercano al Vaticano, es de origen irlandés, y Kamala Harris, su candidata a vicepresidenta, es católica. Su agenda es un poco más compatible con las encíclicas Laudato Sii y Tutti Fratelli en temas como el medioambiente y el clima, aunque menos en temas de desigualdades, exceso de poder de las finanzas y de los aparatos favorables al “imperio” y al mantenimiento de escenarios de guerra en el mundo. El vínculo con Wall Street, con los aparatos militares y armamentistas, y el Deep State americano tenderán a prevalecer por sobre de una posible “buena relación” con la Santa Sede.

    En el caso de Rusia, tanto Biden, un poco menos, como Trump, un poco más, tienen aspiraciones de llegar a un modus vivendi más “colaborativo” con Rusia en función anti-China (como sucedió, con las partes invertidas, en el 1972, cuando los EEUU se acercaron a China contra la Unión Soviética y desconocieron a Taiwán). Sin embargo, difícilmente se podría realizar porque “admitirla” o “acercarla” a Europa implicaría acercarla a Alemania e Italia, y así crear un eje distinto, una alianza demasiado estrecha, que puede sustraerle control a Estados Unidos sobre la misma Europa. Ésta y sus equilibrios geoestratégicos impiden de alguna manera un acercamiento estable entre los dos antiguos contrincantes de la Guerra fría.

    En el tema del Brexit existe una especie de disputa euroasiática en contraste con el tradicional eje atlántico. La afinidad “electiva”, y de parecido físico e ideológico, entre Boris Johnson y Trump es incuestionable, e incluso Trump ha elogiado claramente el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, misma que Johnson conduce y apoya. Sin embargo, un Brexit duro, sin tratado de libre comercio UK-UE o acuerdo aduanal, implicaría más presiones en Gran Bretaña para un tratado con Estados Unidos, que Trump de entrada no favorecería. Y Biden, en cambio, podría ver un tratado con mejores ojos, aunque para él, posiblemente, el tema de la frontera entre Irlanda, en la UE, y la Irlanda del Norte, parte del Reino Unido, podría ser delicado, particularmente si se opta por un no-deal o hard Brexit que reestablezca las fronteras, los controles y las aduanas entre las dos Irlandas, como era durante el conflicto armado que desgarró esta región y Europa.

    Lo que es seguro es que ningún candidato va a debilitar la relación especial Anglo-Americana y la cooperación en temas de seguridad internacional, incluyendo el sistema de inteligencia y espionaje internacional del 5 Eyes con Australia, Canadá y Nueva Zelandia. Finalmente, una eventual victoria, nuevamente de Trump, envalentonaría más a los llamados “soberanistas” de derecha en Europa y los grupos anti-UE y pro Brexit, su posición de lejanía de China, pero de relativo, y necesario, dialogo con Rusia.

    En el tema de la Alianza Atlántica, la OTAN, Trump ha intentado cobrarles cuentas a los aliados europeos o cambiar la naturaleza del pacto, al ver con buenos ojos una inclusión de Colombia. Ha pedido a sus “socios” que destinaran 2% o más de su PIB anual a gastos militares, también con el fin de que compraran armas norteamericanas, y que decretaran la salida del acuerdo nuclear con Irán, que los europeos no quisieron enterrar del todo, en espera que un candidato demócrata pudiera revivirlo y reestablecer cierto equilibrio, logrado por Obama, con el estado persa.

    #TrotamundosPolítico @FabrizioLorusso

  • Omaggio ad Aníbal Quijano (1928-2018)

    Omaggio ad Aníbal Quijano (1928-2018)

    Di Daniele Benzi

    Questo omaggio ad Aníbal Quijano è l’inizio di uno studio sul pensiero di chi mi piace considerare l’ultimo grande teorico latinoamericano del lungo ventesimo secolo. Come ho scritto in passato, ho sempre avuto dei dubbi riguardo la proiezione globale della teoria che lo ha reso famoso: la Colonialità del potere. Tuttavia, oltre ad essere essenziale per capire l’America latina, penso che l’immagine della Colonialità sia stata estremamente efficace per cogliere lo Zeitgeist di una epoca, l’apoteosi della globalizzazione neoliberale trionfante e la necessità di unificare contro di essa tutti i “Sud del mondo”.

    Quest’epoca però è finita. E la morte di Aníbal Quijano, il 31 maggio del 2018, mi ha spinto a intraprendere questo studio. Non l’avrei fatto probabilmente se la globalizzazione non fosse implosa, se il movimento no-global fosse ancora l’avanguardia della resistenza mondiale e, soprattutto, se in questi dieci anni non si fosse consumata, in tutti sensi, l’esperienza della “svolta a sinistra” in America latina. Non l’avrei intrapresa, in altre parole, se il “caos sistemico”, come lo ha teorizzato Giovanni Arrighi, non si fosse installato negli affari del mondo e quindi, consapevoli o meno, anche nelle nostre vite.

    Colonialità del potere e storia globale: questioni aperte, è stato pubblicato in spagnolo nella rivista messicana dell’UNAM Latinoamérica. Buona lettura!

              Colonialidad del poder e historia global: cuestiones abiertas

    (Homenaje a Aníbal Quijano)

    Resumen

    Este artículo presenta dos argumentos. El primero sugiere que Aníbal Quijano podría ser considerado el último gran teórico latinoamericano del siglo XX. Ello, a partir de una mirada que ve a la teoría de la “colonialidad del poder” como la síntesis más acabada, hasta la fecha, de las distintas vertientes y problemáticas del pensamiento crítico latinoamericano. El segundo argumento, en cambio, plantea un conjunto de cuestiones abiertas en torno a la arquitectura histórico-conceptual de la “colonialidad” concebida como un “patrón mundial de poder”, a la luz de las interpretaciones sobre el ascenso europeo avanzadas en distintas obras de historia global y sociología macro-histórica. Esta parte interroga también su vigencia a raíz de las dinámicas en curso en la economía política global del capitalismo. El objetivo es reabrir la discusión sobre la profundidad y el alcance de la “colonialidad” y su “crisis raigal” en una perspectiva teórica no eurocéntrica, pero al mismo tiempo genuinamente histórica y global.                        

    Palabras clave: Aníbal Quijano, pensamiento crítico latinoamericano, colonialidad del poder, historia global, sociología macro-histórica, economía política global.

    Coloniality of Power and Global History: Open Questions

    (A Tribute to Aníbal Quijano)

    Abstract

    This paper presents two arguments. The first suggests that Aníbal Quijano may be considered the last great Latin American theorist of the 20th century. This is argued from the point of view that looks at his theory of the “coloniality of power” as the most original synthesis to date of the different schools and problems of the Latin American critical thought. On the other hand, the second argument poses a set of open questions regarding the historical-conceptual architecture of “coloniality” conceived as a “new model of power of global vocation”. This is argued in the light of fresh interpretations advanced in various works of global history and macro-historical sociology about European world expansion. This part also casts some doubts of its validity in the light of the current trends in the global political economy of capitalism. My aim is to reopen the discussion about the depth and scope of “coloniality” and its “root crisis” in a theoretical perspective that is not Eurocentric, but at the same time is genuinely historical and global.

    Key words: Aníbal Quijano, coloniality of power, Latin American critical thought, global history, macro-historical sociology, global political economy.

    A Aníbal Quijano

    In memoriam

    Y como todo reencuentro, en plena lucha, es un debate, no una canonización.

    Aníbal Quijano, José Carlos Mariátegui: Reencuentro y debate, 1979

    Introducción

    Este artículo es un reconocimiento a un intelectual cuyo pensamiento ha influenciado notablemente no solo la teoría social y visión de América Latina de varias generaciones de estudiosos y militantes, sino también la esencia misma del entendimiento y práctica del pensamiento crítico latinoamericano.[1] Fiel a su lección, la forma de reconocer a un maestro como él, no puede ser sino crítica, es decir, no puede sino interrogar su legado para seguir renovando la tradición del pensamiento crítico latinoamericano en el siglo XXI. Este homenaje, en otras palabras, como dijera el propio Aníbal Quijano refiriéndose nada menos que a su reencuentro con Mariátegui en 1979, es un debate, no una canonización.

    El artículo presenta dos argumentos. El primero, desarrollado en el siguiente apartado, sugiere que el sociólogo peruano podría ser considerado el último gran teórico latinoamericano del siglo XX. Esta idea surge de la constatación de que la empresa intelectual de Quijano se inscribe y posiblemente constituya el punto de llegada, hasta la fecha, de una tradición de pensamiento crítico iniciada a finales del siglo XIX, cuyos ejes de reflexión se articularon en torno al problema de la identidad de América Latina y a su lugar – político, económico, social y cultural – en el mundo moderno. Desde esta mirada, la teoría o perspectiva de la “colonialidad del poder”, en tanto expresión de la fase madura de la obra del sociólogo peruano, simboliza la culminación de esa tradición y no simplemente un avance, ni una ruptura o giro paradigmático como sugieren las lecturas “decoloniales” de su pensamiento.[2]    

    El segundo argumento, en cambio, esbozado en el tercer apartado, plantea un conjunto de interrogantes o cuestiones, como las definía Quijano, sobre la arquitectura histórico-conceptual de la “colonialidad” concebida como un “patrón mundial de poder”, a la luz de las interpretaciones sobre el ascenso europeo avanzadas en distintas obras de historia global y sociología macro-histórica.[3] Se trata, en otras palabras, de reabrir la discusión sobre la profundidad y el alcance de la “colonialidad del poder” en una perspectiva teórica no eurocéntrica, pero al mismo tiempo genuinamente histórica y global. Asimismo, asumiendo como eje del análisis la contextualización histórica y social del trabajo del propio sociólogo peruano, esta parte del texto interroga también la vigencia de la “colonialidad del poder” a la luz del declive hegemónico estadounidense y de las dinámicas en curso en la economía política global del capitalismo.  

    En tanto cuestiones abiertas, esto es, hipótesis a explorar más detenidamente en otros trabajos, el objetivo de este artículo/homenaje es delinear una agenda de investigación que, a partir de la teoría social de Aníbal Quijano, contribuya a los grandes debates inscritos en la tradición del pensamiento crítico latinoamericano.

    El punto de partida de este ensayo retoma el argumento del teórico neogramsciano Robert W. Cox enunciado en el ámbito de la economía política internacional. En un trabajo seminal para el angosto ámbito disciplinario y disciplinante de las relaciones internacionales, Cox sostuvo que la teoría siempre es “para alguien y para algún propósito” (Cox 2013:132 [1981]).  

    Todas las teorías tienen su perspectiva. Las perspectivas derivan de una posición en el tiempo y el espacio, específicamente de un tiempo y espacio político y social. El mundo es visto desde un punto de vista definible en términos de nación o clase social, de dominación o subordinación, de poder en aumento o en decadencia, de un sentido de inmovilidad o de crisis presente, de experiencia pasada y de esperanzas y expectativas para el futuro (Ibídem).

    Si bien en su momento el objetivo de Cox fue desvelar de forma discreta y elegante las premisas políticas e ideológicas subyacentes a los paradigmas dominantes de las relaciones internacionales, su advertencia resulta también útil para el examen de las teorías críticas. En este caso, es suficiente recordar que la “perspectiva” del quehacer intelectual de Aníbal Quijano siempre fue aquella de la izquierda y de los movimientos sociales latinoamericanos.           

    En línea con lo anterior, el método de indagación seguido procede de Perry Anderson (2005). En la introducción de Spectrum, una compilación de agudos ensayos sobre la historia de las ideas y sus autores, el historiador británico afirma que:  

    [C]on independencia de su complejidad, las ideas es mejor estudiarlas en la obra detallada de los escritores que las presentan, como textos inseparables de contextos históricos que son a un tiempo sociales y conceptuales, aunque no reducibles a ellos. La opción, en otras palabras, es no tratarlas como motivos intemporales, ni como discursos genéricos, ni como lenguajes especializados, las tres alternativas más populares que se ofrecen (Anderson 2005: XII).

    En este sentido, los estudios de interpretación y divulgación de la obra de Aníbal Quijano, aún exiguos pero por suerte en aumento, aquí son considerados de forma secundaria y como complemento.[4] Asimismo, se hace referencia únicamente a la teoría de la “colonialidad del poder” desarrollada por el sociólogo peruano, dejando para otro espacio la discusión sobre la interpretación y apropiación de otros autores y autoras, en particular de los miembros del Grupo Modernidad/Colonialidad/Descolonialidad y de los seguidores del “giro decolonial”, así como sus críticos.

    Este artículo/homenaje concluye con algunas consideraciones sobre el intelectual crítico y su papel frente al poder y a la sociedad retomando las reflexiones de Edward W. Said (1996) y Charles Wright Mills (2008 [1963]).  

    El intuito inicial de esta exploración descansa sobre una hipótesis y una tesis que es oportuno explicitar desde un comienzo. La hipótesis es relativamente articulada pero sencilla al fin y al cabo. Ella sugiere que toda la teoría social de Aníbal Quijano, y en particular la arquitectura histórico-conceptual plasmada en la “colonialidad del poder”, tiene su baricentro en un equilibrio dinámico pero inestable entre la noción de “totalidad” de lo “social” y su “heterogeneidad histórico-estructural”. Esta tensión es el espejo de la relación dialéctica entre elemento teórico y dato histórico, niveles y ámbitos considerados en el análisis, que caracteriza toda sociología histórica. Su expresión más clara se encuentra en el penetrante artículo “Colonialidad del Poder y Clasificación Social” (Quijano 2000a: 345-356).[5] Pero ella refleja, también, la “peculiar tensión del pensamiento latinoamericano” y su compleja herencia (Quijano 1990a: 33).

    Elaborada en una época de reflujo y fragmentación de las izquierdas a nivel mundial, de hegemonía intelectual de los “pos” y de centralidad en las ciencias sociales de los estudios culturales, la teoría de la “colonialidad del poder” de Quijano representa un esfuerzo para formular una síntesis narrativa coherente, desde América Latina, de la evolución mundial del capitalismo articulando diferentes dimensiones y ámbitos de la vida social (clase/trabajo, género/sexo, raza/etnia/nación, autoridad colectiva/Estado), sin sacrificar su carácter de “totalidad social” (Quijano 1990a; 1992b: 16-20; 2000a: 352-356; 2000b: 313-315). Este rasgo, es decir, la “totalidad” como cualidad a un tiempo histórica y sistémica, es crucial no solo en el análisis del “sistema-mundo moderno” de Immanuel Wallerstein (1983; 2004), de la cual el sociólogo peruano abreva y a la cual aporta (Quijano y Wallerstein 1992; Quijano 2000b; 2000c), sino más en general en la tradición del marxismo crítico de la cual procede y que desea rebasar por su carácter reduccionista y eurocéntrico (Quijano 1990a; 2000a: 356-381).

    Paradójicamente, no obstante, sobreponiendo y juntando de forma imperceptible, o eludiendo más a menudo, la problematización histórica de la relación entre la “totalidad” del “capitalismo” “moderno/colonial” y “eurocéntrico” con la expansión colonial europea, la operación aglutinante del concepto “colonialidad del poder” termina por sacrificar, al revés, la “multiplicidad” y “heterogeneidad” de los procesos históricos y sociales que emergen del carácter igualmente contingente, discontinuo y contradictorio de las estructuras y dinámicas de larga duración observadas desde un prisma global.[6] En realidad, estos atributos jamás son negados en los escritos del sociólogo peruano. Siempre están presentes en un plano teórico y abstracto y en referencias puntuales (Quijano 1992b: 12-14; 2000a: 347-351; 2000b: 293-294, 299-300, 313-315). No obstante, quedan a un lado o desdibujados a la hora de proyectar, históricamente, la “colonialidad del poder” al ámbito global o, dicho de otro modo, cuando la “colonialidad” se torna “patrón mundial”.[7]

    El resultado, involuntario probablemente, pero no menos problemático hoy, es la sutil y ambivalente generalización de experiencias e historias que posiblemente sean peculiarmente “ibero-euro-atlántico-afro-latinoamericanas” (Quijano 2000b: 288-292). La “colonialidad del poder”, en otras palabras, podría ser constitutiva de esa trama de historias cuyos vínculos y articulaciones recíprocas dieron origen a “América”. Podría ser intrínseca a su trayectoria en época moderna y contemporánea influenciando notablemente o, más bien, co-constituyendo, junto con otras historias, la experiencia material, cognitiva y simbólica de la identidad “europea” y los contornos y dinámicas continentales de la propia “Europa”. Podría haber sido el caldo de cultivo de experimentación de varias herramientas y dispositivos de dominación y explotación “europeos”, quizás a partir de la categoría “raza”. No obstante, cuando se toman en cuenta la duración, profundidad y, sobre todo, la historia anterior al colonialismo occidental, la “colonialidad del poder” como tal, quizás solo de forma parcial y matizada sea extrapolable al conjunto del mundo sometido por los imperios europeos y a aquello poscolonial. Del mismo modo, “América” tal vez no sea el único origen y fundamento del “patrón de poder” “capitalista”, “moderno/colonial” y “eurocéntrico”, como sugieren Quijano y otros autores, Enrique Dussel (1994) por ejemplo.          

    Ahora bien, la opción teórica del sociólogo peruano fue no solo útil, sino también consistente con la “perspectiva”, en el sentido de Cox mencionado arriba, de comprender y ubicarse en un momento y contexto histórico determinado: aquel de la derrota y reflujo de las izquierdas tradicionales paralelo a las movilizaciones y demandas de las identidades y subjetividades negadas y oprimidas durante lo que se dio en llamar la “larga noche de los quinientos años”. Fue congruente, en términos de oposición y resistencia, con el zeitgeist de la edad de oro de la “globalización” y del “unipolarismo” estadounidense y su relato victorioso, el “Fin de la Historia” (Fukuyama 1989), coetáneo y curiosamente consonante con la “condición posmoderna” (Lyotard 1984) como expresión de la “lógica cultural del capitalismo tardío” (Jameson 1992), cuando la experiencia aparentemente sólida de la modernidad comenzó a desvanecerse en el aire (Berman 1988). En síntesis, fue una propuesta intelectual muy oportuna y coherente en los años ‘90 para aprender, repensar y acompañar en un mundo global las luchas de los pueblos latinoamericanos y caribeños (Quijano 1990a).

    Sin embargo, hoy en día sobran indicios de que esa etapa se ha agotado, regional y globalmente, lo cual nos convoca a una discusión profunda y quizá a una revisión de la reflexión teórica e histórica de Aníbal Quijano. En el mismo artículo citado arriba, Cox afirma que “[c]uanto más sofisticada es una teoría, más reflexiona sobre su propia perspectiva y, a la vez, más la trasciende” aun estando siempre presente (Cox 2013: 132 [1981]). Y agrega: “[C]omo la realidad cambia, los antiguos conceptos tienen que ser ajustados o rechazados, y los nuevos conceptos deben ser forjados en un diálogo inicial entre el teórico y el mundo particular que intenta comprender” (Ibídem). Tal vez este sea ahora el caso de la “colonialidad del poder”.     

    A partir de esta hipótesis, mi tesis es bastante obvia. Puede formularse de la siguiente forma: la crítica al eurocentrismo no es completa y, por lo tanto, será menos eficaz en sus objetivos tanto académicos como, sobre todo, en las demás esferas de la vida social que pretende “descolonizar”, si no va de la mano con la constante reinterpretación de los procesos históricos en una perspectiva por supuesto situada, pero también genuinamente global. De lo contrario, correrá el riesgo de alejarse demasiado o hasta divorciarse de ellos.

    El último gran teórico latinoamericano del siglo XX

    El fin de esa historia no ocurrirá quieto, ni pacíficamente. […] Pagaremos todos, todas sus consecuencias. Pero no todo está dicho, ni decidido, sobre la suerte que correrán, que correremos, sus víctimas. […] Y en tabla alguna está escrito que seremos siempre derrotados. Es, por el contrario, el momento de romper con las rejas del eurocentrismo y de preparar la otra Historia, la que resultará de las grandes luchas que ya están a la vista.

    Aníbal Quijano, ¿El fin de cuál Historia?, 1997

    Ante todo es necesaria una aclaración. Sugerir que Aníbal Quijano podría ser considerado el último gran teórico latinoamericano del siglo XX, no significa en absoluto ignorar o subestimar otros autores cuyas aportaciones al pensamiento crítico de la región han sido y siguen siendo extraordinarias y de inestimable valor. Pienso, por ejemplo, en Pablo González Casanova, Enrique Dussel o Boaventura de Sousa Santos, entre otros, dando por sentado que la nacionalidad en el caso del filósofo portugués importa poco en este discurso.  

    Sin embargo, creo que es posible considerar a Aníbal Quijano el último gran teórico latinoamericano del siglo XX por al menos dos razones distintivas. La primera es que desde los años ’50 ha recorrido todas las etapas de nuestras ciencias sociales, desde la fase centrada en el problema agrario y la marginalidad urbana, transitando por el desarrollo, el imperialismo y la dependencia, hasta llegar a los debates sobre la modernidad, ofreciendo en cada una de ellas contribuciones muy originales y significativas. La segunda razón, mucho más importante, es que posiblemente sea el único intelectual de la región que con la teoría de la “colonialidad del poder”, desde los años ’90, se dio a la tarea de esbozar una síntesis, conceptual e histórica, que articulara las problemáticas fundamentales del pensamiento crítico latinoamericano procurando darle proyección global.   

    En más de un sentido, al yuxtaponer los adjetivos “colonial” y “eurocéntrico” a aquellos de “moderno” y “capitalista”, la teoría de Aníbal Quijano no parecería otra cosa que la profundización y ampliacióndesde una óptica latinoamericanista del análisis del “sistema-mundo” de Wallerstein (1983; 2004). Mirándola desde otro ángulo, sin embargo, puede alegarse que ella es el punto de llegada de una reflexión que comienza con las intuiciones de José Martí (1891), José Carlos Mariátegui (1928) y Caio Prado Jr. (1942); transita por la imagen pionera del “capitalismo colonial” de Sergio Bagú (1949) y por el concepto de “colonialismo interno” de Pablo González Casanova (1969) y Rodolfo Stavenhagen (1969); se enriquece con los debates del “estructuralismo cepalino” y la “dependencia” de los años ’60 y ’70; se encuentra con el “sistema-mundo” de Wallerstein en los ’80, para culminar, finalmente, en la arquitectura histórico-conceptual de los años ’90 que se nutre e incorpora otras perspectivas básicamente procedentes, en un sentido amplio, de los estudios culturales.       

    En efecto, a partir de un punto de vista original esbozado ya en los ‘60 y ‘70, es Quijano quien desde el pensamiento crítico latinoamericano abriría definitivamente las puertas a una convergencia sustancialmente completa del enfoque de la “dependencia” con los planteamientos de Wallerstein. El artículo “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”, escrito a cuatro manos y publicado en una fecha altamente simbólica, 1992, posiblemente constituya la mejor prueba de ello (Quijano y Wallerstein 1992). Por otra parte, si los teóricos “dependentistas” y sus herederos en raros casos dieron cabalmente ese paso – las excepciones más notables son André Gunder Frank (1978; 1998), por supuesto, quien inclusive fue mucho más lejos en la última etapa de su fecundo itinerario intelectual, y Theotônio Dos Santos (2002) –, es igualmente cierto que nadie osó o mostró mucho interés en rebasar las fronteras de la economía política.   

    Desde esta mirada, lo que de verdad asombra de Aníbal Quijano es la amplitud, continuidad y acumulación teórica de su obra a lo largo de más de medio siglo, junto con una prodigiosa capacidad de aprendizaje, cuestionamiento y regeneración intelectual. No un “giro paradigmático”, ni un “viraje palpable en su historia intelectual” que, a su vez, introduciría un “giro en la historia del pensamiento crítico latinoamericano y mundial” (Segato 2013: 17 y 36). Por el contrario, a partir de una indagación temprana y un cuestionamiento incesante en torno a lo “social” concebido como una “totalidad” “histórico-estructural” integrada por elementos “heterogéneos”, desde mediados de la década de 1980 el sociólogo peruano asumió de manera consciente el reto de renovar, acorde con los tiempos y desde la derrota, la tradición del pensamiento crítico latinoamericano (Quijano, 1990a). En este camino, se reveló cada vez más necesario hacer las cuentas con la tradición marxista y la “heterogénea herencia” del propio Marx (Quijano 2000a: 344).[8]    

    Se podría objetar que él no fue el único y es cierto. Es indudable, por ejemplo, que los estudios de Enrique Dussel en muchas áreas presentan un carácter más sistemático y analítico que las exploraciones de Quijano. Asimismo, sin abandonar la reflexión sobre la sociología de la explotación, la transferencia del excedente, el Estado y la democracia, las incursiones de Pablo González Casanova en las ciencias de la complejidad han sido muy apreciables y de gran valor. Lo mismo vale para las “epistemologías del Sur” de Boaventura de Sousa Santos.

    Sin embargo, a mi manera de ver solo Aníbal Quijano se aventuró y logró delinear el núcleo y los contornos de una teoría y una historia, esto es, una “teoría histórica” en sus propios términos (Quijano 2000a: 367), que desde América Latina articulase todos los elementos del “patrón de poder mundial” “capitalista”, “moderno/colonial” y “eurocéntrico” (Quijano 2000b). Encaró ese desafío consciente de que “[n]adie [sería] inmune a la vasta tempestad intelectual que cubre el planeta” (Quijano 1990a: 3). Y que las ciencias sociales probablemente saldrían completamente reconfiguradas de los torbellinos provocados por el giro lingüístico, posestructuralista y posmoderno; de los estudios subalternos y culturales; de interseccionalidad y de género; y, por supuesto, de los estudios poscoloniales, cuyas huellas son patentes en la “colonialidad del poder”, si bien no explicitadas (Quijano 2000b: 296).

    El sociólogo peruano asumió ese reto a raíz del clima cultural mundialmente dominado por la confusión y el pesimismo en la izquierda seguido al derrumbe del “socialismo real”; al agotamiento, fracaso y destrucción del proyecto político e ideológico del “Tercer mundo”; y al aplastamiento o degeneración de las experiencias de lucha guerrillera y liberación nacional (Quijano 1990a; 1997a; 2003). Una coyuntura que, a pesar de todo, leyó también como oportunidad para la “liberación de la pesada hipoteca intelectual y política que el estalinismo colocó sobre toda la izquierda” (Quijano 1990b: 589). Elaboró su teoría al fragor de los levantamientos indígenas y de las movilizaciones de los afrodescendientes, de los nuevos polos marginales y de los experimentos de economía popular germinados en las grietas del Estado desarrollista y luego florecidos, para bien y para mal, de forma paralela a los horrores del Consenso de Washington y del Estado neoliberal (Quijano 1990a; 1998; 2005). Este aspecto tampoco puede dejarse a un lado. A pesar de la sintonía con los movimientos que a caballo del nuevo milenio dieron vida al Foro Social Mundial cultivando la consigna de que “otro mundo es posible”, la cuestión del Estado-nación jamás desapareció de su radar intelectual (Quijano 1991; 1997b). Por el contrario, ella constituye uno de los ejes de la teoría de la “colonialidad del poder” (Quijano 2000b: 318-344).  

    En fin, sobran razones para no sorprenderse del enorme aprecio y consideración no solo intelectual, sino también humano, que el sociólogo peruano ha cosechado en los últimos cincuenta años en la mayoría de los espacios que ha atravesado. Un aprecio y respeto inclusive por parte de quienes – y no son pocos en la izquierda latinoamericana y mundial – no comparten o prefieren ignorar la premisa inquebrantable de su quehacer teórico y político: la “socialización radical del poder”, de cualquier forma de poder, es decir, “la devolución a las gentes mismas, de modo directo e inmediato, del control de las instancias básicas de su existencia social” (Quijano 2000a: 381).     

    Por último, es importante destacar también un elemento que hasta ahora no ha recibido la importancia que merece. La “colonialidad del poder”, como “teoría histórica” para la praxis, refleja el esfuerzo y la tensión conceptual de una perspectiva que ha tratado de unir en una época de fragmentación, de sintetizar en la dispersión y articular en la disgregación.  

    En este sentido considero a Aníbal Quijano el último gran teórico latinoamericano del siglo XX. Su muerte, simbólicamente, completa y posiblemente cierra un ciclo largo de pensamiento crítico en la región. Un ciclo que, no por azar, coincidió con el ascenso y ahora la crisis “terminal” de la hegemonía mundial de Estados Unidos (Arrighi 2007) y, para algunos, también del capitalismo concebido como un sistema histórico (Wallerstein 2013). Un ciclo cuyas premisas fueron sentadas en los años ’20 y ‘30 del siglo pasado y desarrolladas en las décadas de 1960 y 1970, que tuvo su primer reflujo en los años ’80, se recuperó parcialmente en los ’90 y, en particular, a comienzo de este siglo con la (re)incorporación, aún frágil e inacabada, de las visiones y demandas de las subjetividades e identidades negadas y oprimidas durante la larga noche de los quinientos años.    

    La teoría de la “colonialidad del poder” es la síntesis más brillante y el punto de llegada, hasta la fecha, de esta tradición. Como ninguna otra encarna la peculiar tensión del pensamiento crítico latinoamericano en relación a la identidad de América Latina para desvelarnos la riqueza de su compleja herencia. Una herencia que en estos momentos, sin embargo, pese a la supuesta madurez y vitalidad de nuestro pensamiento (Escobar 2016) y a las actividades frenéticas y espectaculares de redes como CLACSO para mantenerlo al día, navega nuevamente en la oscuridad fragmentada de una región sin rumbo, ante un desorden global irreconocible y desconocido.    

    La obra madura de Aníbal Quijano, en efecto, entraña en sí misma una intrigante paradoja que comparte con otras teorías históricas. Su elaboración y exposición más acabada y elegante se dio de forma paralela a la clara percepción de la profundidad de la crisis de aquello que estaba teorizando. Por ello nos instaba a “preparar la otra Historia” (Quijano 1997: 32).

    Colonialidad del poder e historia global: cuestiones abiertas

    Este patrón de poder es hoy aún mundialmente hegemónico, pero también en su momento de más profunda y raigal crisis desde su constitución hace poco más de quinientos años.

    Aníbal Quijano, “Bien Vivir”. Entre el “desarrollo” y la Des/Colonialidad del Poder, 2011

    No es ningún misterio, ni tampoco un problema, sino todo lo contrario, que desde finales de los ‘70 y particularmente en los últimos veinte años, las intervenciones de Aníbal Quijano tuvieron casi siempre, pese a la continuidad de las cuestiones abordadas, un “carácter exploratorio” (Assis 2014: 15-16). Tal vez resida precisamente ahí su intuito, originalidad y capacidad para abrir incesantemente nuevas pistas de reflexión, análisis y debate.

    En este sentido, son únicamente dos los textos en los cuales el sociólogo peruano ha tratado de exponer de forma sistemática todos los elementos que abarca su teoría. Ambos fueron publicados en 2000 y republicados en distintas ocasiones (Quijano 2000a; 2000b). De ellos y demás artículos escritos desde finales de los ‘80, de la “colonialidad del poder” como concepto-síntesis y eje transversal de sus indagaciones se infieren por lo menos: 1. Una teoría histórica del “capital”, esto es, del “capitalismo” (Quijano 1993; 2000a; 2000b; 2000c); 2. Una teoría histórica de la “clasificación social” (Quijano 1992a; 1999; 2000a; 2000b); 3. Una teoría histórica de la “modernidad” y del “eurocentrismo” (Quijano 1990a; 1992b; 2000a; 2000b) y, por último; 4. Una teoría histórica del “Estado-nación” (Quijano 1991; 1997b; 2000b; 2000c).

    Subyacente y oblicua a ellas, es decir, a su articulación “histórico-estructural”, también se halla el esbozo de una teoría general del “poder”. Esta es explícita en ocasiones, pero la mayoría de las veces opera implícitamente. El “poder social” es concebido por Quijano de forma tríadica y relacional, como pura negatividad. Sus elementos constitutivos son relaciones de “dominación/explotación/conflicto” por el control de los “recursos” y “productos” de lo que considera los principales ámbitos, o “áreas vitales”, de la existencia social: el trabajo, el sexo, la subjetividad y la autoridad colectiva (Quijano 2000a; 2001). El campo o los campos del poder articulan “tramas” o “mallas” de relaciones materiales e intersubjetivas dentro y entre estos ámbitos. Estas se estructuran a su vez en “configuraciones más amplias” (2001: 7) que atraviesan “toda la experiencia social de todas las gentes, en todas partes y en todos los tiempos” (Ibíd.: 4). En fin, “toda la historia de nuestra especie” (Ibíd.). Pero de forma heterogénea. Solo en este sentido específico, afirma, “tales campos de relaciones tienen el carácter de una totalidad” (Ibíd.: 7).

    De este modo, el poder constituye para Quijano el principal motor del cambio social, es decir, de la historia. “Hasta donde sabemos – sostiene en una de sus últimas intervenciones – el poder parece haber sido, en toda la historia conocida, no solamente un fenómeno de todas las existencias sociales de larga duración, sino, más aún, la principal motivación de la conducta histórica colectiva de la especie” (Quijano 2011: 86). No obstante, el sociólogo peruano aborda esta cuestión crucial de forma directa en un solo texto (Quijano 2001). Al igual que en otros, toma como referencia para construir su argumento la concepción del poder del “liberalismo” y del “materialismo histórico”, en un sentido amplio, así como del estructural-funcionalismo y del posmodernismo (Quijano 2000a: 345-356; 2001). Su objetivo es mostrar el carácter ahistórico o transhistórico y, en definitiva, eurocéntrico de estas teorías. Sin embargo, la relación entre fundamento teórico/especulativo, en su dimensión ontológica y epistémica, y piso histórico, es poco desarrollada en sus textos y totalmente desbalanceada hacia el primer elemento. Más en general, con contadas excepciones y casi todas relativas al continente americano, en la obra madura del sociólogo peruano es palpable un hueco entre las menciones a la “vida social de la especie”, la “historia conocida” y de las “gentes”, por un lado, y el inicio de la expansión europea, es decir, de su específico “patrón de poder”, la “colonialidad”, por el otro.       

    Ahora bien, si la “globalización” es, como sostiene Quijano, “la culminación de un proceso que comenzó con la constitución de América y la del capitalismo colonial/moderno y eurocentrado como un nuevo patrón de poder mundial” (2000b: 281), no hay que olvidar que en sus trabajos figura siempre, también, la nítida percepción de su crisis actual. En uno de los últimos afirma incluso que a pesar de ser “aún mundialmente hegemónico, [este patrón de poder] también [se encuentra] en su momento de más profunda y raigal crisis desde su constitución hace poco más de quinientos años” (Quijano 2011: 77-78).  

    Desde la economía política global con la que el sociólogo peruano tuvo más afinidad, se podría sostener que la crisis “terminal” de la hegemonía mundial estadounidense (Arrighi 2007) comenzada en 2003 con la invasión de Irak y entrada en su recta final tras la crisis financiera de 2008, además de cerrar el “largo siglo XX”, nos estaría aproximando también al fin de los ciclos hegemónicos del “sistema-mundo capitalista” (Wallerstein 2013). ¿Otro “fin de la historia”? ¿Un “caos sistémico” sin fin? ¿O “el fin de cuál historia”?

    Aníbal Quijano no logró o no quiso, públicamente al menos, considerar las implicaciones para su teoría sino de forma embrionaria. De haberlo hecho, sin embargo, tal vez algunas de las preguntas iniciales hubieran sido las siguientes: ¿el fin de la dominación mundial occidental qué consecuencias tendría sobre la “colonialidad” como “patrón mundial de poder”? ¿El conjunto de teorías históricas que la sustentan son aún idóneas para interpretar el momento actual a nivel global? ¿Nos ayudan a comprender la situación de América Latina, en particular después del “ciclo progresista”? Si las respuestas fueran parcial o totalmente negativas, ¿qué elementos habría que afinar, corregir o de repente abandonar?       

    Un proverbio yugoslavo mencionado por Wallerstein (2003) asegura que “[l]a única cosa absolutamente cierta es el futuro, porque el pasado cambia constantemente”.[9] Hace tiempo la sociología macro-histórica y la historia global están tratando de devolvernos una imagen no eurocéntrica del pasado. De diferentes maneras y con distintos objetivos, se están repensando aquellos que Arrighi (1998) denominó, en retrospectiva, los “no debates” de los ’70 sobre los orígenes del capitalismo y el ascenso europeo entre científicos sociales marxistas como Robert Brenner, neo-marxistas como Wallerstein y Frank, y neo-weberianos como Theda Skopcol, Charles Tilly y Michael Mann.

    Algunas contribuciones fundamentales llegaron de la historia comparada y sincrónica de los Imperios y de los imperialismos para observar la época moderna más allá de la formación y expansión del Estado-nación (Ferro 2000; Abernethy 2000; Darwin 2012). Se ha revisitado la historia económica mundial “re-orientando” el “milagro europeo” y la “gran divergencia” a principios o hasta mediados del siglo XIX (Wong 1997; Frank 1998; Pomeranz 2000). Se ha impugnado exitosamente el eurocentrismo en su pretensión de asignar a los “europeos” una patente de originalidad o, mejor dicho, singularidad y excepcionalidad en el desarrollo de un tipo de racionalidad superior y autogenerada, particularmente apta para la innovación científica y tecnológica (Blaut 1993; Goody 1996; Hobson 2004). Asimismo, en el ámbito del análisis inaugurado por Wallerstein, se ha problematizado teórica e históricamente la cuestión de la fronteras espaciales y temporales de la expansión del “sistema-mundo”, es decir, el problema de la coexistencia durante un largo periodo de tiempo de diferentes sociedades y sistemas sociales (Terlouw 1992; Mielants 2007). Últimamente, Anievas y Nişancioğlu (2015) han delineado un ambicioso enfoque basado en la teoría del desarrollo desigual y combinado elaborada originalmente por Trotsky y retomada en la sociología histórica de las relaciones internacionales hace ya un par de décadas, para narrar una historia diferente de “cómo Occidente llegó a dominar”.  

    Varias cuestiones abordadas en estos estudios coinciden con las inquietudes intelectuales de Quijano y, aunque indirectamente, interpelan la teoría de la “colonialidad del poder”. En su amplísima variedad, estos trabajos comparten la premisa de que de una u otra forma hay que seguir repensando los orígenes, la dinámica, el alcance y la profundidad de la expansión europea y del capitalismo occidental a lo largo y ancho de los últimos quinientos años. Dicho en otras palabras, “[s]i bien [el legado del] gobierno colonial formal […] es vivo todavía, influenciando el mundo poscolonial de forma tanto obvias cuanto sutiles” (Abernethy 2000: X, TdA), no menos cierto es que:

    [P]arece necesario tomar en cuenta el pasado de esas sociedades, pues la relación entre colonizadores y colonizados dependió mucho de él. […] Esos pueblos no eran semejantes, uniformes so pretexto de que aún no habían sido colonizados; y así como una colonización pudo diferir de otra, también la respuesta de las sociedades conquistadas varió en relación con su pasado e identidad propia. Además, sería difícil comprender por qué el análisis histórico reproduciría una visión del pasado que europeíza el fenómeno colonial. Sin duda, durante cinco siglos los europeos lo encarnaron bien, y de ese modo consolidaron la unificación del mundo. Mas otras colonizaciones contribuyeron también a dar forma a la imagen actual del planeta (Ferro 2000: 14).

    En síntesis, “[e]s posible que dos fechas clave, 1492 (cuando Colón cruzó el Atlántico) y 1498 (cuando Vasco da Gama llegó a la India) marcan el inicio de una nueva era para Europa. Sin embargo, el avance fue espasmódico en todos los casos” (Darwin 2012: 39).

    Aníbal Quijano mostró siempre plena conciencia de ello (Quijano 1968: 528; 1980: 29-31; 1992: 13; 2000a: 376; 2000b: 293-294; 2011: 86). Sin embargo, nunca se detuvo a explorar las posibles implicaciones para el concepto de “colonialidad” como “patrón mundial”. El mundo de hoy, no obstante, nos obliga a reabrir esta cuestión. Ello parece necesario no solo para entender mejor la heterogeneidad y articulación de las formas político-institucionales, económicas, culturales e intersubjetivas que asumió el globo en los quinientos años de despliegue occidental. Sino también para ubicarse, desde América Latina, en el momento presente. Un presente en el cual el poder material y simbólico de los Estados europeos se encuentra en una nueva fase de aguda crisis y disgregación interna. En el que después de Estados Unidos los principales actores geopolíticos y económicos mundiales son Rusia y China, dos ex Imperios seculares, milenario en el caso chino y solo parcialmente europeo en el caso de Rusia, sometidos al dominio occidental únicamente por brevísimos periodos. Su carácter capitalista y hasta imperialista en la actualidad no le resta relevancia a la cuestión, sino todo lo contrario. Un presente en el que, por último, los movimientos que abogaron por “otro mundo posible” han sido neutralizados, cooptados o derrotados por el momento. 

    A partir de estas consideraciones, es posible esbozar algunas preguntas iniciales relativas a los cuatro ejes de la perspectiva de la “colonialidad del poder”. En primer lugar, ¿la teoría histórica del “capitalismo” de Quijano no estará demasiado anclada, a pesar de especificarla, a la visión del “sistema-mundo” de Wallerstein compartiendo con ella sus principales límites? ¿Cómo se desarrolló históricamente la “división racial del trabajo” y cómo opera actualmente? ¿Cómo se articulan bajo el capital todas las formas conocidas de control del trabajo? ¿Y las nuevas? ¿Cómo pensar la relación entre desarrollo mundial del capitalismo y los persistentes conflictos geopolíticos entre potencias? Finalmente, aun asumiendo integralmente la crítica de Quijano al reduccionismo eurocéntrico del marxismo y del propio Marx, el concepto de “clase” asociado a la explotación del trabajo, ¿no es demasiado útil todavía en la sociología y economía política críticas para disolverse por completo en una teoría de la “clasificación social” de las “gentes”? (Quijano 2000a: 356-373).            

    Segundo, desde una mirada global, la teoría histórica de la “clasificación social” que sustenta la “colonialidad del poder”, ¿no concede excesiva prioridad a la categoría “raza” en detrimento de otras, como por ejemplo la de “etnia” (tribu, clan, casta) y “nación”, que no son meros derivados de la primera, o a la religión por ejemplo? Aun cuando no todos los procesos de subjetivación y formación de identidades colectivas puedan ser reconocidos como procesos de clasificación social (Quijano 2000a: 371), ¿cómo desconocer el binomio dominación/explotación en los conflictos étnicos, nacionales y religiosos que no son prerrogativa de la colonización europea y de su herencia, aunque siempre fueron manipulados por ella y por lo general bastante exitosamente? Articulados al racismo a menudo, pero no siempre en todo caso, estos conflictos son cruciales para observar, más allá de la experiencia europea y americana, el auge y a veces la caída de los Imperios modernos (Darwin 2012). Lo son para apreciar la dinámica de formaciones estatales y sistemas económicos regionales e interestatales no europeos (Arrighi et al 2003; Hamashita 2008; Kang 2010). Finalmente, lo son para comprender el presente en distintas áreas del planeta. Por otra parte, ¿Quijano no estará privilegiando una línea histórica de la categoría “raza”, aquella construida a partir de “América”, relegando otra, la antisemita? (Fredrickson 2002). Si bien es mencionada en términos genealógicos (Quijano 1992a; 2000b), ¿su historia no es igualmente importante para explicar elementos y dinámicas clave del mundo moderno y contemporáneo parcialmente independientes de la “colonialidad”? En fin, “raza” es indudablemente un dispositivo fundamental de la clasificación social de la población mundial originada del colonialismo europeo. Pero podría no ser su “piedra angular” (Quijano 2000a: 342), ni mucho menos la “piedra fundacional de la estructura de todo el poder del capitalismo mundial” (Quijano 2001: 12). Por otro lado, a esta altura de la investigación histórica, quizás no convenga restringir la mirada a una sola línea de interpretación que defiende la continuidad del fenómeno racista minimizando su variedad, heterogeneidad, discontinuidad y flexibilidad, así como las mutaciones sufridas a raíz de la abolición de la esclavitud, del pasaje de la hegemonía británica a la estadounidense y después de la segunda guerra mundial.  

    Finalmente, al igual que otros autores, Quijano considera el “eurocentrismo” como una una teoría de la historia y de la cultura, una ideología e, inclusive, como el sentido común del “etnocentrismo europeo” (2000b: 293-318). Sin embargo, lo asocia también a un concepto de “modernidad” que, a partir de 1492, inauguraría un “nuevo espacio/tiempo”, “un entero universo de nuevas relaciones materiales e intersubjetivas” (Ibíd.: 304-305). En este sentido, el eurocentrismo es también una “perspectiva de conocimiento” y un “modo de producir conocimiento” ligado a la clasificación racial de la población mundial, es decir, a la “colonialidad del poder”. Como tal, fundándose en la paradójica combinación de evolucionismo newtoniano y dualismo cartesiano (Ibíd.: 307-318), habría servido y seguiría sirviendo como dispositivo de control de la intersubjetividad mundial. Ahora bien, por debajo de los mitos eurocéntricos, de sus discursos y racionalizaciones etnocéntricas, ¿Quijano no estará simplificando la complejidad de los procesos seculares de difusión, transmisión, apropiación y asimilación de las ideas a nivel global? Parafraseando el juego de palabras de Hobson (2004) sobre la leyenda de la diferencia constitutiva entre “Occidente” y “Oriente”, ¿no estará soslayando las raíces filosóficas, científico-tecnológicas y culturales no europeas del eurocentrismo? No concediendo espacio casi a la discusión sobre su carácter históricamente discontinuo, heterogéneo y contradictorio, ¿no se corre el riesgo de presentarlo como una especie de “ontología” europea tal y como pretende la fábula eurocéntrica?

    En fin, aun sin abordar su teoría general del poder y la ausencia, en su obra madura, de una reflexión geopolítica más sustancial sobre la “colonialidad”, es indudable que existe una mina de cuestiones abiertas y horizontes por explorar del fértil legado de Aníbal Quijano.

    Representación del intelectual. A modo de conclusión

    [e]l hecho decisivo es que el intelectual es un individuo dotado de la facultad de representar, encarnar y articular un mensaje, una visión, una actitud, filosofía u opinión para y en favor de un público. Este papel tiene una prioridad para él, no pudiendo desempeñarlo sin el sentimiento de ser alguien cuya misión es la de plantear públicamente cuestiones embarazosas, contrastar ortodoxia y dogma (más bien que producirlos), actuar como alguien al que ni los gobiernos ni otras instituciones pueden domesticar fácilmente, y cuya razón de ser consiste en representar a todas esas personas y cuestiones que por rutina quedan en el olvido o se mantienen en secreto.

    Edward W. Said, Representaciones del intelectual, 1996

    En medio de nubarrones políticos y turbulencias económicas, el 31 de mayo de 2018 falleció en Lima el último gran teórico latinoamericano del siglo XX. Al igual que otros gigantes del pensamiento crítico, en Aníbal Quijano se conjugaron de forma brillante y generosa la inteligencia, la ética y la pasión civil. El fruto que nos ha legado, incómodo y olvidado en tiempos espectaculares y de narcisismo académico, es “el arte de pensar simultáneamente la vida social en términos intelectuales, morales y políticos” (Germaná 2006).

    A hombres y mujeres como él parecieran dirigidas las palabras de Edward W. Said que retratan al intelectual como “alguien cuya misión es la de plantear públicamente cuestiones embarazosas, contrastar ortodoxia y dogma […] alguien que ni los gobiernos ni otras instituciones pueden domesticar fácilmente […]” (1996: 30). Independiente e insumiso, eso es, por naturaleza, el intelectual crítico. Inspiración y reserva moral de la humanidad. Consciente como pocos de estar equipado “para ofrecer resistencia y combatir el proceso de estereotipación y la muerte consiguiente de las cosas dotadas de vida genuina” (Wright Mills 2008: 19 [1963]).    

    En este homenaje, al contextualizar histórica y socialmente la reflexión de la fase madura del pensamiento de Aníbal Quijano, he argumentado básicamente dos cosas. Primero, que la teoría de la “colonialidad del poder” se entiende mejor como la actual culminación, y no la ruptura, del núcleo mismo desde el cual hace poco más de un siglo brotó esa tradición que se iría (re)conociendo y organizando como “pensamiento crítico latinoamericano”. Y, segundo, que la “colonialidad del poder”, concebida como un “patrón mundial”, podría ser más útil pensarla histórica y globalmente, evitando convertirla en un discurso genérico, un motivo intemporal o, peor aún, un lenguaje especializado para iniciados.    

    A partir de esta mirada, en la segunda parte del texto he planteado un conjunto de cuestiones que posiblemente permitan abrir nuevas pistas de análisis sobre su alcance y profundidad, con el fin de arrojar alguna luz sobre el “momento de más profunda y raigal crisis desde su constitución hace poco más de quinientos años” (Quijano 2011: 77-78). Se trata de unas hipótesis cuya indagación quisiera contribuir, desde la perspectiva crítica encarnada por el sociólogo peruano, a los grandes debates sobre la(s) identidad(es) de América Latina y su lugar – político, económico, social y cultural – en el mundo moderno y contemporáneo.  

    El momento presente de gran confusión, incertidumbre y también de profundo desencanto tras los extraordinarios movimientos de resistencia al neoliberismo que a principio de este siglo, para bien y para mal, cristalizaron en el “giro a la izquierda” y en las experiencias “progresistas”, es particularmente propicio para este tipo de reflexión. Sobre todo a la luz de la nueva embestida conservadora en la región. Pero aún más lo es, quizás, el escenario caótico más amplio que nos depara la crisis terminal de la hegemonía mundial estadounidense y la economía política global del capitalismo, que encuentra en estos días su cara más siniestra en el ascenso de la extrema derecha autoritaria y populista.     

    En cualquier caso, hoy más que nunca es aconsejable prudencia y sobriedad en relación al eventual fuerza de emancipación y liberación que en ocasiones emana de los conceptos y teorías críticas. Inclusive, o sobre todo, al interior del limitado espacio que las estructuras burocráticas y ambientes universitarios dejan en la actualidad a la “imaginación sociológica” (Wright Mills 1959) del hodierno “homo academicus” (Bordieu 1984).

    Indudablemente, “la manera en que visualizamos e interpretamos el pasado tiene enormes consecuencias en la forma en cómo imaginamos el futuro” (Mielants 2007: X, TdA). Sin embargo, como bien mantuvo Arif Dirlik a propósito de la promesa “poscolonial”:

    [Si] la teoría puede desentrañar la naturaleza de la explotación y de la opresión, […] no proporciona en sí misma y por sí misma respuestas [a la cuestión fundamental de la relación entre conocimiento y vida cotidiana]. La historia puede aportarnos un inventario de posibilidades, pero no ofrece soluciones al problema de la elección, excepto en sus versiones teleológicas […]. La teorización de la historia, así como la historicización de la teoría, puede ayudar a ubicarnos en el espacio y en el tiempo proporcionándonos algún sentido sobre qué alternativas podrían ser apropiadas, pero eso es todo (1997: 16, TdA).

    Al final del día, el problema fundamental del intelectual crítico seguirá siendo el del equilibrio “entre la soledad y el alineamiento” (Said 1996: 39). Entre la indiferencia o la persecución, según la época y la circunstancia, y las seducciones del poder. Bien lo sabía Aníbal Quijano. Pero no por ello, “dentro” o “fuera” que esté, “aunque sea como minoría de a uno”, renuncia a su actitud vital e inquebrantable, estar siempre en contra. Y esta es, en definitiva, la razón más íntima de este sincero y sentido homenaje.

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    [1] Además de dos revisores anónimos, el autor quiere agradecer a Inés Fernández Mouján, Victor Coutinho Lage y Marco Narea por sus comentarios a una versión anterior de este artículo.

    [2] Una síntesis sobre el “giro decolonial” del Grupo Modernidad/Colonialidad/Descolonialidad, un colectivo de académicos del cual Quijano formó parte, se encuentra en Escobar (2003) y Ballestrin (2013) entre otros. Una tratación más amplia en Restrepo y Rojas (2010).

    [3] Existen varias corrientes y debates en el ámbito de la historia global que no es necesario especificar aquí. Una panorámica en Conrad (2016). Lo mismo vale para los enfoques de sociología histórica y macro-histórica (Collins 1999; Arrighi 2000), sociología histórica de las relaciones internacionales (Hobden y Hobson 2002) y sociología histórica global (Go y Lawson 2017).    

    [4] Véase, entre otros, Segato (2013), Assis (2014) y los ensayos recopilados por Pacheco Chávez (2018).

    [5] En este trabajo se afirma que “[u]na totalidad histórico-social es en un campo de relaciones sociales estructurado por la articulación heterogénea y discontinua de diversos ámbitos de existencia social, cada uno de ellos a su vez estructurado con elementos históricamente heterogéneos, discontinuos en el tiempo, conflictivos” (Ibíd.: 354).

    [6] Arif Dirlik (1997) ha presentado un argumento parecido en su pionera crítica a los enfoques poscoloniales.   

    [7] Al menos en un pasaje Quijano evoca claramente, aunque de forma incidental, la existencia de sociedades que “no tuvieron relaciones de colonialidad porque, precisamente, no fueron colonias europeas, o de modo muy corto y muy parcial (Japón, Taiwan, China)” (2000a: 376). En otros, advierte que la colonización europea varió en intensidad y profundidad. Pero en ningún caso parece reflexionar sobre las implicaciones para la “colonialidad” concebida como “patrón mundial”.

    [8] Véase las sutiles observaciones de Quijano (1987) en el Coloquio “¿Marx para qué?” y el punto de llegada en su teoría de la clasificación social (2000a: 356-373). Ver también el recuerdo de Roberto Espinoza (2018).

    [9] Wallerstein, por otra parte, lo retoma de un artículo de E. M. Simonds-Duke de 1987 en el cual, a su vez, figura como epígrafe. Y cabe la pregunta hoy: ¿proverbio yugoslavo? ¿de cuál nación, pueblo, etnia, raza o religión – de cuál historia, en fin, o historias – procede un dicho tan sugerente?    

  • Colombia, Uribe torna libero e la Minga indigena sfida Duque

    Colombia, Uribe torna libero e la Minga indigena sfida Duque
     La protesta dei sostenitori di Uribe dopo gli arresti domiciliari dello scorso agosto
     © Ap

    Di Simone Scaffidi e Gianpaolo Contestabile da Il Manifesto

    Il 4 agosto 2020 la Corte suprema di giustizia colombiana ha ordinato gli arresti domiciliari preventivi per l’ex presidente della Repubblica Álvaro Uribe Vélez, imputato per i suoi legami con il paramilitarismo e indagato per corruzione di testimoni e frode.

    Una notizia sorprendente in virtù della storica protezione politica di cui gode Uribe, del potere e del controllo ormai decennale che detiene sugli apparati statali ed economici e per quello che ha rappresentato e rappresenta per la società colombiana.

    Qualche giorno dopo, il Consiglio nazionale elettorale colombiano ha aperto un fascicolo contro il presidente della Repubblica Ivan Duque – leader del Centro Democratico, il partito fondato proprio dal suo padrino politico Alvaro Velez Uribe – indagato insieme al direttore della sua campagna elettorale Luis Guillermo Echeverri, per presunto finanziamento illecito e relazioni con alcune figure di spicco del narcotraffico internazionale e dell’imprenditoria venezuelana. Un agosto caldo per l’élite al potere.

    In Colombia non si era infatti mai assistito al tentativo, attraverso gli organismi dello Stato, di smascherare e mettere nero su bianco in termini legali i vincoli diretti della classe dirigente del paese con i gruppi paramilitari, con il narcotraffico e con gli interessi delle imprese transnazionali. «I crimini di Uribe sono ben noti e li conoscono tutti ma il sistema giudiziario non può giudicarlo serenamente – commenta Manuel Rozental, attivista di Pueblos en Camino – perché Uribe riesce a controllarlo con la forza, attraverso minacce, massacri, ostacolando le indagini e comprando i giudici».

    Gli arresti domiciliari contro l’ex presidente e l’indagine contro l’attuale presidente della Repubblica hanno aperto spiragli di speranza nella società colombiana. «Uribe ormai da anni controlla il potere esecutivo e quello legislativo» continua Rozental, l’aumento della tensione e dei massacri è il prodotto di una reazione al tentativo di mettere in discussione «la struttura narcoparamilitare che Uribe personifica».

    Il 10 ottobre, dopo poco più di 60 giorni di detenzione domiciliare nella sua tenuta di 1500 ettari di terra conosciuta come El Uberrimo, la giudice Clara Ximena Salcedo Duarte del Tribunale di Bogotà ha accolto la domanda della difesa, sostenuta dalla Fiscalía General de la Nación e dal Ministerio Público, di annullare le misure di detenzione domiciliare imposte a Uribe dalla Corte Suprema di Giustizia.

    Secondo la giudice, infatti, tali misure possono essere adottate solo dopo un’udienza in cui si informa l’imputato di essere accusato di aver commesso un reato. Tale udienza non è stata ancora realizzata e nel frattempo la legge è cambiata, la giudice ha quindi ribadito la necessità di separare la fase delle indagini dalla fase della formulazione delle accuse.

    La reazione del governo alla notizia è stata di giubilo. Per Die go Molano Aponte, direttore del Dipartimento della Presidenza della Repubblica «è un bel messaggio per il paese, per lui e per la sua famiglia». Ivan Cepeda, senatore e attivista per i diritti umani, denuncia «l’evidente parzialità del Fiscal Gabriel James» e sostiene che per questa ragione «non esiste nessuna garanzia per la tutela dei diritti delle vittime di questo processo». Dichiara inoltre che la sua strategia «è assolutamente chiara: cancellare le principali prove di presunta illegalità, cercare di evitare di arrivare alla fase dell’imputazione e meno ancora alla fase accusatoria» e che la sua figura si è convertita «nel guardiano dell’impunità dell’ex senatore Uribe».

    Dagli Stati uniti Donald Trump ha subito fatto le sue «congratulazioni all’ex presidente Álvaro Uribe Vélez, un eroe che ha ricevuto la Presidential Medal of Freedom, alleato della nostra patria nella lotta contro il CASTRO-CHAVISMO! Starò sempre accanto ai nostri amici colombiani!».

    Nel frattempo nella Valle del Cauca è iniziata la Minga Indigena, la mobilitazione dei popoli originari che chiedono di negoziare direttamente con il presidente Duque per esigere che si rispettino i loro diritti costituzionali, gli accordi internazionali di salvaguardia dell’ambiente e le sentenze della Corte che impongono al governo di rispettare il diritto alla protesta pacifica. Le comunità indigene in Colombia sono infatti accerchiate dalla violenza dei vari gruppi armati, dalla repressione dello Stato e dalle imprese estrattive. Se Duque non accoglierà le loro richieste i popoli originari marceranno pacificamente fino alla capitale Bogotà .

  • Perché Lucho & David hanno vinto le elezioni in Bolivia

    Perché Lucho & David hanno vinto le elezioni in Bolivia

    Di Pablo Solón, da Fundación Solón.

    Traduzione di Alessandro Peregalli e Carlotta Ebbreo. Commento di Alessandro Peregalli.

    Domenica scorsa il Movimiento Al Socialismo (MAS) ha trionfato al primo turno del suffragio presidenziale boliviano con un risultato superiore a ogni pronostico, così netto da sventare qualunque possibilità di brogli. È passato meno di un anno dalla rielezione (illegittima) di Evo Morales seguita da un colpo di Stato civico-poliziesco-militare. Gli 11 mesi di “governo di fatto” di Jeanine Añez, autonominatasi bibbia in mano in seguito all’esilio forzato di Morales e del suo vice Álvaro García Linera, è stato un vero incubo: massacri di indigeni nelle località di Senkata e Sacaba, persecuzione politica a esponentidel MAS, ritiro dall’ALBA e dall’UNASUR e rottura delle relazioni diplomatiche con Venezuela e Messico, firma di un accordo di prestito con l’FMI, liberalizzazione e fomento di nuovi OGM e dell’agroindustria e una gestione sciagurata della pandemia, con annesso collasso del sistema sanitario nazionale e scandali di corruzione relativi all’importazione di ventilatori. E più in generale, forte crescita del suprematismo bianco e meticcio contro la maggioranza indigena del paese.

    La battuta d’arresto del golpe e la sconfitta di chi lo ha sostenuto, dal liberale Mesa al neo-fascista Camacho, rappresenta un indubbio sospiro di sollievo per le sorti di un continente che ha assistito negli ultimi anni a un’avanzata reazionaria molto forte. Tuttavia, sarebbe ingenuo pensare che basterà una vittoria elettorale a fermare forze potenti e determinate a tutto pur di continuare a perpetrare la razzia neocoloniale di Nuestramérica. Altrettanto ingenuo sarebbe pensare che il MAS che ritorna al governo oggi possa essere radicalmente diverso da quello che, per lo meno a partire dal 2011 con la repressione degli indigeni che si opponevano alla costruzione di un’autostrada e alle trivellazioni di petrolio nella riserva naturale del TIPNIS, ha dato prova di autoritarismo, cinismo politico e disprezzo per la Madre Terra, elogiata nel discorso ma saccheggiata nei fatti da una politica economica estrattivista.

    Ci sono tuttavia indizi positivi nella vittoria di domenica. Un fattore determinante è stato la riattivazione della protesta sociale, operaia e indigena nel contesto della pandemia, che ha visto il riavvicinamento di settori sociali che si erano trovati profondamente divisi negli ultimi anni, nella polarizzazione tra chi appoggiava e chi si opponeva al governo di Evo. Il ruolo di David Choquehuanca, punto di riferimento delle correnti indianiste aymara e a lungo emarginato dal plenipotenziario García Linera, ma imposto come candidato a vice-presidente dai movimenti sociali, è in qualche modo rappresentativo di questa riarticolazione. Sarà sufficiente un rinnovamento del MAS per rompere con le élite estrattiviste e latifondiste in uno scenario marcato da crisi profonda, relativo isolamento internazionale e forte dipendenza economica nello scacchiere economico internazionale?

    Pablo Solón, intellettuale ecologista, ex ambasciatore boliviano all’ONU, ex alleato di Evo Morales divenuto poi forte critico, analizza il voto, conscio che le possibilità di cambiamento reale risiedono ancora una volta nella capacità organizzata delle classi popolari di assumersi quella missione storica che mai nessun caudillo potrà davvero compiere per conto loro [Alessandro Peregalli].

    Il MAS (Movimiento Al Socialismo, NdT) ha vinto le elezioni in Bolivia al primo turno. Due exit poll (Ciesmori e Tu Voto Cuenta), basati su campioni differenti, sostengono che Luis (Lucho) Arce e David Choquehuanca avrebbero ottenuto più del 50% dei voti e avrebbero una differenza di oltre il 20% dei voti con il secondo: Carlos Mesa di Comunidad Ciudadana (CC). Dobbiamo ancora aspettare i risultati del conteggio ufficiale che saranno disponibili mercoledì o giovedì, ma l’andamento dei risultati difficilmente cambierà in modo sostanziale quanto previsto da questi due exit poll.

    Perché hanno vinto Lucho & David?

    1) Il disastroso governo di Añez. In 10 mesi di governo, nel mezzo della quarantena, sono scoppiati diversi casi di corruzione e nepotismo. La gestione della pandemia e dell’economia è stata pessima. In mezzo alle sofferenze della gente i vecchi politici tornati al potere non hanno perso un secondo nel cercare di riempirsi le tasche. Con uno stile simile al precedente governo del MAS, chiunque avviasse indagini contro il ministro Murillo (ministro di Governo, una sorta di sottosegretario alla presidenza, NdT) e contro coloro che circondavano Añez veniva licenziato. In 10 mesi ci sono stati innumerevoli cambiamenti di ministri e autorità. Il governo di Añez ha dimostrato con i fatti che un governo dell’opposizione poteva essere peggiore del governo MAS.

    2) La pandemia che ha aggravato una crisi economica già in atto. La stabilità monetaria è stata mantenuta, ma l’economia reale ha subito un duro colpo soprattutto per tutte le persone che vivono quotidianamente nell’economia informale. La paura che questa situazione economica peggiori e la speranza che con un nuovo governo MAS, guidato dal suo ex ministro delle finanze, torni anche il buon momento economico precedente.

    3) Le elezioni del 2020 non sono state dominate dalle proposte, ma da paure e processi di identificazione socio-culturale. I programmi del MAS e del CC hanno più coincidenze che differenze e in generale sono ampiamente sconosciuti agli elettori. Gli attacchi del governo di Añez, Murillo e Camacho hanno reso il MAS una vittima e hanno suscitato le paure più profonde di ampi settori della popolazione con radici indigene. La destra ha scommesso sulla paura del ritorno di Evo Morales. Il MAS ha alimentato la paura del ritorno della destra neoliberista razzista e di un ritorno all’instabilità economica. Mesa e CC non hanno compreso né si sono avvicinati al mondo popolare indigeno.

    4) Lungi dal ripristinare lo stato di diritto e dal chiarire fatti gravi come i massacri di Senkata e Sacaba, il governo di Añez ha usato la giustizia per vendicarsi. Lungi dall’insistere su un processo di riconciliazione e di accordo minimo tra tutte le forze politiche per affrontare la pandemia, ha cercato, come il suo predecessore, di perpetuarsi al governo utilizzando le risorse pubbliche in una candidatura frustrata.

    5) L’ecocidio del 2019 si è ripetuto nel 2020 con l’incendio di milioni di ettari di foreste. Lungi dall’abrogare in tempo i decreti incendiari (decreti governativi firmati dall’ultimo governo del MAS che autorizzavano l’incendio di alcune aree di foresta amazzonica per l’espansione della frontiera agricola, NdT), il governo di Añez ha dato ancora più vantaggi al settore dell’agribusiness: procedura abbreviata per l’approvazione di altri OGM, esportazione illimitata di prodotti agricoli che contribuiscono alla deforestazione, apertura a piantagioni commerciali di eucalipto e altro. Se il governo di Evo aveva come alleato l’agribusiness, il governo di Añez è emanazione diretta di questo settore.

    6) Carlos Mesa e Comunidad Ciudadana hanno scommesso sull’inerzia. Credevano che continuasse lo scenario delle elezioni del 2019, polarizzato dalla rielezione di Evo Morales, in cui il loro bacino elettorale era cresciuto a causa del voto anti-MAS piuttosto che per una reale identificazione con la loro campagna/proposta politica. La pandemia, la crisi economica, sociale e ambientale non li hanno portati a cercare un ripensamento della loro strategia né un avvicinamento alle organizzazioni popolari. Speravano che all’ultimo minuto si concretizzasse l’unità nel voto, cosa che non è avvenuta perché lo scenario e gli attori erano cambiati.

    7) Il MAS non ha vinto grazie a Evo ma nonostante Evo. Evo voleva emarginare David Choquehuanca, il candidato scelto dalle organizzazioni sociali prevalentemente indigene dell’altopiano e delle valli della regione di La Paz. Il trionfo del MAS è stato travolgente nelle aree rurali di queste regioni in gran parte a causa della candidatura di David. Un altro sarebbe stato il risultato se il MAS fosse andato con il binomio Lucho-Pari, che Evo Morales voleva imporre. Dopo quasi un decennio, le organizzazioni sociali indigene dell’altopiano e delle valli hanno assunto una determinazione democratica dal basso che le ha fatte solo parzialmente prevalere davanti a Evo, perché la loro posizione originaria era David candidato presidente. Il risultato delle elezioni del 2020 mostra che nel 2019 il MAS avrebbe vinto le elezioni senza problemi se avesse smesso di insistere sulla rielezione incostituzionale di Evo Morales.

    8) Il trionfo del MAS alle elezioni del 2020 non rappresenta un assegno in bianco. Come lo stesso Luis Arce ha riconosciuto, dopo aver appreso i risultati degli exit poll, ci sono diversi errori delle gestioni governative precedenti del MAS che devono essere corretti. La domanda è a quali errori si riferisce e se il suo governo sarà in grado di correggerli e avviare una seconda fase rinnovata del proceso de cambio. Il risultato elettorale non significa che quello che è successo nel 2019 sia stato semplicemente un complotto organizzato dalla destra, né rappresenta una vittoria pura e semplice per il progressismo internazionale. Diversi rappresentanti di organizzazioni sociali contadine indigene hanno espresso profonde critiche al modus operandi tradizionale della sinistra e alle sue strategie di afferrarsi al potere.

    Che succederà con il governo di Lucho e David? 

    9) La chiave per un rilancio del proceso de cambio non si trova propriamente nel futuro governo, ma nella capacità di autogestione e di autonomia delle organizzazioni sociali, e nella loro capacità di riprendere il corso delle proposte alternative ad ogni livello. Ciò implica la capacità di vedere oltre le loro rivendicazioni immediate, proporre una strategia per la Bolivia che superi la già esaurita Agenda di ottobre 2003 (Agenda Politica elaborata dai movimenti sociali boliviani durante la Guerra del Gas, e adottata dal primo governo Morales dal 2005, che portò al processo costituente, NdT ), e riarticolare alleanze con i settori sociali urbani. 

    10) Il governo di Lucho e David non sarà un governo uguale a quello di Evo Morales, sia perché lo scenario è diverso, sia perché il gioco forza all’interno del MAS è cambiato. Ad oggi il futuro governo del MAS è già spazio di controversie. Evo Morales ed i suoi attueranno ogni sforzo per controllare il governo, e questo implica arginare e cooptare nuovamente le organizzazioni che appoggiano Choquehuanca.

    11) Il futuro governo soffrirà un rapido logorio vista la gravità della crisi economica. La diminuzione delle riserve internazionali, la pressione per la svalutazione delle monete dei paesi vicini e il retrocesso dell’economia rendono impossibile che il governo del MAS possa soddisfare le sue promesse di stabilità e crescita economica e che possa rispondere alle innumerevoli richieste della popolazione. La ricetta applicata a partire dal 2015, di fomentare l’economia attraverso l’investimento pubblico, con risorse del debito estero e con riserve estere, non è sostenibile a corto raggio. Questo è il momento di sanare la situazione e rivedere in modo trasparente e democratico la proposta dell’economia estrattivista che è stata incoraggiata dal governo di Evo Morales. 

    12) Il nuovo governo del MAS richiede una spinta verso un processo di riconciliazione e unità delle e dei boliviani. Ciò non può essere possibile senza dialogo e al di fuori di un processo di concertazione. Questo processo può essere svolto come in passato, attraverso la redistribuzione delle concessioni all’agroindustria, al sistema bancario, a quello estrattivo e ad altri settori del potere, o attraverso un processo di convergenza basato sulla Costituzione del 2009. Il governo può optare per dare continuità alle politiche a favore degli OGM, dei bio-combustibili e dell’esportazione di carne ad ogni costo, o può in alternativa riprendere il percorso della Funzione Economica e Sociale, dei diritti di Madre Terra, ed una promozione effettiva dell’agroecologia in Bolivia. Attualmente, mentre Luis Arce propone come piano strategico la produzione massiva di biocombustibili, David Choquehuanca mette in questione l’espansione della produzione OGM.  

    13) L’indipendenza e la separazione dei poteri dello Stato è un ulteriore tema cruciale. L’orientamento di Evo Morales e del suo gruppo è controllare tutti i poteri dello Stato per evitare controversie e per poterli utilizzare contro i suoi avversari. Elementi che hanno caratterizzato il governo di Evo Morales sono stati il controllo e la sottomissione della giustizia, del parlamento, della corte elettorale, della corte dei conti, della defensoría del pueblo (istituzione incaricata di far valere il rispetto, la diffusione e la promozione dei diritti umani nel paese, NdT) e dei mezzi di comunicazione. Se il governo di Lucho e David mantiene questa traiettoria, ben presto assisteremo al rinascere di forti rivendicazioni civiche.  

    14)  Evitare nuovi casi di corruzione e portare a giudizio i casi di corruzione del governo di Evo Morales è un tema fondamentale. In questo ambito con il governo di Luis Arce e David Choquehuanca la popolazione avrà meno pazienza di quella che ha avuto con quello di Evo. Una cosa è la percezione di un panorama di corruzione in tempi di abbondanza, ben altra cosa è come la si percepisce in tempi di crisi acuta. 

    15) Durante i precedenti governi del MAS è sorta una nuova borghesia associata alla burocrazia statale, ai contratti pubblici, al commercio, al contrabbando, alle cooperative minerarie e alla produzione di foglia di coca legata al narcotraffico. Questi nuovi settori del potere hanno avuto un peso crescente nelle principali decisioni adottate dal governo di Evo Morales. Potenziare la capacità di autonomia e autogestione e il peso dei movimenti sociali ed emergenti è la chiave per contrastare queste nuove élites.  

    Un tema fondamentale rimane se la società boliviana nel suo insieme sarà capace di far prevalere l’etica al di sopra del pragmatismo politico. Senza questo passaggio non c’è futuro. Le decisioni che dovrà assumere il futuro governo saranno molto difficili. Sarà possibile affrontare questa situazione solo se verrà promossa una discussione ampia, sincera e trasparente all’interno delle organizzazioni sociali e dell’intera società. 

  • Latinoamericando: carovana migrante in pandemia

    Latinoamericando: carovana migrante in pandemia

    Caravana_AFP

    Per la prima volta dall’inizio della pandemia, una carovana di migranti partiti dall’Honduras prova a raggiungere gli Stati Uniti e viene fermata alla frontiera con il Guatemala prima e poi con il Messico. Nella puntata di Latinoamericando di questa settimana, Gustavo Claros dialoga con il giornalista Andrea Cegna per ricostruire il percorso migrante.

  • 18 ottobre di nuovo in piazza. A un anno dall’inizio della rivolta cilena

    18 ottobre di nuovo in piazza. A un anno dall’inizio della rivolta cilena

    A un anno dall’inizio della rivolta che ha infiammato il Cile a partire dal reclamo studentesco per il prezzo del biglietto della metro, e a una settimana dal plebiscito che deciderà se cambiare la Costituzione del 1980 approvata durante la dittatura di Pinochet, le piazze cilene tornano a riempirsi massivamente con gli stessi reclami e slogan che nemmeno la pandemia è riuscita a zittire.

    Di seguito pubblichiamo il reportage fotografico della giornata di mobilitazione a Santiago, a cura di Alessandra Cristina e Javier Astudillo.

    (Foto: Javier Astudillo)
    (Foto: Javier Astudillo)
    (Foto: Javier Astudillo)
    (Foto: Javier Astudillo)
    (Foto: Javier Astudillo)
    (Foto: Javier Astudillo)
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    (Foto: Javier Astudillo)
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    (Foto: Alessandra Cristina)
    (Foto: Alessandra Cristina)
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  • Un anno [Plaza Dignidad – lettere dal Cile]

    Un anno [Plaza Dignidad – lettere dal Cile]

    Nuovo capitolo della newsletter di Federico Nastasi “Plaza Dignidad – La newsletter sul referendum costituzionale che può cambiare il Cile”.


    18 ottobre 2020, – 1 settimana al voto

    Oggi è il primo anniversario della protesta popolare che sta cambiando il Cile. Per celebrarlo sono previste manifestazioni in tutto il paese, sorvegliate da quarantamila uomini in uniforme. Mancano sette giorni al referendum costituzionale, un ragazzo è volato giù da un ponte spinto da un carabiniere che nega l’accaduto. E questa è Plaza Dignidad – Lettere dal Cile.  

    1. Metamorfosi
    • La catena di supermercati Jumbo ha regalato smart-TV a coloro i quali hanno accettato farsi tatuare il logo di una campagna pubblicitaria. La proposta ha avuto tanto successo che Jumbo ha dovuto aumentare lo stock di TV in palio.
    • Il Cile è il paese al mondo con maggior consumo pro capite di bibite zuccherate (Coca-Cola, Fanta, etc.). Il 9% del reddito familiare è speso in succhi e bevande, superando i legumi (1%) e frutta (5%).
    • Il 75% del reddito familiare è utilizzato per ripagare debiti, secondo i dati del Banco Central del 2019.

    Potremmo partire da qui per capire chi è questo popolo in protesta e come ha conquistato il referendum costituzionale del prossimo 25 ottobre che può porre fine alla Costituzione adottata nel 1980 dalla dittatura militare (alla fine della newsletter, un riepilogo su come funziona il cammino costituente).  

    I cileni sono un popolo mezzo sangue – né indigeno come in Bolivia né euro-discendente come Uruguay o Argentina – che ha aumentato rapidamente le proprie condizioni di vita dal ritorno alla democrazia nel 1990. Oggi fa parte del club dei paesi ricchi OCSE e ha un reddito pro-capite di circa 24mila$, la soglia attorno alla quale un paese si considera di reddito medio, ma le diseguaglianze sono profonde: il 75% dei lavoratori guadagna meno di 700$ al mese e la pensione media è di 300$. Per tutti gli anni ‘90, il Cile ha davvero sognato di toccare il cielo con un dito. Il sogno si materializzava in consumi di massa: televisioni, case, auto, assicurazioni sanitarie, università per i figli e vacanze, grazie a un sistema di credito al consumo che ha permesso anche alle classi più umili di consumare al di sopra delle proprie possibilità. Così è nata la bolla dell’iper-indebitamento per la quale la famiglia media cilena ha un debito di circa il 75% del proprio reddito. Con il rallentamento della crescita mondiale, il peso del debito è aumentato e si è rotta l’idea di un futuro migliore. La disuguaglianza tra ricchi e poveri si riconosce anche dal diverso sguardo sul futuro. Le élite cilene hanno sempre a disposizione opportunità personali o di corporazione, mentre i ceti popolari senza aspirazioni collettive e gravati dal peso del debito sono spinti verso l’impoverimento. L’uguaglianza materiale è una delle basi su cui poggia la domanda popolare per una nuova Costituzione.  

    “Ci trattano come consumatori, non come cittadini” spiega Claudia Heiss, direttrice del corso di Scienza Politica della Universidad de Chile. La frustrazione è forte soprattutto nei giovani professionisti, cresciuti con la democrazia, che non hanno conosciuto la povertà né la dittatura, e hanno creduto alla promessa della meritocrazia: ‘sei padrone del tuo destino, dipende tutto da te’. Sono “l’eroe sconfitto del paese. Lavorano in cose diverse per quelle per cui hanno studiato, si sono rassegnati a un futuro più piccolo di quello che avevano sognato” li descrive il sociologo Manuel Canales.

    C’è una canzone che risuona spesso nelle manifestazioni e racconta la delusione delle promesse tradite:

    Da bambini ci dicevano

    ‘giocate a studiare

    gli uomini sono fratelli e insieme devono lavorare’

    ascoltavo quei consigli

    E non fu tanto vero, perché alla fine

    alcuni terminarono con allori e futuro

    e i miei amici prendendo a calci le pietre.

    Ad alcuni insegnarono

    segreti che a te no

    ad altri diedero questa cosa chiamata educazione

    chiedevano sforzo e dedizione

    E perchè?

    Per finire a ballare e prendere a calci le pietre.

    El baile de los que sobran de Los Prisoneros

    “I giovani professionisti frustrati sono la coscienza sociale del movimento popolare del 2019” continua Caneles, che ha promosso dei taller di ricerca su questo segmento di popolazione. Hanno studiato, affogano nei debiti per pagarsi la laurea, ma è grazie all’educazione se parlano il linguaggio della scienza e della legge, grazie all’educazione hanno preso coscienza dell’ingiustizia di una società dove le relazioni contano più di titoli di studio e sacrifici.  E con la protesta del 2019 hanno realizzato che il loro malessere non è un fallimento individuale, ma un fatto collettivo. La protesta li ha liberati dal senso di colpa, da debitori sono diventati creditori, chiedono indietro le promesse tradite. “Abbiamo aperto gli occhi”, “ci siamo tolti la benda” spiegano al gruppo di ricerca di Caneles. La teoria neoliberista, di cui è impregnata la Costituzione vigente e la società, non è stata sostituita da un’ideologia diversa. Ma qualcosa è cambiato, si è liberata un’energia, una forza di cooperazione, come nel caso delle ollas comunes, i pasti organizzati dai vicini durante la quarantena. C’è rabbia e c’è speranza in questi giovani professionisti, conclude la ricerca di Canales.

    1. Chi è odiato, inizia ad odiare.

    Il 18 ottobre dello scorso anno una ragazza saltò il tornello della metro, poi un altro. Protestavano contro un aumento di 3 centesimi di euro del biglietto del trasporto pubblico, la goccia che fece trabbocare un vaso colmo di risentimenti e frustrazioni. Si diffuse l’evasione massiva in decine di stazioni metro di Santiago, seguì la repressione delle forze dell’ordine e il coprifuoco che richiamò alla memoria i tempi bui della dittatura.  Poi la reazione: il 25 ottobre 2019 si svolse la marcha más grande de Chile a Plaza Baquedano, da allora ribattezzata Plaza Dignidad. E oggi siamo a una settimana dal referendum che può aprire una nuova pagina nella storia del paese. Ne è passata di acqua sotto i ponti. E da un ponte sul Mapocho, il fiume color terra che attraversa Santiago, è volato giù A.A., 16 anni, mentre stava partecipando alle proteste del 2 ottobre 2020. Video e foto che riempiono il web mostrano chiaramente un carabiniere che solleva il ragazzo dalla cintura e lo butta giù dal ponte. Il carabiniere Sebastián Zamora, 22 anni, individuato grazie al numero di riconoscimento sul casco, è stato posto in fermo preventivo, con l’accusa di tentato omicidio. Il ragazzo è stabile in ospedale, in stato di detenzione, accusato di disturbi durante le proteste.

    Vietato gettare persone nel fiume.

    Nella giornata di oggi sono previste manifestazioni in tutto il paese. Il clima è teso. I soli carabinieri hanno schierato 40mila uomini, quasi la totalità del personale. Il corpo dei carabinieri sta vivendo una profonda crisi di legittimità, da più parti si chiede una riforma dell’istituzione, la quale -nelle parole di un ex ministro dell’interno – si governa da sola da anni. Negli anni si sono susseguiti scandali di corruzione, inquinamento delle prove, abusi di potere, violenze sproporzionate. Solo nell’ultimo anno: 460 feriti oculari per proiettili di gomma o bombe lacrimogene, secondo i dati dell’Istituto Nazionale Diritti Umani. Tra loro, la fotoreporter Nicole Kramm, che ha perso l’occhio sinistro raggiungendo Plaza Dignidad per festeggiare il Capodanno 2020 e racconta la sua storia e quella degli altri feriti oculari in questo terribile fotoreportage. Una delle tante scritte sui muri di Santiago recita: In Cile la dignità costa un occhio della testa.

    “L’alto comando dei Carabinieri si comporta come un’istituzione autarchica, guidata da logiche tribali, in conflitto con la società, non al servizio di essa. Occultare prove di azioni delittuose, negare fatti evidenti, dare la colpa ad altri è un tic nervoso che mostra la degenerazione di un’istituzione incapace di autoriformarsi” scrive il giornalista Daniel Matamala.

    La violenta repressione delle forze dell’ordine si accompagna con le azioni di resistenza della primera línea, l’avanguardia delle manifestazioni, composta da giovanissimi che costruiscono barricate, affrontano le forze dell’ordine con pietre, fionde e si difendono con caschi e scudi di plastica. Molti di loro provengono da uno dei più grandi fallimenti delle politiche pubbliche cilene, il Sename, Sistema Nazionale dei Minori, che dovrebbe prendersi cura dei minori soli. E si è rivelato per essere un inferno in terra: violenze sessuali, adozioni illegali, vendita di organi. Chi entra al Sename è condannato a una vita di marginalità, dalla quale è quasi impossibile venir fuori. Una parte di questi ragazzi ha trovato nella primera línea un luogo di rappresentanza, scrive la giornalista Carolina Rojas. “Ragazzini cresciuti nella violenza si esprimono con il linguaggio della violenza, impossibile chiedergli un elenco delle riforme urgenti per il paese” afferma la politologa Javiera Arce. E oggi saranno in piazza anche loro.

    La grande maggioranza dei manifestanti è assolutamente pacifica, intendiamoci, ma tra alcuni di loro vi è un sentimento di tolleranza della violenza della primera línea. “Ci proteggono dai carabineros, permettono a tutti di poter manifestare pacificamente” racconta Marcia, manifestante in Plaza Dignidad.

    Chi è odiato, inizia a odiare a sua volta, scriveva Pasolini. C’è una parte di popolazione che disprezza i carabinieri e il senso di impunità che li protegge da ogni responsabilità legale. E viceversa, i carabinieri si sentono odiati e assediati. E’ questa spirale di odio, a mio giudizio, una delle chiavi per interpretare la violenza che esplode nelle manifestazioni, oltre la semplificazione “manifestanti buoni vs cattivi” e le critiche sull’utilità politica della violenza.

    E a proposito di valenza politica della violenza, due giorni fa un’inchiesta della rivista CIPER, ha svelato il tentativo di un poliziotto infiltrato di convincere un gruppo di manifestanti ad assaltare il commissariato di un quartiere. ‘Chi beneficia di questa violenza?’ si chiede il sindaco di Recoleta, Daniel Jadue, commentando la notizia di CIPER.

    1. Come funziona il processo costituente ?

    Infografica sul cammino costituente (clicca per ingrandire).

    Il cammino verso la nuova Costituzione prevede sia la partecipazione popolare con due referendum, sia un accordo per maggioranza qualificate tra élite. Nel primo voto popolare, previsto per domenica 25 ottobre, i cileni che si recheranno alle urne riceveranno due schede. La prima per scegliere se si vuole o meno una nuova Costituzione; la seconda per scegliere quale organismo debba redigere il nuovo testo: se un’assemblea mista – per metà eletta e per metà composta da parlamentari in carica – o un’assemblea costituente.

    L’assemblea, qualunque forma abbia, avrà perfetta parità di genere e da 9 a 12 mesi di tempo per presentare una proposta di nuova costituzione, la quale deve essere approvata in ogni suo capitolo da almeno 2/3 dell’organismo. Non vi è un voto finale, il che riduce il potere di veto della minoranza. Il testo così approvato verrà sottoposto a un referendum di uscita, nel quale i cileni dovranno votare per approvarlo o respingerlo. Nel caso in cui non venisse promulgato, rimarrebbe in vigore la costituzione vigente.  Diversi commentatori escludono l’ipotesi che la destra possa fare ostruzionismo per tutta la durata del processo per difendere lo status quo, poiché ciò aumenterebbe il periodo di incertezza che vive il paese e anche perché esiste una parte, seppure minoritaria, della destra a favore della riforma. 

    Per oggi è davvero tutto. Ci sentiamo alla prossima, con i risultati del voto. Buona domenica!


    Per approfondire:

    Cile: 18 ottobre 2019, un mio resoconto dei primi due mesi di protesta del 2019.

    Che vergogna! Una raccolta di racconti sul Cile degli anni ’90, di una delle più promettenti giovani scrittrici latinoamericane.

    Pateando piedras, l’album completo de Los Prisoneros, con El baile de los que sobran (1986).

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  • Bisognerà votare per Arce e Choquehuanca

    Bisognerà votare per Arce e Choquehuanca

    di René Behoteguy Chávez da Rebelión

    Traduzione di Alice Fanti e Manuela Loi. Commento di Daniele Benzi

    Salvo colpi di mano dell’ultima ora, che significherebbero l’inizio di un nuovo e probabilmente più cruento e chissà classico colpo di Stato, finalmente domenica si celebreranno le elezioni politiche in Bolivia. Le previsioni danno la vittoria al binomio Arce-Choquehuanca, due figure storiche della nomenklatura del MAS. Non è difficile capire il perché. La coordinazione intra élite per stabilizzare l’improvvisato golpe dell’anno passato è stata disastrosa, diventando tragicomica con l’arrivo del Covid-19, che comunque ha consentito di rinviare fino ad oggi la data del voto. Al contrario, nonostante le crepe interne, dopo gli errori colossali di ottobre e novembre dello scorso anno, il MAS è riuscito ad usare con accortezza gli spazi istituzionali che, incomprensibilmente, i golpisti gli hanno lasciato.

    La questione, quindi, è se la coppia Arce-Choquehuanca riuscirà a passare al primo turno. Cioè lo stesso problema del 2019, ma stavolta con Evo Morales proscritto e il MAS all’opposizione (sic!). È una eventualità quella del secondo turno niente affatto remota, stante anche la possibilità o, meglio, la probabilità, di tentativi di brogli. Aleggia di nuovo, così, lo spettro dell’equilibrio catastrofico, un’espressione gramsciana resa popolare in America latina dagli scritti sulla Bolivia di García Linera, ex vice-presidente di un paese dipendente fratturato da insanabili divisioni etnico-razziali, socio-classiste e territoriali.    

    La sinistra radicale in queste occasioni si trova davanti ad uno sgradevole dilemma: quello del voto/non voto. È già successo, continuerà a succedere. Personalmente penso che la logica prevalente, quella dei “senza se e senza ma”, abbracciata tanto dai simpatizzanti dei governi nazional-populisti come quello di Evo Morales, quanto dai suoi critici e avversari da sinistra (o al di là della sinistra, come nel caso di alcuni gruppi indianisti, femministi ed ecologisti), sia comunque dannosa, a prescindere da che parte si stia. Così come dannose sono le arroventate polemiche fra militanti-accademici, o accademici-militanti, nel bel mezzo di situazioni assai delicate, spesso tragiche o al limite della tragedia, facili da strumentalizzare e che creano muri invalicabili per il dialogo fra ragioni e sensibilità diverse. Alla fine, forse, bisognerebbe avere la lungimiranza per rendersi conto che l’esuberanza con cui si sprecano le accuse di tradimento o si affibbiano epiteti offensivi, in realtà nasconde la scarsa incidenza nei processi e l’impotenza delle voci che le manifestano. A volte, forse, la cosa migliore è tacere.

    Con rare eccezioni, la crisi politica dello scorso anno, poi sfociata in un golpe, ha mostrato il meglio, cioè il peggio, di questa logica dello spettacolo verbale per leggerezza e impotenza di cui sfortunatamente alcune voci della sinistra radicale sono capaci. La speranza è che non succeda di nuovo nei prossimi giorni. Perché di sgradevoli dilemmi che hanno già creato muri invalicabili ce ne sono stati parecchi negli ultimi anni e, quasi certamente, ancora di più ce ne saranno in futuro.

    Nel breve articolo che proponiamo, René Behoteguy Chávez ci spiega le ragioni per cui nonostante le molte perplessità, secondo lui domenica 18 bisognerà votare la coppia Arce-Choqueuhanca. Non lo abbiamo scelto per la posizione che esprime. Non è detto infatti che si debba necessariamente condividere questa scelta. Ma è una posizione che va rispettata per la qualità degli argomenti e il tono pacato dell’argomentazione, nel bel mezzo di una situazione assai delicata che, tutte e tutti, speriamo non diventi di nuovo tragica. [Daniele Benzi]

    I due candidati Luis Arce Catacora e David Choquehuanca

    Bisognerà votare per Arce Catacora e David Choqueuhanca, anche se con alcune perplessità dovute alle contraddizioni della candidatura del MAS. Perplessità ragionevoli dal momento che gli atteggiamenti personalistici e verticisti del MAS nella gestione dello Stato hanno spesso indebolito le strutture di base dei movimenti sociali.

    Perplessità per la cocciutaggine con cui ha insistito per una candidatura (Morales-García Linera) che aveva perso un referendum e che, con questa ostinazione, ha donato alla destra oligarchica, che vagava persa e disorientata, un appiglio che le ha permesso di mettere in piedi una mobilitazione di strada, convincendo una classe media ingenua e permeata di cultura coloniale che ha così fatto affiorare la sua radicata eredità di risentimento razzista.

    Perplessità perché la mancanza di profondità di un progetto di vera rottura anticoloniale e anticapitalista ci ha gettato in una situazione di convivenza quasi complice con le oligarchie di agricoltori e allevatori dell’oriente che, non contenti di essere tra i più avvantaggiati dalla stabilità economica raggiunta dal governo del MAS, non ci hanno pensato due volte nell’appoggiare un violento colpo di stato che è stato pagato con il sangue dalle classi popolari nei massacri di Sacaba e Senkata.

    Perplessità e contraddizioni tra una costituzione e un discorso teorico che danno priorità agli aspetti comunitari in ambito economico e sociale e una pratica di sviluppismo spesso in aperta opposizione con i popoli indigeni, che sono la ragione stessa di esistenza del MAS.

    Perplessità, infine, di fronte alla grande quantità di approfittatori e corrotti convertiti a un discorso pseudorivoluzionario che, in molteplici occasioni, si sono impadroniti di importanti settori dello Stato scalzando persone che hanno dato la propria vita per un vero processo di cambiamento. Nonostante tutto questo, bisognerà votare per il MAS e io lo farò.

    In primo luogo, perché, anche con tutte queste mancanze, la candidatura di Arce e Choquehuanca è l’unica che rappresenta i settori popolari e indigeni e, per questo, potrà essere da loro chiamata a rispondere. Tutte le atre fanno gli interessi dell’alleanza strategica tra il Dipartimento di Stato statunitense e le classi oligarchiche ed è a questi interessi e a nessun altro che risponderanno. Mesa e Quiroga rappresentano la peggiore eredità del passato coloniale neoliberale che ha lasciato il paese sull’orlo della bancarotta, sottomesso agli organismi internazionali da cui si dipendeva persino per pagare i salari del settore pubblico, mentre i nuovi, Camacho e Chi, rappresentano una ultradestra ignorante, violenta e di una religiosità fondamentalista che assomiglia a una caricatura di Trump e Bolsonaro (come se non fossero già abbastanza delle caricature loro stessi).

    Bisognerà votare Arce e Choquehuanca anche perché un trionfo di Mesa o Camacho rappresenterebbe il consolidamento del colpo di stato razzista realizzato tra ottobre e novembre 2019, che si aggiungerebbe all’impunità dei responsabili dei massacri di Senkata e Sacaba. Significherebbe anche la normalizzazione dei comportamenti violenti dei gruppi fascisti come Resistencia Juvenil Cochala o la Unión Juvenil Cruceñista, che non si fanno scrupoli a imporre il loro fanatico fascismo nelle nostre strade.

    Bisognerà votare Arce e Choquehuanca perché, anche con tutti i difetti appena citati, questo processo di 14 anni ha significato un passo avanti importante in termini di diminuzione della povertà e nella conquista dei diritti, ma soprattutto ha significato la conquista di dignità e autostima per le maggioranze operaie, popolari e indigene calpestate dallo stato coloniale sin dalla nascita della Repubblica e impoverite a livelli insostenibili negli anni del modello neoliberale.

    Bisognerà votarli anche se ci vedremo costretti, già dal giorno dopo la loro vittoria, a pretendere autocritica e riorientare il processo. Ci sarà pur sempre un processo da riorientare e non il ritorno al deserto del passato neoliberale coloniale.

    Alla fine, quelli che si sono posizionati e hanno preso parte attiva nella lotta di classe in favore delle classi operaie e popolari e per i popoli indigeni nella lotta per la decolonizzazione, non dovrebbero avere troppi problemi a capire chi è dei nostri e chi no. Per questo bisognerà votare per Arce Catacora y David Choquehuanca.

    René Behoteguy Chávez, boliviano, militante di Askapena e residente nei Paesi Baschi.

  • The long silence in the murder of Mario Paciolla

    The long silence in the murder of Mario Paciolla
    Proteste in Colombia contro la violenza delle forze dell’ordine
     (Lapresse)

    di Gianpaolo Contestabile e Simone Scaffidi da Il Manifesto Global

    Two months have passed since the death of Mario Paciolla, the Italian volunteer who worked for the UN Verification Mission to monitor the peace agreements in San Vicente del Caguán, Colombia.

    The results of the autopsy, while still partial, indicate an attempt at a cover-up orchestrated by the killers, who tried to make Mario’s murder look like a suicide. The reconstruction by the Colombian police makes an airtight case: some of the key items from the crime scene are missing, the mark on the neck that caused him to suffocate doesn’t seem to match the noose made from a sheet with which he was found hanged, and the traces of blood found in the room don’t fit with the cuts found on his arms.

    The silence of the Colombian political institutions continues, despite the investigation by Claudia Duque, a journalist and friend of Mario Paciolla, which was published on the front pages of the main national newspaper, El Espectador, and linked the murder of the UN volunteer with the scandal around the resignation of the former Minister of Defense from Ivan Duque’s government.

    The UN continues to maintain the line of confidentiality and silence, including with regard to the connections between the Verification Mission and the Colombian military apparatus. In Italy, after the promises made during the first few weeks, the government has not yet been able to obtain any concrete responses, either from the Colombian diplomatic authorities or from the United Nations.

    While the institutional silence doesn’t help in getting the investigation moving, the efforts of the family and the upswell of solidarity at the grassroots level are focused on trying to use every means available to keep the public’s attention on the case and demand justice on both sides of the ocean.

    The organization Pueblos en Caminos, a network that connects different struggle movements for autonomy and the defense of the territory in Colombia and other parts of the continent, was one of the first institutions to express its sorrow at Mario’s death and reject the hypothesis that he had committed suicide. On September 2, they published a new press release in which they wrote “Viva Mario… Mario Lives! The uncomfortable truths are sprouting up,” dedicating to him some verses from the Mapuche poet Elicura Chihuailaf’s poem, “The key that no one has lost.” Nadia is a researcher engaged in the defense of the local territory of Caquetá, the region in which the municipality of San Vicente is located, and this is how she remembers Mario: “He was one of our best contacts, he was very dedicated to his work, he was already in his second tour with the Verification Mission and had strong values that made him fully committed to his work.”

    Nadia has collected positive feedback about the work of the Mission and the reports compiled by UN operators, including Mario Paciolla, but rumors about the professional profile of the security manager, Christian Thompson, a former military and energy security agent, made her concerned: “One hopes that the UN would hire people and companies that are not controversial, but this cannot be guaranteed when hiring people who work in providing security for oil and mining companies.”

    Simone Ferrari, an Italian researcher who was recently in San Vicente, says that the UN headquarters there is still in operation, although when he showed up to ask to speak with the members of the Mission, a security guard told him that “they were in a meeting with either the police or the army.” Ferrari then went to the local police headquarters, where he verified that they were not there, and came to the conclusion that they were at the “military battalion.

    Julio is an activist from San Vicente who works to defend the rights of farmers, women and children in the area. According to Julio, the UN has been the leading light for human rights organizations in the region, training social leaders, protecting victims of violence and guaranteeing protection for activists, but he admits that “after the murder of Mario Paciolla, new doubts have arisen about what is happening inside the UN, because it is normal for reservations to arise after such a crime.” Julio also spoke of the presence of military bases of the U.S. Army that are committing abuses against the population with total impunity.

    The influence of the United States on Colombian politics and its military presence within the borders of the state is an inescapable historical reality. In 1999, with the entry into force of Plan Colombia, collaboration between the Colombian and U.S. military forces was established for the purpose of ensuring the economic development of the country and suppressing drug trafficking and guerrilla movements. After two decades of war that generated thousands of civilian deaths and allowed new criminal organizations to take root, and during which the preexisting ties between the Colombian state and paramilitary and drug trafficking groups came to light, President Duque announced the new Colombia Grows Initiative on August 18, with which the United States is renewing its commitment in the war against criminal organizations on Colombian soil.

    In addition to the U.S. military, the U.S. Agency for International Development (USAID), which also employed Thompson, is likewise present in San Vicente, responsible for land management and environmental conservation together with other NGOs. San Vicente is located on the outskirts of the Amazon rainforest, and many territories have been transformed into natural parks, where communities are now living in a state of legal precariousness that favors abuse and repression by law enforcement agencies. The municipality of San Vicente also hosts the only functioning oil well in the region, as well as 21 others that are not yet active.

    Behind all the talk about development, cooperation, the promotion of peace and ecology, there are several actors who are competing for the control of an area with strong economic interests, leaving less and less room for the self-determination of local communities that claim the land as their own.

    Cristina Batista is a Colombian activist who had to leave her country because of threats and is now living in exile in Italy. She is part of a group of other Colombian exiles in Europe, and people sympathetic to their cause, who have decided to organize a virtual conference on Wednesday, October 7, with the aim of creating a platform that will put pressure on the European institutions to ensure a transparent and independent investigation.

    In their press release, they write: “We ask the international community, European society, the UN High Commissioner for Human Rights in Geneva, the European Parliament and the Italian Parliament to request the Colombian government to carry out the judicial investigations and to identify not only the perpetrators of the murder of UN volunteer Mario Paciolla, but also those intellectual and material responsible for the dozens of killings of human rights defenders in Colombia.”

    These words echo those of the Colombian doctor and activist Manuel Rozental, who said: “Is it enough to find out who killed Mario Paciolla? Is it enough to find out why they killed him and how? No. This will be just the beginning. It is necessary to shed light on what was planned in Caquetá with the signing of the Peace Agreements. It is necessary to know the interests that are active in that territory and how the different actors are competing for the profits, the territories, the trade routes and the lives and deaths of the people.”

  • Il cileno che traduce Machiavelli [Plaza Dignidad – Lettere dal Cile]

    Il cileno che traduce Machiavelli [Plaza Dignidad – Lettere dal Cile]
    Jose Antonio Viera-Gallo

    Nuovo capitolo della newsletter di Federico Nastasi “Plaza Dignidad – La newsletter sul referendum costituzionale che può cambiare il Cile”.


    11 Ottobre 2020- 2 settimane al voto

    Jose Antonio Viera-Gallo è un signore di settantasette anni, avvocato, politico di lungo corso, già ministro e presidente della Camera, docente universitario, ambasciatore. A ventisette anni entra nel governo di Allende, col golpe va in esilio a Roma, dove vi passa dieci anni. Tornato a Santiago, partecipa ai governi di centro sinistra della Concertación (1990-2005) che guidano il Cile nella transizione democratica. Durante i tumulti del 2019, innesco del processo costituente in atto, si è dedicato a tradurre Machiavelli. Viera–Gallo è un esponente eclettico dell’élite progressista del paese, conosce il potere poiché lo ha esercitato e studiato, ha una passione politica e una curiosità per la vita che a volte trabocca nella nostra conversazione. Parlare con lui ci permette capire la posta in gioco del referendum del prossimo 25 ottobre, quando si sceglierà se adottare una nuova Costituzione, superando quella di Pinochet.

    <<Il momento costituente cileno è privo dell’epica della Costituente italiana, della volontà di ricostruire il paese distrutto dalla guerra e dal fascismo. E privo dei grandi leader della Costituente spagnola, che pur di superare la dittatura accettarono la monarchia, la stessa che combatterono nella guerra civile. Per questo credo si debba puntare sull’essenziale: un ruolo più ampio dello Stato in economia; ridurre i quorum iper-maggioritari; decentralizzare lo Stato; riconoscere i popoli originari: il dramma del Cile odierno; allargare i diritti sociali e politici. Fare queste cose è già tanto, cambierebbe il paese. Tuttavia, il processo ha una sua originalità: l’assemblea che dovrebbe redigere la nuova Costituzione avrà perfetta parità di genere, un unicum al mondo. Questo è il risultato di un voto trasversale in parlamento che mi fa pensare che alcuni risultati per l’uguaglianza di genere siano ormai irreversibili>>. 

    Ad ottobre 2019, un aumento di pochi pesos del biglietto della metro fu il detonatore di un movimento popolare che per mesi riempì le piazze del paese, con la richiesta di un nuovo patto sociale e ottenne la convocazione del referendum previsto tra due settimane. <<La protesta di ottobre 2019 nasce da un movimento ampio, senza leader né richieste precise. Va inquadrata nei grandi movimenti globali, dagli USA a Hong Kong. Ci sono grandi aspettative verso la nuova Costituzione, ma è bene chiarire che molte richieste di cambiamento non riguardano la Carta, ma politiche pubbliche e cambi culturali: penso alle pensioni basse. L’incognita del voto del prossimo 25 ottobre non è la vittoria del Sì, ma la partecipazione. C’è paura del virus e abbiamo un problema storico di partecipazione elettorale. Una bassa affluenza potrebbe depotenziare le domande di cambiamento>>.

    Non è la prima volta che si cerca di superare la Costituzione di Pinochet, un tentativo fu fatto dalla presidente Michelle Bachelet (2012-2017), esponente del Partito Socialista di cui è membro Viera-Gallo.  << Lei sapeva di non avere la maggioranza parlamentare, ma avviò ugualmente un processo al quale parteciparono oltre 200mila persone, attraverso consultazioni dal basso. Come sostiene Papa Francesco, è più importante avviare processi che occupare spazi. E oggi grazie al processo Bachelet la società cilena è più preparata a quanto sta avvenendo>>.   Tuttavia, quel tentativo fallì <<Bachelet non aveva la maggioranza. Caratteristica comune quasi a tutti i governi, che sommata ai quorum iper-maggioritari ha bloccato le richieste di cambiamento di una società che si evolveva a una velocità maggiore della politica>>.

    Viera-Gallo alle prese con i quorum da presidente della Camera (1990-1993)

    Gli alti quorum, eredità della dittatura, impediscono apportare modifiche sostanziali alla carta costituzionale e adottare politiche pubbliche audaci <<Penso alla pressione fiscale, oggi circa il 20% del PIL, dovrebbe crescere per poter rispondere alle nuove domande sociali. Ma per aumentarla è necessario un accordo trasversale che non si trova. Non va dimenticato: la destra è forte, vale almeno il 40%. È il risultato di Pinochet del referendum che perse nel 1989>> Viera-Gallo ricorda il voto con cui il dittatore cercò di prolungare il suo mandato, perse clamorosamente e si aprì il cammino verso il ritorno della democrazia.

    “Corse da solo, arrivò secondo” titolò un giornale all’indomani del referendum del 1989, epilogo della dittatura cilena.  

    Per superare il problema dei governi senza maggioranze che depotenziano il potere dell’esecutivo, Viera-Gallo indica l’opportunità del nuovo testo costituzionale per << adottare il modello Westminster, dove si governa con maggioranza semplice e inserire contrappesi che controllino il governo>>. 

    Le manifestazioni del 2019 sono state interpretate come il risultato della distanza tra l’alto e il basso della società cilena, un malcontento nato nella frattura tra élite-popolo. <<Per Machiavelli la tensione tra élite e popolo è inevitabile. La élite non prende il trasporto pubblico, non vive in periferia, non ha debiti da pagare. È storicamente così, il problema è l’assenza di un canale istituzionale che governi la frattura>>.

    L’altra grande frattura, interna alla sinistra cilena, è generazionale: tra la vecchia generazione sopravvissuta alla dittatura e protagonista nel ritorno alla democrazia e la nuova generazione. I giovani cileni non si riconoscono nei partiti tradizionali e alcuni di loro hanno dato vita a una nuova alleanza, Frente Amplio, che insidia le storiche formazioni di sinistra. 

    <<Anche noi contestavamo i partiti tradizionali>> Viera-Gallo nel 1970 entrò nel governo Allende come esponente del MAPU, una scissione di sinistra della Democrazia Cristiana.  << La gioventù è impetuosa, crede che la volontà cambi le circostanze. Col tempo ci si rende conto che i processi sociali sono lenti, guidati da fattori fuori dal nostro controllo. Ma è una frattura utile alla società. Gli adulti fanno un bilancio della loro vita e pensano che l’orizzonte del possibile sia il loro punto di vista, mentre i giovani dicono che è possibile andare oltre. Ma a volte provocano effetti controproducenti. È una dinamica complessa, la politica è un arte complessa>>.

    Su un muro in Plaza Dignidad, epicentro delle manifestazioni del 2019, una scritta di vernice recita “El pueblo unido avanza sin partidos”. Secondo le inchieste di opinione, i partiti sono le istituzioni che raccolgono meno fiducia da parte della popolazione, appena il 5% nel 2018. <<I partiti sono ancor più debilitati dopo la protesta del 2019, ma è una tendenza storica del mio paese. Il presidente Ibáñez, eletto nel 1952, aveva come simbolo una scopa, per spazzare via la corruzione dei partiti. Non c’è mai stato un sentimento di amore verso i partiti. Oggi è tutto più difficile, non si può immaginare la politica con gli strumenti di una volta. C’è un mercato elettorale fluido, i partiti puntano a prendere i voti indipendentemente dalla loro provenienza. Stavo leggendo della vittoria di De Luca in Campania, ha preso molti voti dal centro destra, è un fenomeno presente anche da voi. Bisogna pensare a nuovi modelli, mia figlia ha partecipato alla campagna di Obama e le hanno solo chiesto di volantinare al supermercato, non un atto di fede per i Democratici>>.

    Nel pieno delle proteste del 2019, Viera-Gallo si è dedicato a una traduzione in spagnolo de ‘Il Principe’ di Machiavelli, un’occasione per tracciare un bilancio dell’esperienza politica della sua generazione. << Machiavelli ci insegna due cose. La prima è che i cicli finiscono, i sistemi politici decadono, bisogna sempre preoccuparsi di rinnovarli.  Quel che stiamo vivendo è un naturale processo di rinnovamento della democrazia cilena. È come in C’eravamo tanti amati di Scola, si sognava una cosa e poi ci si rende conto che non era come si immaginava>>.

    E l’altro? <<La politica non si giudica per le intenzioni, ma per i risultati. È un appello al realismo, una diffida alla politica dei desideri. In America Latina è pieno di profeti disarmati che pensano che sia tutto com’è scritto nei libri>>.

    Campagna elettorale per la Concertación a favore di Viera-Gallo, anni ’90.

    Con in mente questi due insegnamenti, Viera-Gallo guarda al lungo ciclo dei governi della Concertación di cui è stato protagonista. <<Il ciclo politico è finito, ma i suoi effetti sono tuttora vigenti. Penso al potere che abbiamo dato alla società: tutta questa gente che va in piazza, anche se manifestano contro di noi, non sarebbe stato possibile senza di noi. Quando andammo al potere c’era il 40% di povertà, il PIL pro capite era di 4000 USD, c’era molta paura. La Concertación ha chiuso con la notte della dittatura. Abbiamo saldato un debito che avevamo col popolo cileno dai tempi della sconfitta della Unidad Popular di Allende. Le critiche fanno parte dei processi politici, ma è ingiusto dire che siamo stati la proiezione civica della dittatura>>. 

    La conversazione si chiude con un ricordo del paese che lo accolse nel 1974. Viera-Gallo meno che trentenne abbandonò il Cile di Pinochet per rifugiarsi in Italia.

    Roma, 2015. La presidente Michelle Bachelet ricorda gli cileni esuli in Italia con una visita al mercato Testaccio, luogo al quale è dedicata una canzone  degli Inti Illimani.

    <<I cileni in Italia sono stati i primi immigrati in un paese di emigranti. Partiti e gente comune ci accolsero a braccia aperte. A Roma vivevo in un appartamento in affitto al Gianicolo, pagavo in equo canone un affitto di 100 dollari, con la mia borsa di studio di 500 dollari. Eravamo entusiasti e bastava poco per vivere, lavoravo in un istituto di ricerca con Lelio Basso. A largo di Torre Argentina il PSI ci aveva dato un ufficio per ospitare ‘Cile democratico’, coordinamento politico degli esiliati, mentre ‘Cile Italia’ organizzava le iniziative di solidarietà gestite da tre compagni del PCI, grandi persone. L’esilio è duro, ma l’Italia lo rese più lieve: imparai molto della vostra storia, della politica. Ci ho vissuto dieci anni, è la mia seconda patria>>.

    Per oggi da Plaza Dignidad è tutto, alla prossima!

    PS Grazie a Giuliano Battiston per la preziosa revisione di questa intervista, effettuata nell’ambito del corso ‘Teoria e tecnica dell’intervista’ del Centro di Giornalismo Permanente.

    Per approfondire: La meglio gioventù cilena. Frente Amplio e rinnovamento generazionale in Cile

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