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Todos presos o presuntos (Jornada Semanal)

florence graffiti

[De Fabrizio Lorusso – Jornada Semanal – 6 de octubre de 2013] Llevaba ropa especial: pantalón café sin cinturón, zapatos verdes inocentes, camisa sobria y chamarra rompeviento, rompesilencio. Cero vivacidad cromática.

Rumbo al sur, delegación clasemediera. El zigzagueo y el aire matutino me distraían. Estacioné la moto, lucía mejor cerca de mi poste favorito que recuerda la Torre de Pisa. Sobreviviente del tráfico, sentía que la libertad eran ese aire y el camino, preciosos.

Por órdenes superiores, por el peso de la ley, vacié bolsillos y cerebro. Lo despejé con una meditación forzada y repentina. Toda pertenencia, celular, llaves, dijes, los excedentes y excesos, el buen humor y las ideas, todo lo encargué al patrón de la fonda de enfrente, hombre amanerado.

“¿A quién visitas acá, muchacho?”, preguntó una vez. “A una que, al parecer, la quieren mucho, pues no la sueltan, hace siete años”, dije esa vez.

Mientras tanto, tomaba el jugo de naranja que, desde siempre, es puntual. Cinco minutos antes de las diez y listo. Salí, crucé la calle, dejé esperanzas y asperezas, como el vate Dante en el umbral de los ínferos. El acercamiento siempre induce fantasías: jaulas de cajeta dulce y gendarmes de papel higiénico, derrumbándose.

A la hora, abrieron la puerta y fue día, subió el sol y chirriaron las barras. Accedí al área federal, con gente muy federal.

Es uno de los tristes corralones de las y los olvidados del país. Son casi un cuarto de millón, los olvidos abarrotados, las personas repelidas por haberse “portado mal”, quizás.

Entregué mi pasaporte y el uniformado guardó mi identidad en un cajón. La encerró. Entonces fui otro por un tiempo, como otro soy en el trabajo, en la calle, con mi familia o en la universidad.

Tenemos papeles, muchos yos, en la vida. A veces tratamos de reconciliarlos para que convivan y, cuando no se puede, hay terapias y terapeutas que prometen milagros para ayudarnos. Dicen.

Aquí soy visita. Los habitantes del lugar, en cambio, son números ordinales y tienen colores distintos: los beige esperan juicio, los azules están sentenciados. Es la readaptación social, fuera de la sociedad.

“¿A quién visita? ¿Florence?”, preguntó un poli. Sé que Florencia es una linda ciudad, la visito seguido, pero no lo dije. Mi voz contestó: “Sí”, entre miradas solemnes. Si traías cara foránea, sabían con quién ibas. En el Cereso de Tepepan estaban acostumbrados al vaivén de extranjeros y periodistas, c’est normal. “Cassez”, completé mi respuesta.

¿Justicia o venganza? ¡Qué lío la prensa! “Si hay delito, habrá castigo para quien sea, la verdad no importa”, sugieren algunos. Cuenta más mostrar cifras, evidencia de exitosas gestiones anticrimen, y una cara convincente, la fachada restaurada del “buen gobierno”. “Actuamos para ti y tu familia, seguridad estelar y ley”, repite el disco. Así, un interés nacional creado choca con otro interés nacional ficticio. Jefes y medios rudos rehacen la batalla de Puebla, pero las personas quedan en medio. Las naciones son más fieras cuando sólo viven de su nacionalismo.

Ella esperaba, sonreía junto a una señora del barrio que llaman “bravo”, pieza del México profundo, quien vestía de azul, sentenciada por un homicidio que juraba no haber cometido. Confesó: “Defendí a mi hijo y como retorsión me agarraron a mí y luego a él.” Y remató: “Muchos desprecian Tepito, sin saber que a México los gringos lo consideran el Tepito del mundo.”

Fuimos al salón de visitas donde hay baños al fondo, tiendita al principio y mesas en el centro. “Hola, cómo estás?” “Bien, más o menos.” Un beso en la mejilla, no tres como en Francia. Si no renuncias a tu sonrisa, sales ganando aquí. Si no pierdes el decoro, no te pierdes. Los años pasan, la esperanza no.

La depresión es la Enemiga, eterna compañera indeseada. En las jaulas amargas de metal, en las prisiones, también la soledad es omnipresente, pese a que siempre hay alguien que te rodea.

¿Qué es la presunción? ¿Y la de inocencia? ¿Un lema abstracto o algo escrito en la Constitución? Es un pilar del estado de derecho en democracia. ¿Por qué más del cuarenta por ciento de los presos están de beige y quedan meses o años enjaulados? Desgana y lentitud de la justicia. Recursos escasos, indiferencia.

Son presuntos culpables, más que inocentes, los que esperan juicio en la cárcel. Si son acusados de delitos graves, no pueden defenderse afuera del muro, en libertad. Ya no son presuntos inocentes. Hay que proteger a la sociedad que ellos (¿presuntamente?) lastimaron. Cierto.

Si todo funcionara bien, si el fair play policial-judiciario le ganara el partido a la fábrica de culpables y la corrupción, el razonamiento sería fluido, justo. Mas no siempre lo es. En la Facultad de Derecho de la UNAM tienen un sarcasmo: “En México un vaso de agua y un auto de formal prisión no se le niegan a nadie.”

Nos sentamos. Café soluble, agua, un mantelito. Traje galletas. Hablamos. Horas de dudas, de conocer, de entender lo que pasó y cómo era la existencia allí. Faltaban cincuenta y tres años, una vida, enterrada. Pero había esperanza y reflectores. “Es famosa, con apoyos”, decían. Pero eran zumbidos, la política, la instrumentalización, los medios, y en ese ruido se está más solo que nunca, en la “estancia”, o sea la celda.

Vivimos México, no sólo en México, y duele que no haya paz. Impunidad y delitos son dos caras de una medalla, la guerra empieza por las injusticias cotidianas. A veces conocemos unas gotas en el océano de las y los reclusos, cada quien con su caso, como Ignacio, Jacinta o el Profe. En general, no tienen voz ni los culpables ni los inocentes, y el límite entre ellos se difumina, si el sistema no trabaja bien. Si el servidor no sirve.

El cerco, el muro del silencio, está en la mente, no es de concreto. Todos somos presos de algo o de nosotros mismos, de nuestras costumbres y creencias, de estereotipos y prejuicios. En fin, todos somos presos políticos de nuestras cabezas y presuntos culpables, si a la Inocencia y a la Justicia las condenaron al olvido perpetuo. Adieu.

La fabbrica dei colpevoli

Fabrizio Lorusso – VicoloCannery.It – In Messico ci sono fabbriche e aziende di ogni tipo: la Cervecera Modelo produce la birra globale Corona e le sue sorelle: Montejo, Pacifico, Vicoria. La Cemex è leader mondiale del cemento, Pemex è la grande e farraginosa compagnia petrolifera nazionale, si assemblano auto di tutte le marche e il settore calzaturiero è fiorente. Ma in questo articolo non volevo parlare di economia quanto di giustizia, legge, polizia, abusi, politica e diritti umani. Volevo farlo spiegando che cos’è la speciale, e tristemente nota in terra azteca, “fabbrica dei colpevoli”: un termine che pochi conoscono e che, la prima volta che l’ho sentito, mi ha ricordato immediatamente la “macchina del fango” di cui parlava Saviano, e non solo lui, riguardo alla realtà italiana dei media e della politica che nel fango ci sguazzano.

Il termine fa il suo effetto, è immediato, rapido come la fabbrica messicana dei capri espiatori, la produzione in serie di rei, confessi e non, torturati e non, che possano in qualche modo tappare le enormi falle, copiose e sanguigne come i 60mila morti della “guerra al narcotraffico”, di un sistema che solo riesce a perseguire e condannare il 2% o poco più dei responsabili di delitti. L’impunità al 98% significa che quei pochi che prendi li devi far vedere, li devi esporre al pubblico ludibrio come fossero fiere in gabbia, devi calpestare la presunzione d’innocenza per trasformarli in trofei, tanto più spiattellati sui mass media quanto più l’inettitudine, statisticamente imbarazzante, dimostrata dallo Stato si fa abitudine, routine preoccupante. Pochi ma famosi, potremmo dire (storia della narcoguerra: link)

E se tanto noti non erano prima della cattura, i delinquenti (presunti?) lo diventeranno presto grazie alle TV. Internet conta ancora poco, meno che in Italia, quindi radio e tubi catodici la fanno ancora da padroni. Per esempio i candidati alla presidenza del paese nelle prossime elezioni dell’1 luglio a stento comprendono le potenzialità e gli usi concreti dei social network: Obama sta a pochi chilometri verso Nord, ma la frontiera è sufficiente per bloccare la cultura della rete, c’è un digital divide che corre lungo il Rio Bravo. Anche il Governo è succube del duopolio televisivo privato, Tv Azteca+TeleVisa, che contribuì a creare negli anni delle privatizzazioni fatte a tutti i costi, salvo poi vendicarsi periodicamente coi gruppi editoriali più critici.

Il 95% dei processi messicani finisce con una sentenza di condanna. In pratica, quei pochi che riescono a prendere, non hanno quasi scampo. La polizia è così efficace, solamente ed esattamente con quei pochi? Ci sono molti, troppi dubbi al riguardo. E qualche certezza anche. 112 milioni di abitanti e 235mila detenuti (in Italia sono circa 60mila per 60 milioni di cittadini), quasi il 60% di loro resta in attesa di giudizio per anni, son tutti vestiti di beige, mentre gli altri diventano blu (blu jeans, blu shirt, blu tutto) non appena il giudice, che non vedranno mai in faccia durante il processo, li condanna.

Povera, indigena, donna, dei quartieri slum o di un paesino sperduto in provincia, magari moglie di qualche personaggio in vista, sia egli ladruncolo o attivista militante, commerciante oppure oppositore politico di qualche cacicco locale. Basta essere la sua donna, spesso, per finire dentro al posto suo o con lui, sempre che il soggetto non venga fatto sparire prima o non sia vittima di un’ipotetica sparatoria. Basta essere indigena e vivere in terre colpite dalla fame e dai conflitti per la poca terra disponibile. Basta essere neutrali, magari, né zapatisti né di qualche partito politico nel profondo Chiapas o nell’orgogliosa Oaxaca, per essere sospettati.

Infine basta alzare la voce senza averne titolo, nell’opinione del potente di turno, per avere tutta la forza dello stato e della legge civettuola contro di te. Di cosa sto farneticando? Della fabbrica dei colpevoli, una delle industrie messicane più spietate e necessarie al sistema che vi siano. Un livello minimo di produzione di questo famigerato “bene pubblico” va sempre mantenuta, non importa se a piede libero ci restano i criminali veri e le vittime continuano a sprofondare nel senso di pericolo e nell’incertezza. Importanti sono i numeri, le cifre, le catture. Perché ne parlo? Per le ingiustizie, per la paura che l’aleatorietà latino americana e messicana, caraibica e autoritaria si scagli un giorno contro i miei, contro i nostri, contro qualcuno, anzi contro chiunque, come già succede da secoli e come personalmente vedo da anni. E ancora da anni ne sento parlare, in carcere, fuori, per strada, sui giornali, nei libri, al bar, al cinema, in città e in campagna ed è ora di riparlarne, qui e all’estero.

Ci hanno pensato due giornalisti francesi, Anne Vigna e Alain Devaldo, a pubblicare nel 2010 il saggio Fábrica de culpables. Florence Cassez y otros casos de la (in)justicia mexicana (versione  in spagnolo, Ed. Grijalbo, del libro in francese Peines mexicaines. Florence Cassez, Jacinta, Ignacio et les autres (di First Document Ed., 2009): fabbrica di colpevoli, il caso di Florence Cassez e quelli di tante altre ingiustizie messicane.

Da quel libro e da altri articoli, documentari e reportage di denuncia di coraggiosi ricercatori e giornalisti messicani traggo qualche esempio per farmi capire meglio. In breve. I casi, cioè le persone vittime d’ingiustizia, sono tantissimi, ma pochi riescono ad arrivare, per i più svariati motivi, a una “ribalta mediatica” che li rende emblematici e in alcuni casi costituisce un’ancora di salvezza per non finire nel dimenticatoio della giustizia e sperare di rivedere la luce del mondo esterno. Magari grazie a un buon reportage, alla stampa che prima crea il mostro poi lo vuole libero. Magari grazie a qualche deputato influente, a un politico, a un’amnistia – come successe con lo scrittore Massimo Carlotto in Italia dopo oltre un decennio di deliri e contraddizioni – a un giudice accondiscendente oppure, perché no, alla Suprema Corte che funge spesso da giudice d’ultima istanza e correttore di certe storture comprovate.

JACINTA. Jacinta è un’indigena dell’etnia Otomì, abitante della comunità di Santiago Mexquititlán, 200 km a nord di Texcoco, località ubicata a oriente della capitale nei pressi dell’aeroporto. Oggi ha 50 anni, parla e capisce poco lo spagnolo ed è stata arrestata nel 2006 per aver rapito sei agenti della FBI messicana (!), la AFI, che erano armati fino ai denti e in servizio. Un caso surreale ma vero. Jacinta venne identificata dentro una fotografia scattata da un giornalista durante una convulsa giornata di zuffe e litigi tra la polizia e un gruppo di commercianti del mercato. Come ripicca per i diritti rivendicati e ottenuti dai commercianti in quella giornata, il 26 marzo 2006, la fabbrica dei colpevoli si mise in moto condannando lei e due concittadine a 21 anni di prigione. La pressione di stampa e organizzazioni per la difesa dei diritti umani, come il Centro Miguel Agustín Pro Juárez, è servita a farla rimettere in libertà il 16 settembre 2009, senza risarcimenti né scuse ufficiali. Restano in prigione, però, le sue due “complici”, altre due donne del paese, Alberta e Teresa, presenti anche loro per puro caso nella foto del giornalista insieme a Jacinta, accusate e condannate per sequestro di persona ai danni degli agenti.

ROSA. Un caso analogo è quello della trentatreenne Rosa, un’indigena di lingua tzotzil del Chiapas, stato del sud del Messico al confine col Guatemala, la quale è stata condannata per un reato commesso dal marito a 27 anni di reclusione. Ne ha parlato Luisa Betti sul Manifesto, “Rosa López Díaz è una detenuta messicana che vive nel carcere San Cristóbal de las Casas, in Chiapas, con il suo secondo bambino, Leonardo di due anni, dopo aver perso il suo primo figlio, Natanael, nato malato per le torture subite” e, commenta la giornalista, “Rosa è l’emblema di tutte le ingiustizie discriminatorie che un essere umano può subire: è donna, indigena, povera, detenuta e quindi senza diritti ma è anche madre, e per questo più esposta perché ricattabile attraverso il figlio”.

IGNACIO e ATENCO. Ignacio Del Valle è un attivista sociale importante, un esponente in vista del movimento dei macheteros del Frente Popular para la Defensa de la Tierra (FPDT- http://atencofpdt.blogspot.com/) che nel 2002 riuscì a bloccare la costruzione di un nuovo aeroporto a Texcoco, a est di Città del Messico, promossa dal governo del conservatore Vicente Fox. Da allora il movimento è diventato un punto di riferimento per le comunità locali e nel maggio 2006 è rientrato nelle cronache per le repressioni violente che ha subito e in cui è stata coinvolta la popolazione di Atenco, una cittadina situata a pochi chilometri dalla capitale vicino a Texcoco. Le vicende di Atenco sono piuttosto complesse e si tratta delle peggiori repressioni della polizia viste in Messico almeno negli ultimi dieci anni, insieme a quella di Oaxaca, sempre nel 2006. Solo per citare le nefandezze più note: violenze sessuali, espulsioni arbitrarie di stranieri dal paese, pestaggi, assassinii della polizia (2 giovani uccisi tra i manifestanti), fabbricazione di accuse, torture in carcere e durante la cattura, centinaia di feriti, violazione di centinai di domicili e abitazioni private, insomma una carneficina condotta da forze militarizzate contro cittadini che rivendicavano il diritto di poter vendere i loro prodotti nel mercato dei fiori. Sproporzionata la reazione governativa così come le pene inflitte, basate su prove inventate, ad alcuni membri del Frente come Ignacio e altri 11 che sono rimasti in prigione per oltre 4 anni e sono stati liberati nel 2010 grazie a una sentenza della Corte Suprema e solo in seguito alle enormi pressioni internazionali e nazionali (11 Premi Nobel per la Pace si schierarono dalla parte della gente di Atenco).

FLORENCE. Florence Cassez, nonostante sia di nazionalità francese e negli ultimi anni sia diventata un vero e proprio caso diplomatico, quasi una merce di scambio tra i presidenti di Francia e Messico, Sarkozy e Calderón, è semplicemente un esempio in più della fabbrica che stiamo descrivendo, è rappresentativa della (in)giustizia messicana. Si sono costruite tante false verità, si sono alzati i nazionalismi dei “galli” contro gli “aztechi” e la verità è passata decisamente in secondo piano. La situazione è complessa e va avanti dalla fine del 2005, ma ormai c’è la certezza che il processo, le “prove”, i montaggi televisivi che hanno segnato la vicenda, la condanna in primo grado e quella definitiva del 2009 siano state viziate profondamente in tutte le loro fasi, le testimonianze sono poco attendibili e non esistono prove concrete, non manipolabili, che possano confermare la colpevolezza di Florence (per un’esposizione completa del caso rimando a: Link prima parte  – Link seconda parte). Intanto, la francese resta nel reclusorio femminile di Tepepan in attesa di una sentenza della Corte Suprema messicana che potrebbe ribaltare quelle dei tribunali ordinari.

Infine, il caso PRESUNTO COLPEVOLE. “In Messico non basta essere innocenti per essere liberi”. Accusato d’omicidio senza alcuna prova, Antonio (Toño) è stato condannato a vent’anni di prigione che comincia a scontare nel reclusorio oriente di Città del Messico. Due giovani avvocati, dottorandi in legge negli Usa, decidono di riaprire il caso ed è così che comincia una lotta eroica per la libertà che non ha precedenti in Messico. E’ la trama di un film, però un film girato dentro la prigione, come un reality, e l’anno scorso il documentario ha scatenato grandi polemiche sulla giustizia in Messico. Alla Facoltà di Giurisprudenza della Unam (Universidad Nacional Autonoma de Mexico), l’ateneo più grande del mondo, tutti conoscono la freddura che ribadisce che in Messico “un bicchier d’acqua e un ordine d’incarcerazione non si negano mai a nessuno”, alludendo alla celebre ospitalità del popolo messicano ma anche alla facilità con cui si può finire in galera a tempo indeterminato.

La pellicola mostra la presenza di avvocati con tesserini falsi per l’esercizio della professione e lo scandalo di un giudizio completamente viziato all’origine che viene rifatto e riassegnato allo stesso giudice che l’aveva iniziato. Il film è molto attento a riprendere le scene dei processi lasciando che lo spettatore si faccia un’opinione basata su fatti rilevanti e comunque dimostrabili con la relativa documentazione. Tutto è registrato con una videocamera mentre succede. Ciononostante non si riescono a immortalare proprio tutti gli abusi che normalmente vengono commessi al momento della cattura e dell’interrogatorio dei sospettati e dei testimoni e nemmeno gli atti di corruzione che quotidianamente vengono commessi. Risultato: in carcere finiscono quasi sempre solo i più poveri. L’impatto nella società messicana è stato dirompente con 500mila biglietti venduti in un mese e il documentario è stato lanciato e promosso nelle sale dal gigante della distribuzione cinematografica Cinepolis riaprendo il dibattito sul sistema di giustizia messicano e la fabbrica dei colpevoli.