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En @RadioEducación: Medios, #Golpe e #Impeachment de #DilmaRousseff #Brasil en

A questo link si puó ascoltare il podcast del programma di Radio Educación Messico EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS, di del 19 maggio 2016 in cui parliamo del golpe bianco in Brasile e del ruolo di Rede Globo e i mass media.

O globo TV Brasil

“El golpe parlamentario contra la presidenta de Brasil, Dilma Russeff, ha sido un proceso fraguado por varios actores políticos, pero hubiera sido imposible sin la participación de los medios de comunicación comerciales de ese país. Hoy hablaremos de esto en nuestra Entrevista con el Doctor en Estudios Latinoamericanos Fabrizio Lorusso.
También vamos a presentarles un reportaje sobre el homenaje al musicalizador de la radio, Vicente Morales; y por supuesto, nuestra sección de noticais, Notimedios”.

Programa radiofónico dedicado a la comunicación que se transmite todos los jueves de 13:05 a 14:00 hrs. por Radio Educación, 1060 AM. Escuchar radio en vivo link Radio su Twitter link

Fin Medios Radio Educacion

A poche ore dal golpe bianco in Brasile

Brasil

(Fabrizio Lorusso – Huffington Post) Tra poche ore dovrebbe consumarsi un altro atto del colpo di stato “a puntate” contro la presidentessa del Brasile, Dilma Rousseff, eletta circa un anno e mezzo fa col voto diretto di oltre 54 milioni e mezzo di cittadini. Anche se tra marzo e aprile una parte sostanziale dei mass media internazionali hanno denunciato la forzatura in corso contro la giovane (appena trentenne) democrazia brasiliana, ora la tensione sembra in calo e la rassegnazione prende il sopravvento.

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Las Estrategias de la Derecha Brasileña @Desinformemonos #Brasil #AmericaLatina

nao vai ter golpe

[De Fabrizio Lorusso para Desinformémonos] La ofensiva contra el gobierno de Dilma Rousseff y el Partido dos Trabalhadores (PT) se ha nutrido de factores coyunturales, como el frenazo de PIB y exportaciones, la inflación y la devaluación del Real, pero también de una estrategia basada en tres pilares, entrelazados con la difícil situación económica: el político, el mediático y el judiciario.

Así, en los medios, en la calle y en las instituciones, se preparan las condiciones para un golpe soft, o sea el derrocamiento no violento de un gobierno por medio de la desestabilización, el fomento de conflictos y el uso de recursos constitucionales excepcionales, como el impeachment, incluso en situaciones que no lo ameritarían. Si hoy un golpe militar ya no es viable, hay entonces otras tácticas no electorales, legitimadas por poderes fácticos y actores externos, para defenestrar a un mandatario, por ejemplo armando enredos judiciarios o parlamentarios, como en Honduras y Paraguay, o bloqueando el proceso legislativo y cabalgando el descontento popular.

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Brasil: ¿Dilma Rousseff o el Washinton Consensus?

dilma aecio

(Fabrizio Lorusso – Revista Variopinto al día) Este domingo 26 de octubre poco más de 115 millones de votantes brasileños van a elegir al presidente de su país para los próximos 4 años. La actual mandataria, Dilma Rousseff, postulada por el PT (Partido dos Trabalhadores, de izquierda) busca la reelección frente a Aécio Neves, del centroderechista PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña). En la primera vuelta Dilma ganó con el 41.59% de los votos mientras que Aécio obtuvo el 33.55% y espera capitalizar buena parte de los sufragios de la tercera candidata, la evangélica ambientalista Marina Silva, que obtuvo el resultado del 21% con el centrista Partido Socialista Brasileño (PSB). El voto está muy dividido para el balotaje y los sondeos de opinión proyectan un empate técnico, aun si Rousseff va recuperando terreno y se ha puesto en la cima de las preferencias en la última semana.

Se trata de un duelo entre dos modelos socioeconómicos y, sobre todo, entre dos visiones del mundo: el desarrollismo con inclusión social y redistribución de la riqueza del PT, parecido al modelo uruguayo del presidente Mujica, contra el retorno al neoliberalismo más ortodoxo y a la filosofía del Washington Consensus del PSDB.

El “consenso” y sus opositores

 ¿Qué es el Washington Consensus (WC) o “consenso de Washington” en español? Representa el top ten de las medidas de política económica (y social) que se basa en la agenda neoliberal, definida a finales de los años 1970 y formalizada en 1989 con la lista de recomendaciones del economista John Williamson. Se trata de un programa para reducir el papel del Estado en la economía y sanar las cuentas públicas de los países, básicamente a través de privatizaciones, liberalizaciones, apertura a la inversión extranjera, control del gasto público (con recortes al estado social y a los impuestos), la protección de la propiedad privada, entre otras. La implementación global, especialmente evidente en América Latina, de esta agenda ha sido impulsada, a veces forzada, por instituciones como el FMI, el Banco Mundial, el Dep.to del Tesoro y el gobierno de EEUU, el Banco Central Europeo y la Comisión de la Unión Europea y se fundó en la “sabiduría convencional” de la economía neoclásica, del privatismo y de la fe absoluta en el mercado.

En América Latina, en oposición a las soluciones preconcebidas y las sangrías financieras que la región vivió entre 1982 y los primeros años 2000, se han planteado modelos distintos, dentro de la que se ha llamado “ola progresista” de gobiernos de izquierda. En Brasil, con los mandatarios del PT Ignacio Lula da Silva (2002-2010) y Dilma Rousseff (2010-2014), hubo un ejemplo claro de diferenciación, con respecto de otros gobiernos de Latinoamérica, de la vulgata neoliberal imperante y, finalmente, de las experiencias de Brasil en los noventa con Fernando Henrique Cardoso del PSDB, Fernando Collor e Itamar Franco del PRN (Partido Reconstrucción Nacional).

 Medios y elecciones en Brasil

 La cobertura mediática que se dio de estas elecciones ha sido despistante y tendenciosa, marcada por las protestas de 2013 y 2014 y el mundial de futbol, pero poco atenta al rumbo del país en el mediano plazo y a los logros de los 12 años del PT en el gobierno. En este sentido, quisiera destacar algunas cifras y mencionar un ejemplo de la mistificación periodística sobre Brasil.

En el semanario Proceso, inesperadamente, los únicos reportajes de las últimas 3 semanas (ediciones 1978 y 1981) son los de Andrés Carvas quien cita con frecuencia la revista brasileña Veja, entre las más reaccionarias de ese país, luego traza un perfil apologético y acrítico de la ex candidata Marina Silva y, finalmente, no analiza en su conjunto el grave fenómeno de la corrupción sino que hace hincapié sólo en los escándalos más famosos que involucran al PT: la compraventa de votos en el congreso conocida como mensalão y las investigaciones sobre Petrobras, compañía energética nacional.

En otro artículo, totalmente favorable al PSDB, menciona la frase del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (del PSDB) según el cual quienes voten para Dilma serían unos ignorantes y de allí pasa a criticar un sistema definido como asistencial, basado en el programa popular de la Bolsa Familia, un subsidio para los hogares más pobres que tuvo mucho éxito en Brasil y, entre muchas otras medidas, ayudó a sacar de la pobreza unas 40 millones de personas (el 20% de la población total). El PT se encargó de ampliar el alcance de este programa pero, quien primero implementó este tipo de apoyo, de hecho, fue Fernando Henrique Cardoso, así que este llamado “asistencialismo” nació antes del primer gobierno de Lula.

 La corrupción y otros problemas

Los datos sobre corrupción y juicios abiertos contra parlamentarios, más allá de los escándalos mediáticos, hablan de un problema ético y penal que involucra a todos los partidos. Para delitos electorales, entre 2000 y 2007, único periodo disponible, el PT se sitúa en el lugar 10 en el ranking mientras que los partidos con más faltas son los DEM (Demócratas), el PMDB (Partido Mov. Demo. Brasileño) y el PSDB.

Para los delitos penales y civiles, incluyendo la corrupción, en septiembre de 2013 la lista de los procesos abiertos para congresistas era la siguiente: PMDB – 11 senadores y 42 diputados enjuiciados; PSDB – 5 y 15; PT – 4 y 26; PR (Partito de la República) – 4 y 14; DEM – 1 y 9.

Los procesos abiertos en total eran 542 en contra de 224 parlamentarios de todos los partidos. La situación es grave, hace falta denunciarla, pero no involucra principal o solamente al partido principal de la coalición que gobernó Brasil recientemente.

La mayoría parlamentaria que apoyaría un nuevo gobierno de Rousseff se mantuvo, tras la primera vuelta, pero resultó más débil y fragmentada. Aun así, existen discretas posibilidades de mantener la gobernabilidad, lo cual no es cierto en caso de victoria de Neves. Poco se habla de los problemas éticos y legales que, en cambio, involucran al candidato derechista quien es investigado por la construcción de un aeropuerto superfluo con dinero público en la ciudad de Claudio, estado de Minas Gerais, que habría sido utilizado básicamente como una aeropista privada. Construido sobre un terreno expropiado al tío del candidato durante el mandato de Aécio como gobernador del estado (2003-2010), este aeropuerto, aún sin permisos oficiales para operar, está en el centro de otro escándalo porque existe la posibilidad, que se está investigando, de que haya sido usado como escala para un helicóptero cargado con 445 Kg de cocaína el 24 de noviembre de 2013.

 Resultados de los últimos gobiernos brasileños

En un seminario organizado en la UNAM hace unas tres semanas, se comentaron y desglosaron datos interesantes (oficiales) para trazar un balance de los últimos 3 gobiernos en Brasil (Lula da Silva, 2002-2006-2010; Dilma Roussef, 2010-14), comparados con los ejecutivos neoliberales de José Sarney del PDMB-Partido do Movimento Democrático Brasileiro (1985-1990), de Fernando Collor del PRN-Partido da Reconstrução Nacional (1990-1992), Itamar Franco del PRN (1992-1994), y especialmente de Fernando Henrique Cardoso del PSDB (1995-2002).

Entre 2002 y 2013 el desempleo urbano bajó del 12,2% al 5,4%, el salario mínimo real creció del 75%, los beneficiarios de la previdencia social pasaron de 18,9 millones a 27 millones y el número neto de personas con contratos formales de trabajo aumento de unos 20 millones. En los 7 años del gobierno Cardoso, en cambio, se crearon 627mil puestos de trabajo al año. El gasto social público, sello de un gobierno más keynesiano en la economía y más redistribuidor de la renta (no necesariamente “asistencial” como algunos han afirmado), creció del 12,7% del PIB al 16,8% y el índice de Gini, medición de la desigualdad, mejoró de 0,59 a 0,53. La pobreza bajó del 34,4% al 15,9%, la extrema pasó del 15% al 5,2%.

EL Producto Interior Bruto (PIB) per cápita pasó de 3,100 a 9,828 dólares, y la economía brasileña pasó del lugar 14 al séptimo por tamaño absoluto en el mundo. Las reservas internacionales se multiplicaron por 10 (de 37 a 375,8 billones de dólares), las inversiones extranjeras directas pasaron de 16,6 a 64 billones de dólares. Aumentó la atención al sistema educativo con la inauguración de programas como ProUni, Pronatec y Ciencia sin fronteras. Cardoso no había creado ninguna universidad federal, ni escuelas técnicas, mientras que en los últimos 12 años se fundaron respectivamente 18 de las primeras y 214 de las segundas. Los estudiantes universitarios crecieron de 583mila a un millón y 87mil. La “muy temida” inflación que Lula y Dilma habrían generado, en realidad, siempre ha estado bajo control, entre el 4% y el 6%, y aumentó en 2014 al 6,6%, una tasa no elevada.

Estos resultados hablan de un enfoque incluyente que ha ampliado el mercado interno y ha tratado de transformar el crecimiento y la coyuntura favorable en desarrollo y, aun considerando que los gobiernospetistas desde luego son criticables y han sido contestados bajo muchos puntos de vista legítimos por los movimientos sociales organizados, no cabe duda, no obstante, de que representan un modelo distinto y una visión de la economía y de la sociedad más inclusivo y exitoso que el neoliberal del Washington Consensus. En el balotaje del domingo los brasileños tendrán que decidir entre dos modelos que, en efecto, ya se han puesto a prueba en el pasado, y entre los resultados que han arrojado.  @FabrizioLorusso

Il Brasile e il paradosso Marina

di Alessandra De Luca

Silva.jpgVista dall’Europa Maria Osmarina Marina Silva Vaz de Lima, meglio conosciuta come Marina Silva, è semplicemente la candidata Verde che, con il 19,3% di preferenze, alle ultime elezioni brasiliane si è frapposta a sorpresa fra Dilma Rousseff, la ex guerrigliera candidata di Lula e futura vincitrice, e il “moderato” José Serra. E’ stata lei l’ago della bilancia delle elezioni presidenziali di uno Stato, il Brasile, che occupa quasi il 50% di tutta l’America Latina e che fa parte del BRIC, il gruppo di paesi dalle economie più emergenti ed aggressive del pianeta. Il fatto è che Marina oltre a essere Verde è anche evangelica. Appartiene per l’esattezza all’Assembléia de Deus, la setta pentecostale più diffusa in Brasile che, con i suoi 8 milioni e mezzo di seguaci, ha votato in larghissima parte per lei assieme a tutti gli altri evagélicos. Il Brasile è attualmente il paese col maggior numero di pentecostali al mondo, primato che si è conquistato scalzando persino gli Stati Uniti che, se invece parliamo di evangelici in generale, continuano a detenere un primato assoluto: 44 milioni contro i 27,6 del Brasile.

A quanto pare, i deputati evangelici nel Parlamento brasiliano formano un gruppo trasversale che al momento del bisogno vota compatto sui temi etici controversi, come l’aborto, la ricerca sugli embrioni e i matrimoni gay… ma mi pare evidente che questo non è solo un problema del Parlamento brasiliano.
A guardarlo da qui questo fenomeno sembra uno dei tanti goffi ed ingenui tentativi delle società americane, soffocate dal materialismo, di riappropriarsi di una qualche spiritualità. Forse questo poteva valere quache decennio fa, ora la questione tende a diventare sempre più complessa.

Nel Portoghese brasiliano la parola evagélicos indica genericamente correnti protestanti dette pentecostali e neopentecostali, oltre a gruppi minori e svariate sette. Quella dei pentecostali prese piede negli Stati Uniti all’inizio del ‘900 e si diffuse anche in America Latina; i neopentecostali invece sono apparsi negli anni ’70. I primi sono contraddistinti da un grande fervore che si traduce in esperienze estatiche, miracolistica e concentrazione sul Vangelo. I secondi, invece, hanno rituali decisamente spettacolari ma non miracologeni. La loro dottrina sospinge i fedeli verso la ricerca della prosperità materiale oltre che della grazia interiore e la loro strategia di evangelizzazione passa per il controllo e l’utilizzo dei media.

Visti i tempi, difficilmente si dichiara a cuore aperto che questi evangelici sono estremisti e fondamentalisti: si fidano solo del testo sacro e dell’interpretazione che loro stessi, senza mediazioni, ne danno. Questo tipo di religiosità nasce nel protestantesimo nordamericano a cavallo fra il XIX e il XX secolo e le derive sono ormai rintracciabili, col tramite delle religioni, anche nelle ideologie politiche di ogni dove. Attitudine che descrive bene Joe Bageant attraverso i protagonisti de La Bibbia e il fucile. Cronache dall’America profonda, un libro che si prefigge di spiegare ai non statunitensi-bianchi-proletari chi sono costoro e cosa li spinge ad assumere, in nome di Dio, atteggiamenti talvolta aberranti ed autodistruttivi agli occhi del resto dell’umanità.

Nel capitolo intitolato Il regno occulto, una teocrazia nel nome del sangue di Gesù, Bageant ci spiega cosa sta alla base di manifestazioni di fervore religioso come ad esempio i programmi televisivi incentrati sulla figura di improbabili motivatori – i Chuck&Nora di Corrado Guzzanti, se ve li ricordate – illuminati dalla parola del Signore. Per lui, dietro questa parvenza di religiosità ingenua e settaria si nasconde un’insidia, perché queste chiese fondamentaliste da decenni sono l’unica forma di comunità rimasta tale in gran parte dell’America profonda. Si organizzano con proprie strutture di assistenza, scuole, università, ma soprattutto un sacco di soldi, per formare la classe dirigente che dovrà prendere il potere ed instaurare una teocrazia, così da dichiarare guerra ai non cristiani nel nome di Gesù. Molti di questi fedeli, laureatisi in pseudo-università a suon di creazionismo, si infiltrano nei centri nevralgici del potere della nazione più potente del Mondo. Mi rendo conto che tutto ciò si presenta come un’ennesima teoria inverosimile e cospirazionista, ma a leggere Bageant la cosa non sembra così assurda anzi, ci si convince del fatto che questa realtà andrà tenuta in seria considerazione nei prossimi anni, se non altro per il peso che potrebbe via via assumere nella sfera politica americana e conseguentemente mondiale, come già sta accadendo con i Tea Party e Sarah Palin.

Ora: che nesso può esserci fra l’ex cinema di Salvador de Bahia che al momento ospita la mega Igreja Universal do Reino de Deus (a guardarla fa impressione) senza distinguersi davvero da un centro commerciale se non per le scritte a caratteri cubitali e ciò che afferma Bageant riguardo all’esercito di fondamentalisti del suo paese? Pare che l’attrattiva di queste chiese evangeliche risieda nella forza della comunità e nella scelta del singolo di sentirsi parte di essa. E’ un fenomeno che in Europa non ha mai fatto breccia, motivo per cui da qui fatichiamo a tracciarne le sfumature. Negli Stati Uniti si tratta di volontà di coesione in una società in cui la tua classe sociale sembra non esistere più nei media tradizionali, in cui ipocritamente rientri nella definizione di classe media, sottointendendo che se non sei ricco abbastanza è colpa tua. In Brasile invece la comunità diventa un bacino che offre al singolo la speranza di partecipare ad una nuova ricchezza spirituale e materiale, ma anche democratica, mai prima raggiunta e diffusa con equità. Sono tutti e due paesi in cui oltre il 90% della popolazione dichiara in qualche forma di credere in Dio (si veda a proposito del Brasile il documentario Fé di Ricardo Dias), ma la differenza di prospettive è netta. Negli Stati Uniti la comunità evangelica rappresenta lo strumento per combattere il declino e l’isolamento, la speranza di continuare a coltivare il sogno americano scippato alla classe lavoratrice dal precariato e dall’indebitamento.
In Brasile l’adesione amplifica le singole voci che finalmente vogliono diventare protagoniste ed avere il diritto di autodeterminarsi, non per salvarsi dal declino ma per prendere parte ad una ascesa. La religiosità diventa un fondamento culturale, a prescindere dalla religione che si professa, e questa è una caratteristica che si riscontra un po’ in tutta l’America Latina, un’area culturale abituata a ricevere ed assorbire tutto a modo proprio. Solo apparentemente, infatti, il continente aderisce incondizionatamente alle sollecitazioni che provengono da fuori, con il tempo queste vengono regolarmente digerite e diventano cose a sé stanti, con caratteristiche diverse dall’originale. Tutto all’apparenza rimanda a qualcosa di conosciuto, ma poi si rivela altro, dal conosciuto si parte per arrivare al nuovo.

Il sincretismo religioso si può considerare prassi un po’ in tutto il Continente: la stessa conversione alla fede cristiana in epoca coloniale portò solo parzialmente ai risultati sperati dagli Europei, che pure seppero usare la mano pesante. Le vecchie credenze non vennero scalzate o dimenticate ma si andarono man mano a fondere con le nuove. Un esempio? Ad ogni Orixà, gli dei del Candomblé afrobrasiliano, corrisponde un Santo cristiano, sono solo diverse forme di manifestazione della divinità: tutto può rientrare all’interno di questa Cosmogonia, tutto contribuisce ad arricchire la visione precedente, ma non è possibile eliminarla o sostituirla completamente. Tutto ciò marca una delle profonde diversità fra le culture di Nord e Sud America: la differente spiritualità, cui corrisponde una ben diversa visione del mondo, potrebbe portare a dei risultati imprevedibili o addirittura opposti le due nazioni che tanto entusiasticamente stanno adottando la medesima religione. dilma.jpgOgni società adatta la religione ai propri bisogni, a partire da ciò una religione può nascere dal bisogno o essere accolta per sopperire ad una mancanza. Ma Marina Silva è ciò di cui un paese laico e decisamente tollerante come il Brasile ha bisogno in questo momento? Non lo possiamo sapere. Un dato di fatto è invece che, altro particolare un po’ angosciante, diversi agenti della CIA possono vantare posizioni influenti nel Partito dei Verdi brasiliano, dal momento che gli Stati Uniti da tempo sono interessati alle problematiche ecologiche del bacino amazzonico. Durante il ballottaggio la CIA ha corteggiato i leader e gli attivisti Verdi cercando di farli pendere per lo schieramento del conservatore Serra ed offrendo in cambio posizioni presso il futuro governo.
La Rousseff è comunque riuscita ad attrarre i sostenitori di Marina Silva, visto che quest’ultima ha ricoperto la carica di Ministro dell’Ambiente nel governo del presidente Lula fino al 2008. Sembra che i ministeri, i servizi segreti, l’esercito e l’industria brasiliani siano pesantemente infiltrati dagli agenti statunitensi. Il paese fra circa 20 anni potrebbe imporsi come contrappeso geopolitico agli Stati Uniti nell’emisfero occidentale, dunque mentre il Dipartimento di Stato USA riduce la rappresentanza diplomatica in tutto il mondo, in Brasile la amplia.

Ma neppure questi elementi chiudono la partita in senso negativo: se negli USA le chiese fondamentaliste sono praticamente tutte di ultradestra (si tratta di un terreno scivoloso e incomprensibile per i liberal metropolitani e quindi sono state abbandonate a loro stesse e lasciate nelle fauci dei repubblicani così come gran parte dei bianchi proletari che le affollano), Marina Silva sicuramente non lo è: ha iniziato la sua lotta politica al fianco di Chico Mendes, il famoso raccoglitore di caucciù che divenne uno dei primi grandi politici ambientalisti del pianeta terra, ha militato per trent’anni nel Partido dos Trabalhadores di Lula ed è stata l’unica candidata a schierarsi pubblicamente contro l’estradizione di Cesare Battisti. Non si può etichettare dunque come una persona di destra, oppure “cristiana” e basta. E’ profondamente ambientalista perché, essendo figlia di seringueiros, ovvero raccoglitori di caucciù, ha pagato sulla propria pelle la miseria e la desolazione apportata dall’uomo e dallo sgretolarsi dell’ecosistema in Amazzonia. Il tema politico al centro delle sue campagne è lo Sviluppo sostenibile. Allo stesso tempo dai 15 anni, orfana e malata di epatite e di malaria, si è rifugiata in un convento religioso ed è scampata alla miseria ed all’analfabetismo grazie a ciò: ha imparato a scrivere solo a 16 anni.

Come definire quindi Marina Silva? Una pericolosa pedina degli estremisti evangelici? Una politica manovrata dai servizi segreti USA? Oppure una donna forte sorretta dalla fede ma con vedute laiche, che conosce la sofferenza profonda del suo Paese e saprebbe contribuire a portarlo alla concretizzazione del sogno di giustizia sociale e prosperità verso cui aspira? Marina, nelle attuali vesti di Senadora, dichiara di essere contraria all’aborto ma favorevole ad un referendum che possa consentire alla maggioranza di decidere, è contraria al matrimonio fra omosessuali ma pronta a riconoscere dal punto di vista legislativo e dei diritti le coppie di fatto (posizioni molto più aperte di quelle dei cattolici trasversali qui da noi), si mette in polemica con il Vescovo della sua stessa chiesa accusandolo di confondere il palco dei comizi elettorali con il pulpito. Eppure riesce a tenere sempre un atteggiamento pacato ed aperto, mai tracotante. Marina ha sofferto e porta sul corpo ogni giorno i segni delle malattie e degli stenti, ma si è riscattata ed ha una forza interiore fuori dal comune. E’ una donna che ha lottato per l’emancipazione e vede le cose da un altro punto di vista. Potrebbe farcela. O forse no.