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Antecedentes, retos y perspectivas de los programas MBAs (Master in business Administration): del modelo estadounidense a la tropicalización. El caso de INCAE Business School – Fabrizio Lorusso en libro ACACIA La Administración y la Responsabilidad Social Empresarial, 2011

congreso acacia[Capítulo de Fabrizio Lorusso (derivado de las memorias del XV Congreso de la Academia de Ciencias Administrativas ACACIA) en Boca del Río Veracruz: “Antecedentes, retos y perspectivas de los programas MBAs (Master in business Administration): del modelo estadounidense a la tropicalización. El caso de INCAE Business School”, en Olivera Gomez, Daniel Armando (Coords.), La Administración y la Responsabilidad Social Empresarial, Ed. Fundación para la Educación Superior Internacional AC, 2011,103-120 ISBN 978-607-95043-6-6 link al pdf original] link alterno

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Educación de negocios y americanización: historia y desafíos de INCAE Business School entre Nicaragua y Costa Rica, Fabrizio Lorusso – III Jornadas de Historia Económica de la AMHE, Asociación Mexicana de Historia Económica

Portada AMHE Memorias III jornadas Historia económica[Ponencia de Fabrizio Lorusso, “Educación de negocios y americanización: historia y desafíos de INCAE Business School entre Nicaragua y Costa Rica” en las III Jornadas de Historia Económica de la AMHE, Asociación Mexicana de Historia Económica, desarrolladas en el COLMEX, México DF, 17-20 de febrero 2015 – link al artículo orginallink al libro completo TOMO II con las memorias del congreso]

 

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Presente, pasado y futuro del sistema MBA: discusiones sobre enseñanza y relevancia de EEUU a América Latina”, Fabrizio Lorusso – Confluenze Rivista di Studi Iberoamericani, Università di Bologna

confluenze nov 2010[Artículo de Fabrizio Lorusso, “Presente, pasado y futuro del sistema MBA: discusiones sobre enseñanza y relevancia de EEUU a América Latina”, Confluenze Rivista di Studi Iberoamericani, Università di Bologna, No 2 Vol. 2, 2010 – link a la revista – LINK AL ARTÍCULO]

RESUMEN

El presente artículo considera las principales críticas que, en las últimas dos décadas principalmente, se han impuesto a la atención de los expertos en sistemas de enseñanza de los posgrados en administración de empresas. El planteamiento principal es que, al tener en cuenta y hacer una síntesis de las principales críticas y debates avanzados por diferentes escuelas de pensamiento y al considerar fundamental la relación de la misma academia con el sector empresarial, es decir con “la práctica” de la administración cada vez más alejada de la teoría, se pueden esbozar los rasgos que, en el peculiar contexto histórico, social y económico de América Latina, resultarán relevantes para una parte sustancial de la futura clase dirigente del subcontinente.

Palabras claves: Administración de negocios, sistema MBA, enseñanza, teoría, América

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Mantras del Perfecto y Maldito Economista @Desinformémonos

george-bush-harvard-mba[Columna aparecida en Desinformémonos – 9 de junio de 2016] El economista bien educado nunca contesta “sí” o “no”, sino “depende”. No importa cuál haya sido la pregunta. Decir que todo depende salva su vida y su carrera. Le da incluso un aura de respetabilidad si la mueca facial que acompaña su no-respuesta es convincente, firme. Este hábito inveterado de contestar siempre “depende” no es un mito, sino una enseñanza universitaria, uno de aquellos tips que el profesor de microeconomía da a sus alumnos terminando el semestre.

El economista con Denominación de Origen Controlado se jacta de ser portador de la Fuerza. Es decir, se interpreta a sí mismo como el conocedor de una ciencia poderosa y perfecta, de un arte sublime y de una apreciada profesión. Sin embargo, según el dicho, “quien mucho abarca poco aprieta”, y no ha habido en la historia nadie, salvo quizás Leonardo da Vinci y pocos barbudos revolucionarios más, que haya sido un excelente científico, un refinado artista y, a la vez, un profesional impecable de éxito, hasta en los negocios.

Además, no importa verdaderamente si, en su pasado, el profesional-artista-ecónomo se ha equivocado, si sus operaciones llevaron a quiebras y despidos, o incluso si a nivel sistémico la economía real está fregada. Lo que cuenta es la aplicación de un corpus teórico incomprensible y certificado ISO, la “sabiduría o mantra convencional”, que contiene las fórmulas mágicas del éxito para todo problema. Estos secretos son revelados a los brujos 2.0 quienes pudieron salir indemnes de un MBA (Master in Business Administration) en una universidad de la Ivy Leaguecomo Harvard, Yale, Chicago o Stanford o de un posgrado en laLondon School of Economics.

La economía y la gerencia, entendidas como disciplinas y teorías, son ciencias sociales, humanas, y no exactas. Pero pretenden ser como las ciencias naturales y se proponen como totalizantes. En fin, pese a que en las últimas décadas los manuales de materias económicas y administrativas se han llenado de inconfesables demonstraciones matemáticas e inefables estadísticas, el “profesional” de la economía no es un químico o un biólogo. Vive de probabilidades ficticias, curvas gaussianas e inferencias surrealistas que pretenden explicar el mundo, pues asimilan el mundo físico, los objetos, a lo que viene siendo su simple valor de intercambio o cash. La naturaleza se asimila a la mercancía. Bien lo ha relatado el ensayista Nassim Taleb en su obra “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” en la que desmonta los credos de los economistas que, por su lado, los elevaron al rango de verdades y con ello piensan poder manejar países y economías, mercados y empresas (que finalmente terminan siendo lo mismo, es decir, blancos de experimentos sociales administrables del mismo modo).

El buen economista ve a “hombres económicos” (el famosohomo oeconomicus latín) que están al acecho en todos lados. Cree que su vecino es racional o que, al menos, actúe la mayoría de las veces según parámetros racionales. Supone que él y los demás pobladores de su condominio hacen las mejores elecciones en términos de optimización Pareto-eficiente. Entiende que su primo es un egoísta, como toda la humanidad, y que su novia maximiza utilidades, más que nada. Él mismo lo hace con ella porque así incrementa el beneficio global. Sus colegas viven atrapados en el dilema del prisionero.

Además, está seguro de que si el 1% de la humanidad, que detiene casi toda la riqueza del mundo, se enriquece más y prospera libremente, todos se beneficiarán y la Tierra será un mejor lugar. Por goteo de la riqueza hacia abajo, por un derrame automático y dadivoso, y porque así dicen los feligreses neoclásicos de Milton Friedman, el 99% de la población va a vivir bien, en paz y desarrollo. En otras palabras: la pobreza desaparecerá por sí sola, nada más hay que tener paciencia. Mientras tanto, trabajen y muéranse de hambre.

En este inframundo de competencia entre humanos-económicos, no hay lugar para los débiles. El mercado es amo de casa y de llaves, barre todo aquello que no lo sabe secundar. La persona de carne y hueso desaparece y queda su holograma economicista dedicado al consumo y al goce ilimitado. La Modernidad, dice el teólogo de la liberación y luchador social Leonardo Boff, ve a la naturaleza como algo que se debe dominar, vencer, explotar y conquistar. El proyecto “moderno”, engendrado desde Occidente y extendido al mundo gracias a la llamada “anglobalización” y la expansión del sistema capitalista en todos los rincones del planeta, se olvidó, hace tiempo, quizás desde el principio, del “cuidado de la casa común”, o sea de la Tierra. La humanidad ésta, finalmente, encaminada hacia un punto de no retorno, por ejemplo en el tema del calentamiento global y el uso de los recursos naturales (finitos) según planes de despojo (infinitos).

Además de la palabra “depende”, otra muleta, apta para las charlas en economía, es “ceteris paribus”. Algunos economistas creen que la expresión es prestada del inglés, el idioma universal, y la pronuncian como si así fuera (y suena muy mal). Pero no, viene del latín y significa “a paridad de condiciones”. Para los no familiarizados con ella, quiere decir básicamente que si todos los factores considerados en un razonamiento económico son fijos y estables, podemos determinar que algo va a pasar. Si nada cambia de nuestros supuestos y de las condiciones antes mencionadas, entonces sí nuestra previsión se realiza. Funciona en la teoría, en las aulas, pero una vez que se aplica a la realidad, esta forma mentis es engañosa y funesta.

“Si María piensa como yo, optimiza a cabalidad, y si la tasa general de empleo sigue estable, la inflación anual es constante, el banco la trata igual como siempre, los intereses de su crédito suben según dicte el mercado y ella continúa desempleada,ceteris paribus (si NADA cambia en su vida), entonces tendrá que emigrar o darse al hampa”. Parodiando un poco, la substancia es ésta. Previsiones basadas en modelos teóricos, o en supuesto algo ingenuos, si no es que pedantes.

En 2010, salió en Italia el libro “Maledetti Economisti”, Malditos Economistas (Las idioteces de una ciencia inexistente), de Sergio Ricossa. Es un texto irónico y documentado sobre frustaciones y exceso de la economía. Me valgo de un extracto del texto: “La historia de los economistas es una tragicomedia. Habrían querido indagar sobre la dimensión económica de la vida, explicarnos el porqué de la prosperidad y de la depresión, hacernos entender algo de los fenómenos con los que cada día nos topamos. Pero sus teorías, contradictorias, divergentes, hacen complicado lo que es simple e indescifrable lo que es complejo”.

El economista tiende a confundir las dos acepciones de “especulación”. La especulación filosófica trae un aumento del bienestar intelectual común, al ser pública, de bajo costo y orientada al desarrollo de las ideas de todos. Se especula mucho en la universidad, por ejemplo. Y “universidad” nace de “universal”, pues justamente la institución debe tener una vocación hacia la maximización general del conocimiento como bien común. Sin embargo, en muchos casos es tachada de inútil e improductiva por grupos de fe tecnocrática.

Son los mismos que, como lo hizo recientemente en una conferencia el rector del ITAM, Arturo Fernández, afirman que Morena es un “riesgo para México” y “la reacción y resistencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha sido como la que se espera de un animal herido de muerte, que lanza gruñidos y zarpazos a diestra y siniestra; se trata de una organización política que agrupa a un gremio radical formado en una ideología guerrillera, rémora de lo peor de nuestro pasado político”. Y así es que, frente a un pelotón de empresarios reunidos en Expo Bancomer (Santa Fe, CDMX, ex DF), el economista recibe aplausos fáciles, automáticos, descalificando a uno de los pocos grupos organizados que se oponen valiosamente a la homologación neoliberal fundamentalista, aplicada a la educación con reformas laborales disfrazadas de “educativas”.

La palabra “especulación”, por el lado menos filosófico y más material, ilumina la mente economista cada vez que se asocia al adjetivo “financiera”. La especulación financiera salvaje, desligada del sentido común y de la economía real, trae uno que otro beneficio, ceteris paribus y si todo sale bien, al menos para unos cuantos. No importa si se tumban a países enteros, haciendo quemar los ahorros para el retiro de millones de ciudadanos. Los que son capaces de mover masas virtuales de dinerales con tecladitos y touch screens, generan enormes agravios al conjunto social y al sector público que tanto odian y que, sin embargo, invocan para salvarse de la quiebra.

En Estados Unidos se ha criticado, sin surtir aún muchos efectos, el “managerialismo”, o sea una ideología o degeneración de la buena gerencia, de la “vieja administración”. Con base en esta ideología managerialista, los negocios se vuelven el dominio exclusivo de una casta amoral, más allá del bien y del mal, formada por técnicos y expertos legitimados a “dirigir”. Esto, en suma, significa ganar más dinero en menos tiempo, sin pensar en los efectos de su actividad. Las denuncias contra la insana deriva del modelo estadounidense de enseñanza y operación de la economía y los negocios, antes y después de la crisis de 2007-2009, no han servido. El mantra de los economistas, más bien, se ha esparcido globalmente como semilla del ilusorio mantra del ganar-ganar. Autor @FabrizioLorusso

Ética, RSE y Governance (Columna en América Economía)

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La búsqueda de lo que es bueno para los hombres, de lo que es o no es justo hacer. Distinguir entre lo malo y lo bueno. El estudio sobre la acción humana y de las normas a las que se apega o debería apegarse. Son algunas definiciones muy sencillas de “ética”. En economía y administración hay varias aplicaciones del concepto que podrían entrar en la categoría de las “éticas especiales” que yo entiendo y simplifico como “sectoriales” (como la bioética, la ética del medio ambiente o la de género, etc…).

En un nivel más teórico, están la ética de la economía, que tiene que ver con la aplicación de la ética al discurso de la economía como disciplina; y simétricamente tenemos la ética de la administración, que representa la aplicación de la ética y de la discusión filosófica a la teoría general de la administración.

En un nivel más práctico, están la business ethics o ética de los negocios, que define todos los deberes éticos (lo bueno y lo malo) de las personas que actúan en el mundo de los negocios y en el mercado, o sea, en la sociedad; y finalmente, la ética de empresa o empresarial, como una derivación, una subcategoría aplicable de la anterior (la business ethics) para el ámbito interno de la firma y de las decisiones de los gerentes o managers de ese complejo productivo y social que es la empresa.

De la ética, o sea, de lo que es bueno o malo en la teoría y en la práctica de las organizaciones y de las personas que las integran, se desprenden los contenidos de las “responsabilidades sociales de la empresa” (RSE) que se han propuesto en su conjunto como un nuevo modelo de gobernanza y organización.

Simplificando un poco, los modelos de gobernanza  de la empresa que se manejan en la teoría son el clásico del shareholder value o el del stakeholder value, en el que la organización interioriza prácticas e ideologías dirigidas a la creación de valor no sólo para los accionistas, sino para todos los portadores de intereses del entorno.

La progresiva ampliación de esta categoría, la de los actores “interesados” en el resultado y en el buen funcionamiento de la empresa, se realiza en un sentido horizontal (más actores involucrados, más stakeholders) y en un sentido vertical (más expectativas y nivel de los compromisos, o bien, profundización de la relación empresa-entorno). Esta ampliación ha forjado en los últimos 20 años el concepto de RSE que, sin embargo, puede ir más allá del enfoque multi-stakeholders y de las recomendaciones de la business ethics.

¿Cómo? Con la integración de prácticas y estudios orientados por la propuesta de una gestión estratégica global basada en la RSE que es importante por su relevancia social y económica, y por su creciente difusión académica dentro de las teorías económicas (y administrativas). Éstas van reconociendo cada vez más las fallas de un mercado ya no tan “perfecto”.

Hay una buena definición para la RSE, que le otorga el valor de una misión y representa una verdadera visión estratégica, que ha dado un paso más allá con respecto a la visión clásica y a la simple consideración de que hay “muchos” portadores de intereses. También va más allá de la búsqueda de un sello o de una etiqueta de “socialmente responsable” para la firma y, citando a Sacconi (Guida critica alla responsabilità sociale a al governo dell’impresa, Bancaria Ed., Roma, 2005), la RSE significa “un modelo de governance (gobierno de empresa) ampliado en el que quien maneja la empresa tiene responsabilidades que se extienden de la observancia de los deberes fiduciarios hacia la propiedad a los análogos deberes hacia todos los stakeholders o portadores de intereses”, entendiendo a éstos últimos como “cualquier individuo o grupo cuyos intereses sean tocados de manera esencial (en calidad de participantes a transacciones, o bien, a través de los efectos externos de dichos intercambios) por la conducción de las actividades de la empresa”.

La naturaleza de esta definición es más compleja y completa de lo que parece en un primer momento, ya que involucra dimensiones distintas y relacionadas:

La económica: ampliación de los deberes hacia los portadores de intereses que no son simplemente los accionistas y el reconocimiento de la imperfección de los contratos que rigen las transacciones intra y extra firma y, por ende, la necesidad de un modelo estratégico consecuente;

La jurídica, al hacer hincapié en un tipo de “contrato ideal” entre portadores de intereses contrapuesto al “contrato real y de papel” firmado entre los socios, los dos incluidos en la fórmula de los “deberes fiduciarios”;

La ético– filosófica, como justificación, motivación y norma, no escrita, para las acciones en un modelo de “gobierno o governance ampliado”;

La empresarial – administrativa, por el uso del concepto de stakeholder, típico de los estudios sobre la gestión estratégica de la empresa, aunque aquí adquiere un sentido ulterior de índole normativa y práctica acerca del papel y de la autoridad del empresario o administrador.

La cuestión de la dimensión social y de la ética en la gestión de empresa está todavía en debate: si bien está aceptado que la primera responsabilidad y condición de sobrevivencia de cada empresa es de tipo estrictamente económico, también es difícil negar su dimensión profundamente social y relacional, la que hace presuponer una ampliación del sistema de derechos y deberes de la institución con respecto al entorno.

[Articolo di Fabrizio Lorusso dalla sezione MBA-Educación Ejecutiva della rivista cilena América Economía – Originale qui]

¿Cuestión de palabras? (de América Economía)

Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo, decía el lingüista austriaco Ludwig Wittgenstein. Las diferencias en las teorías sobre qué es o no es la administración de las organizaciones y, dentro de éstas, de las empresas, también se observan en la diatriba de los términos que se manejan en la literatura, en las carreras, en la prensa y en el lenguaje común sobre negocios. La tentadora confusión de palabras como administración, gestión, dirección y manejo o management con sus derivaciones nace, más bien, de inconsistencias en las traducciones, usos locales y distintas fortunas de lo términos. Asimismo, hay poca atención hacia su fondo cultural, histórico y semántico.

Muchas palabras parecen ser sinónimos, aunque hay distinciones sutiles como con el lema gerencia, menos general que administración y referido a la dirección especialmente de las empresas. En este sentido, es importante precisar para no arrancar una discusión a partir de una idea simple o vaga en las aulas y en los medios. A veces, las palabras hacen el mundo, así que mejor saber cómo nombrarlo.

El término inglés management sería equivalente a la administración. Si se habla de gerencia (y no de áreas específicas como las ventas o la contabilidad), ésta coincidiría con “administración de empresas” (business management). A veces, también se maneja como “administración de negocios” (en inglés se usa business administration).

Asimismo, el manager se entiende como “administrador” y se usa la palabra “gerente” referida al director-administrador o manager de una organización/institución económica, empresa o una de sus áreas.

Para sub-áreas o secciones/funciones de la empresa, hay expresiones como “administrador de ventas” o “administrador de recursos humanos” y también “gerente de ventas” (sale manager) y “gerente de recursos humanos” (staff/human resources manager), en sustitución del viejo “jefe del personal”.
Según la Real Academia, gerente es “él que dirige un negocio y lleva la firma de una sociedad o empresa mercantil, con arreglo a su constitución”, por lo cual pareciera algo forzado su uso para sub-áreas administrativas y mejor su empleo para la gerencia general de un negocio, aunque ya es bastante común en ambos casos.

Por su lado, el verbo gestionar y el sustantivo gestión son, más bien, sinónimos de administrar/dirigir y administración/dirección, al referirse a “las diligencias conducentes al logro de un negocio o deseo cualquiera”, pues se refieren a varios tipos de objetivos económicos y extraeconómicos, no necesariamente a un negocio como la gerencia (dice la RAE).

Finalmente, el concepto de administración: primero, representa los procesos concretos o actividades de coordinación en las organizaciones; segundo, es la disciplina o el campo de conocimiento, formado por la teoría organizacional, la dirección estratégica y el comportamiento organizacional. En el primer uso, también se conoce como gerencia, si se refiere a los negocios, dirección, management y gestión, mientras que como disciplina se maneja más el término administración para el estudio más amplio de las organizaciones, incluidas las empresas, y gerencia, o teoría de la gerencia, aplicable a los negocios.

En 1923, en su obra The Philosophy of Management, el “filósofo de la administración” Oliver Sheldon escribía: “La organización es la formación de una máquina efectiva; la gerencia, de un ejecutivo efectivo; la administración determina la organización; la gerencia la utiliza. La administración define el objetivo; la gerencia trabaja para conseguirlo. La organización es la máquina de la gerencia en su logro de los fines fijados por la administración”.

Hoy se da cierta identificación de conceptos, una hibridación de términos, entre el gerente y el ejecutivo. Éste último empezó, más bien, con indicar a los gerentes intermedios, de área, los que “ejecutan” una tarea específica, con cierto nivel de autonomía y control de recursos, dentro del plan estratégico del administrador de empresa o del gerente general. Entre ejecutivos, hay de altos y de bajos, pero para la RAE es “la persona que forma parte de una comisión ejecutiva o que desempeña un cargo de alta dirección en una empresa”, lo que deja cierto espacio para interpretaciones que lo ven como a un administrador de una empresa o gerente de diferentes niveles jerárquicos. En fin, éste fue una pequeña excursión semántica, bastante especulativa, pero quizás no sea sólo cuestión de palabras. De Twitter @FabrizioLorusso web Am. Economía

Tabla final y definitiva. Síntesis de raíces etimológicas.

MBA latinoamericano: un poco de historia

MBA is not NBA. (Columna de América Economía). A mediados del siglo pasado, cuando la administración de negocios se estaba fortaleciendo como disciplina académica, Europa Occidental y Estados Unidos gozaron de una relativa estabilidad económica y política que justificó la rentabilidad de los proyectos de investigación a largo plazo. En América Latina, con las mayores turbulencias económicas, las dictaduras y los periodos de hiperinflación, las universidades no se dieron el lujo de invertir demasiado para las necesidades educativas y docentes de sus sociedades: los programas de ingeniería y economía fueron quizás las excepciones.

Los primeros MBA en América Latina habían sido creados en departamentos universitarios específicos con cierto nivel de autonomía o, más comúnmente, en forma de escuelas de negocios, apoyadas en acuerdos entre los gobiernos de los Estados Unidos y los países del subcontinente.

En 1958, la Fundación Getulio Vargas lanzó su “Curso de Pós-graduação em Administração de Empresas” en San Paulo, Brasil, que puede ser considerado como el primer MBA abierto en la región. Para ese entonces, del otro lado del Océano Atlántico, estaba empezando el primer programa MBA de la Europa continental (INSEAD, 1959) (1).

En 1963, se creó la ESAN, (Escuela de Administración de Negocios para Graduados) en Lima, Peru y su desarrollo inicial se relacionón con la Business School of Stanford University, California. En 1964, nace la EGADE (Escuela de Graduados en Administración y Dirección de Empresas) del Tec de Monterrey. Ese mismo año se fundó INCAE (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas), por iniciativa de seis naciones centroamericanas (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) y del sector privado local, con una supervisión técnica y apoyo en la enseñanza de la Harvard Business School.

El desarrollo de la iniciativa INCAE recibió su empuje inicial tras el viaje de J. F. Kennedy, Presidente de Estados Unidos, en 1963 a Centroamérica para promover la política y los financiamientos de la Alianza para el Progreso como freno a la avanzada del “comunismo” y la revolución cubana en la región. Su primer MBA (“Maestría en Administración de Empresas”) fue lanzado en 1967 (2). El IPADE (Instituto Panamericano de Administración de Empresas) nace en 1967 y está ligada a la red del Opus Dei.

También sigue el método de casos de Harvard y precede la fundación de la Universidad Panamericana en la que ahora está incorporada. La escuela de negocios del Instituto Tecnológico Autónomo de México en el campus de Santa Teresa inicia actividades en 1973, basándose en una larga tradición institucional de enseñanza de la economía, la matemática y la econometría, es decir, un enfoque cercano a la escuela de Chicago, a Stanford y menos al método de casos.

La evolución de la ciencia económica bajo el liderazgo de Estados Unidos ha cambiado el perfil del economista profesional en el lapso de tres o cuatro décadas con la fijación y homologación internacional de una ciencia más matemática, empírica, técnica y menos “social” o política, por lo cual se marcó una división neta entre disciplinas y se subordinó la política a la economía (3).

El conocimiento administrativo y empresarial, dentro de la influencia científica y académica estadounidense hacia el exterior, actúa en un nivel “micro”, que gotea en los ganglios de la sociedad (empresas, pública administración, familias, individuos). Sin embargo, se acompaña de un modelo cultural y formativo que tiene sus referentes “macro” en la política “grande” de apertura y liberalización, en la tecnocracia y en las disciplinas económicas más “duras”.

El nivel “micro” (administrativo – empresarial), con sus peculiaridades regionales, sus valores, aportaciones y límites, resulta ser el menos estudiado en la perspectiva latinoamericanista, aunque quizás sea el más determinante en la difusión y en la readaptación local en la sociedad de la llamada “revolución silenciosa”(4), es decir, la progresiva penetración de la economía, las lógicas y las mentalidades de mercado en la región que ha recibido un gran empuje, indudablemente, tras la crisis de la deuda en muchos países después de 1982.

Con la creciente internacionalización de sociedades, negocios y economías, de la mano con la mayor atención hacia el comercio y las empresas, las escuelas latinoamericanas han aumentado sus inversiones y, consecuentemente, han estado entrando al campo de la producción de teorías propias que, sin embargo, se han centrado en enfoques más comparativos o “prestados” que realmente innovadores, con respecto al conocimiento generado en los países más industrializados y los centros académicos de referencia para las B-Schools y sus facultades.

Las escuelas más avanzadas en la investigación están entre la elaboración de casos basados en las realidades latinoamericanas (y no simplemente en la reproducción de casos del extranjero) y una verdadera sistematización del conocimiento para construir un record empírico de evidencias locales y subregionales útiles a la comprensión de las diferencias con otros mercados, con su funcionamiento y sus variables culturales.

La esperanza de un desarrollo acelerado de la economía regional, acompañado por el de la academia especializada, dejaría un espacio para el florecimiento de teorías y contribuciones que, en futuro, pueden anticipar tendencias y estudios para otras naciones en vías de desarrollo, ya que se ha reconocido que la investigación en América Latina proporciona miradas vitales no sólo para esta región sino para otras como Europa del Este, Asia y Africa (5).

Notas.
(1) Hedmo, Tina, Sahlin-Andersson, Kerstin y Wedlin Linda, The Emergence of a European Regulatory Field of Management Education – Standardizing Through Accreditation, Ranking and Guidelines, SCORE (Stockholm Center for Organizational Research), Stockholm University, 2001; Philipp, Alan. Bringing Business Education to Europe, Ambassador, Julio/Agosto 2000.
(2) Artavia, Roberto, Cabot Lodge George et al. INCAE – Latin America’s Premier Graduate School of Management, INCAE, Alajuela, Costa Rica, 2001.
(3) Meldolesi, Luca. En búsqueda de lo posible. El sorprendente mundo de Albert O. Hirshman, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p. 59.
(4) Green, Duncan. “Silent Revolution. The Rise and Crises of Market Economics in Latin America” (II ed.), Monthly Review Press, Nueva York, 2003.
(5) Ramos, Carlos. “The Development of MBAs and Business Schools in Latin America”, Business Leadership Review, Vol. 1, núm. 2, Association of MBAs, Julio de 2004, p. 3.

La fuerza de las ideas. América Economía

Desde América Economía. F.L. En su teoría general del interés, el empleo y el dinero, el economista J.M. Keynes destacaba que “las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto correctas como equivocadas, son más poderosas de lo que se piensa comúnmente. Por cierto el mundo es regulado por pocas cosas más. Los hombres prácticos, quienes creen ser casi exentos de cualquier influencia intelectual, normalmente son los esclavos de algún economista finado. Los hombres locos en el poder, quienes oyen voces en el aire, van purificando sus ansias con algún escribano académico de unos años atrás. Estoy seguro de que el poder de intereses personales es enormemente exagerado si se compara con la gradual invasión de las ideas”. Ya en 1971, el académico estadounidense Joseph Nye jr. publicó un artículo titulado, en inglés, “Transnational Relations and World Politics” (“Relaciones transnacionales y política mundial”), en el cual abogaba en favor de un papel mayor de las organizaciones internacionales en las relaciones mundiales.

En 1977, Nye, junto a Robert Keohane, escribió un libro, “Power and Interdependence” (“Poder e interdependencia”), el cual completaría la elaboración de un enfoque que hace hincapié en las escasas posibilidades de una guerra constante entre los Estados en un mundo cada vez más entrelazado. Por ello, se preveía una progresiva convergencia y condivisión de valores, instituciones, organizaciones e intereses en la arena internacional lo cual habría de caracterizar también las décadas posteriores.

Finalmente, la idea de “poder blando” se popularizó, sobre todo en Estados Unidos y Europa, a partir de los años noventa en las disciplinas de las relaciones internacionales, la geopolítica e incluso en el lenguaje periodístico y político, en particular el estadounidense, y tiene como referencia los trabajos del mismo Joseph Nye, director de la Kennedy School of Government de Harvard y ex director del National Intelligence Council de Estados Unidos, quien publicó su primera síntesis sobre el “poder blando” y sus interacciones con el ya noto “poder duro” en 1990 con “Bound to Lead: The Changing Nature of American Power”.

El autor señala los origines de esta idea en lo que Bachrach y Baratz en 1963 habían llamado “la otra cara del poder”, refiriéndose al que Nye bautizaría como “soft power o poder blando”, es decir, uno de los elementos que permiten el ejercicio pleno de alguna forma de poder, es decir, hace que otro agente actúe según patrones deseados y favorables al actor que lo instrumenta. La publicación del libro se consideró como una respuesta a las más pesimistas profecías de algunos autores como Paul Kennedy quien, en su notorio libro “The Rise and Fall of Great Powers” (El surgimiento y el declino de las grandes potencias de 1987) había previsto el repentino fin de la hegemonía estadounidense una vez ganada la Guerra fría.

Kennedy sostenía que, sin un grande enemigo, los intereses y tareas globales de Estados Unidos serían más difíciles de legitimar y justificar política y económicamente. Nye opina que “Si un Estado puede hacer que su poder se legitime ante los ojos de los demás, encontrará una menor resistencia hacia sus objetivos. Si su cultura e ideología resultan atractivas, los otros serán más propensos a seguirlo. En fin, la universalidad de la cultura de un país y su habilidad para establecer un conjunto de reglas e instituciones favorables que gobiernen las áreas de la actividad internacional, son fuentes fundamentales de poder”.

Hay dos aspectos profundamente relacionados entre sí que son componentes fundamentales de los flujos de soft power atribuibles a los Estados Unidos: (a) la configuración de las sabidurías convencionales sobre el desarrollo y las políticas más adecuadas, las que vienen adquiriendo una aceptación general en el mundo político y en la opinión pública sin tener una eficacia empírica universal comprobada; (b) la influencia académica y educativa, sobre todo al nivel de los estudios universitarios y de posgrado tanto en las escuelas latinoamericanas de negocios como en los mismos EE.UU., que han ido formando a una clase de tecnócratas latinoamericanos y una generación de empresarios y administradores (públicos y privados) con cierta forma mentis común, derivada, en alguna medida, del modo norteamericano de entender los negocios, el mercado y la sociedad.

El conjunto de estos enfoques o visiones del mundo en las disciplinas económicas y empresariales se ha tornado determinante, también en un nivel “macro”, para el manejo de las políticas de reajuste estructural y negociación internacional de la deuda después de la crisis de 1982 y, asimismo, para el cambio social relacionado con el crecimiento de la economía de mercado y la interdependencia internacional. De ahí, arranca la idea del MBA como artefacto o producto cultural de cuño norteamericano que va difundiendo en el mundo las prácticas y teorías de los negocios, lo que constituye un marco interesante para entender de donde venimos y hacia donde vamos como docentes y aprehendientes en estos temas.