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Respuesta a Fernando del Paso sobre Florence Cassez

En el Correo Ilustrado del diario La Jornada del martes pasado, 17 de abril, apareció una carta del escritor Fernando del Paso sobre Florence Cassez a la que pensé contestar de esta manera. Lo envié al Correo pero por ahora no ha salido en el periódico, así que la pongo en este su espacio bloguero. Antes la carta original de Don Fernando y luego la respuesta. Va.

El caso de Florence Cassez y la justicia

El hecho que haya habido serias –y buscadas– violaciones a los derechos de la ciudadana francesa Florence Cassez no prueba ni su inocencia ni su culpabilidad. Ésta última, sin embargo, fue ya decretada en un juicio cuya validez no ha sido, hasta ahora, negada por nadie, ni siquiera por Sarkozy, quien reclamó su traslado a Francia para que en ese país cumpliera su sentencia, sin que jamás haya alegado su inocencia.

Lo que la Justicia mexicana debería hacer, en mi muy personal opinión, es indemnizarla. ¿Pero cómo se indemniza a un preso? No con un dinero que no tendría oportunidad de gastar en su beneficio. Sí, en cambio, con una reducción sustantiva de su condena. Rebajarla, por ejemplo, en 50 por ciento. Esto es, de 60 a 30 años. Creo que difícilmente alguien podría argumentar que 30 años no es una condena suficientemente drástica como para disuadir a un secuestrador de volver a las andadas.

¿Y el juicio de Israel Vallarta? ¿Vamos a perdonarlo porque también se cometió una grave violación de sus derechos humanos: la burda falsificación audiovisual de su arresto?

Y en lo que concierne a las víctimas del secuestro: ¿vamos a tirar a la basura sus derechos humanos?

Si de justicia hablamos, debemos castigar a los perpetradores de esas violaciones –nuestras inefables e intocables autoridades– y, como sugerí, en desagravio, indemnizar a la ciudadana francesa con una reducción de su condena.

Por último, espero que en México existan jueces que no piensen que obra en menoscabo de su autoridad y su prestigio no digo el aceptar, pero sí al menos considerar seriamente la posición de un ciudadano que, como su servidor, conoce poco de leyes, pero que, como otros muchos conciudadanos, y gracias al sentido común y a un criterio propio, sí sabe lo que es la justicia.

Fernando del Paso

RESPUESTA
A Fernando del Paso,
En respuesta a su carta sobre Cassez. Soy un académico italiano radicado en México, país que amo y estudio. He escrito sobre Cassez, entre otros casos, movido por una gran preocupación acerca de la justicia mexicana en esta época de derechos humanos precarios.
La presunción de inocencia es un pilar del estado democrático, presente en la Constitución mexicana. Por tanto, es necesario contar con procesos “debidos”, en todas sus partes, para condenar a alguien fuera de toda duda razonable, lo cual no se ha dado con Florence.
Así que no se trata de reducir su pena, sino de eliminar los elementos viciados del expediente y/o rehacer el proceso correctamente, según dicta la Constitución. Yo mismo, si fuera víctima de un delito, quisiera confiar en la justicia para que mis verdaderos victimarios no estuvieran libres: justicia, no castigo o venganza. Está en juego mucho más que un caso, sino la reversión de las cuestionables prácticas de algunas autoridades en México.
La Primera Sala de la Corte reconoció las violaciones a los derechos de Cassez, pero también que éstas perturbaron todo el juicio: en especial, los testimonios de las víctimas, cambiados dos veces, plagados de incoherencias y presiones externas perjudicaron substancialmente la búsqueda de la verdad judicial, así como lo hizo el montaje o las torturas o las “intrusiones”.
Los más expertos y conocedores del expediente no vieron elementos suficientes para probar su culpabilidad, la Corte ya va reconociéndolo y podría emendar los errores del pasado.
Con afecto, Fabrizio Lorusso

Italia y el fin de la Segunda República (?)

Durante la última semana, Italia entró en una etapa política que sólo guarda semejanzas con la que se vivió a principios de la década de 1990, cuando los jueces de Milán, con sus indagaciones y condenas a hombres políticos y empresarios corruptos, facilitaron el colapso de la llamada Primera República y de la vieja partidocracia que endeudó y engañó al país.

Se abrió entonces un vacío que llenaron Silvio Berlusconi con su partido Forza Italia, el derechista Gianfranco Fini de Alleanza Nazionale y, finalmente, su aliada la Liga Norte (Lega Nord), dando inicio a la llamada Segunda República que, en realidad, es una fase de transición hacia algo desconocido que se va gestando en estos meses.

La Liga es un partido independentista, xenófobo y populista, basado en símbolos y pasiones más que en propuestas; sus banderas fueron el federalismo y la secesión. En un principio, a finales de la década de 1980, tuvo el estilo de los partidos tradicionales radicados en el territorio, pero también fue muy autorreferencial y autoritaria, con todo el poder concentrado en sus dirigentes. Su jefe máximo, Umberto Bossi, y sus herederos, especialmente su hijo Renzo Bossi, se encuentran ahora en el peor escándalo judicial de su historia política y de su vida.

Ya se habla del inicio de la Tercera República, tras la dimisión de Bossi de la dirección de la Liga el 6 de abril pasado y después de la caída, en octubre de 2011, del gabinete de Berlusconi en medio de escándalos, más sexuales que meramente políticos, y por falta de credibilidad internacional e interna.

El tesorero del partido, Francesco Belsito, y otros colaboradores cercanos de los Bossi están siendo investigados por tres procuradurías a causa de presuntos fraudes contra el Estado y desviación de fondos del partido y de los militantes, al haber malgastado el dinero destinado a la actividad política y a la propaganda para enriquecerse y comprar títulos de estudio falsos, financiar escuelas, coches y actividades de los familiares del mismo líder Bossi. Su hijo Renzo, apodado “trota” (trucha), ya renunció a su cargo de consejero regional de Lombardía y va a obtener una insultante indemnización de 40 mil euros como liquidación.

Sobre algunas paredes en la calle, el lema de la Liga “Patrones en nuestra casa” ya cambió por “Ladrones en nuestra casa”, lo cual es sintomático de la indignación de los militantes y las bases que, desde siempre, habían creído en el partido que les prometió barrer a los viejos políticos de “Roma ladrona” y que, ahora, salió con negocios aún más sucios y necesita limpiar su propia casa.

La Liga se encuentra actualmente en la oposición parlamentaria con respecto a los partidos que apoyan al gobierno de Mario Monti, es decir, el Demócrata, el de las Libertades (liderado por el delfín de Berlusconi, Angelino Alfano) y el centro de los ex demócratas cristianos de Pierferdinando Casini con su Unione di Centro.

Por su lado, el gobierno “técnico” de Monti en Italia superó sus primeros cuatro meses de vida y, si bien el país parece alejarse del peligro de la crisis de la deuda, las cuestiones abiertas son muchas y trascendentes.

En noviembre, Monti implementó medidas que afectaron mucho las pensiones y el estado de bienestar: la ley financiera llamada “salva-Italia” fue un paquete extraordinario de recortes al gasto público y mayores impuestos por 30 mil millones de euros.

El monto es el más alto de la historia italiana si se suma al del gobierno anterior de Berlusconi, que fue de 74 mil millones. Los medios y el discurso oficial prepararon el terreno anunciando que pronto Italia estaría peor que Grecia y que, por lo tanto, hacían falta políticas de austeridad y relanzamiento de la economía.

Sin embargo, se dejaron de lado las disposiciones que fomentarían el crecimiento y la redistribución equitativa de los sacrificios. De hecho, Italia está oficialmente en recesión, tras seis meses de descenso en su PIB (-0.7 por ciento).

Después de la caída del Cavaliere, quien dimitió por la falta de cohesión dentro de la coalición de partidos que lo apoyaban, por presiones internacionales y por la pérdida de credibilidad en el exterior, los principales partidos acordaron sostener un gobierno llamado “técnico”.

Es un eufemismo para decir que la tecnocracia ya está en el poder, sin compromisos con los electores. No obstante, en este caso siguen siendo parte de una elite financiera y empresarial bien definida, quizás más presentable que la de los funcionarios berlusconianos, pero no menos distante de aquel país real que pretenden salvar.

El centroizquierdista Partido Demócrata, junto al conservador Partido de la Libertad de Berlusconi y al “tercer polo”, que reúne formaciones del centro católico y de la derecha post-fascista, respaldan a un ejecutivo ya conocido como el “de los banqueros”.

En cambio, el partido xenófobo y populista de la Liga Norte decidió quedarse en la oposición para tratar de recuperar los votos que perdió, tras tres años de alianza con Berlusconi.

Monti no deja de recordar a los medios y al pueblo que su mandato será breve pero efectivo, y que no va a detenerse frente a ninguna protesta social, al descontento sindical o a la oposición de “intereses corporativos”.

En efecto, el primer decreto sobre liberalizaciones, aprobado en marzo, prevé una mayor apertura del sector de las farmacias, de los taxis, de los notarios, pero no se quisieron tocar los intereses de la banca y de las aseguradoras, verdaderos gremios poderosos que influyen en la vida de millones de familias.

Asimismo, sigue la criminalización de los movimientos sociales con la represión violenta de los plantones que en febrero mantenían los opositores de la controvertida obra para el paso del tren de alta velocidad (TAV) en el norteño Valle de Susa, cerca de Turín. Los No-Tav ya no parecen tener el derecho de dialogar con los políticos, visto que la obra se hará “porque se debe”, sin importar su costo y su anacronismo, como remarca el mismo gobierno.

Otro frente abierto es la reforma del mercado laboral que gira entorno al estatuto de los trabajadores, un acuerdo de 1970 que cerró una época de luchas obreras y sigue vigente para la defensa de los derechos laborales. En pos de una mayor flexibilidad, de una irrestricta libertad para despedir al trabajador, el gobierno propone cambiar el artículo 18 del estatuto que ampara de los despidos sin justa causa.

Por una lado están el sindicato más importante, la CGIL (Confederación General Italiana de Trabajadores), y el Partido Demócrata, los que quieren mantener la posibilidad de la reintegración del trabajador, según lo dicte un juez, en su puesto si éste es despedido sin un motivo justificado, ya que la simple indemnización monetaria, propuesta por el gobierno como solución final, no sería suficiente para desanimar a los empresarios a efectuar despidos masivos y/o discriminatorios sin que haya una necesidad comprobada para hacerlo.

Al contrario, los industriales y su patronato, Confindustria, prefieren que, en caso de despidos injustificados, haya solamente una sanción monetaria para el empresario y ninguna otra reparación en términos laborales. La línea que parece prevalecer es la de un retoque del Artículo 18 en el sentido indicado por el sindicato de los trabajadores, de manera que será el Parlamento quien tenga la última palabra en las próximas semanas. La reforma laboral tiene un sentido profundo para la sociedad y la política italiana, así como para su historia y su idea misma de convivencia civil, ya que, citando el primer artículo constitucional, “Italia es una República fundada en el trabajo”, y no en la precariedad extrema o la explotación.

La Secretaria del Trabajo, Elsa Fornero, ofrece a cambio de la reforma – dice – un “montón de millones”: un presunto aumento, no cuantificado, de los subsidios de desempleo y de las protecciones temporales. Sin embargo, los más débiles, los precarios, los jubilados, los migrantes y los desempleados ya sacrificaron sus pensiones, sus salarios y sus derechos y no están dispuestos a pagar integralmente, ni tampoco sólo ellos, el costo de la crisis bajo el engaño de la austeridad.


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Intervista: Tepito ¡Bravo el Barrio! (Mostra Foto Mexico)

Tepito ¡Bravo el barrio! es un proyecto fotográfico de Francisco Mata mediante el cual el espectador realiza un recorrido por las calles, callejones, vecindades, templos y tiendas de la zona comercial de Tepito “de la mano” de los propios habitantes de esta zona del Distrito Federal.

Mata, quien iniciara su carrera como fotoperiodista a mediados de los ochentas en el periódico La Jornada, presentó esta exposición en 2006 en la Galería José María Velasco, localizada en el barrio de Tepito, con el fin de que se convirtiera en un juego de espejos donde los propios tepiteños se pudieran ver frente a frente, reflejados en la fotografía.

Por cuestión del azar y de los misteriosos vínculos culturales que se dan en el país, Tepito ¡Bravo el barrio! se presentó el miércoles 30 de enero de 2008 en la Galería de Exposiciones Temporales del Metro –la primera exhibición dedicada a la fotografía que se presenta en este recinto-.

Algunas horas antes de la apertura de la galería al público, Tampicocultural entrevistó al fotógrafo Francisco Mata quien nos explicó, entre otras cosas, cómo fue posible que un pedazo de Tepito saliera del DF.

Publicada en Tampico Culural el 5 de febrero de 2008. Sopra: foto di un bacio di un devoto della Santa Muerte, santa popolare patrona del quartiere di Tepito a Città del Messico. Sotto: foto di un abitante del quartiere e dei suoi tatuaggi su tutto il corpo. Tatoo mania. Entrambe sono foto contenute nel libro del fotografo Francisco Mata “Tepito. Bravo el barrio”

Il Romanzo di Una Strage di Marco Tullio Giordana

Riprendo questa critica da Carmilla sul nuovo film di Marco Tullio Giordana “Il romanzo di una strage”: “Il romanzo di una strage”: un film ammiccante, menzognero, pavido, vigliacco, politicamente corretto, cialtrone di Girolamo De Michele - Il romanzo di una strage è, in prima battuta, un titolo ammiccante. Pasolini, Il romanzo delle stragi, io so ma non ho le prove: avete presente? Quella roba lì. Quella roba che nel film non c’è. Detto fuori dai denti: cominciano a svenderli a 3×2, i pasoliniani de noantri che si riempiono la bocca col coraggio della verità, il dovere della verità, la religione della verità fino all’estremo, e poi continuano a ruzzolare e razzolare come e peggio di prima. Il modo peggiore di uccidere una seconda o terza volta Pasolini è quello di usarlo come specchietto per le allodole: e Giordana, dopo aver girato un film su Pasolini nel quale, com’era suo dovere di intellettuale, lasciava intendere altri scenari e altri finali al di là di quelli giudiziari ufficiali, tradisce se stesso, il suo mentore e il pubblico con un film nel quale non si arriva neanche alle verità giudiziarie, figurarsi spingere lo sguardo un filo più in là.

Il romanzo di una strage è, quindi, un titolo menzognero. Perché “romanzo” dovrebbe alludere a un’opera di fantasia che non replica il reale, ma lo arricchisce attraverso una grammatica delle immagini che sopravanza quella grammatica delle parole che ripete il mondo. E in tal modo rende possibile dire ciò che la parola non può dire: la potenza della fantasia, si direbbe nella lingua di Dante. Ricorda Goffredo Fofi che il cinema italiano fu capace, all’indomani di dittatura e guerra, di opere che raccontarono ciò che ancora non si aveva la forza di dire. A l’alta fantasia qui mancò possa, si potrebbe dire: ma ciò ch’è certo è che qui s’è parsa la sua (di Giordana) nobilitade.

corrierepinelli.jpgIl romanzo di una strage è, dunque, un film pavido. Che non ha il coraggio di dire che non segmenti marginali o laterali dello Stato, ma lo Stato in quanto tale, o se si preferisce l’altra faccia dello Stato, il doppio Stato, pianificò e attuò coscientemente la strategia della tensione, delle stragi, dei depistaggi, al fine di “destabilizzare per stabilizzare”. A mettere la bomba (la “seconda”, quella “vera”) sono stati figuri di secondo o terzo piano, esaltati e manovrati da soggetti stranieri, o al massimo dei “servizi” – espressione buona per indicare tutti e nessuno. Non c’entra la Democrazia Cristiana, non c’entrano i padroni (neanche quelli che, tra una sambuca e un motorino, finanziavano lo stragismo), non c’entrano Guida e Allegra, non c’entra neanche Junio Valerio Borghese, e alla fine probabilmente nemmeno Umberto D’Amato. Al massimo i colonnelli greci, che tanto non ci sono più. Tutto qui, quel che c’è da sapere? Ne sapevamo di più non dico dalle contro-inchieste – a partire da La strage di Stato [qui] –, ma dal memoriale di Moro. Non c’era bisogno di Cattleya, di un cast sontuoso (e in buona parte meritorio), del pacchetto Giordana-Petraglia-Rulli. O forse sì, c’era proprio bisogno di loro. Perché, lo spiego tra breve

Il romanzo di una strage è un film vigliacco: ma appena un filino. Giusto un pelo, un pelino di vigliaccheria: ma pelo di cinghiale, spesso e duro. Debole coi deboli, indulgente coi potenti: piuttosto li si fa passare per coglioni (Rumor), sant’uomini cascati dal pero (Moro), iracondi poco ragionevoli (Saragat), stronzi (Guida e Allegra), ma colpevoli e complici mai. Valpreda (come in generale gli anarchici tutti, e anche Feltrinelli) è raffigurato come un esaltato, uno che ha tanti di quei lati oscuri da aver potuto davvero metterla, la bomba (quella “finta”). E per rafforzare questo quadro – tanto Pietro non può più difendersi, e di parenti che si battono per la sua memoria non ne sono rimasti, e anche se fossero nessuno dirige un giornale – il Valpreda del film, come il mostro della “macchina del terrore” che vollero fosse – fa su e giù da Milano a Roma, da Roma a Milano, poi di nuovo a Roma con la vecchia 500… Poco importa che in questi 40 anni Carla Fracci abbia confermato che Valpreda era a Roma per un provino alla RAI, dove si incontrarono e si salutarono (e le pressioni da lei ricevute per tacerlo); poco importa che Valpreda nei giorni dopo la strage era a letto col febbrone: «l’accusa voleva un Valpreda completamente fuori di senno che porta la bomba (in taxi), si costruisce un alibi milanese (a casa sua), si precipita a Roma (mostrandosi in pubblico), infine ritorna a Milano (per dare nuova conferma all’alibi milanese) e, veramente diabolico, si presenta al giudice Amati». Sono parole, queste, di Marco Nozza, Il pistarolo, Saggiatore, 2011, p. 45: libro che Giordana dichiara di aver letto. E Nozza è anche presente nel film – uno dei pochi meriti di questa pellicola, è di rendere onore ai “pistaroli” – Nozza, Cederna, Stajano, Palumbo. Ma è un onore anch’esso un po’ vigliacco: ogni volta che c’è da dire qualcosa di scomodo – l’agente Annaruma non è stato assassinato dai manifestanti, Pinelli aveva ambedue le scarpe ai piedi, cose così – è sempre la voce di un giornalista che lo dice: Fotopatacca.jpgmai una telecamera che inquadra, mai il film che mostra, figurarsi se Giordana ha il coraggio di dirvi cos’è davvero successo al Pinelli, quella sera che a Milano era caldo. Dietro al dito dei pistaroli gli autori del film si nascondono, metti mai che arrivi una querela… Basterebbe mostrare la foto del cosiddetto “riconoscimento” di Valpreda, lui scarmigliato e insonne in mezzo a quattro agenti vestiti da manichini Facis: ma così è troppo facile, si corre il rischio di dire la verità. E Valitutti, il testimone che NON VIDE uscire Calabresi dalla stanza della defenestrazione [qui la sua testimonianza]? Cucchiarelli, nel suo Il segreto di piazza Fontana, fa fare a Pinelli, Calabresi e compagnia il giro dei quattro cantoni della Questura, neanche fossero le stanze di Hogwarts, per trovare un angolo nascosto alla visuale di Valitutti: Giordana lo trasforma in un mezzo scemo che vede Calabresi uscire, poi tace, poi mente. Sapete, gli anarchici…
E Pinelli? Uno schizzetto di fango, ma piccolo, appena appena: il sospetto che le bombe sui treni, l’8 agosto 1969, le abbia messe lui. È vero, verissimo, che alla fine apprendiamo che quelle bombe le misero i fascisti: ma la modalità del prefetto ex machina che verbosamente rivela tutto ha un impatto retorico ben diverso da un sospetto che è stato più volte reiterato nell’azione filmica. Ma forse Giordana, Rulli e Petraglia queste cose da cinematografari non le sanno, faranno un altro mestiere. Resta che Pinelli viene assolto dallo spettatore non perché la trama lo dimostri: perché a rappresentarcelo come un uomo buono ci mette la sua faccia Favino. La responsabilità di mostrare il vero Pino Pinelli, Giordana non se l’è presa: c’era il rischio di far fare una brutta figura al commissario Calabresi. Per la cronaca: Pinelli quelle bombe non poteva averle messe, perché era su un treno partito da dieci minuti quando il treno su cui furono messe arrivò in stazione a Milano. È scritto negli atti (Sofri lo riporta a p. 89 del suo 43 anni), bastava leggerli: Giordana e gli sceneggiatori dicono di averlo fatto, sarà…

funeralipinelli-300x200.jpgIl romanzo di una strage è un film politicamente corretto, che conclude una trilogia iniziato con Maledetti vi amerò e La caduta degli angeli ribelli. Nel mezzo, Rulli e Petraglia ci hanno infilato anche la sceneggiatura di La prima linea. Cos’hanno in comune questi docu-film? Il racconto di un decennio depurato del contesto sociale, delle lotte, delle ragioni del conflitto di classe. A parte qualche corteo e qualche manganellata, del conflitto di classe stesso. Lo spettatore ideale presupposto da Giordana è quell’archetipico cretino che ritorna in Italia in Maledetti vi amerò, ed è riuscito, dal Venezuela (ma dov’era? In cima a una montagna?) a non sapere nulla di quel che era accaduto in Italia: per sapere dell’assassinio di Aldo Moro ha bisogno di un commissario di polizia che gli fa leggere il numero di “Lotta Continua”. Gli spettatori a cui Giordana si rivolge sono così: non sanno nulla, e si fidano ciecamente del nulla che Giordana & C. hanno da dire loro. E quello che Giordana ha da raccontare loro è una storia rassicurante, nella quale i conflitti sociali sono opera di qualche svitato (“Svitol” è per l’appunto il nome del protagonista del suo primo film), di cui forse non sappiamo molto, ma tant’è… «Com’è possibile che ci si possa accontentare di parodie di ricostruzione storica come questa, da opera dei pupi, da filodrammatica e da sceneggiata, da museo delle cere, da gara paesana di imitatori, tra santini e macchiette e tra opposti buoni e i morti non possono più parlare, i vivi che sanno tacciono, i “servizi” – nazionali e internazionali – continuano, come hanno sempre fatto, a insabbiare, a inquinare, a manovrare, i politici a preferire la retorica alla persuasione», si chiede Goffredo Fofi: perché è rassicurante sapere che qualcun altro pensa e provvede per noi – sia pure un Aldo Moro santo subito fin dalla prima inquadratura, impersonato da un insopportabile Fabrizio Gifuni con il suo perenne essere-sopra-le-righe, e al quale bisognerebbe dire che non solo non è Gian Maria Volonté, ma neanche Roberto Herlitzka. Più inquietante sarebbe scoprire che il conflitto aveva delle cause, che c’è stato davvero, che ha lasciato delle tracce, degli sconfitti e dei vincitori. Ma questo sarebbe cinema, di quello vero.

Il romanzo di una strage è, infine, un film discretamente cialtrone. Lascia che siano le facce degli attori, e non la trama e la tecnica narrativa, a orientare il pubblico: provate a mettere al posto di Favino e Mastrandrea due facce qualunque, per dire. Che Moro e Calabresi siano da santificare, s’è detto, lo si capisce dalle prime inquadrature: il film comincia nel 1969, ma ciò che è accaduto ai due è retroattivamente già presente nella fisiognomica, e pazienza se Calabresi il vizio di interrogare gli anarchici sulla balaustra della finestra lo aveva anche prima. Per Valpreda no, non c’è retroazione: ha pagato e sofferto come pochi, ma la faccia che resta impressa è quella dell’esaltato del ’69. Stesso discorso per l’espressione da genio malvagio che accomuna Delle Chiaie e Freda: fisiognomica di basso livello davvero. E tra un’inquadratura piatta e una scelta scenica banale (dovrà pur passare in televisione, questa roba), senza mai un piano-sequenza degno di questo nome, un movimento di macchina originale, un’inquadratura particolare, arriviamo al gran finale, con la famosa finestra nella “famosa stanza” inquadrata in secondo piano, in leggera dissolvenza, mentre in primo piano D’Amato spiega a Calabresi che la terra gira attorno al sole, l’erba di una volta era più verde e i neri hanno il ritmo nel sangue. Da un regista come Giordana non si può pretendere che impari, riguardandosi chessò, Deserto rossoProfessione reporter, come Antonioni riusciva a fare di una finestra un’immagine alla Mark Rothko. «Com’è che artisti, intellettuali e professionisti delle comunicazioni di massa, dei settori più ufficiali di esse, non riescano mai o quasi mai a raccontare degnamente il tempo passato e a essere all’altezza dei problemi di questo, che dei primi ha ereditato il peggio?», si chiede ancora Fofi: beh, se non sono capaci dei fondamentali del mestiere, la risposta c’è. E la domanda diventa un’altra, che forse è poi la stessa: com’è che questa Italia osanna come intellettuali e artisti gente così?

Su Il romanzo di una strage consigliamo anche la lettura delle recensioni di Jumpinshark [qui], di Christian Raimo [qui] e di Corrado Stajano [qui].

Un nuovo Papa messicano?


Oggi i giornali d’oltreoceano titolavano ”Un nuovo Papa Messicano” per sottolineare l’entusiasmo con cui la città di Guanajuato e il Messico hanno ricevuto il pontefice e auspicare una rinnovata azione apostolica nei paesi ispanofoni dell’America Latina. Domani è il turno di CubaIn Brasile c’è già stato nel 2007 e ci tornerà nel 2013, ma è un caso un po’ a parte (vedi foto-grafico in fondo). Ratzinger ha incontrato il presidente Felipe Calderón e ieri c’è stato il primo bagno di folla che, senza dubbio, sarà seguito da quello di oggi alla collina del Cubilete (vedi articolo sintesi qui). Ciononostante  (e indipendentemente dalle simpatie e credenze religiose dei vari analisti che ne hanno parlato) ci sono alcune ombre sulla visita di Benedetto XVI che da qualche settimana a questa parte sono state al centro del dibattito nei media messicani. In Italia non se n’è parlato, ma vediamo rapidamente quali sono.

1) I costi straordinari per l’erario statale, già impoverito e in costante emergenza, e per i comuni della regione di Guanajuato hanno superato i 100 milioni di dollari e non tutti sono finiti, logicamente, in infrastruttura e investimenti lungimiranti e produttivi. Ok, è una visita di Stato, ci può stare. Ma non è proprio così, infatti, il Vaticano e l’episcopato (sotto il mantello della visita di Stato) parlanodi una visita eminentemente pastorale, rivolta ai cattolici. Allora i dubbi sulle spese sostenuti da tutti i messicani (che sono cattolici solo all’82%) sono legittimi.

2) Si viene a saldare un debito, hanno dichiarato in più occasioni le gerarchie cattoliche messicane. La regione è stata abbandonata. Infatti, il Brasile ha “solo” il 68% di cattolici e l’America Centrale in certe zone è scesa intorno al 50% della popolazione, quindi avanzano i movimenti pentecostali, il protestantesimo e anche le altre religioni. La visita mira a recuperare un po’ il tempo e i fedeli perduti (come è legittimo attendersi, per carità).

3) Il Papa non incontrerà le vittime del padre pedofilo (che ha anche 6 figli sparsi per il mondo) Marcial Maciel, fondatore della influente congregazione dei Legionari di Cristo in Messico, nonostante lo abbia fatto in altri paesi, anche in Europa. Ci si chiede come mai non voglia affrontare e in qualche modo sanare il problema qui. Forse perché la Chiesa è meno presentabile: sta per uscire, infatti, un libro “La volontà di non sapere”, dei ricercatori messicani Barba, Athié e González che ripercorrono la vicenda di Marcial Maciel. A sei anni dalla presa di distanza del Vaticano e a quattro dalla sua morte, gli studiosi mostrano ora i documenti che spiegano come a Roma già dagli anni quaranta fossero noti i comportamenti deviati del sacerdote (e nessuno abbia fatto nulla). Ne 2006 fu semplicemente ordinato a Maciel di ritirarsi a vita privata e in preghiera, bella compensazione per le vittime.

4) I tre candidati alla presidenza Repubblica sono stati invitati e parteciperanno alla messa (non a un incontro politico o di stato) del Papa, indipendentemente dalla loro fede (uno, quello delle sinistre, Andrès Manuel Lòpez Obrador, non è nemmeno cattolico romano) e cercheranno così di accattivarsi l’elettorato cattolico e partecipare a un atto di pre-campagna elettorale. E’ anche probabile che Lopez Obrador abbia voluto fare atto di presenza (sempre per opportunità politica, come gli altri due) per non distanziarsi molto dai rivali, infatti la visita papale in un bastione del conservatorismo messicano è stata interpretata da molti opinionisti sin dall’inizio come una mossa dal sappore elettorale dei partiti di governo.

5) La campagna comincia il 1 aprile, ufficialmente, e un’apparizione mediatica di massa come questa non poteva essere ignorata dai tre moschettieri. E ok. Ma la visita arriva anche quando è in fase di approvazione una riforma importante della Costituzionemessicana che potrebbe ribadire e sistemare il concetto di libertà religiosa e quello di Stato laico, ma anche (se passa nei termini proposti dal partito conservatore, il PAN di Felipe Calderòn) aprire all’insegnamento della religione nelle scuole pubbliche che in Messico, diversamente da quanto succede in Italia, è (o era) proibito. La riforma non è stata approvata prima della visita di Ratzinger, ma le speculazioni mediatiche parlavano di un eventuale regalo della politica per il Papa che, però, non è stato consegnato in tempo (e non sappiamo se lo sarà in futuro, ma intanto se ne parla).

6) Aborto. Guanajuato e molti altri stati del Messico hanno (come dicono) “protetto la vita” dal concepimento, cioè hannopenalizzato l’aborto in qualunque sua forma e condizione, quindi semplicemente le donne vanno in galera se lo praticano. A Guanajuato i casi sono stati molti. A Città del Messico, la politica di apertura sull’interruzione di gravidanza, invece, ha portato benefici (come in tutti i paesi in cui il tema è regolato e si permette l’aborto legale a certe condizioni anziché reprimere).

7) Violenza. Javier Sicilia, portavoce del Movimento per la Pace con giustizia e dignità in Messico, che lotta per la fine dell’offensiva militare dello stato contro i narcos e l’inizio di una politica sociale di ricostruzione e di riparazione verso le vittime, aveva chiesto con una lettera al Papa una sua “uscita dal protocollo”, quindi un suo appello deciso per la fine di questa guerra sanguinaria tra i cartelli e tra questi e lo stato, che ha solo portato a violazioni di massa dei diritti umani e a 60mila morte, 16000 desaparecidos e 250mila “trasferimenti forzati” di persone nel paese. Si dice che Ratzinger ne abbia parlato con Calderòn ma a parte questo e un appello generico alla fine della violenza, nient’altro.

Si tratta davvero di un nuovo “Papa messicano”?

Il Messico al bivio: Florence Cassez

Il Messico sta vivendo un momento storico. Le elezioni presidenziali si terranno tra meno di 4 mesi e i giochi sono cominciati tra i tre principali candidati: Enrique Peña Nieto dell’ex partito egemonico al potere durante 70 anni (il PRI=Partido revolucionario institucional); Andres Manuel Lopez Obrador, delle sinistre PRD (Partido revolucion democratica) con PT (Partido del trabajo, del lavoro!) e Convergencia; Josefina Vazquez Mota, del PAN (Partido accion nacional), partito di destra al potere attualmente e da 11 anni con i presidenti Vicente Fox fino al 2006 e Felipe Calderon ancora per qualche mese).

Ma c’è un altro elemento molto importante per la vita politica e sociale messicana, soprattutto per definire la situazione della sua giustizia, spesso questionabile e , e del suo stato di diritto.

Credo sia un momento epocale per definire se il paese prova a stabilire dei paletti etici e giuridici chiari e se riesce a spezzare il circolo vizioso e gli stereotipi che lo dipingono como una nazione “eternamente adolescente”, con istituzioni, persone, regole, stili di vita che “non vogliono crescere”. La posta in gioco è alta: vediamo perché.

Florence Cassez è una cittadina francese in carcere per sequestro di persona e delinquenza organizzata (arrestata insieme al suo ex ragazzo, Israel Vallarta, che non è ancora stato processato dopo 6 anni), sentenziata in ultimo grado di giudizio a 60 anni di prigione. E’ però anche la vittima comprovata di un montaggio TV in cui si riprodusse, nel dicembre 2005, la sua cattura, con gli ostaggi, la polizia e i giornalisti che si prestarono a questa farsa incredibile viziando tutto il processo successivo e anche il pensiero dell’opinione pubblica. Tutti hanno fatto gli attori per ricostruire ex novo la scena del delitto e far vedere come il governo stava compiendo il suo dovere.

Tutto il processo è stato irregolare in numerosi aspetti, non solo a causa del depistaggio mediatico iniziale: uso della tortura e dell’estorsione, assenza di prove salvo le testimonianze, spesso contraddittorie e più volte rettificate in corrispondenza di vicende esterne, da parte di tre ostaggi-testimoni, infine pressioni politiche indebite. Insomma non è vero che Florence è colpevole oltre ogni ragionevole dubbio, nonostante le sentenze.

Il caso è molto complicato (leggi qui la nota uscita su L’Unità e qui la cronologia completa del caso), ma quel che è certo è che in questi anni s’è violata palesemente la presunzione di innocenza della francese, oltre a non rispettare, in una fase iniziale almeno, i suoi diritti come straniera, da una parte, e come residente in questo paese, dall’altra.

E’ un caso messicano di “fabbrica dei colpevoli”, (e me ne sono convinto lentamente ma in modo deciso, analizzando e ricercando) un termine tristemente noto a queste latitudini dato che la giustizia semplicemente non funziona, non molto spesso almeno. Mercoledì prossimo, il 21, la Suprema Corte di giustizia messicana, che funziona da giudice costituzionale, deve decidere se rimettere in libertà Florence Cassez annullando le sentenze contro di lei e ristabilendo la sua presunzione di innocenza per le violazioni fatte dall’autorità (a vari livelli) al principio costituzionale del giusto processo.

Le radio e le TV ne parlano tutti i giorni, il caso ha avuto negli anni (soprattutto dopo la sentenza definitiva del 2009) un’enorme risonanza internazionale ma anche tante strumentalizzazionipolitiche da parte di due presidenti, Calderon e Nicolas Sarkozy (entrambi in periodo elettorale nei loro paesi), da parte degli attori sociali locali che difendono le vittime dei delitti e dei rapimenti nello specifico e da parte dei giornalisti di tanti paesi. Ormai anche la stampa conservatrice, che prima era avversa alla liberazione di Cassez, ha cambiato le sue opinioni in proposito.

Come mai? La posta in gioco non è stabilire l’innocenza o no (e se non si riesce a farlo con processi regolari vige la presunzione d’innocenza quindi Florence, se il processo viene annullato, tornerebbe a essere pienamente innocente). Si tratta di cancellare un processo palesemente viziato all’origine e anche nelle fasi successive.

Se la Corte decidesse in questo senso, stabilirebbe un principio di giustizia più deciso e chiaro: la polizia e il potere non possono fare quel che vogliono (sembra scontato ma non lo è, mai),violando diritti e procedure, garanzie individuali e collettive con la scusa della guerra al narcotraffico o dell’emergenza rapimenti o di qualunque “priorità”, vera o fittizia, che venga creata in quel momento.

Siffatta decisione sfiderebbe il potere politico e una parte dell’opinione pubblica, ancora influenzata dalla falsa contrapposizione Messico-Francia e da nazionalismi inventati che contrappongono i due paesi, ma che non c’entrano nulla con il caso in séMetterebbe in scacco il Ministro Garcia Luna, lo stesso presidente e tutta la loro strategia di lotta alla criminalità organizzata, basata sulla repressione militare, sull’attacco ai cartelli di narcos, senza alternative sociali, lavorative e comunitarie per la popolazione che o emigra o delinque o vive in povertà in certe zone. C’è  una scarsa attenzione a cosa succede dopo l’operazione di polizia o dopo la cattura dei presunti colpevoli, quindi allo stato di diritto, ai diritti umani, alla giustizia, ai processi, al carcere, insomma a tutto quello più serve per essere un paese democratico minimamente civile.

Il caso Cassez è diventato emblematico per la giustizia messicana: è possibile arrestare 1000 delinquenti (presunti), ma se poi si fabbricano la metà dei colpevoli, non si sanno processare, non si sanno fare le indagini, si corrompono i PM e i giudici, si fanno pressioni politiche, si lasciano in libertà i veri criminali, c’è corruzione a tutti i livelli, beh, ma a cosa serve usare i militari e la guerra e fare show televisivi con catture e sequestri di carichi di droga? Ad ogni modo non cambia nulla e l’insicurezza, altra faccia dell’impunità, resta. I veri carnefici sono fuori, i falsi colpevoli, a volte, restano dentro anni e decenni, e le vittime sono vittime due volte.

Aspettiamo la decisione della Corte per vedere se si esce da questo stato di incertezza giuridica e istituzionale, da questo incubo che, a parte Florence, coinvolge anche migliaia di cittadini imprigionati che non hanno nemmeno la possibilità e le risorse per protestare e portare il proprio caso fino alla Suprema Corte o in TV. Un incubo in cui è possibile corrompere, burlarsi dell’opinione pubblica, scherzare sempre, rubare ma sorridendo, ingannare la legge e tutto per fare i propri interessi e passare indenni, anzi essere promossi e aumentare il proprio potere (e quindi la capacità di fare i propri comodi) come quando a scuola si va avanti solo copiando.

Due video-interviste di analisi per chi parla lo spagnolo: PARTE 1PARTE 2

Articolo 18: le verità nascoste

Questo è un appello promosso da giuristi e cittadini e diffuso da Studio Legale Associato (link). Ma è anche un articolo di controinformazione molto utile per capire  e centrare meglio il dibattito confuso e tendenzioso sull’articolo 18 dello Statuto dei Lavoratori e la riforma del lavoro al centro dell’agenda politica attuale. Meditiamo.

Desta grande sconcerto, tra gli operatori giuridici (avvocati, magistrati) che quotidianamente hanno a che fare, per il loro lavoro, con la tematica dei licenziamenti, il livello di approssimazione e di assoluta lontananza dalla realtà con cui tanti autorevoli personaggi della politica, del giornalismo  e persino dell’economia affrontano l’argomento, contribuendo ad alimentare una campagna di disinformazione senza precedenti.

Sta infatti entrando nella convinzione del cittadino (che non abbia, in prima persona o attraverso persone vicine, vissuto il dramma della perdita del posto di lavoro) la falsa impressione che in Italia sia pressoché impossibile licenziare, persino nei casi in cui un’impresa, in comprovate difficoltà economiche e finanziarie,  con forte calo di ordini e  bilanci in rosso, avrebbe necessità di ridurre il proprio personale (caso spesso citato nei dibattiti televisivi per mostrare l’assurdità di una legislazione che ingessi fino a questo punto l’attività imprenditoriale).

Queste leggi assurde, poi, si salderebbero con una asserita “eccessiva discrezionalità interpretativa” dei magistrati (categoria della quale, nell’ultimo ventennio, ci hanno insegnato a diffidare) e sarebbero la causa, o quantomeno la concausa, del precariato giovanile.

Senza considerare che è l’Europa a chiederci di rivedere la normativa in tema di licenziamenti, perché eccessivamente rigida. Inoltre il diritto alla reintegrazione nel posto di lavoro sarebbe un’ “anomalia nazionale”.

Come si sa, il principio di propaganda che sostiene che “una bugia ripetuta mille volte diventa verità” paga, ed è estremamente rara, nei talk show televisivi, la presenza di giuslavoristi che raccontino cosa effettivamente accade nei luoghi di lavoro, nelle trattative sindacali, negli studi degli avvocati e nelle aule di giustizia: che cioè la legge già consente di licenziare per motivi “inerenti all’attività produttiva, all’organizzazione del lavoro e al regolare funzionamento di essa” e che conseguentemente   i licenziamenti per riduzione di personale avvengono quotidianamente, sia da parte di aziende con meno di 16 dipendenti (che non hanno altro onere che quello di pagare un’indennità di preavviso molto più bassa di quella prevista in altri paesi europei: solo ove un giudice accerti che le motivazioni addotte non sono vere, dovrà pagare un’ulteriore indennità, comunque non superiore a sei mensilità) sia da parte delle grandi aziende (che in caso di esubero di personale di più di cinque unità devono solo seguire una procedura che coinvolge il sindacato, ma che le vincola -  anche in caso di mancato accordo sindacale al suo esito -  esclusivamente a seguire dei criteri oggettivi nella selezione del personale da licenziare).

Al di fuori dei licenziamenti per motivi economici -  rispetto ai quali il giudice ha (solo) il potere di effettuare un controllo: a)  di verità sui motivi addotti nei licenziamenti individuali e b) di regolarità della procedura nei licenziamenti collettivi -  l’art. 18  si applica, ai datori di lavoro con più di 15 dipendenti, in caso di licenziamenti individuali, quasi sempre per motivi disciplinari.

E qui, di volta in volta, il magistrato valuta il caso concreto, che non è mai come quelli da barzelletta che vengono talvolta riportati per dimostrare l’arbitrarietà del giudice e la presunta assurdità del sistema. Da oltre trent’anni si sente parlare del caso del garzone del macellaio amante della moglie del datore di lavoro, che sarebbe stato reintegrato perchè i fatti avvenivano al di fuori dell’orario di lavoro.

Basta che una falsa notizia come questa venga detta in televisione, ed ecco che il quadro è completo e il prodotto confezionato: l’opinione pubblica, dopo un mese di questa martellante propaganda, è pronta ad accettare le giuste soluzioni che – condivise o non condivise da tutti i sindacati – ci facciano fare quel passo decisivo per adeguare l’Italia alle nuove esigenze della globalizzazione e renderla finalmente competitiva anche rispetto ad altri paesi europei che hanno una maggiore flessibilità in uscita.

Ma è proprio vera quest’ultima cosa? Come mai non riusciamo a leggere in nessun giornale che gli indici OCSE che segnalano la cd. rigidità in uscita collocano attualmente l’Italia (indice dell’1.77) al di sotto della media europea (basti dire che la Germania ha l’indice 3.00)?  Ed è proprio vero che  il diritto alla reintegrazione (in caso di licenziamento dichiarato illegittimo) è previsto solo nel nostro Paese? Premesso che il discorso dovrebbe essere approfondito, va detto che in certi Paesi è addirittura costituzionalizzato (Portogallo) ed in altri è un rimedio possibile (ad esempio Svezia, Germania, Norvegia, Austria, Grecia, Irlanda, in taluni casi  Francia) spesso accompagnato da ulteriori tutele.

La verità è che  non esiste un vero collegamento tra la ripresa produttiva e la libertà di licenziare, e forte è quindi  il timore che il ”governo tecnico”, approfittando della crisi economica, possa dare attuazione ad un antico progetto di riassestamento del potere nei luoghi di lavoro, che per essere esercitato in modo sovrano  mal tollera l’esistenza di norme di tutela dei lavoratori  dagli abusi.

Perchè è questo, e solo questo, il senso profondo dell’articolo 18 dello Statuto dei lavoratori: una norma che sanziona il comportamento illegittimo del datore di lavoro ripristinando lo status quo ante che precedeva il licenziamento – lo si ribadisce – illegittimo. E la cui esistenza, per l’appunto, impedisce che il potere nei luoghi di lavoro (con più di 15 addetti, purtroppo, perchè altrove, appunto, tale tutela non c’è)  possa essere esercitato in modo arbitrario  e lesivo della dignità dei dipendenti.

Ma nello stesso tempo occorre valutare con estrema attenzione anche tutte quelle prospettate soluzioni che, prevedendo la  “sospensione temporanea” dell’articolo 18 per i primi tre o quattro anni per i giovani in cerca di un’occupazione stabile, teoricamente  non sottrarrebbero la tutela dell’art. 18 “a chi già ce l’ha”.

Occorre, infatti, quanto meno scongiurare l’ipotesi che in tale formula rientrino tutti i nuovi rapporti di lavoro poiché, altrimenti, inevitabilmente vi ricadrebbero anche coloro che, pur avendo goduto in passato della tutela dell’articolo 18, si ritrovino in stato di disoccupazione (dato che, come abbiamo visto, la norma non vieta affatto di licenziare, sanzionando solo i licenziamenti privi di giusta causa o giustificato motivo, e quindi solo quelli illegittimi).

E dal momento che, checché se ne dica, il posto di lavoro fisso a vita è veramente un sogno e il mercato del lavoro è in continuo movimento (specie per quanto riguarda l’invocata flessibilità in uscita), nel caso in cui le disposizioni in cantiere non siano circoscritte con precisione, avremmo un esercito di disoccupati attuali o potenziali anche ultracinquantenni che, lungi dal portarsi dietro, infilato nel taschino della giacca, l’articolo 18 goduto nel precedente posto di lavoro, ingrosserebbero le fila dei nuovi precari.

Perchè diversamente non possono essere considerati dei dipendenti che per tre o quattro anni siano sottoposti al ricatto della mancata stabilizzazione ove non “righino dritto” senza ammalarsi, fare figli,  scioperare o avanzare rivendicazioni di sorta (e se, alla fine del triennio, non vi sarà – com’è probabile – alcuna garanzia di “stabilizzazione” del rapporto, in questo gioco dell’oca si potrà tornare alla casella di partenza, con un diverso datore di lavoro…).

Ecco quindi che, per altra strada, si arriverebbe a ridimensionare anche i diritti di coloro ai quali l’articolo 18 attualmente si applica, risultato che la propaganda vorrebbe finalizzato a favorire quelli che ne sono esclusi: come ha scritto Umberto Romagnoli, è come avere la pretesa di far crescere i capelli ai calvi rapando chi ne ha di più.

Un’ultima annotazione su un’altra soluzione di cui si sente parlare: la sostituzione della sanzione prevista dall’articolo 18 (reintegrazione) con un’indennità in tutti i casi di licenziamenti semplicemente motivati da ragioni economiche.

Si è già detto che tali licenziamenti sono già consentiti, e secondo l’art. 30 della legge 183 del 2010  “il controllo giudiziale è limitato esclusivamente (…) all’accertamento del presupposto di legittimità e non può essere esteso al sindacato di merito sulle valutazioni tecniche, organizzative e produttive che competono al datore di lavoro”.

Cosa si vuole di più? Perché si vorrebbe impedire al giudice anche un accertamento di legittimità (e non di merito) sulle motivazioni addotte? Forte è il sospetto che in questo modo si voglia consentire al datore di lavoro di liberarsi di dipendenti scomodi semplicemente adducendo una motivazione economica, anche se non vera. Sancendo così, automaticamente, il pieno ritorno agli anni cinquanta, quando i licenziamenti erano assolutamente liberi e la Costituzione nei luoghi di lavoro, faticosamente introdotta nel 1970 dallo Statuto dei lavoratori, semplicemente un sogno.

Auspichiamo proprio che, con la scusa di dover riformare il mercato del lavoro, non si arrivi a tanto.

Elenco firmatari e adesioni sito studiolegaleassociato.it