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El Triángulo Dorado de la #SantaMuerte, blanca #NiñaBonita @JornadaSemanal #Mexico

De Fabrizio Lorusso: Jornada Semanal del 01/11/2015 – Foto: Marco Peláez/ La Jornada

Ayer, 31 de octubre, se cumplieron 14 años de su primer altar en Tepito.
Su culto se extiende más allá de Ciudad de México, a Estados Unidos
e incluso Europa.

La Santísima Muerte no puede dormir. La sempiterna luz del día la alcanza de un paralelo al otro del globo. El sepulcro cubre la totalidad, es la arena de la playa y el fondo del mar, el polvo del desierto y la pólvora de las guerras, el esmog de la ciudad y las estrellas pulverizadas en las cumbres de las montañas.

Las noches de oscuridad y tiniebla complacen a la Niña Blanca mientras la Tierra gira, mareada en su gravitación, y la Vida, con su hermana Muerte, cumple su ciclo. Para la Señora no hay descansos ni vísperas, sólo vagabundeos y raptos segadores. No existe un antes, ni un después, nada más un instante final, repetido durante una eternidad inexplicable.

La entronización de la Muerte santificada como icono popular mexicano se dio primero a escondidas, en los hogares del México profundo, luego la Flaca salió de la clandestinidad. Se tornó viral, 2.0, nacional, mundial, mística, mediática, cabrona, social, plastificada, divinizada, ensalzada y temida a la vez.

Eso sucedió después de que, en agosto de 2001, doña Enriqueta Romero expusiera en su morada, en el barrio de Tepito, una enorme estatua de la Santa descarnada: un acto obligado, ya que no había espacio para guardarla en las angostas habitaciones de su hogar, y revolucionario, pues cambió la historia del culto a la que llaman Bonita. El altar de Alfarería 12 ya no era privado sino público. Cada mes se empezó a rezar un rosario ad hoc para la Santísima, y el altar de Alfarería ganó fama mundial por ser el más visitado y apreciado por devotos, curiosos, periodistas, académicos, vecinos, nacionales y extranjeros. El 31 de octubre cumple catorce años.

La Santa Muerte Peregrina recorre las calles del centro de Ciudad de México, 12 de enero de 2008. Foto: Yazmín Ortega Cortés/ La Jornada

Fue durante unos meses, tras siglos de secreto añejamiento, que la devoción se tornó explosiva, incomprendida, turbulenta y millonaria. No porque haya millones de dólares en torno a ella, sino porque hoy millones le encomiendan sus suertes, vaivenes y pareceres.

Tepito, Morelos, la Merced, pasando por la Candelaria de los Patos, son paradas del Metro que diseñan una suerte de “Triángulo Dorado de la Santa Muerte”. Líneas imaginarias y efigies muy veneradas nos acechan entre el mercado de Sonora, la calle de Bravo, la iglesia de la Soledad con su turbulenta plaza, Ferrocarril de Cintura, Alarcón y el nicho de Alfarería. Barrios apodados “bravos”, constelados de aparadores y vitrinas en donde la Hermana Blanca se antoja bonita.

Áreas urbanas densísimas, misteriosas, evitables y recónditas para la mayoría de los chilangos, y aún más para los foráneos. “No vayas allá”, recomiendan, como si hablaran del inframundo, el reino de Mictlantecuhtli y Mictecíhuatl que hoy rige su descendiente huesuda con guadaña y sayal.

México y Tepito tienen las vocales emparedadas, suenan y vibran parejo, aunque pocos se sintonizan en sus frecuencias al mismo tiempo. La gente considera Tepis como un enclave de rarezas y torpezas, mientras que México sería otra cosa. En cambio, el emparedado de las sílabas de un barrio defeño y del país entero mucho comparten: los ingredientes y contrastes de la tradición olvidada y de la ultramodernidad neoliberal, el pasado artesano y la globalización, la alegría en la danza y la comida junto a la precariedad como estilo de vida y de muerte. Son frontera y tierra adentro a la vez.

Preguntas una dirección. “Vete de Manuel Doblado a Paraguay”, contesta el homo tepitecus. Así bautizó el cronista Alfonso Hernández al “tepiteño”. Buscando una ruta entre altares callejeros, el albur te lleva al destino si es que agarras la onda. A la muerte domesticada la celebran por el día de muertos: lindo atractivo turístico y tradición cultural orgullosa. En cambio, la Muerte Santa, que la Iglesia combate con exorcismos, trabaja todo el año y no se deja cooptar. La Guadalupe es virgen y hace milagros; la Santa Muerte hace paros, amarres y chingados favores. Guardianas y matriarcas la cuidan, mientras que curas y patriarcas resguardan a la Virgen y a la Iglesia.

Relegadas en los rincones perdidos de la capital, las calles hormigueantes al Oriente del Zócalo, más allá de los confines turísticos, se entrelazan en tejidos vivos e incontrolables. Sus vibras infunden calor, tensión, tristeza y asombro al transeúnte de las entrañas del corazón pulsante y no remodelado del DeFe.

Los ventrículos de este centro no comercial sangran. Se infartan a diario, tienen taquicardia y se embeben de aceites y gases de la urbe: en otras palabras, son un desmadre. Prostitución callejera y tequila desde la mañana, ruidos de mil especies, jungla de hoteles y olores clandestinos, raperos de las barriadas, buses baratísimos para donde sea, informalidad y piratería abarcadoras, diablitos corredores, maleantes, sobrevivientes, chambeadores, vividores, artesanos, cocineros: todo puebla los riesgos y los trances de callejones y calzadas.

En Eje 1 Norte “Albañiles” con Eje 1 Oriente “Av. del Trabajo”, a la Santa la pusieron roja con cigarrillos; en la Peralvillo la vistieron oscura, pasen a ver. Antes del mercado de la Merced, por General Anaya, está de novia. Entre Alhóndiga y Jesús María campea sobre la mesa todo el día, retando a un San Juditas que nadie pela. No se hacen rituales aquí, sólo hay dones, promesas y persignaciones, mientras que en el pasillo esotérico del mercado de Sonora todo trabajo es posible.

Allí se vende y se mira de cualquier color y versión: transfigurada en la Orisha Yemayá o embarazada (¿de quién?), sentada en el trono o de pie, con su fiel búho, de siete potencias o tipo quinceañera. Saliendo del Metro Candelaria, de San Ciprián a Circunvalación por Corregidora, aparece un bulto grisáceo lanoso entre escombros y desechos sobre la banqueta. A un lado juegan los niños, un retazo de jardín robado al camellón. Me acerco a la basura, el bulto se manifiesta: una oveja. No, es pequeño: un cordero sacrificial, lo decapitaron, sonoramente. Mi mirada tropieza en su cadáver por un instante, luego busca el camino a la Merced. Los brujos han de estar cerca, me guían.

Los alcances de la Niña Blanca

Sin indagar el acontecer de estos arrabales capitalinos, en el epicentro del “Triángulo de la Santa Muerte” es difícil comprender la esencia, las contradicciones, las dinámicas originarias y actuales de esta devoción. Los primeros tres espacios devocionales de la historia contemporánea del culto surgieron aquí, uno al lado de otro. Primero se hizo público el altar de Alfarería 12 de doña Queta. Luego, en pocos meses se popularizaron el oratorio de Santa (Muerte) Esperanza de doña Blanca, en Alarcón 38 esquina con Ferrocarril de Cintura, y el Santuario Nacional de la Santa Muerte o ISCAT Mex-USA (Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional México-EU).

Esta asociación religiosa, que tuvo registro de Gobernación entre 2003 y 2005, fue fundada por el padre David Romo, personaje controvertido que quiso institucionalizar el culto, ordenar diáconos, sembrar altares y grupos “asociados” para crear una Iglesia y una religión, pero cayó preso en 2011, condenado a sesenta y seis años de prisión por delitos graves. Su presencia mediática, reforzada por iniciativas y declaraciones sensacionalistas, ofuscó la naturaleza masiva y popular, espontánea y horizontal de la fe en la Santísima que, en cambio, fue estigmatizada por los medios y la opinión pública, asociada simplonamente a la delincuencia y los bajos fondos.

Mediante innovaciones e imitaciones, rivalidades y sincretismos, en ciertas colonias se forjó y creció el culto público a la Santísima, según lógicas de competencia y de cooperación al mismo tiempo, entre barrios y altares con identidades propias. Los enfoques y los objetivos eran distintos entre los primeros personajes que, al inicio de este milenio, animaron la devoción, escribieron los rosarios a la Flaca, oficiaron ceremonias y decoraron altares.

El mítico Alfarería 12 aún es el más popular. El oratorio de Alarcón 38, después de una fracasada relación con la ISCAT, tomó su propio camino. Un día unos rateros robaron allí todas las ofrendas preciosas de Santa Esperanza. Su guardiana, doña Blanca, dijo que se habían llevado todos los dolores de la gente; mejor así. El Santuario de Romo, con él en prisión, lo maneja el padre Juan Carlos; oficia cuatro misas al día, aunque poco habla de la Niña Blanca y mucho de los problemas económicos del templo. Los modelos rituales, las aventuras mediáticas y los inventos devocionales que marcaron la historia de la Santa en el Triángulo Dorado siguen hasta la fecha.

El altar público, el rosario periódico, el oratorio o nicho semipúblico, las Santas peregrinas, las misas o ceremonias sincréticas, mezcla de santería, espiritualismo oriental, catolicismo y ocultismo, siguen. La siembra de altares, devocionarios y revistas, los grupos reales y en la red, los eventos masivos, peregrinaciones o marchas, y el comercio al menudeo de productos para santamuertistas, son fenómenos que se consolidaron en el Triángulo, pero llegan por doquier: de Tultitlán, donde está la Santa de veintidós metros de Enriqueta Vargas y del fallecido Comandante Pantera, a Los Ángeles, de Ciudad Juárez, donde oficia la señora Salazar, a Madrid y Nueva York. Santa Muerte Patrona (el libro y el blog y el FaceBook)

Pan del Alma, Vita della Muerte in Messico

Pan del Alma (Pane dell’Anima) non è solo un libro. È il vissuto policromatico di chi è stato incantato dal Messico almeno una volta nella vita, anche da lontano, leggendone o sognandolo, semplicemente. È l’insieme delle anime di chi ha provato a descrivere quelle terre e le sue genti con le immagini, coi disegni, con le parole, con la poesia, attraverso le fotografie, la mente e l’anima, appunto. È il pane dolce, piccante e colorato di un paese contraddittorio, violento e meraviglioso, che gli autori di questo volume, coordinati da Gloria Corica, Simonetta Scala e Pino Cacucci, hanno condensato in un esperimento a base di visioni e distillati di agave. Un omaggio al Messico e al suo Día de Muertos. Gloria ne parla così nella prefazione:

Sono anni che torno dal Messico con l’unica fissazione di volere fermare qualcosa, perché tutto non sparisca così presto, e desiderando che ogni viaggio si trasformi in materia tangibile. La magnifica ossessione che non mi dà pace trova tanti compagni di strada, autori molto diversi fra loro. Siamo numerosi, e con alcuni ho sviluppato un legame che dura nel tempo, ognuno di noi vuole o vorrebbe rendere omaggio al Messico in qualche modo, abbiamo dipinte in volto espressioni di gratitudine e di rimpianto ogni volta che rientriamo a casa, e torniamo sempre più ricchi di quando siamo partiti, mentre le parole muoiono in gola non appena tentiamo di spiegare che cosa ci abbia colpito, a cosa non vorremmo rinunciare, chi o cosa sia stato così speciale. Le parole non bastano, o forse non servono. Ma questo libro è fatto anche di parole, quindi…

pan del alma

Ne Il labirinto della solitudine, lo scrittore messicano, il Nobel per la letteratura Octavio Paz, scrisse: “Il culto per la vita, se è davvero profondo e totale, è anche culto per la morte. Le due sono inseparabili. Una civiltà che rifiuta la morte, finisce per negare la vita”. Pan del Alma si nutre di questa idea e la sviluppa, a partire dalla polvere, anzi dalla cenere, del Messico.

Ho partecipato al progetto con entusiasmo, dato che il filo rosso che lega le allucinazioni, le figure, i testi e gli scatti che compongono l’opera è la morte, un tema che mi affascina e su cui ho lavorato in passato. E la morte, che in Messico è diventata addirittura Santa, da secoli fa parte dell’immaginario e della pratica rituale dei popoli indigeni e dell’intero paese. Tra il 31 di ottobre e il 2 novembre, ogni anno, la Festa del Giorno dei Morti, o Dìa de Muertos, esplode e colora strade, cimiteri, piazze, appartamenti e giardini. Ovunque spuntano altari e teschi, offerte, dolci e tequila a profusione per i cari defunti e per i loro amici e parenti che li ricordano e li aspettano in casa. Un mix sincretico, cattolico e preispanico, riscoperto e rielaborato il secolo scorso, è oggi un patrimonio dell’umanità secondo l’Unesco e un elemento dell’identità di milioni di messicani.

pan de alma

Pan del Alma nasce un anno fa a Mahahual, piccolo paradiso dei Caraibi in cui molti dei partecipanti si sono conosciuti negli ultimi anni durante il Festival Cruzando Fronteras, un evento culturale che si tiene la prima settimana di marzo. Quest’anno il libro e alcuni degli autori dei vari contributi visuali e testuali sbarcheranno di nuovo a Mahahual, ospiti della terza edizione del Festival, per presentarlo e parlarne con il pubblico e con un centinaio di altri artisti italiani, messicani e di altri paesi. Lascio di nuovo la parola e cito la prefazione:

La festa dei morti è il primo di una possibile serie di argomenti che non pretendiamo di approfondire, men che mai ‘spiegare’, ma che vogliamo fermare – come fa lo scatto della fotografia, o l’attimo di ispirazione di chi disegna o dipinge o scolpisce, o di chi scrive di getto – in parziali e personali punti di vista effimeri eppure, a loro modo, duraturi, perché condivisi. Occorre anche tenere conto che stiamo parlando di un paese straordinariamente ricco di diversità, dove le circa sessanta etnie indigene che ne fanno parte hanno tradizioni differenti rispetto al modo di onorare e ricordare i propri defunti; e qui offriamo l’esempio del popolo rarámuri, o tarahumara, etnia del nord, che si distingue dalla tradizione più diffusa e anziché invitare i defunti a far visita ai vivi una volta all’anno, organizza rituali comunitari per allontanare le anime dei morti, nella convinzione che continuino a essere presenti per un certo periodo, ma poi aspirino a trovare la pace andandosene via definitivamente

pan de alma

Quando la morte si fa sentire, si fa presente nella società, è inevitabile che si parli di Lei e che se le renda omaggio nei modi più disparati. Da una parte, la morte che sfugge al controllo della Chiesa e dello Stato, s’è trasformata in terra azteca in una santa popolare conosciutissima, temuta, amata e poco compresa: la Santa Muerte o Niña Blanca. Dall’altra parte, il giorno dei morti continua a esercitare un enorme interesse, non solo a livello turistico, ma anche antropologico, sociale e culturale. Di questa faccia della morte messicana, floreale e ubriaca, allegra e macabra insieme, si occupa Pan del Alma, uno sforzo corale che va oltre il Día de Muertos e ci porta a brindare con un bicchiere di mezcal insieme a poeti, filosofi, scrittori, pittori e borrachos del Messico dimenticato. Con Gloria, di nuovo, si conclude questa segnalazione:

Si può parlare di morte in modo ironico, irriverente, persino scherzoso e allegro, in un libro pieno di colori, e quindi, di vita? Il Messico ci insegna anche questo, senza mai dimenticare il dolore della perdita, l’assenza incolmabile, l’orrore della violenza, la quotidiana resistenza contro la morte iniqua e assurda, o semplicemente inaccettabile. Ma al tempo stesso, la muerte è compagna di strada, rifiutarla equivale a ‘sopravvivere’ nel costante timore di una minaccia rimandata, perché, come ha scritto qualcuno, “se hai paura della morte muori ogni giorno, se non hai paura, muori una volta sola”.

Design: Lizart comunicazione visiva, Bologna. Book Trailer.

Da Huffington Post Blog

Giorno dei morti con la Santa Muerte (2)-Día de muertos con la Santa Muerte (2)

Altare di Alfarería Niña Blanca. Flusso di energia e collegamento.

Dignitosa fla di centinaia di metri di devozione.

Azul Flaquita e preghiera.

Multicolor embrace Tepiteño.

Tatuajes Santísima Muerte y dialogo frente a frente.

Niña Bonita con Guadaña.

Ri-Grazie per le foto a Giuseppe Spina e Giulia. Suerte compañeros. A presto.

Giorno dei morti con la Santa Muerte – Día de muertos con la Santa Muerte 2010

Alfarería, Tepito, México DF 2010. Banda y ofrenda Santísima Muerte.

Donde antes. Cuando antes. Fabrizio y un cuate. Pacífico rica en la mano.

Niña Blanca, mano abierta y otra Señora colgada. Más, devota mexicana.

Amparo entre fuegos y ofrenda entre almas desveladas.

De blanco va vestida en su cumpleaños.  Seria sería.

La mejor del día, sin más.

Grazie per le foto a Giuseppe Spina e Giulia. Suerte compañeros. A presto.

 

Il giorno dei morti con la Santa Muerte a Tepito

Questo è un post fotografico con alcuni commenti sulla festa del Dia de Muertos in Messico, ma non si tratta di quella tradizionale che in molti conoscono con le tipiche ofrendas o altarini, i crisantemi o fiori zempaxochitl, le zucche, le catrinas e gli scheletri che ogni buon messicano usa per adornare casa sua, il giardino, la sua strada o il cimitero.

Non è nemmeno un post sulla contaminazione della festa dei morti che viene dal nord, la famosa Halloween americana, che spinge i bambini ad andare in giro a chiedere caramelle a tutti e i grandi a festeggiare in discoteca o in casa travestiti e ubriachi fino al mattino.

Le foto sono invece una testimonianza del culto della Santa Muerte a Tepito, in via Alfareria, in questa particolare giornata in cui si festeggia il compleanno della Santissima e in cui molta più gente arriva in pellegrinaggio a questo altare. Tepito è il quartiere storico del centro di Città del Messico che ha più orgoglio ed è temuto, spesso a torto e a volte a ragione, per essere un covo di narcotrafficanti e delinquenti comuni che si arraangiano in tutti i modi per vivere e prosperare. D’altro canto è il quartiere con l’identità culturale, politica e sociale più forte della città e da qui sono nati i migliori pugili, ballerini di salsa e artisti alternativi della storia messicana.

Ma questa è una storia che racconteremo prossimamente in alcuni post  e che in è parte anche qui:

https://lamericalatina.net/2009/01/10/la-morte-al-tuo-fianco-dialoghi-con-la-santa-muerte-a-tepito-citta-del-messico-df-12/

https://lamericalatina.net/2009/01/14/la-morte-al-tuo-fianco-dialoghi-con-la-santa-muerte-a-tepito-citta-del-messico-df-22/

Fotogallerie complete su: http://picasaweb.google.com/FabrizioLorussoMex/SantisimaMuerte#

Video su: http://www.youtube.com/watch?v=rJXKZY43Fo8

Foto 1 (di “copertina”): Cioccolato Carlos V, sigaretta, una rosa rossa e un mondo blu come il suo vestito e i suoi occhi azzurrissimi.

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Foto 2: Due amiche per la vita e per la morte...

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.Foto 3: Discutendo con la Santa di legno in scala 1:1

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Foto 4: Merchandising artigianale della Santisima Muerte seguendo la vocazione commerciale di Tepito.

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Foto 5: La statuina della Bambina Bianca o Niña Blanca con la sua bibita preferita, la Tequila (o Mezcal).::::::::::::::

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Foto 6: Alcuni devoti in attesa di attraversare la pericolosa Avenida Circunvalacion dove nessuna macchina oserà fermarsi mai per farti passare. Preghiamo.

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Foto 7: Tutti in fila con la propria statua davanti all’altare principale (che non si vede).

Foto 8: Poi c’è chi la fila per l’altare se la fa in ginocchia con tanto di statua e figli in braccio.

Foto 9: In attesa del rosario dedicato alla Santa Muerte, a Gesù e alla Vergine Maria.

Foto 10: I mariachi, musicisti tradizionali messicani, dinnanzi all’altare de Nuestra Señora de Tepito.

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Foto 11: Ecco la Flaquita vestita di tutto punto col tricolore per festeggiare il 15 settembre, anniversario dell’indipendenza messicana.

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Foto 12: Devoto in attesa paziente del rosario non proferisce parola, sarà un cenno della falce della Santa ad autorizzarmi a scattare la foto.