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Javier Sicilia y @RossanaReguillo @ITESO alla @FILGuadalajara 2016 #MPJD

Dos fragmentos de las charlas del poeta Javier Sicilia y de la investigadora Rossana Reguillo en la Feria internacional del libro de Guadalajara, 1 de diciembre de 2016.

 

Wittgenstein de Derek Jarman, película biográfica y vanguardista sobre el genial filósofo (subtitulada y completa)

wittgensteinIl sito messicano PIJAMA SURF segnala l’uscita di questo film sul filosofo-linguista Ludwig Josef Johann Wittgenstein su YouTube coi sottotitoli in spagnolo. Il film è del 93, ma non era facilmente repribile. Celebro e guardo!

“Si un león pudiera hablar, no podríamos comprenderlo […]. Imaginar un lenguaje es imaginar una forma de vida. Es lo que hacemos y lo que somos lo que da sentido a nuestras palabras”.

Wittgenstein: estimulante película de Derek Jarman en torno a la obra y vida de este genial filósofo; completa y subtitulada en este enlace: http://bit.ly/ZvqtlJ

Ludwig Wittgenstein es sin lugar a dudas uno de los filósofos más importantes del siglo XX, reputación indudable a la luz de su obra pero fortalecida también por su personalidad excéntrica, un hombre en quien el arquetipo del genio se manifestó de forma casi absoluta y pura, alguien en quien su capacidad intelectual por encima de la norma le hizo sobresalir, sí, pero al mismo tiempo les acarreó problemas personales, dificultades para establecer relaciones y para vivir con simpleza la existencia diaria.

La película que compartimos en esta ocasión busca reflejar esa complejidad que caracterizó a Wittgenstein, biográfica y bibliográficamente. Dirigida por Derek Jarman, en el guión también participó Terry Eagleton, teórico de la literatura ampliamente conocido en el mundo académico.

Visual y narrativamente, el filme recurre a técnicas que se corresponden de manera justa con la vida y la obra del filósofo, con ciertas pretensiones vanguardistas o de ruptura que de algún modo refleja la esencia de Wittgenstein, esa predilección suya por el fragmento antes que por el discurso continuo y falsamente ininterrumpido. Asimismo, además de oscilar por las distintas etapas de su pensamiento, la cinta no deja de lado polémicos aspectos de la vida de Wittgenstein, desde lo singular de su vida hasta su homosexualidad (que por muchos años fue un asunto del que se prefería no hablar y que incluso fue perseguida jurídicamente).

Un retrato fílmico que sin duda completará algunas de las ideas que tienes sobre este pensador o, en el mejor de los casos, estimulará la curiosidad sobre su obra.

“Si la gente no hiciera tonterías de vez en cuando, nunca se haría nada inteligente”.

Hacer Comunidad

patos en comunidad[Hacer Comunidad es un texto de Matteo Dean, lo reproduzco aquí para que nunca se pierda en la blogosfera y en la memoria. En italiano está aquí]

Cuando el frío llega a la tierra de los patos, de repente, sin que nadie diga nada, sin que se dé una asamblea que lo decida, un pato, uno cualquiera, se levanta en vuelo. El pico dirigido hacia el sur y las alas batiendo con la fuerza de las ganas de estar mejor. Este primer pato se levanta en vuelo y sin que se voltee a decirlo, los demás se levantan en vuelo y lo siguen. Nunca preguntarán porque saben la razón del vuelo. Cuando el primer pato se cansa, se hace a un lado y aquél que sigue, lo sustituye en frente. Y así hasta llegar a la meta.

Al final del viaje, todos habrán guiado al grupo y nadie podrá decir que hay un jefe, un dirigente.
Todos habrán participado, todos habrán dirigido en común acuerdo.

Decir comunidad hoy en día puede significar muchas cosas. Si por un lado nos cuentan que comunidad es la sociedad en la cual vivimos, que respetar leyes y preceptos es hacer el bien de la comunidad, si nos dicen que el servidor público trabaja para la comunidad, por otro lado podemos empezar a pensar (porque tenemos los instrumentos) en otro concepto de comunidad. Ésta ya no es algo que desde arriba nos dicen que es, sino que puede ser algo que desde abajo -desde aquí mismo en donde nos encontramos-, podemos imaginar y construir.

La palabra comunidad y el concepto que en ella se esconde, tienen un origen tan sencillo como complejo para interpretarse. La palabra común da origen a ese concepto. Común es todo lo que nos une, todo lo que nos hace compartir tiempo y sueños. Común son los deseos. Común es la idea de que algo está mal, común son las ganas de romper con todo ello para transformarlo.

¿Dijimos romper? ¿Dijimos transformar? ¿Y cómo se hace?

El pato que se levanta en vuelo no tiene la respuesta. Nadie la tiene. Es mucho instinto todo esto. Es ese instinto que los hace volar hacia el sur. Es ese instinto que los hace volar hacia el lugar cálido donde puedan estar bien.

Dijimos ROMPER. La ruptura con este orden de cosas que nos dicen llamarse sociedad, se da todos los días. Se da empezando desde las ganas de soñar hasta la práctica cotidiana. La ruptura reside precisamente en el sueño de construir algo mejor, porque el mundo en el que vivimos quiere que dejemos de soñar, quiere que nos conformemos con lo poco que nos conceden, que nos quedemos quietos bajo los ritmos de la música que nos venden, que nos narcoticemos con las drogas que nos venden, que nos adecuemos a la vida que nos permiten. La ruptura reside entonces en el sueño de algo diferente. La ruptura hoy, es hacernos incompatibles con ese sistema, la ruptura es escaparnos de sus reglas demasiado estrechas para nuestros deseos. Incompatibles eso somos.

Dijimos TRANSFORMAR. La transformación al contrario no se sueña, sino que se practica. La práctica de la transformación es la práctica de lo común que nos une.

Desde aquí abajo la bandada de patos dibuja un hermoso diseño en el cielo. Si te fijas bien, te enteras de que dibuja una red. Una red en la cual cada pato representa un nudo de un hilo invisible que los une a todos.

Somos una red, una red de individuos, de personas, de seres humanos. Somos una red de sueños antes que todo. Somos una red de prácticas, formas y actitudes. Finalmente, somos una red de conocimientos. Lo que nos hace red es la voluntad de estar en común, de compartir nuestros conocimientos para el bien común. Esa es la actitud que tenemos que tener. La voluntad de compartir, de cooperar entre nosotros y de encontrar la forma de compartir con otra gente.

Si durante el vuelo un pato se cansa, si alguno de ellos se debilita, súbitamente otros dos lo flanquean, y lo ayudan a volar, a sostenerse, porque aquí no se trata de llegar primero, sino que todos lleguen a su destino. El destino que nos hace comunes. El destino es la meta que todos queremos: estar mejor.

La cooperación entre nosotros, no es otra cosa que la cooperación social, la riqueza de la cual disponemos para realizar nuestros sueños. Aquí no se trata de quién tiene las ideas, o de quién tenga los medios para realizarlas, o de quién tenga el conocimiento para llevarlas a cabo. La cuestión es más bien que ese conocimiento, esa forma y esas ideas salgan de la cooperación. Todos tenemos ideas, todos somos capaces. Miramos a las instituciones educativas como el plus ultra del conocimiento, cuando al contrario, el valor alto del conocimiento se da de la experimentación, del encuentro y de las soluciones que entre todos podemos descubrir. Ese conocimiento producido por la cooperación social es la verdadera riqueza. ¿Queremos escucharlo con otras palabras? Pues, nadie sabe cómo levantar una barda, nadie sabe cómo se hace una revista, nadie sabe cómo se lleva a cabo un ciclo de películas callejeras, nadie sabe cómo se organiza una cena, nadie sabe cómo se suma el dinero para todas esas actividades, nadie sabe cómo se hace una encuesta, nadie sabe cómo se cambia al mundo. Pero tal vez entre todos, probando una y otra vez, encontremos la manera. Y ese conocimiento nadie te lo regala. Te lo sudas pero mañana ahí lo tendrás, listo para reproducirlo en cualquier parte. Y todo esto no hará más que hacer grande nuestro común y hará de nuestras ideas una riqueza inestimable.

En la red que somos, la única forma de sobrevivencia es la solidaridad. La solidaridad que tiende la mano a quien ahora no puede, que comprende el esfuerzo de todos y lo respeta. La solidaridad sincera, que critica para ayudar, que ayuda para superar, que coopera para crecer, que crece para cambiar, que cambia para mejorar, que mejora para poder, finalmente, ser felices. Pero esta solidaridad debe ser sincera y digna. Sincera cuando dice las cosas, cuando expresa dudas y certezas, cuando opina y cuando escucha. Y digna todas las veces que afirma y defiende su afirmación. Sin miedo porque nadie es estúpido. Sin temores porque ninguna idea es vacía, al contrario, todo puede enriquecer, absolutamente todo. Es necesario creerlo, nada más.

En la Biblia, maravilloso libro de historia y de filosofía, espectacular novela, increíble metáfora de la vida del ser humano, se cuenta cuando Moisés un día decide rebelarse a los egipcios. La tiranía del faraón pide demasiado al pueblo. Y es así que se decide desobedecer a las reglas del tirano. El pueblo judío decide sustraerse al dominio. Existe el momento de la guerra, del conflicto, pero también existe el momento de la desobediencia, de la detracción. El pueblo judío, cuenta la Biblia, decide irse a otra tierra, la tierra prometida. Empieza así el éxodo. Cada quien recoge sus cosas, carga las cosas que quiere llevarse, que son para construir un nuevo país en otra tierra.

El éxodo a otra nueva tierra. El nuestro es un éxodo a otro mundo. Lo que estamos haciendo es irnos, sustraernos de este mundo hacia otro más cálido, en el cual podamos construir y realizar nuestros deseos.

Empecemos a caminar, pues, empecemos a caminar hacia otro mundo. Carguemos con nuestros sueños, recojamos nuestras ideas que son las de todos nosotr@s. Es una gran responsabilidad la de empezar a caminar juntos. Implica tender la mano a quien este cansado. Implica apretar los dientes. Implica defendernos del ejército egipcio que nos persigue, porque significa confiar en el otro y hacer que el otro confíe en ti.

Matemáticas y Poesía (La Jornada Semanal)

En el año de 1934, en Estados Unidos apareció un texto titulado La poesía de la matemática y otros ensayos. El autor era David Eugene Smith, matemático y profesor emérito de Columbia University de Nueva York, quien escribía: “La matemática es generalmente considerada en las antípodas de la poesía, no cabe duda. Sin embargo, la matemática y la poesía tienen una estrecha relación de parentesco, porque ambas son hijas de la imaginación. La poesía es creación, ficción, y la matemática ha sido definida por uno de sus admiradores como la más sublime de las ficciones.”

¿Qué sentido puede tener esta idea de la matemática y de las ciencias exactas como ficciones maravillosas y sublimes? ¿Podemos amar o incluso construir, jugar y especular con los números y con los versos al mismo tiempo? Banalizo un poco. Desde las entrañas de la unam, casa de estudios en que cursé unos ricos postgrados en humanidades, sigue vigente un debate o, más bien, una diatriba histórica entre facultades científicas y sociales, que repercute, supuestamente, en las distintas formas de ser y hasta en las autoestimas de sus frecuentadores.

Hay escalofríos de mentes y corazones, de estudiantes y docentes, que nos hacen preguntar: ¿Tendrán alma los ingenieros? ¿Sí aman los matemáticos? ¿Y sí, hacen poesía también los biólogos? O bien, mirando la otra cara de la moneda, ¿de qué viven los filósofos? ¿Qué comen los letrados? Finalmente, ¿tenemos, de alguna manera, sea como sea, aptitud para el razonamiento duro y puro nosotros, los románticos de las humanidades? Misterios se vuelven preguntas. Las dudas, prejuicios. Poetas hippies chocan contra puntuales calculadores cuasi-humanos.

En efecto, la relación entre estudios matemáticos y expresión poética se estudia poco, se ignora, se menosprecia. De juntarse el verso sublime con las cifras maravillosas, pues tendrían un amor innecesario, dicen. Así, para el matemático, por ejemplo, la poesía queda reducida a una frívola manzanita, sabrosa quizás, pero pecaminosa y vacía, y acaba siendo inútil, sin un goloso gozador que la disfrute.

A su vez, los sentimentales creen que las fórmulas y la exactitud teórica intoxican el alma. A veces, hay que decirlo, estos malentendidos nacen de la mala fe de la gente. Se estima que esa unión, es decir, el enamoramiento entre números y expresiones líricas, entre rimas y cuánticas bien puestas, tendría consecuencias demasiado anti-sistémicas.

Con lujo de superficialidad se consideran comúnmente como dos méndigas, antitéticas enemigas. Unas, las matemáticas, serían diferentes por estar ligadas a actividades científicas, rudas y técnicas, duras y tremendamente reales. En cambio, la otra, la poesía, coquetea con la buena educación humanística, con las áreas de filos, letras y psico, y finalmente con sensibilidades bastante literarias y hasta ideales estúpidamente utópicas. Así dicen.

La rima consonante ama ciertas figuras profesionales que se le asocian, tales como son el filósofo desempleado crónico, pero al menos feliz, y el eterno aspirante a escritor. En cambio, el físico, el ingeniero, el químico, y hasta el profesional de la econometría olímpica, están destinados a ser endebles pero con una chamba remuneradora y estresante. Asimismo, serán exitosos y siempre respetados por su seriedad y rigor científico que a veces, sin embargo, es preludio de un precoz rigor mortis.

A la separación entre estas disciplinas, que también representan pasiones carnales y estudios aparentemente muy distintos entre sí, se le hace corresponder una substancial diversidad de los individuos apasionados por cada una, como si tuviesen capacidades diferentes y formas mentales con posturas, modales y flexibilidades intelectuales casi incompatibles. Además, parece, matemáticas y poesía son bastante refractarias a la comunicación y al recíproco entendimiento. Son necias.

Una supuesta heterogeneidad de sus contenidos íntimos y de sus campos de interés contribuye a poner a Doña Poesía y a Señitas Matemáticas en un muy mal plan, un rebote continuo de peleas y desencuentros. Sin embargo, por suerte, tienen mucho que compartir, tienen puntos en común que finos análisis de escritorio y aun la práctica de las borracheras, tan reveladoras y sinceras, han podido desenmascarar.

Ambas se generan a partir de un anhelo común por el conocimiento y un deseo típicamente humano de navegar incesantemente hacia nuevas metas. El aprendiz, el individuo que cuestiona, se cuestiona y pregunta es el que goza al perder la brújula, por torpe o por curioso. Es el que se activa paulatinamente para mover la utopía del conocimiento cada vez más hacia adelante, para que un fin no sea un final. Aunque hay límites, la aventura es reconocerlos. Poesía y matemáticas se hermanan en esta hazaña.

Un cuerpo-intelecto que salta ‒mens sana in corpore sano‒ ya no se avergüenza de la unión blasfema entre dos musas berrinchudas, y sabe derrotar la esterilidad y el estancamiento de su mente causados por el vértigo de existir. Es una suerte de reacción frente a la inmensidad caótica e inexplicable del universo, o simplemente una fuerza procedente de nuestro subconsciente, la cual, tal como nos la describió el buen padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939), logra sublimar la energía reprimida de nuestro lado irracional. La canaliza hacia finalidades más aceptables, más toleradas socialmente y permitidas por el filtro de nuestra censura interna.

Tanto las matemáticas como la poesía indagan acerca de aspectos problemáticos de la realidad, como el inicio y el fin, la vida, la muerte y las parejas. Las dos investigan, de hecho, el dilema del infinito, de lo no mesurable dentro y fuera de nosotros los humanos. Especulan sobre las paradojas de la vida y del cosmos, al enfocarse en cada uno de los detalles que los hacen maravillosos, dignos de estupor. De esta manera, con sus reflexiones y resultados, sean literarios, numéricos o de otra naturaleza, iluminan de inmensidad a las mentes y a las mentalidades, a la racionalidad y al imaginario, a los hemisferios del globo y de cada cerebro que lo habita.

En efecto, ¿quién no ha sido espasmódicamente cautivado por las extravagantes paradojas y las asombrosas contradicciones que inevitablemente encontramos cuando tratamos de sentir y entender los infinitos numéricos y sus propiedades? Algo sencillo y común, ¿no? Basta con recordar, por ejemplo, el desamparo que experimentamos, en algún momento, al descubrir que el conjunto de los números pares se considera compuesto por la misma cantidad de elementos que el conjunto o totalidad de los números enteros. Una parte es grande como el total, somos infinitos y ceros a la vez. Además, en la era digital, todo es una secuencia de unos y ceros.


Ilustración de Merello

Estoy seguro de que nos golpea un gran desequilibrio interior, como embriaguez fatal, cuando nos topamos con el fenómeno romántico llamado “adolescencia”. Hablo de la edad crítica y transformadora de nosotros mismos, como hombres o mujeres. Pero me refiero igualmente a las etapas demoledoras y renovadoras de la historia humana, con sus violencias y estremecimientos, y también a la fuerza de la lectura de las obras poéticas: estudiadas, disfrutadas y lloradas al mismo tiempo.

Sobrevivir en los tiempos del romanticismo, como época de la vida personal y de la historia, es encarar, en los libros y en la cotidianidad, las tensiones y las dialécticas sin resolver que caracterizaban la sensibilidad romántica. Es participar en los viajes de los pintores alemanes como Caspar David Friedrich (1774-1840), creador de ocasos ensordecedores y panoramas melancólicos.

Es resucitar la voz de un vate como Giacomo Leopardi (1798-1837), autor de “Lʼinfinito”, interminable tormento y delicia de todo estudiante italiano. Las almas añorantes estaban eternamente suspendidas entre pasado y futuro, dibujando memorias del mañana que empezaban y culminaban en el mismo horizonte, justo en el límite extremo y difuminado de la contingencia humana.

El acercamiento entre la lírica y los números cobra más sentido si recordamos algo: consideremos uno de los grandes temas de la poética del decadentismo francés, como el del bosque de símbolos que el poeta tiene que atravesar para aprehender la realidad más pura, y veremos que se asemeja a los esfuerzos de la matemática por hacer el mapa del bosque oscuro de lo desconocido, y de hallar o describir armonías y perfecciones de un mundo que, al contrario, está dominado por la entropía, la incertidumbre y un desarrollo aparentemente muy irracional.

La interpretación de las matemáticas como ficción maravillosa y sublime reside en su campo de investigación, sus ámbitos de evolución y su coqueteo con la abstracción y la proyección hacia el más allá: se arma un universo regulado y descrito por leyes precisas, hechos y tendencias, datos y probabilidades que se nutren de simetrías y construcciones equilibradas hasta cierto punto, hasta la cumbre de la utopía numérica. Esa es la paz.

Y era la concepción del universo según las corrientes filosóficas de la Grecia presocrática. En efecto, se proponía un mundo explicable y representable de acuerdo con relaciones numéricas establecidas y ciertas formas geométricas, a las que se podían referir las estructuras de todos los seres: había ciudades de ensueño con cuadrados, triángulos, ovales, signos, numeritos y columnas hexagonales por todas partes.

Muy notoria es la preponderancia insolente que el “número” fue adquiriendo en la reflexión del griego Pitágoras de Samos (580 ac-495 ac), que fue filósofo y matemático, esotérico y vegetariano, pero le faltó salir del clóset también como poeta. ¡Lástima! No siempre se puede ser perfecto. Durante siglos, él y sus discípulos identificaron el Arché, o sea el inicio del universo o de todas las cosas, justamente con el Uno, primero de los números. Parece poco, pero si eres el primero, el número uno en decirlo, estás en la historia.

En cambio, el pensamiento del alemán Friedrich Nieztsche (1844-1900) se ubica en el otro extremo con respecto a esta visión apolínea y ordenada de la vida y del cosmos. De hecho, él arranca de una indiscutible perspectiva dionisiaca y caótica de la situación presente, de la pasada y la futura, pues el desorden reina en este mundo, tan nuestro y tan ajeno a la vez, y hay que negarle cualquier valor a la matemática y a la metafísica. En su opinión, son ciencias ilusorias, el fruto podrido de una realidad inexistente que el hombre ni siquiera debería seguir buscando.

Matemáticas y poesía son ambas producto de la imaginación, del desfase interior y de una fértil intuición. Se concretan en forma y expresión gracias a la síntesis del individuo, por su anhelo de explicar y de comunicar. Inclusive el trabajo epistemológico del filósofo austríaco Karl Popper (1902-1994), quien introdujo el “falsacionismo” o criterio de “falsabilidad” como elemento de demarcación entre lo que sí es ciencia y lo que no puede serlo, reconoció el origen extracientífico y no racional de la gran mayoría de las teoría científicas. Muchas veces éstas son generadas a partir de la fantasía, la invención, la casualidad, la libre imaginación, la pachequez y, finalmente, por ese toque de poesía que todos tenemos.

Destacó Arthur Schopenhauer (1788-1860) que la poesía y el arte en general no son otra cosa sino intuición inmediata y contemplación desinteresada del mundo de arquetipos formados por las ideas. Ver para creer. La música, que es superior y se sitúa en la punta de la pirámide de las expresiones artísticas, acude y comunica directamente a la Voluntad, la voluntad con V mayúscula que mueve todo ser a vivir y reproducir la especie.

Otro elemento de conexión amorosa entre matemática y poesía está en la naturaleza musical, rítmica, melodiosa y proporcionada de muchos poemas, especialmente de los más añejos. Muchas veces siguen formas métricas precisas, relacionadas con los principios matemáticos que también regulan la disposición de las siete notas en el pentagrama. Y este es el gran tema neoclásico de la “armoniosa melodía pintora”, según reza un celebre verso del poeta italiano Ugo Foscolo (1778-1827). Él ve la poesía como una abstracción matemática que, gracias a su intrínseca esencia musical, puede y quiere elevar al hombre hacia un mundo de perfección. Por fin digo que las dos se quieren. Así sea. De https://twitter.com/FabrizioLorusso

Penalizzazione dell’aborto in Messico

Proprio nella Giornata Internazionale per la Depenalizzazione dell’Aborto, il 28 settembre, la Corte Suprema messicana, il massimo tribunale del paese, ha annullato le speranze di milioni di attivisti e attiviste che da anni lottano per il riconoscimento dei diritti delle donne in America Latina. La Corte ha infatti sancito la costituzionalità della riforma che lo Stato della Bassa California aveva approvato per garantire il diritto alla vita a partire dal momento della concezione. In questo modo diventa un reato perseguibile penalmente qualunque tipo di interruzione della gravidanza e non importano le cause e le condizioni di ogni singolo caso.

Ci volevano 8 voti ma i giudici a favore dell’abrogazione della riforma erano solo 7. Amnisty International ha definito la decisione come un passo indietro per i diritti delle donne e delle ragazze in Messico. Ieri la Corte s’è espressa anche su un’analoga riforma approvata nello stato centrale del San Luis Potosí mantenendola in vigore: si apre quindi la porta a riforme simili che la Corte non potrà mai invalidare dato che non ha una maggioranza di membri a favore e quindi, stato per stato, si potrebbe arrivare alla penalizzazione dell’aborto in tutto il paese. Il voto decisivo è stato emesso dal giudice Jorge Mario Pardo che nel febbraio scorso era stato nominato  dal Presidente della Repubblica Felipe Calderón e sostenuto dal suo partito, il conservatore PAN (Partido Acción Nacional).

Ogni governo locale potrà stabilire con il placet della Corte quando si deve fissare l’inizio della vita e quando cominciano ad esistere i diritti costituzionali. Solo a Città del Messico è possibile praticare legalmente l’interruzione di gravidanza che è stata depenalizzata nell’aprile del 2007: la maggiore trasparenza e il diritto all’assistenza medica, seguiti alla legalizzazione, ha avvicinato la capitale del Messico ai tassi di mortalità (quasi nulli) dei paesi che hanno normato e permesso questa pratica.

Filosofia. Corso di sopravvivenza di Girolamo De Michele

Vi invito a guardare quest’ottima intervista in cui Girolamo ci parla del suo ultimo libro (qui recensione), Filosofia. Un corso di sopravvivenza, e non solo… Sto solo aspettando di tornare in Italia per le vacanze a luglio per rapirne un paio di copie e, come dice in copertina, far capire anche in Messico che “la filosofia non è in cielo ma nelle nostre teste. E che siamo tutti un po’ filosofi”.Chi l’ha detto che i filosofi hanno sempre la testa fra le nuvole? E che la filosofia è una disciplina astrusa e «fumosa»? Ebbene, non c’è pagina di questo volume che non smentisca luoghi comuni tanto radicati. Continua qui.

L’intervista…

Marco Maschietto e Carlo Vitelloni per Blow Book
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